AMOR INFINITO DEL CORAZÓN DE JESÚS AL PADRE CELESTIAL


Consideremos las ardientes llamas de esta hoguera de amor del Corazón de Jesús hacia el Padre Celestial.
¿Qué inteligencia podría concebir y qué lengua podría expresar la mínima centella del amor infinito a su Padre en que se abrasa el Corazón del Hijo? 
¡Es amor digno de tal Padre y de tal Hijo! ¡Es amor que iguala maravillosamente las perfecciones inefables de su objeto amado! ¡Es un Hijo infinitamente amante 
que ama a un Padre infinitamente amable! ¡Dios que ama a otro Dios! ¡Amor esencial, que ama al amor eterno; amor inmenso, incomprensible, infinitas veces infinito, que ama a un amor inmenso, incomprensible ¡infinitas veces infinito! Si lo miramos como hombre o como Dios, el Corazón de Jesús arde en amor a su Padre y lo ama infinitamente más  que los ángeles y los santos  juntos, por toda la eternidad.
Y, como no hay mayor amor que dar la vida por el amado, el Hijo de Dios ama tanto a su Padre que por Él sacrificaría aún la suya, como lo hizo en la cruz, y con los mismos tormentos, por amor a su Padre, (si tal fuera el divino beneplácito). 

-San Juan Eudes-

AYÚDAME, SEÑOR


Ayúdame, Señor, 
a saber esperar sin desmoralizarme, 
a saber escuchar sin cansarme, 
a acoger con bondad, 
a dar con amor, 
a estar siempre ahí 
cuando alguien me necesite. 
Ayúdame a ser esa presencia segura 
a la que siempre se puede acudir, 
a ofrecer esa amistad que pacifica, 
que enriquece, 
a través de Ti y en TI, 
a transmitir una paz gozosa, 
tu paz en mi alma, Señor, 
a estar totalmente centrado en Ti 
y disponible y acogedor para los otros. 
Que tu pensamiento no me abandone nunca, 
para poder permanecer siempre en tu verdad 
y no faltar a tu mandamiento. 
Así, sin hacer nada extraordinario, 
sin vanagloria, quizá pueda ayudar a otros 
a sentir tu cercanía, 
porque mi alma te abrirá sus puertas 
a cada instante. 

 


 

-Oraciones Católicas, Andrés Devos -

MARÍA INTERCEDE POR SUS FIELES DEVOTOS


Uno de los mayores servicios que la amable María ejerce en favor de sus fieles devotos es el interceder
por ellos ante su Hijo y aplacarle con sus ruegos. 
Ella los une y conserva unidos a Él con vínculo estrechísimo.
Rebeca en las escrituras, hizo que Jacob se acercara al lecho de su padre. El buen anciano lo tocó, lo abrazó y hasta lo besó con alegría y gozoso de percibir los
exquisitos perfumes de sus vestidos, exclamó: 
¡Aroma que bendice el Señor es el aroma de mi hijo!
 (Gén 27,27). 
Este campo fértil cuyo aroma encantó el corazón del Padre es el aroma de las virtudes y méritos de María. Ella es, en efecto, campo lleno de gracias donde Dios Padre sembró, como grano de trigo para sus escogidos, a su propio Hijo.
¡Oh! ¡Cuán bien recibido es por Jesucristo, Padre sempiterno, el hijo perfumado con el olor gratísimo de María!
¡Y qué pronto y perfectamente queda unido a Él!

-San Luis María Grignion de Montfort, Tratado de la Verdadera Devoción a María)

NUESTRA VERDADERA PATRIA ES EL CIELO, DESTERREMOS EL TEMOR



No entiendo por qué muchos cristianos ven como un drama el morir y constantemente dan gracias a Dios por un día más de vida...Decía Thomas de Kempis en su "Imitación" que una vida larga a veces es para añadir más pecados. Sólo si ese día más de vida se aprovecha para amar a Dios y a los hermanos entonces debemos estar contentos, de lo contrario no nos serviría de nada.

Entiendo esta frase del aferrarse a vivir en las madres y padres que tienen niños pequeños y temen dejarlos huérfanos o en los hijos que están cuidando a familiares enfermos, pero no entiendo ese aferramiento a la vida en personas ya mayores que tienen fe, que se supone que han vivido para Dios, no entiendo cómo les resulta tan aterradora la idea del más allá, pues los cristianos vivimos aquí un destierro, sabemos que ésta no es nuestra verdadera patria, nuestro lugar está con Aquel que nos ha amado hasta el extremo de entregarnos a su Hijo único, deberíamos de estar suspirando por estar con Él.

San Agustín lo expresa muy bien: ¿qué clase de amor a Cristo es el de aquel que teme encontrarse con Él? también san Cipriano se pronuncia a este respecto:" Nos resistimos y luchamos, somos conducidos a la presencia del Señor como unos siervos rebeldes, con tristeza y aflicción, y partimos de este mundo forzados y pretendemos que nos honre con el premio celestial aquel a cuya presencia llegamos por la fuerza..."

Queridos hermanos, no vivamos con temor, Jesús no miente, nos promete la Vida eterna sin fin, solo tenemos que amarlo y abandonarnos a su voluntad.

(Carmen de Jesús Crucificado, O.C.D.S.)

EN MI ORDENACION SACERDOTAL (Poesía del sacerdote Rufino Villalobos en su ordenación sacerdotal)




 I 
¡Cuánto ha sido tu amor, Jesús! ¡Oh, cuánto 
Que en mí fijar quisiste tu mirada 
Y tomar la miseria de mi nada 
Para el honor del Sacerdocio santo! 
¿Cómo es posible que me honrases tanto 
Con la señal de vocación sagrada 
Ante la cual un ángel se anonada 
Y yo, soberbio y duro, no me espanto? 
Muchas veces llamabas a mi puerta 
E, ingrato y ciego, no la tuve abierta 
Para que entraras Tú, dulce Bien mío. 
Tú que me abrumas hoy con tus bondades 
¡Olvida tantas infidelidades 
Y abrasa con tu Amor mi pecho frío! 

