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SÓLO JESÚS (Poesía de Santa Teresita del Niño Jesús)

 


Mi corazón ardiente quiere darse sin tregua,
siente necesidad de mostrar su ternura.
Mas ¿quién comprenderá mi amor,
qué corazón querrá corresponderme?
En vano espero y pido que nadie
pague con amor mi amor.
Sólo tú, mi Jesús, eres capaz
de contentar mi alma.
Nada puede encantarme aquí en la tierra,
no se halla aquí la verdadera dicha.

¡Mi única paz, mi amor,
mi sola dicha eres tú, mi Señor!


Tú supiste crear un corazón de madre,
por eso encuentro en ti al más tierno
y amable de los padres.
¡Oh, Jesús, mi único amor, Verbo eterno!,
tu corazón es para mí más dulce
que el corazón más dulce de una madre.
A cada instante y paso me sigues
en mis pasos y me guardas.
Cuando te llamo, acudes prontamente.
Y si, tal vez, parece que te escondes,
tú mismo vienes en mi ayuda
luego para poder buscarte.


En ti solo, Jesús, mi afición pongo,
corro a tus brazos, a esconderme en ellos.
Como un niño pequeño quiero amarte,
como un bravo soldado luchar quiero.
Como un niño, te colmo de caricias,
y de mi apostolado en la palestra
como un guerrero a combatir me lanzo...


Tu corazón divino, que guarda
y que devuelve la inocencia,
no es capaz de frustrar mis esperanzas.
En ti, Señor, reposan mis deseos:
después de este destierro, al cielo a verte iré.
Cuando la tempestad se alza en mi alma,
levanto a ti mis ojos, y en tu tierna mirada
compasiva yo leo tu respuesta:
«¡Hija mía, por ti creé los cielos!»


Yo sé que mis suspiros y mis lágrimas
ante ti están y te encantan, mi Señor.
Los serafines forman en el cielo tu corte,
y sin embargo tú vienes a buscar mi pobre amor...
Quieres mi corazón, aquí lo tienes,
te entrego enteros todos mis deseos.
Y por ti, ¡oh mi Rey y Esposo mío!,
a los que amo seguiré yo amando.

(Poesía de Santa Teresita del Niño Jesús)

𝐉𝐔𝐍𝐓𝐎 𝐀𝐋 𝐒𝐀𝐆𝐑𝐀𝐑𝐈𝐎

 


Allí en el silencio del Sagrario
quisiera desnudar mi pobre alma,
bañarme con dolores de Calvario,
sufrir como Jesús, amar como Él nos ama.
Dejarme arrastrar por la corriente
de pura y limpia brisa perfumada
de incienso, y elevarme sin demora
al fondo mismo que en Jesús se halla.
Ya junto a su estrado regio,
confundida entre el lodo y la miseria,
contarle todas las penurias mías,
pedir perdón por mi inhumana vida,
dejarle ante sus pies mis oraciones,
dejarle entre sus manos mis trabajos,
dejar que sólo Él dirija el paso.
De mis acciones y de toda mi persona;
contarle en confidencia muchas cosas;
hablar, hablar con Él como a un amigo,
decirle que lo quiero, que lo amo,
y en premio de mi amor, Él me perdone.
(María Felicia de Jesús Sacramentado)

COMUNIÓN



Yo soy de Dios: !oh dulce pensamiento
Que anega el alma en celestial amor!
Un Dios potente hasta albergarse llega
En mi pobre y estrecho corazón.

Yo soy de Dios: el cielo me contempla,
Y el ángel que se acerca a mí, veloz,
Halla mi pecho en templo convertido,
Donde el eterno fija su mansión.

Yo soy de Dios: la sangre inmaculada
Que de una Virgen cándida tomó,
¡Oh gran prodigio!, con mi sangre llega
Hasta mezclarse en misteriosa unión.

Yo soy de Dios: hasta el postrer momento
Sólo he de hallar hechizos en mi Dios;
Su dulce nombre ha de sellar mis labios
Al dirigirle mi última oración.

HOY ESTÁ ANTE MÍ LA MUERTE

 



Ante mis ojos está la muerte hoy día 

Como la salud al hombre enfermo, 

Como la libertad después del cautiverio.


Ante mis ojos está la muerte hoy día 

Como la fragancia de la mirra,

Como yacer a la sombra en un día fresco.


