¿VALE LA PENA CONFESARSE?
¿Vale la pena confesarse...?. Usted no est谩 seguro ni de eso... Sabe que es d茅bil... Sabe que tal vez vuelva a caer: no es de hierro ni de granito. Est谩 en un mundo en d贸nde no es f谩cil la virtud. En donde la verdad, la honestidad, la justicia, la castidad, la mansedumbre... ¡no dan dividendos! ¿Vale la pena confesarse...? ¿Vale realmente la pena...?
Y sin embargo, all铆, dentro de Ud., a pesar de todos los argumentos en contra, Ud. sabe que vale la pena... Hay algo: un lastre que le pesa y que no le deja vivir... hay una sensaci贸n desagradable, insufrible, del que tiene las manos sucias... del que siente que sus ojos est谩n sucios... y que su alma est谩 sucia... Ese hombre se convence de que tiene, de alguna manera, que empezar de nuevo... Como en los viejos tiempos de la Escuela primaria cuando a hurtadillas arrancaba una o dos hojas del cuaderno de clase para que no hubiese en 茅l ning煤n borr贸n... ¿Habr谩 alguna f贸rmula sencilla para arrancar hojas del cuaderno de la vida, y limpiar todas las manchas descargando nuestra conciencia...?
Hay gente que dice que ha encontrado esa f贸rmula. Van a un psiquiatra, o a un psicoanalista. A 茅l le descubren su conciencia,. Y tratan de investigar el origen de sus errores y fracasos... Hablan durante horas en el consultorio psiqui谩trico, tratando de hallar la serenidad perdida... Pero es dif铆cil reconquistar la paz. Lo que han dicho, est谩 dicho, lo que hicieron, hecho est谩... Nadie puede borrar de la mente totalmente su pasado, ni hacer desaparecer las cicatrices de sus recuerdos con un mon贸logo, como si fuese una goma de borrar...
Pero hablando, y hablando... –reconozc谩moslo- uno se desahoga... Al compartir sus secretos, sus fracasos, su vida..., con otro, humanamente se libera. Es como si de pronto, consigui茅semos un amigo, un socio, un c贸mplice... Entre dos es m谩s f谩cil llevar la carga, y compartir la responsabilidad de la vida diaria...
LA PARTE HUMANA DE LA CONFESI脫N
Este es tambi茅n la parte humana de la confesi贸n. La confesi贸n descarga la conciencia, y la apuntala en el otro... con esta ventaja: que la confesi贸n no son ni los honorarios, ni la idoneidad profesional, lo que hace que el otro escuche. No, en la confesi贸n hay algo m谩s. A煤n en el plano humano Ud. se siente m谩s seguro, m谩s protegido en su confidencia, y en la serenidad del posterior consejo de ese hombre consagrado. Sabe que conscientemente no puede mentir, y que no le puede fallar..., y de que de sus labios no escapar谩 ninguna infidencia, ni le perjudicar谩 con el prejuicio, la pasi贸n, o la prevenci贸n humana... el tiene que dar cuenta a Dios de todo lo que haga y diga: no se puede poner a inventar una nueva moral ni un nuevo dogma.
En la confesi贸n hay, adem谩s algo que ayuda a la reconstrucci贸n de nuestra personalidad... Esta por el conflicto diario est谩 en cierta manera deteriorada... ¿Cu谩l es la ra铆z de tantas personalidades fragmentadas? El que toda esa gente rehuye consciente e inconscientemente asumir sus propias responsabilidades. Buscan en el escapismo y la evasi贸n, huir de su vida. Son “desertores” del puesto que la providencia les ha confiado: madres neurast茅nicas; esposos infieles; empleados deshonestos; hijos desobedientes; adolescentes en rebeld铆a. In煤tilmente buscan alguien a quien echar la culpa de su desacomodaci贸n... Pero es in煤til: ellos son los 煤nicos culpables... Deber铆an a aprender a aceptarse a s铆 mismos y a su destino... Deber铆an aprender alegre y conscientemente su responsabilidad frente a Dios...