II 
Las gradas del altar subiendo voy 
Lleno mi ser de la emoción más pura, 
Al contemplar la celestial altura 
A que tu diestra me ha encumbrado hoy. 
De tus poderes revestido estoy 
Y embriagado en la miel de tu dulzura 
Porque pienso que soy pobre criatura 
Y ya «otro Cristo» por tu gracia soy. 
Déjame que ante Ti puesto de hinojos 
Se derritan en lágrimas mis ojos 
Por la fineza de tus sacros dones. 
Que jamás la carrera de los años 
Con sus sombras y negros desengaños 
Borrar pueda tan santas emociones. 

III 
Con los poderes de mi Dios armado 
Iré del mundo entero a la conquista 
¿Quién habrá que a mi fuerza se resista? 
¿Quién contra mi poder luchará osado? 
Conmigo irá Jesús Crucificado 
Que con su gracia y su poder me asista 
Y de su Cruz sagrada ante la vista 
Se borrará el imperio del pecado. 
Quiero ser puro y limpio como un lirio 
Y fiel seré a mi Dios hasta la muerte 
Sin que ante nada mi lealtad sucumba. 
jSeñor! Si ves que un día he de ofenderte .. . 
Envíame la palma del martirio ... 
jSiempre tuyo, Jesús! ¡¡Hasta la tumba!!

LOS VESTIDOS DE MARÍA: ADVOCACIONES MARIANAS


Desde los orígenes de la veneración dedicada a la Virgen María, Ella ha respondido a muchos nombres diferentes. Se trata de los Títulos Marianos o Advocaciones Marianas, nombres que derivan de atributos que se refieren a María en las Sagradas Escrituras o en la veneración popular, o que derivan de características atribuidas a ella.

Algunas son advocaciones dogmáticas, derivadas de la presencia de María en los Evangelios y de la Liturgia: Madre de Cristo, Inmaculada Concepción, Descendiente de David, Nueva Eva, Nuestra Señora.
Otras derivan de Advocaciones atribuidas por teólogos y Padres de la Iglesia, como Reina del Cielo, Stella Maris que indica cómo la Virgen es una especie de estrella polar para los cristianos, Torre de Marfil, Virgen de los Dolores, en referencia a los siete dolores que afronta María en los Evangelios etc...
También están las Advocaciones Marianas ligadas a fenómenos naturales, como la Virgen del rayo, la Virgen de las Nieves etc...
La Virgen también se asocia con la salud y curaciones milagrosas, como la Virgen del Rescate, cuyo culto nació en Palermo en 1306, cuando la Virgen se apareció al monje agustino Nicola La Bruna para curarlo de una enfermedad incurable, o la Virgen de los Enfermos, que libró de la peste a la comunidad parroquial de San Bernardo en Vercelli en el año 1630.

También son fascinantes las Advocaciones marianas vinculadas a la iconografía, como la Virgen de la pera, del cuadro del siglo XV que representa a la Virgen dando una pera al niño Jesús, símbolo de la aceptación por parte de este último del sacrificio por la redención de la humanidad, o María que desata los nudos, del cuadro de Johann Georg Schmidtner pintado en el siglo XVIII de donde se originó la famosa gran devoción mariana.

Finalmente están las Advocaciones marianas de tipo toponímico, que hacen referencia a lugares queridos por la Virgen o en los que se ha aparecido a lo largo de los siglos, como la Virgen de Loreto, Nuestra Señora de Lourdes, la Virgen de Fátima, Santa María del Mar, Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora Aparecida, la Virgen del Carmen y muchas más.

No hay muchas Vírgenes, solo hay una: la Madre de Jesús, Madre de la Iglesia y Madre nuestra, pero tiene muchos vestidos y con todos ¡está maravillosamente HERMOSA!

- Holyart.es, Holyblog-

SOBERANO ESPOSO MÍO, poema de Santa Teresa de Jesús (de Ávila)




Soberano Esposo mío,
ya voy, dejadme llegar;
no me deis, Señor, desvío,
para que entre en vuestro mar
este pequeñuelo río.

Socorredme, dulce Esposo,
y dad la debida palma
a mi cuidado amoroso
para que descanse el alma
en los brazos de su Esposo.

Vuestros brazos me daréis,
que si a pediros me atrevo,
es porque no miraréis
a lo mucho que ya os debo
lo poco que me debéis.

Cumplid, Esposo, los conciertos;
quitando al alma los lazos,
serán mis abrazos ciertos,
pues que por darnos abrazos
tenéis los brazos abiertos.

Si Vos los brazos me dais,
yo os doy el alma en despojos,
y pues ya me la sacáis,
volved, mi Cristo, los ojos
a quien el alma lleváis.

Pues el corazón os di,
denme esas llagas consuelo;
entre el alma por ahí,
pues son las puertas del cielo
que se abrieron para mí.

Huéspedes tenéis, y tales
que no sé si he de caber;
mas puesta en vuestros umbrales
quepa esta pobre mujer
entre tantos cardenales.

Mi alma vive de manera,
guardando de amor la ley,
que en Vos su remedio espera,
pues tiene tal Agnus Dei
colgado a su cabecera.

Por vuestra me recibid,
no miréis a mi pobreza;
si voy segura decid;
mas, pues bajáis la cabeza,
diciéndome estáis que sí.