Ante mis ojos está la muerte hoy día 

Como la fragancia de lotos en flor, 

Como yacer en riberas de embriaguez.


Ante mis ojos está la muerte hoy día 

Como el paso fugitivo de la lluvia, 

Como el retorno de los hombres desde la aventura al hogar.


Ante mis ojos está la muerte hoy día 

Como la claridad de los cielos,

Como un hombre cazando lo desconocido.


Ante mis ojos está la muerte hoy día

Como la nostalgia de un hombre por su hogar, 

Después de pasar muchos años en prisión.


(Poema egipcio)

POEMAS Y SONETOS DE PEDRO CASALDÁLIGA

 


DIOS ES DIOS

Yo hago versos y creo en Dios.
Mis versos
andan llenos de Dios, como pulmones
llenos de aire vivo.
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SILENCIO HABLADO

Velo mi mansedumbre
como una espada herida.
Derramando palabras
de mis silencios vengo
y a mis silencios voy.
Y en Tus silencios labras
el grito que sostengo
y el que soy.
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LA GRANADA ABIERTA

Abriré el corazón rotundamente,
igual que una granada.
Para que se lo lleven, grano a grano,
los pájaros del cielo,
las almas de los hombres…
Tú cuídame, Señor, que esté maduro:
que no me caiga a tierra,
inútil, ni una sola
de sus talladas margaritas rojas…
Con tiento el corazón,
alma: con mucho tiento,
que lleva vino de Consagración…
Subo hacia Ti, Señor, sinceramente:
pero con las raíces empapadas
del afán de la tierra…
¡Yo no soy más que un chopo claro
sobre las aguas del Deseo…!
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ORACIÓN DE LOS HERMANOS NUESTROS

Hermanos nuestros
que estáis en el Primer Mundo:
Para que Su Nombre no se ha
blasfemado;
para que venga Su Reino a
nosotros
y se haga Su Voluntad
no sólo en el cielo,
sino también en la tierra,
respetad nuestro pan de cada día,
renunciando a vosotros
a la explotación diaria.
No os empeñéis
en cobrarnos la deuda que no
hicimos
y que os vienen pagando
nuestros niños,
nuestros hambrientos,
nuestros muertos.
No caigáis más en la tentación
del lucro, del racismo, de la guerra;
nosotros miraremos
de no caer en la tentación
del ocio o de la sumisión.
Y librémonos unos a otros de
cualquier mal.
Sólo así podremos rezar juntos
la oración de familia
que el hermano Jesús nos enseñó:
Padre nuestro-Madre nuestra,
que estás en el cielo y estás en la
tierra.
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MADRES

Donde hay pan,
Allí está Dios…
Que el pueblo tenga
en sus manos
el pan de la Eucaristía,
puesto que el pueblo
hace el pan.
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VUELA SU SOMBRA EN EL VIENTO
(Dedicada a la Virgen de la Caridad del Cobre)
Vuela Su sombra en el viento.
Descansa en Su luz la ola.
La imagen intacta y sola,
brinda amores, les da aliento.
Salvados en dulce asiento,
regresan, bajo Su abrigo,
a la tierra que es testigo
del divino nacimiento,
del cubano sentimiento
que del milagro ha surgido.
Vuela a mí, hoy que mi alma,
de oscuridades se envuelve,
y a tientas ya no resuelve
alcanzar la ansiada calma.
Vuela Virgen a la palma,
que nace asida a mi pecho,
entra al corazón deshecho
y canta con suave trino.
Haz de Tu amor mi destino.
Que sean Tus ojos mi lecho.
Coro: Vuela a mí. Quédate.
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EQUÍVOCOS

Donde tú dices ley,
yo digo Dios.
Donde tú dices paz,
justicia,
amor,
yo digo Dios.
Donde tú dices Dios,
yo digo libertad,
justicia,
amor.
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¡SEÑÓR JESÚS!