En el psicoan谩lisis Ud. descarga su responsabilidad en el otro. En la confesi贸n Ud. la asume frente a Dios. En el primero, se busca una transferencia y una explicaci贸n. Ud.,. se pone una etiqueta y se siente liberado... En la confesi贸n Ud. es a la vez acusador, fiscal y juez de s铆 mismo... Ud. enfrenta su vida: no pone un polvo cicatrizante encima de la herida infectada... No la airea, la trata de curar... Si la cerrase sin antes haberla curado ser铆a peor...
¡Que alivio se siente cuando uno al fin se siente due帽o y responsable de su vida...! ¡Ud. es responsable! ¡Ud. es libre...! Si en su acusaci贸n hay sencillez y esperanza, Ud. est谩 en v铆as de curarse... Pero, para eso, tiene que hacer su confesi贸n delante de Dios...
¿Dios...? ¡Que pocas veces pensamos en Dios! ¡Que pocas veces sentimos a Dios...! Para la mayor铆as es algo oscuro y misterioso que le da miedo... Un ser infinito, y lejano, siempre silencioso... Y no es as铆... Est谩 cerca suyo... Y lo va a sentir en la medida que Ud. se coloque en su verdadera medida... Sea Ud. humilde, no se haga el Dios... Si cae de rodillas frente a Dios lo conocer谩 a Dios... Si, precisamente cuando nos sentimos pecadores, es cuando estamos en v铆as de curarnos... ¿por qu茅? Porque all铆, frente a nuestra miseria aprendemos a ser humildes –una virtud desconocida hoy...- y a trav茅s de ella reconocemos a Dios tal cual es...
Una de las dimensiones m谩s impresionantes de Dios, es su misericordia... La misericordia es el amor de Dios por el pecador. Dios –entend谩monos- no ama el pecado, pero s铆 al pecador... el vino a decirnos que “era amigo de pecadores...” “que no ven铆a por los justos, sino por los pecadores” Y que “hay m谩s gozo en el cielo por un pecador que se convierte que por noventa y nueve que hacen penitencia”. La misericordia es la dimensi贸n infinita del perd贸n de Dios. Quien cayendo de rodillas en la confesi贸n haya sentido alguna vez que Dios le perdona, sin condiciones... El que sienta como otrora la mujer ad煤ltera la pregunta de Cristo: ¿nadie te ha condenado, mujer...? Pues yo tampoco te condenar茅, pero no quieras m谩s pecar comprender谩 cuan necesaria sea en su vida la confesi贸n. Pero no una confesi贸n "rutinaria", "ritual"... una de esas etiquetas sin contenido... No: la confesi贸n tiene que ser aut茅ntica, comprometida, verdadera... Esa es la confesi贸n que le sugerimos que haga en esta semana... Ser谩 un comienzo de Vida verdadera. Como el comienzo de la sinfon铆a de una orquesta... Un canto a la vida... Un nuevo amanecer.
¿Por qu茅 buscamos excusas para no confesarnos? La gran mayor铆a de las veces porque la confesi贸n nos humilla... O porque no nos perdonamos... o porque nos parece in煤til confesarnos, si tenemos la convicci贸n de que volveremos a caer... ¿De qu茅 vale vaciar el tarro de basura -me dijo alguien alguna vez- si despu茅s lo volveremos a llenar... ?
Empecemos por lo 煤ltimo: con ese argumento nadie nunca har铆a nada... Ni se cortar铆a el pelo, ni se lavar铆an las manos... Hay gestos trascendentes en la vida... Gestos definitivos e irrevocables... Pero hay otros que hay que repetir sin cesar... Ud., por ejemplo, no puede tomar la decisi贸n de guardar el equilibrio de ahora para siempre... Lo tiene que guardar en cada instante, si no resbala, cae, se viene abajo... Ese es el g茅nero de prop贸sito que debemos aprender a hacer en la confesi贸n... En resumidas cuentas, es el mismo que Ud. tiene que hacer cuando va al m茅dico y se compromete a tomar los remedios y a cuidarse...