Ahora es tiempo que veamos
adónde llega el querer,
si es verdad que nos amamos,
yo ya me vengo a esconder
entre este árbol y sus ramos.

Siendo así, Esposo sagrado,
en aquestas ansias bravas
válgame vuestro cuidado,
pues me asgo a las aldabas
por que me valga el sagrado.

Desta postrer despedida
yo no temo el dolor fuerte
si con Vos, mi Cristo, asida
a la hora de la muerte
tengo en mis manos la vida.

Si en las manos tengo a Vos
con regalos soberanos,
ya estamos juntos los dos,
pues que Dios está en mis manos
y yo en las manos de Dios.

ANSIAS DE PADECER POR LA CONVERSIÓN DE LAS ALMAS



Cuenta Santa Verónica Giuliani:
Una vez, estando en oración me encontré fuera de mí. Me pareció ver una muchedumbre de almas al borde de un precipicio. 
Jesús me dijo: “Estas están confiadas a ti: ¿qué es lo que quieres?”. 
Yo le pedí la salvación de dichas almas; le decía de corazón: 
“Dios mío, espero que, por los méritos de vuestra santísima pasión, las convirtáis a todas”.
Él me decía que yo le ofreciese algún padecimiento. ¡Oh Dios! Al punto me vino un ansia grande de padecer por la conversión de esas almas. En esto volví en mí, y durante toda la noche no hice otra cosa que penitencias. 
Experimentaba en mí un no sé qué, y no me daba cuenta de lo que hacía. 
A la noche siguiente me pareció que el Señor me daba a entender que habría obtenido la gracia, pero que hacían falta más penas. ¡Oh Dios! Me ofrecí a todo lo que Él quisiera para que esas almas se convirtieran a Él. 

Fuente: SANTA VERÓNICA GIULIANI 
Y SU ÁNGEL CUSTODIO, P. ÁNGEL PEÑA O.A.R. 

ORACIÓN A MARÍA POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO


Santa María, pide a tu Hijo Jesucristo, que riegue el Purgatorio con su Sangre purificadora, su Sangre preciosa, más valiosa que todo el oro del mundo, Sangre vertida por nuestros pecados.

Esa Sangre preciosa será el refrigerio de tantas Almas purgantes, esa Sangre apagará las llamas de amor y nostalgia que atormentan a las pobres Almas, pues de momento están privadas de la visión beatífica, pero con tu intercesión y súplicas, Madre amorosa, el tiempo de expiación será más corto, solo porque tú lo pides.

Santa María, eres tan grata a Dios, que Él cumple todo lo que le pides, y nos amas tanto que lo que te pedimos a ti, Madre nuestra, tú lo presentas amorosamente en tus manos purísimas a Dios y Él recibe tu ofrenda porque viene de ti, por eso hoy te pedimos por las Almas de nuestros parientes y amigos, y sobre todo por las Almas del Purgatorio más olvidadas y necesitadas.

Confiamos en tu poder de intercesión y en tu ardiente caridad para con esas Almas atormentadas que anhelan unirse a Dios.

(Almas del Purgatorio, peticiones Carmelitanas)

NO DEBEMOS DESALENTARNOS ANTE LAS CAÍDAS



San Francisco de Sales no quiere el desaliento ante las caídas ¿Por qué nos desanimamos? 

Porque exageramos nuestra flaqueza o porque desconocemos la misericordia divina; y las más de las veces, por esos dos motivos juntos. 

El pecador cae por haber ignorado su propia flaqueza y por haber exagerado la misericordia de Dios; después de la caída, renacen estos dos mismos sentimientos, pero en sentido inverso: la flaqueza adquiere a sus ojos proporciones desmesuradas, envuelve al alma en un manto de tristeza y de confusión, que la aplasta; en cambio, Dios, a quien poco antes se ofendía con toda facilidad, presumiendo un perdón fácil, aparece ahora como un vengador inexorable. El alma culpable tiene miedo de Él y vergüenza de sí misma y, si no reacciona contra estas dos funestas tentaciones, renuncia cobardemente a la lucha: en vez de arrancarse de los lazos del pecado, se entrega a él sin resistencia. 

Este es el desaliento, la capitulación de la voluntad, cuyo fatal resultado es con mucha frecuencia la impenitencia final.

San Francisco de Sales con sus escritos, hace comprender al alma que desea santificarse, que el camino que emprende es largo y penoso, que su falta de fuerzas es grande, comparadas con las dificultades del viaje; pero al mismo tiempo le hace ver que todo lo puede en Aquel que la conforta, lo mismo después de una caída que antes de caer; le muestra el corazón de Dios pronto y generoso en el perdón, al mismo tiempo que es un brazo fuerte para darle apoyo.

Fuente: "El arte de aprovechar nuestras faltas"  (Jose Tissot recoge las enseñanzas de San Francisco de Sales)

EL PODER DE LA ORACIÓN


 

Hoy en día está de moda la frase: "Las manos que ayudan son más nobles que los labios que rezan".

Nada hay más equivocado que esta frase, un absoluto error, frase que viene evidentemente de alguien que no reza, que no conoce la oración, que probablemente ni crea en Dios.

«Los que oran —decía después de su conversión el eminente literato y político Donoso Cortés— prestan mejores servicios al mundo que los que combaten, y si el mundo va de mal en peor es porque hay más batallas que oraciones». 

«Las manos en actitud de súplica —dice Bossuet— derrotan más batallones que las que empuñan armas». ¡Cuántas innumerables gracias nos habrán alcanzado las almas contemplativas en los claustros y desiertos! 

Una fervorosa oración alcanza más fácilmente la conversión de un pecador que largas discusiones y bellos razonamientos. 