Mi fuerza y mi fracaso
eres Tú.
Mi herencia y mi pobreza.
Tú mi justicia,
Jesús.
Mi guerra
y mi paz.
¡Mi libre libertad!...
Mi tierra prometida
eres tú…
¡nuestra gloria
por siempre,
Señor Jesús!
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DANOS TU PAZ
Danos, Señor, aquella Paz extraña
que brota en plena lucha
como una flor de fuego;
que rompe en plena noche
como un canto
escondido…
Danos la Paz de los que andan
siempre
desnudos de ventajas
vestidos por el viento…
Aquella Paz del pobre
que ya ha vencido el miedo…
Danos tu Paz, ¡la Tuya!
Tú que eres nuestra Paz.
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NUESTRA HORA

Es tarde
pero es nuestra hora.
Es tarde
pero es todo el tiempo
que tenemos a mano
para hacer el futuro.
Es tarde
pero somos nosotros
esta hora tardía.
Es tarde
pero es madrugada
si insistimos un poco.
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DEUS
ABSCONDITUS

Eres un Dios
escondido,
pero en la carne de un
hombre.
Eres un Dios escondido
en cada rostro de
pobre.
Más tu amor se nos
revela
cuanto más se nos
esconde.
Siempre entre Tú y yo
un puente.
Es imposible el vado.
Tanto me llamas Tú
Como Te busco yo.
Los dos somos
encuentro.
Haciéndome el que soy
—anhelo y búsqueda—,
Tú eres el que eres
—don y abrazo—. 
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EL CORAZÓN LLENO DE NOMBRES

Al final del camino me dirán:
—¿Has vivido? ¿Has amado?
Y yo, sin decir nada,
abriré el corazón lleno de nombres.
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SONETOS:



ÉL SE HIZO UNO DE TANTOS

En la oquedad de nuestro barro breve
el mar sin nombre de Su luz no cabe.
Ninguna lengua a Su verdad se atreve.
Nadie lo ha visto a Dios. Nadie lo sabe.

Mayor que todo dios, nuestra sed busca,
se hace menor que el libro y la utopía,
y, cuando el Templo en su esplendor Lo ofusca,
rompe, infantil, del vientre de María.

El Unigénito venido a menos
traspone la distancia en un vagido;
calla la gloria y el amor explana;

Sus manos y Sus pies de tierra llenos,
rostro de carne y sol del Escondido,
¡versión de Dios en pequeñez humana!
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LA VISITACIÓN

El tardío precoz hijo convoca
al cumplimiento de las profecías,
y el seno de Isabel se hace boca
junto a la muda fe de Zacarías.

Virgen y madre, sierva y libertaria,
la más mujer de todas las mujeres,
tú has puesto el cielo en la ración diaria
de nuestras amarguras y placeres.

Azoras la montaña de Judá,
grávida de caminos, que no sabe
que en tus andares el Camino va

y cómo será humano ir en pos
de esa ternura que en tu vientre cabe,
feto de sueño y sangre, nuestro Dios.
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NO TIENEN VINO
La verdad es que no tenemos vino.
Nos sobran las tinajas, y la fiesta
se enturbia para todos, porque el sino
es común y la sola sala es ésta.

Nos falta la alegría compartida.
Rotas las alas, sueltos los chacales,
hemos cegado el curso de la vida
entre los varios pueblos comensales.

¡Sangre nuestra y de Dios, vino completo,
embriáganos de Ti para ese reto
de ser iguales en la alteridad.

Uva pisada en nuestra dura historia,
vino final bebido a plena gloria
en la bodega de la Trinidad!
-------

LOS DIEZ LEPROSOS

Eran diez leprosos. Era
esa infinita legión
que sobrevive a la vera
de nuestra desatención.

Te esperan y nos espera
en ellos Tu compasión.
Hecha la cuenta sincera,
¿cuántos somos?, ¿cuántos son?

Leproso Tú y compañía,
carta de ciudadanía
nunca os acaban de dar.

¿Qué Francisco aún os besa?
¿Qué Clara os sienta a la mesa?
¿Qué Iglesia os hace de hogar?
-------

EUNUCO POR EL REINO DE DIOS

Voy a engarzar en paz esas espinas
entre las rosas todavía nuevas.
Mi voluntad rendida Tú examinas,
Tú mi holocausto sin retorno pruebas.

Tus manos han ceñido mis riñones
desde la mocedad. Te ha reservado
mi corazón la flor de sus carbones.
Si he amado, Señor, a Ti te he amado.

Mi opción de eunuco por el Reino ostento
sobre esta frágil condición de hombre,
capaz, con todo, de acoger Tu aliento.

Cuando el lagar su desazón concluya,
Tú salvarás la causa de mi nombre
que sólo quiere ser la Causa Tuya.
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EL HIJO DEL HOMBRE SERÁ ENTREGADO
Crepita la floresta y desmorona
toda su verde historia sin techumbre.
La savia en las cenizas se amontona
y el fuego no consigue hacerse lumbre.