Porque tiene que persuadirse que estamos todo un poco enfermos... Enfermos de sexualidad, de ego铆smo, de envidia, de rencores, de violencia, de resentimiento, de pasiones mal domadas, de agravios, de mentiras, de injusticias, y de mil cosas m谩s... Hay gente que frente a este hecho de experiencia diaria, se contenta con decir: "... Yo soy as铆..." "Es mi naturaleza y no la puedo cambiar" Esa frase es falsa. Refleja una cobard铆a y una comodidad. Es en el fondo un suicidio... Ud. tiene que aceptar su vida como un punto de partida, pero no puede renunciar a progresar...
Ud. progresa en el plano material anhela mayores comodidades de las que tiene: una heladera mejor; una casa mejor; unas vacaciones mejores; un mejor puesto; un mejor sueldo... Todo est谩 bien, pero anhele tambi茅n progresar espiritualmente... Cada d铆a tiene que ser un poco mejor... Hoy mejor de lo que fue ayer, ma帽ana mejor de lo que es hoy.
No pacte con sus defectos... No cierre sus ojos ante sus contradicciones... No niegue sus errores... No quiera defender sus vicios... No los pregone si no quiere, pero recon贸zcalos delante de Dios... Delante de 脡l sea humilde: es la simple actitud que uno tiene delante del m茅dico a quien le ense帽a sus llagas, y le habla de su enfermedad.
Volvamos a ser sinceros con Dios. Ud. no es de hierro ni de m谩rmol... Reconozca delante de El que es un pecador... "Se帽or quiero ver... " Se帽or ¡quiero curarme!" Busque con Dios su verdadero progreso... No lo haga consistir en ambicionar un lavarropas o un auto...
Aunque haga a帽os que Ud. no se confiesa... Aunque haga se haya olvidado las oraciones, y apenas si sepa hacer la se帽al de la Cruz... Ud. puede confesarse. Lo m谩s importante es que ese encuentro con Dios sea inolvidable... ¡Qu茅 Ud. se acerque a 脡l con deseo de sanarse! ¡Que con un grito de sinceridad diga en la confesi贸n: "¡Se帽or! ¡Pequ茅...!"
No improvise su confesi贸n: haga previamente un examen de conciencia... Recuerde cu谩nto tiempo hace, m谩s o menos, de su 煤ltima confesi贸n, y eso d铆galo al principio de su confesi贸n. Luego, siguiendo los mandamientos diga los pecados que recuerde con sus circunstancias agravantes... Frente a problemas pendientes, proponga sus dudas, y las soluciones a las que ha echado mano hasta ahora... Pida consejo al sacerdote: recu茅rdelo, es hermano suyo y tiene la obligaci贸n de ayudarle...
Al terminar su confesi贸n escuche la penitencia que se le da. Son unas oraciones, o es tal vez, una meditaci贸n, o algo que se le pide que haga... Si no puede hacerlo d铆gaselo francamente al sacerdote. Y luego mientras 茅l rece la absoluci贸n sobre su cabeza inclinada, rece el acto de contrici贸n con toda sinceridad... Si no la recuerda, p铆dale perd贸n a Dios con sus propias palabras... Sentir谩 una nueva Vida, se lo garantizo...
Volvamos a la pregunta inicial: ¿A Ud. le cuesta mucho confesarse?... Le dec铆amos al principio: No nos extra帽a a todos nos cuesta... Pero ¡qu茅 bien se siente uno despu茅s que se ha confesado bien!... Es la sensaci贸n de bienestar que uno siente despu茅s de arreglar su ropero, o su habitaci贸n... A la tranquilidad que uno siente despu茅s que ha pagado una deuda... A la paz y felicidad que uno goza cuando despu茅s de la operaci贸n el m茅dico le dice: ¡Amigo, la operaci贸n ha sido brava, pero Ud. se ha salvado!.. Goce Ud. tambi茅n de esa terap茅utica de Dios... Es el mejor regalo divino, y est谩 all铆 a su mano...

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