Y es que el que ora, trata con Dios directamente, la causa primera de toda conversión. Y así dispone todas las causas segundas que reciben su eficacia de la primera. De esta forma se logra con más rapidez y seguridad el efecto anhelado.


(El alma de todo apostolado, J.B. Chautard, abad cisterciense)

ORACIÓN PARA PARECERNOS A MARÍA

¡María, Madre del corazón generoso, Madre de la humildad, de la entrega confiada, quiero imitarte en todo, quiero tener tus mismos deseos, dar tu mismo sí a Dios, ser auténtico en el hágase de mi vida! ¡Y cuando Dios se haga presente en mi vida quiero aceptarlo todo desde el primer momento, como tú, sin dudas ni miedos! 

¡Y aunque me desconcierte, como te ocurrió a Ti, María, quiero entregarme a Dios con confianza y amor! ¡Concédeme la gracia, María, de caminar a tu lado, de decir que sí como lo hiciste tu, Madre, entregarme como lo hiciste tu con amor y humildad, seguir a Jesús con tu misma predisposición, negarme a mi mismo para darlo todo por tu Hijo! ¡Quiero, Madre, ser como tu, humilde, esperanzada, ser testimonio del amor de Jesús! ¡Quiero que me ayudes a parecerme a Ti, María, que eres el mejor modelo de entrega, de fidelidad, de amor y de humildad!

EL MISTERIO DEL DOLOR


En ciertos momentos de la vida, el cristiano tendrá que creer en contra de las apariencias, «esperar contra toda esperanza» (Rom 4, 18). 

Inevitablemente, surgen ocasiones en las que no podemos comprender los motivos de la actuación de Dios, porque en ellas no interviene la sabiduría de los hombres, una sabiduría a nuestro alcance, comprensible y explicable por la inteligencia humana, sino la misteriosa e incomprensible Sabiduría divina, la que dirige todas las cosas, pues es infinitamente más poderosa y más amante, y sobre todo más misericordiosa.

Y si la Sabiduría de Dios es incomprensible en sus caminos, y a veces desconcertante, será también incomprensible lo que prepara para los que esperan en ella y que sobrepasa infinitamente en gloria y belleza a lo que podamos imaginar o concebir: 

«Lo que ni el ojo vio, ni oído oyó, ni llegó al corazón del hombre, eso preparó Dios para los que le aman» (I Cor 2, 9). 

La sabiduría del hombre únicamente puede producir obras a la medida humana; sólo la Sabiduría divina puede llevar a cabo cosas divinas, y a esa grandeza divina nos tiene destinados. Esta debe ser, pues, nuestra fuerza frente al problema del mal y el dolor, no una respuesta filosófica, sino una confianza filial en Dios, en su Amor y en su Sabiduría. 

La certeza de que «todas las cosas contribuyen al bien de los que aman a Dios», y que «los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros» (Rom 8, 18).

La Paz interior, Jacques Philipe




LA TENTACIÓN EJERCITA LA VIRTUD



Es del máximo interés el soportar con toda paciencia cualesquiera molestias y todo contratiempo que acongoja nuestro espíritu, teniendo muy presente que forman nuestra cruz. 
Ayudad al Señor y llevad con él la cruz, de buen grado, con ánimo alegre, porque la cruz tenéis que llevarla siempre; y, si rehusáis alguna, en su lugar hallaréis otra más pesada. 
Puesta en Dios nuestra confianza y esperando su ayuda, no nos entretengamos con los halagos de los 
vicios. No hay que acobardarse ni detenerse jamás, sino que ininterrumpidamente hay que estar cobrando ánimos. 
Haced memoria de las aflicciones y de las grandes tentaciones que nuestros santos padres pasaron en el desierto. Lo que en su espíritu experimentaron fue para ellos mucho más grave que las penitencias y austeridades que impusieron a sus cuerpos. El que nunca es tentado ninguna virtud conseguirá. Someteos, pues, al divino beneplácito, ya que Dios nunca permite que seamos afligidos como no sea para nuestra salvación. Dice el evangelista: Quien quiera venir en pos de mí empiece por negarse a sí mismo; que quiere decir, olvidarse de sí mismo, no darse importancia a sí mismo, despreciarse a sí mismo, y desear ser despreciado por los demás. 
El Señor manda que tomemos nuestra cruz y que le sigamos, esto es, que suframos los padecimientos y las fatigas de nuestro cuerpo por amor a él, de la misma manera que él lo sufrió todo por amor a nosotros. 
Cuando los judíos descargaron la cruz de los hombros del Señor por miedo de que, desfallecido por los azotes y los tormentos, expirase antes de llegar al lugar donde tenía que ser crucificado, y se le cargaron a Simón, este la tomó de muy mala gana; y, aunque la llevó, de ninguna manera murió en ella como murió nuestro Señor, que libremente y por su propia voluntad la llevó y en ella expiró, entregando el alma a Dios su Padre: imitadle a él siguiendo su ejemplo. 
Tenéis vuestra cruz en las aflicciones, llevadla de buen grado hasta el fin y morid en ella entregando a Dios vuestra alma. Alabad a Dios y dadle gracias porque os ha llamado a su servicio. No despreciéis a nadie, ya que es voluntad de Dios que améis al prójimo como a vosotras mismas y a todas las hermanas, aun a las que os injurian o lo desean. 
Amad, sobre todo, dentro de vosotras mismas y poned sumo empeño en refrenar los desordenados 
movimientos de ánimo. Poned hoy algún remedio, mañana otro, y, de esta suerte, poco a poco venceréis y triunfaréis de todas las tentaciones; y, cuando el Señor vea vuestra buena voluntad y vuestra perseverancia, os dará su gracia y su ayuda para que llevéis las cargas de la vida religiosa hasta el fin y, por su amor, nada os resultará difícil de tolerar.