Llama llevada por su propio viento,
pájaro azul, recado de la tarde,
arde bajo la fiebre el pensamiento,
toda la vida en ciega espera arde.

La carretera ya no es más camino.
Y este hijo del hombre, agobiado
por las voces del pueblo y su destino,

llama y ceniza al viento desolado,
va a celebrar su Pascua, sin más vino
que el mosto de la sangre derramado.
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DÓNDE ESTÁ, OH MUERTE TU VICTORIA

¿Dónde está tu victoria, muerte extraña?
¿Dónde está tu derrota, muerte amiga?
Nos llevas, te llevamos, en la entraña,
grano en tu surco, de tu surco espiga.

Juntos crecemos. Tú hacia el ocaso,
cumplida la misión que nos fecunda.
Nosotros hacia el día, por el «paso»
de tu garganta abierta. La profunda

soledad de tu abismo se ha llenado
con el grito del Dios crucificado,
con tu muerte en Su muerte redentora.

¡Victoria derrotada en Su agonía,
oh hermana temporal, vientre del Día,
umbral de los «levantes de la aurora»!
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VÍ UN CIELO NUEVO Y UNA TIERRA NUEVA

Entonces veré el sol con ojos nuevos
y la noche y su aldea reunida;
la garza blanca y sus ocultos huevos,
la piel del río y su secreta vida.

Veré el alma gemela de cada hombre
en la entera verdad de su querencia;
y cada cosa en su primero nombre
y cada nombre en su lograda esencia.

Confluyendo en la paz de Tu mirada,
veré, por fin, la cierta encrucijada
de todos los caminos de la Historia

y el reverso de fiesta de la muerte.
Y saciaré mis ojos en Tu gloria,
para ya siempre más ver, verme y verte.



LA FE DE MARÍA


¿Qué hubiese pasado
Si Ella hubiese dicho que no
O ignorado o dilatado
El anuncio de tu ángel de amor?

En cambio, creyó en tu palabra
Y se hizo tu esclava
En un acto perfecto y de fe
Y hoy quiero ser como ella
Y amarte aunque duelan
Las espinas y el camino de la cruz

Dame la fe, Señor (dame la fe, Señor)
La fe de María
Para decirte sí
Un sí sin medidas
Dame la fe, Señor (dame la fe, Señor)
La fe de María
Para renunciar a mí (para renunciar a mí)
Y entregarte mi vida
¡Mi vida!

Aunque traspasaron
Con una espada su corazón
Y su alma lloró el dolor de tus heridas
A los pies del madero se quedó.

Y hoy Ella es nuestra Reina y Señora
Y Tú nos incorporas
A tu eterna familia de amor
Y yo en tu amor quiero permanecer
Postrado a tus pies
Es lo único que un día llevaré (dame la fe)

Dame la fe, Señor (dame la fe, Señor)
La fe de María
Para decirte sí, ¡oh, sí!
Un sí sin medidas
Dame, dame, dame la fe, Señor (dame la fe, Señor)
La fe de María
Para renunciar a mí, a mí
Y entregarte mi vida
¡Oh!, mi vida

(Canción de Son by Four)

POEMAS DE JOSÉ GARCÍA NIETO

 


GRACIAS, SEÑOR... Gracias, Señor, porque estás todavía en mi palabra; porque debajo de todos mis puentes pasan tus aguas. Piedra te doy, labios duros, pobre tierra acumulada, que tus luminosas lenguas incesantemente aclaran. Te miro; me miro. Hablo; te oigo. Busco; me aguardas. Me vas gastando, gastando. Con tanto amor me adelgazas que no siento que a la muerte me acercas... Y sueño... Y pasas...

 NOCHE DE LA CIUDAD... Noche de la ciudad. Dios está cerca. Entre tantas orillas yo ensayo mis palabras: son sólo cercanías. Las miradas, los árboles se alzan, se acercan, vibran junto a la noche unánime donde el verso se afirma. ¿A qué? ¿Por qué? ¿Quién habla...? En el silencio giran  las estrellas , los nombres. Dios es Dios en la cima. 


EL OFICIANTE Eres, Señor. Y estás. Y así te vivo cuando tu nombre hasta mi verso llega. Entonces soy la tierra que se anega, y tiemblo bajo el agua que recibo. Como una miel que tercamente libo, rebrilla tu palabra entre mi siega de palabras... Ya sé; la cárcel ciega de mi mano no es digna del cautivo. Pero yo te convoco y Tú desciendes; toco la luz y el corazón me enciendes. Luego te entrego a los demás, Dios mío. Puente soy que a tu paso me resiento; hambre tengo y te doy por alimento, y abajo, con la muerte, suena el río. 