 De las Exhortaciones de la beata Francisca de Amboise a sus monjas  (Cap. XIII, Carmelus II [1964], pp. 254-255)

RECEMOS EL SANTO ROSARIO POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO


 - ¿Alguna vez se le ha aparecido algún alma del purgatorio pidiéndole que rezara un rosario con él o ella? 

- María Simma:
Sí, eso sucede. Recuerdo una vez, fue en los años 50, cuando viajaba en tren desde Bludenz. 
Era uno de esos días en los que había muchos viajeros, así que elegí, como hago habitualmente, el último vagón del tren. Subí y pronto encontré un compartimiento en el que viajaba solamente una mujer. Me senté a su lado. Todavía no me había acomodado cuando sacó un rosario de su bolso y dijo: "Bueno, aquí hay alguien que rezará el rosario conmigo". 
Lo primero que pensé fue: "Si hace lo mismo con todo el que entra, no me extraña que esté sentada aquí sola". Pero, por supuesto, yo estaba muy feliz de rezar con ella el rosario y en el tiempo que duró no entró nadie al compartimiento. 
Cuando terminamos dijo: "Gracias a Dios". Y desapareció al instante. 
Me encontré totalmente sola en el compartimento, mientras numerosas personas daban vueltas por los pasillos. 
Solo en ese momento fue cuando tuve el presentimiento de que se había tratado de un alma del purgatorio.

RECEMOS EL SANTO ROSARIO POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO

-Sáquennos de aquí, entrevista con María Simma-

MARÍA OFRECE A DIOS NUESTRAS PLEGARIAS



Decía el Venerable Raimundo Jordano, que María no puede dejar de amar a quien la ama, y no se desdeña de servir a quien le sirve, empleando, en favor de los pecadores, todo su poder de intercesión para conseguir de su Hijo divino, el perdón para esos siervos que la aman. 

Es tanta su benignidad y misericordia, prosigue diciendo, que ninguno, por perdido que se vea, debe temer postrarse a sus pies, pues no rechaza a nadie de los que a ella acuden. 

María, como amantísima abogada nuestra, ella misma ofrece a Dios las plegarias de sus siervos y señaladamente las que a ella se dirigen; porque así como el Hijo intercede por nosotros ante el Padre, así ella intercede por nosotros ante el Hijo y no deja de tratar ante ambos, el negocio de nuestra salvación y de obtenernos las gracias que le pedimos.


 (Las Glorias de María, san Alfonso Mª de Ligorio) 

MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA


El dogma de la maternidad divina de María es un tema central de la Mariología. Es el que da sentido y hace comprensibles todas las verdades que la teología cristiana afirma de Ella. 
Esto ha sido destacado por muchos Papas. Así Pío XII afirma:

“De la misión sublime de Madre de Dios parecen derivar, como de una fuente oculta y purísima, todos los privilegios y todas las gracias que adornan su alma y su vida”

También Pablo VI señala: “El tiempo de Navidad constituye una prolongada memoria de la maternidad divina, virginal, salvífica de Aquella cuya virginidad intacta dio a este mundo un Salvador"

Igualmente, el Papa Benedicto XVI indica:  “Del título de «Madre de Dios» derivan luego todos los demás títulos con los que la Iglesia honra a la Virgen, pero este es el fundamental.

Y el Papa Francisco también ha afirmado:

“María está desde siempre presente en el corazón, en la devoción y, sobre todo, en el camino de fe del pueblo cristiano… Madre de Dios es el título principal y esencial de la Virgen María. 


- MARÍA, MADRE DE DIOS Y DE LA IGLESIA , Concepcionistas misioneras de la enseñanza-

JESÚS ESTÁ EN EL CONFESIONARIO

 


¿Y qué me podría decir ante los que retorcidamente dicen que Jesús nunca nos dijo que teníamos que ir a un confesonario a confesarnos? 

María Simma: 

- A esos les sugiero que acudan a confesarse con un sacerdote contándole sus pecados claramente. Lo importante es que se digan claramente los pecados. Jesús dijo que nos arrepintiéramos y cuando lo hacemos, Él borra nuestros pecados y solo así Satanás deja de saber de ellos; ya no puede atraer a esa persona mediante ese pecado o atacarle a causa de la débil o inexistente relación con Dios. Pero quien se encuentra en el confesionario es Jesús, no un sacerdote. 

—¿Está usted segura? 

María Simma:

-Le cuento un caso que lo sorprenderá. Una abuela italiana quiso llevar a su nieto de ocho años al padre Pío para que hiciera su primera confesión. Estaba muy entusiasmada cuando llegó a la parroquia. El niño entró a confesarse y salió radiante de alegría. La abuela sabía qué apariencia tenía el padre Pío. Era bajo, gordito, casi calvo, de ojos muy oscuros y de unos sesenta y cinco años; aun así, le preguntó a su nieto: "Dime, ¿cómo era?". 

El niño respondió con mucha calma y con detalle: "¡Oh! Era alto y fornido, con ojos castaños, y pelo largo y castaño; tenía alrededor de treinta años".


(Sáquennos de aqui, entrevista con María Simma)


DE ELLA NACIÓ JESÚS


 

“Para contarnos toda la historia de la Virgen, bastan aquellas palabras: De qua natus est Iesus: de Ella nació Jesús. ¿Qué más deseas? ¿Qué más buscas en la Virgen? Debe bastarte saber que Ella es la Madre de Dios. Yo te pregunto: ¿qué belleza, qué virtud, qué perfección, qué gracia, qué gloria podía faltar a la Madre de Dios? Da rienda suelta a tus pensamientos, estimula tu osada imaginación: figúrate una virgen purísima, prudentísima, bellísima, devotísima, humildísima, dulcísima, llena de todas las gracias, superabundando en toda santidad, adornada con todas las virtudes, favorecida con todos los carismas, gratísima a Dios; agranda luego cuanto puedas la figura imponente de semejante virgen: María es aún más grande, más excelsa; superior a cuanto de más espléndido puedes imaginar” 

- Santo Tomás de Villanueva -


PIDAMOS SACERDOTES


Nuestro Señor decía a sus Apóstoles: «Ved cómo las mieses se extienden y blanquean a lo lejos; pedid, pues, al Amo que envíe obreros a su mies.»

Que sea nuestra oración ardiente y apremiante al terminar la Adoración. Si el sacerdocio es tan magnífico, tan poderoso y tan benéfico; si es el medio necesario de su mediación y, por consiguiente, de la Redención del mundo, pidamos para innumerables almas la gracia y el honor de participar al sacerdocio de Jesucristo, de extenderlo, de multiplicarlo según las exigencias de la gloria de Dios, del servicio de la Iglesia y de la santificación de los hombres.

Pidamos sacerdotes a Aquel que sólo los discierne, los escoge y los llama.

Ayudemos a las vocaciones sacerdotales, tan contrariadas en nuestros días por la debilidad de la fe en las familias y por el espíritu del mal que anima a los poderes contra Cristo y contra su Iglesia.

Sobre todo, no cesemos de pedir para todos los sacerdotes una abundante y nueva efusión del espíritu sacerdotal del Sacerdote por excelencia: la santidad de Jesús; es decir, la separación del mundo y de su espíritu; el afecto cordial y profundo al Dios que está en el Tabernáculo, el único a quien deben aspirar; pidamos para los sacerdotes el celo por las almas, y el amor que no retrocede ante el sufrimiento, para completar en ellos el sacrificio incruento que ofrecen cada día, y cooperar así a la Redención del mundo. 


(Manual de Adoración al Santísimo Sacramento, P. Tesniére)

SAN JOSÉ SIGUE TRABAJANDO POR JESÚS


¡Qué sabroso era el pan de Nazaret! Se amasaba con el sudor abnegado de San José. ¿Para qué tanto esfuerzo? Para que Jesús creciese, se desarrollase pujante de vida.

En la teología de San Pablo hay un dogma central: el del Cuerpo Místico de Jesucristo. Piensa en él. El Cuerpo de Cristo tiene miembros. Y éstos han de crecer: crecimiento interior, intensivo. Tú eres miembro de Cristo, debes crecer en santidad, humildad, mortificación, unión con Dios, caridad…

San José trabajó para Jesús y María.

Pídele a San José: Sigue trabajando, santísimo José. Sigue procurando el crecimiento de Cristo y de su Cuerpo, el crecimiento de su Santa Iglesia. Hazme miembro suyo, robusto, con santidad heroica… Y haz que tantas almas formen un Cuerpo con Él. No permitas que ninguna de las almas vinculadas por Cristo a mi correspondencia se pierda para siempre por mi desidia y negligencia.

San José, Padre nutricio del Hijo de Dios, ruega por nosotros.


Fuente: Mes de San José

GRACIAS, SEÑOR, POR VUESTRO AMOR



Si tú quieres conocer y contemplar mi divinidad, has de empezar por conocerme y amarme en los sufrimientos y tormentos de mi humanidad atribulada. Éste es para ti el camino más breve de la bienaventuranza. 
Cuanto tuvo de fuerte el amor que me venció, tanto tuvo de afrentosa la muerte que padecí; y el uno y la otra son la justa medida de lo que me deben amar las almas rectas y puras. 
La intensidad y el poder de mi amor resplandecen más que nada en los horrores de mi Pasión. 
El sol se conoce por sus resplandores, las rosas por su perfume, el fuego por el calor. 
Atiende, pues, y escucha con qué amor y con qué angustias he sufrido por amor de tí. 

Oración:
¡Gracias, Señor! Por el amor que os hizo bajar a este destierro, dejando el trono de vuestro Padre; 
por el amor que os puso en las angustias de una muerte 
horrible, mostrad a mi alma las formas admirables de 
que vuestro amor quiso revestirse en el árbol sangriento 
de la Cruz. 
Fuente: "Tratado de la Eterna Sabiduría" por el Beato Enrique Susón.

ES NECESARIO LIMPIAR NUESTRAS ALMAS

Lo primero que ha de hacer quien quiera salvarse y alcanzar el verdadero espíritu con perfección, es limpiar y purificar su alma de todo pecado mortal, y en cuanto le sea posible , del venial, porque mientras más limpia esté de pecados veniales e imperfecciones, más aparejada estará para recibir los rayos de luz del sol de la divina Justicia » que nacen en los que temen a Dios, que, según dice San Basilio, así como el cristal cuando está limpio y transparente recibe los rayos del sol, asi la conciencia limpia del alma pura recibe las riquezas del verdadero espiritu : " Bienaventurados , dijo el Señor, los limpios de corazón, porque ellos verán a  Dios» Este ver a Dios en la otra vida por gloria y en ésta por gracia y por espíritu, no se concede sino a los limpios de conciencia y corazón . Y así como la fuente clara y cristalina, en tiempo de gran calor, cansancio y sed, convida y atrae a los que la miran, así también , dice el glorioso San Ignacio, escribiendo una carta a la sacratísima Virgen, las almas de limpia conciencia agradan a Dios y llevan tras sí, su divino corazón .

Esta limpieza se alcanza con la penitencia , mortificación , recato, examen de conciencia, frecuencia de Sacramentos , oración y meditación de Cristo y de la gravedad del pecado, miserias del mundo, beneficios recibidos, memoria de la muerte etc...

Quien está en pecado mortal , haga penitencia con la contrición y dolor del corazón , confesión entera y satisfacción verdadera, si quiere alcanzar gracia y perdón. Y para perseverar, medite la vida y pasión de Cristo.


-Dilucidario del verdadero espíritu, Fr. Jerónimo Gracián de la Madre de Dios, O.C.D.-




HAY QUE HACER LO QUE ESTÉ EN NUESTRAS MANOS -Consejos del Padre Pío-



Te he dicho muchas veces que, en la vida espiritual, es necesario caminar de buena fe, sin prejuicios y sin soberbias. Haz de este modo: aplícate, en la medida en que lo permitan tu capacidad y tu debilidad, a querer hacer siempre el bien. Si lo consigues, alaba y da gracias al Señor por ello; si, a pesar de toda tu atención y buena voluntad, no consigues hacerlo totalmente o en parte, humíllate profundamente ante Dios, pero sin desanimarte; proponte estar más atento en el futuro, pide el auxilio divino, y continúa adelante.

Sé bien que tú no quieres hacer el mal intencionadamente. Y los otros males que el Señor permite y que tú cometes sin que lo desees, que te sirvan para humillarte, para mantenerte lejos de la vanagloria. 

Por tanto, no temas y no te angusties en adelante por las dudas de tu conciencia; porque sabes bien que, después de esforzarte y de hacer cuanto está en tus manos, no hay motivo para temer y angustiarse.


(30 de enero de 1919,carta del Padre Pío a fray Marcellino Diconsole, Ep. IV, 396)

DIOS SE HACE PRESENTE EN LO COTIDIANO


El ejercicio de la presencia de Dios no está reservado a las almas contemplativas solamente, pues la gracia del bautismo pone en cada uno de nosotros a la Trinidad en el alma.

Basta unirse con Dios por la fe, la caridad y la práctica de las virtudes cristianas. 

Ciertas personas creen que vivir en la presencia de Dios exige adoptar una actitud fría, y tener los ojos cerrados, nada más lejos de la realidad.

Don Bosco jugaba con sus niños y no por eso perdía la presencia de Dios. Lo esencial está en la intención y muchas almas cristianas no saben ya encontrar a Dios, aun en la oración, porque se imaginan que la vida espiritual es una cosa inaccesible, reservada a un reducidísimo número de almas privilegiadas, llamadas «místicas».

Sor Isabel de la Trinidad sabía insistir sobre ese punto ante las almas que la frecuentaban y a las que Dios retenía en el mundo: «Quisierais ser toda de Él aunque en el mundo: ¡es tan sencillo! Él está siempre con nosotros, estad vos siempre con Él. A través de todas vuestras acciones, en vuestros sufrimientos, cuando vuestro cuerpo está quebrantado, permaneced bajo su mirada. Vedlo viviente en vuestra alma.»

"Nada puede impedirnos que nos unamos con Él por el amor, ni las alegrías, ni las tristezas de la tierra, ni la salud, ni la enfermedad, ni las lisonjas o la malicia de los hombres, nada, ni siquiera nuestras faltas".


Fuente: La doctrina espiritual de sor Isabel de la Trinidad, M.M. Philipon, O.P.

MADRE DEL ROSARIO



Salve, María, Madre del Rosario
salve, princesa de la humanidad,
Tiende tu mano a los que imploramos,
siempre nos proteja tu bondad.

Los que peregrinos en tierra de paso,
buscamos alivio a nuestros dolores,
te invocamos Madre, Reina de los Cielos,
sabiendo que tú estás siempre atenta,
nos cuidas con mimo, nos colmas de amores.

El Rosario, Señora, es nuestro homenaje
de amor encendido en tu devoción.
Son sus misterios preciosos hogares
en donde encontramos retazos de tu corazón.

No nos olvides, Madre amorosa,
en el momento de nuestra partida.
Por tu Rosario, divina Señora,
nos lleves a Cristo y hallemos la vida.

Fuente: Ángel Ramos Sánchez, Apostolado de la oración.

MEDITACIÓN DEL PADRE NUESTRO POR SAN FRANCISCO DE ASÍS

 Luego de orar con todas sus fuerzas el Padre Nuestro, San Francisco de Asís decidió reflexionar en cada uno de los versos de esta magnífica plegaria, agregando sus propias meditaciones para rogar a Dios, entonces dijo: 

¡Oh santísimo Padre nuestro: creador, redentor, consolador y salvador nuestro! 

Que estás en los cielos: en los ángeles y en los santos; iluminándolos para conocer, porque tú. Señor, eres la luz; inflamándolos para amar, porque tú, Señor, eres el amor; habitando en ellos y colmándolos para gozar de la eterna bienaventuranza, porque tú. Señor, eres el bien sumo, eterno, de quien todo bien procede, sin quien no hay bien alguno.

Santificado sea tu nombre: clarificada sea en nosotros tu noticia, para que conozcamos cuál es la anchura de tus beneficios, la largura de tus promesas, la sublimidad de tu majestad y la hondura de tus juicios.

Venga tu reino: para que reines en nosotros por la gracia, y nos hagas llegar a tu reino, donde está la visión manifiesta de ti, el amor perfecto a ti, la unión bienaventurada contigo, la fruición de ti por siempre.

Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo: para que te amemos con todo el corazón, pensando siempre en ti; con toda el alma, deseándote siempre a ti; con toda la mente, dirigiendo todas nuestras intenciones a ti, buscando en todo tu honor; y con todas nuestras fuerzas, destinando todas nuestras fuerzas y los sentidos del alma y del cuerpo al servicio de tu amor y no a otra cosa; y para que amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos, atrayendo a todos, según nuestras fuerzas, a tu amor, alegrándonos de los bienes ajenos como de los nuestros y compadeciéndolos en los males, y no siendo causa de tropiezo para nadie.

El pan nuestro de cada día: tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, dánosle hoy: para que recordemos, comprendamos y veneremos el amor que nos tuvo y cuanto por nosotros dijo, hizo y padeció.

Y perdónanos nuestras deudas: por tu inefable misericordia, por el poder de la pasión de tu amado Hijo y por los méritos e intercesión de la beatísima Virgen y de todos tus elegidos.

Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores: y lo que no perdonamos plenamente, haz tú, Señor, que plenamente lo perdonemos; para que por ti amemos de verdad a los enemigos y por ellos intercedamos devotamente ante ti, no devolviendo a nadie mal por mal, y para que nos esforcemos por ser en ti útiles en todo.

Y no nos dejes caer en la tentación: oculta o manifiesta, imprevista o insistente.

Mas líbranos del mal: pasado, presente y futuro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.



LA EUCARISTÍA NOS AUMENTA LAS VIRTUDES TEOLOGALES



La eucaristía nos aumenta las virtudes teologales, sobre todo la caridad. Y con ellas todas las demás virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo.

FE:

Es evidente que aumenta la fe por el acto de fe intensísimo que hacemos al recibir un sacramento en el que «se engaña la vista, el gusto y el tacto», Es la fe la que nos dice con seguridad inquebrantable que allí no hay pan ni vino, aunque los sentidos corporales lo vean y sientan.

ESPERANZA:

Aumenta la esperanza, porque precisamente la eucaristía es prenda y garantía de la gloria según la promesa clara y explícita de Cristo: «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene la vida eterna, y yo le resucitaré el último día... El que come este pan vivirá para siempre» (lo 6,54 y 58).

CARIDAD:

Aumenta, sobre todo, la caridad. Escuchemos a Santo Tomás explicando este misterio: «Este sacramento confiere espiritualmente la gracia junto con la virtud de la caridad; por eso el Damasceno lo compara con el carbón encendido que vio Isaías: ‘Como el carbón no es simple leña, sino leña con fuego, así el pan de la comunión no es pan corriente, sino pan unido a la divinidad’.

Aumenta, finalmente, todas las demás virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo, porque, como explica Santo Tomás, están en conexión íntima con la gracia y la caridad, y el crecimiento de éstas arrastra a todos los demás elementos del organismo sobrenatural.


-Teología moral para seglares, P. Antonio Royo Marín-


PRESENCIA AMOROSA DE DIOS



Señor Jesucristo, quisiera ofrecerte 
una casa bien limpia y barrida 
para que la habites, pero no puedo. 
Ahora sí que puedo exclamar 
sabiendo lo que quiere decir: 
“Señor, no soy digno de que entres en mi casa”. 
¡Pero Tú ya estás aquí! 
Viviendo entre los ídolos 
que antes aquí reinaron. 
El suelo está sucio y, a veces, 
la habitación mal ventilada, 
¡incluso para mí! 
Tu presencia aquí me avergüenza, 
Sin embargo tú dormiste en una cueva, 
Tú pasaste noches enteras 
bajo el manto de las estrellas. 
Pero, aunque no pueda acomodarte mejor, 
sentiré de igual manera la alegría 
de que Tú estás presente. 
Tengo que creer firmemente, Señor, 
y no puedo tener la menor duda 
de que Tú te sientes como en casa 
con los pecadores. 
Y mi pecado, Señor Jesús, 
¡es que no quiero contarme entre los pecadores! 
Me cuesta mucho aceptar esto, 
aunque es absolutamente evidente. 
Pero la esperanza es como un rayo verde 
en medio de un mundo ahogado y en desorden. 
Y esta esperanza viene de tu Espíritu. 
Ahora puedo descansar, Señor, 
en esta esperanza. 

P. William Breault

LAS ALMAS DEVOTAS DE MARÍA SUFREN MENOS EN EL PURGATORIO


La pena de la privación de Dios en el Purgatorio, es extraordinariamente atenuada en las almas que fueron particularmente devotas de María. 

Esta dulcísima Madre las va a consolar y siendo ella candor de la eterna luz y espejo sin mancha nos muestra el esplendor de la gloria de Dios. 

El día de todos los Santos una joven de excepcional virtud y modestia, ve aparecer el alma de una joven que conocía, y que había muerto hacía poco, la cual le da a conocer como sufría por la sola privación de Dios, pero esta privación era para ella tan intensa, que le proporcionaba un tormento indecible. La vio todavía varias veces y casi siempre en la Iglesia, porque esta alma no pudiendo todavía contemplar cara a cara a Dios en el cielo, buscaba encontrar alivio a su pena, contemplándolo al menos bajo las Especies Eucarísticas. Sería imposible referir en palabras con qué adoración, con qué humildad y respeto, permanecía aquella alma frente a la Sagrada Hostia. Cuando asistía al Divino Sacrificio en el momento de la elevación su rostro se iluminaba de tal manera que parecía un serafín. La jovencita declaraba no haber visto nunca un espectáculo más bello.

Es así que esta misma alma que encontraba consuelo en la adoración de Jesús Eucaristía, buscaba también alivio ante la imagen de la Virgen y se mostraba siempre vestida de blanco con un rosario en la mano, en señal de su devoción a María Santísima. 

Un día, la piadosa joven, junto a otras amigas después de haber adornado piadosamente al altar de la Virgen, se arrodilló con ellas, y les propone besar los pies de la estatua y abrazarla dos veces, una por ella y otra por la amiga fallecida. 

Después de haberlo hecho vino esa alma, feliz para darle las gracias con indescriptible afecto. 


Fuente: EL PURGATORIO - La última de las misericordias de Dios - R.P Dolindo Ruotolo

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