ORACIÓN EN UNA PRIMAVERA Gracias, Señor, por este ramo de agua que llega del aire hasta los campos, hasta el bosque, hasta el huerto; gracias por tu palabra, de nuevo en el desierto, prometiendo las horas frutales de la siega. Gracias por tanta gracia, tanta cuidada entrega, por tanto ardor temblando desde el terreno yerto; gracias por estas flores primeras que han abierto ojos de luz a tanta claridad honda y ciega. Gracias porque te he visto latiendo en los bancales, favoreciendo, urdiendo, los tiernos esponsales del verdor con la tierra, la rosa con la rama. Gracias porque me enseñas a ser en lo que era, a olvidar mis estiajes en esta primavera... Gracias porque es llegado el tiempo del que ama. 

EL HACEDOR Entra en la playa de oro el mar y llena la cárcava que un hombre antes, tendido, hizo con su sosiego. El mar se ha ido y se ha quedado, niño, entre la arena. Así es este eslabón de tu cadena que como el mar me has dado. Y te has partido luego, Señor. Mi huella te ha servido para darle ocasión a la azucena. Miro el agua. Me copia, me recuerda. No me dejes, Señor; que no me pierda, que no me sienta dios, y a Ti lejano... Fuimos hombre y mujer, pena con pena, eterno barro, arena contra arena, y sólo Tú la poderosa mano. 

LA HORA UNDÉCIMA (Fragmento) En la sombra sin nadie de la plaza, la espalda de la amada y su silencio; en la sombra sin nadie de la plaza, aquel niño de Batres, mudo y quieto; en la sombra sin nadie de la plaza, mis hijos, solos, vadeando el sueño... Y han pasado las horas, y las luces distintas; los videntes y los ciegos han pasado —la plaza está vacía—; los torpes han pasado, y los despiertos, y los del pie descalzo y la sandalia rota; los de la cera, los del fuego, los de la miel, los del dolor pasaron... La plaza, sola. Un hombre, solo, en medio. Del Señor que llamaba, apenas queda una huella levísima en el suelo. Se detuvo en la arena como si algo le faltara. Miró a su espalda. Luego llamó otra vez. Y otra. Y todavía otra. Pero ya nadie oía; pero nadie abrió los balcones, las ventanas, las torpes barricadas de su encierro. El hombre, el hombre, qué delgada ruina, qué abdicación, qué torre sin cimiento, qué nube hacia otras nubes deshilándose, qué carbón imposible hacia otro fuego. El hombre, el hombre, el hombre, el hombre, el hombre, qué redoble de letras en un cuero rajado, qué bandera mancillada, qué cristal defendiéndose en el cieno, qué fuerza para nada, contra nada, qué rama malherida por el viento, qué triste perdidizo en la tristeza, qué soledad en soledad naciendo... El hombre, el hombre, todavía el hombre; yo, el hombre, ya lo he dicho; yo, en el miedo de un bosque, en las fronteras de una isla  —el agua junto al pie, y el alma al cuello—; yo, el hombre, sí, yo mismo, yo, más solo que tú, hombre como yo; tanto o más lejos de la verdad que tú; más horas, años esperando que tú, o acaso menos, o acaso más... Oh, qué torpeza el hombre; oh, qué locura el hombre; oh, qué destierro, qué curva sin salida, qué raíces sucias de tierra, qué turbión, qué dédalo, qué picador en lo hondo de una mina sin la luz encendida del minero... El hombre yo, lo he dicho ya, creía que siempre habría más, que habría tiempo para más... ¿Para qué, niño de Batres? ¿Para qué que no sea tu silencio junto al pan en la tarde; con tus ojos volcados en la nada, en Dios inmersos?... El hombre, yo, junto al girar del cántaro, que busca sin descanso, aquí, en el centro de la plaza, a la orilla del arado, o en el arado mismo, junto al hierro resplandeciente de la vertedera, ¿está definitivamente ciego?... Vas a pasar, Señor, ya sé quien eres; tócame por si no estoy bien despierto. Soy el hombre, ¿me ves?, soy todo el hombre. Mírame Tú, Señor, si no te veo. No hay horas, no hay reloj, ni hay otra fuerza que la que Tú me des, ni hay otro empleo mejor que el de tu viña... Pasa... Llama... Vuelve a llamarme... ¿Qué hora es? No cuento  ya bien. ¿Es la de sexta?, ¿la de nona?, ¿la undécima? ¿O ya es tarde? Pasa... Quiero seguir, seguirte... Llama. Estoy perdido; estoy cansado; estoy amando, abriendo mi corazón a todo todavía... Dime que estás ahí, Señor; que dentro de mi amor a las cosas Tú te escondes, y que aparecerás un día lleno de ese amor mismo ya transfigurado en amor para Ti, ya tuyo... El ciego, el sordo, anda, tropieza, vacilante, por la plaza vacía. Ya no siento quién soy. No me conozco... ¡ Grita! ¡ Nómbrame, para saber que todavía es tiempo!... Hace frío... ¿Será que la hora undécima ha sonado en la nada?... Avanzo, muerto de impaciencia de estar en Ti, temblando de Ti, muerto de Dios, muerto de miedo. Yo soy el hombre, el hombre, tu esperanza, el barro que dejaste en el misterio. 

POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA ANTOLOGÍA (1939 -1964) * *  SELECCIÓN, DE LEOPOLDO DE LUIS 

JOSÉ GARCÍA NIETO


OH CRUZ FIEL, ÁRBOL ÚNICO EN NOBLEZA


 

¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!

Cantemos la nobleza de esta guerra,
el triunfo de la sangre y del madero;
y un Redentor, que en trance de Cordero,
sacrificado en cruz, salvó la tierra.

Dolido mi Señor por el fracaso
de Adán, que mordió muerte en la manzana,
otro árbol señaló, de flor humana,
que reparase el daño paso a paso.

Y así dijo el Señor: «¡Vuelva la Vida,
y que el Amor redima la condena!»
La gracia está en el fondo de la pena,
y la salud naciendo de la herida.

¡Oh plenitud del tiempo consumado!
Del seno de Dios Padre en que vivía,
ved la Palabra entrando por María
en el misterio mismo del pecado.

¿Quién vio en más estrechez gloria más plena,
y a Dios como el menor de los humanos?
Llorando en el pesebre, pies y manos
le faja una doncella nazarena.

En plenitud de vida y de sendero,
dio el paso hacia la muerte porque él quiso.
Mirad de par en par el paraíso
abierto por la fuerza de un Cordero.

Al Dios de los designios de la historia,
que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;
al que en la cruz devuelve la esperanza
de toda salvación, honor y gloria. Amén.

-------------------------

¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!

Vinagre y sed la boca, apenas gime;
y, al golpe de los clavos y la lanza,
un mar de sangre fluye, inunda, avanza
por tierra, mar y cielo, y los redime.

Ablándate, madero, tronco abrupto
de duro corazón y fibra inerte;
doblégate a este peso y esta muerte
que cuelga de tus ramas como un fruto.

Tú, solo entre los árboles, crecido
para tender a Cristo en tu regazo;
tú, el arca que nos salva; tú, el abrazo
de Dios con los verdugos del Ungido.

Al Dios de los designios de la historia,
que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;
al que en la cruz devuelve la esperanza
de toda salvación, honor y gloria. Amén.

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TRES POESÍAS DE SANTA TERESA DE LISIEUX

 



UN LIRIO ENTRE ESPINAS

Señor, me has elegido
desde mi tierna infancia
puedo en verdad llamarme
la obra de tu amor.
¡Cómo quisiera yo poder,
Dios mío, pagarte, agradecida,
devolviéndote amor.

Jesús, Amado mío,
¿qué privilegio es éste?
Yo, pobrecita nada,
¿qué había hecho por ti?
¡Y me veo en el blanco
cortejo de las vírgenes
que componen tu corte,
dulce y divino Rey!


Sabes que soy, Dios mío,
pura debilidad,
sabes también, Señor,
que no tengo virtud.
Pero igualmente sabes
que mi único amigo,
el único a quien yo amo,
el que me ha cautivado,
eres tú, mi Jesús.

Cuando en mi joven corazón
la llama se encendió del amor,
tú viniste, Jesús,
a quemarte en tu fuego.
¡Y sólo tú pudiste
saciarme el alma entera,
pues mi urgencia de amar
era infinita!

Cual tierno corderillo
lejos de la majada,
jugueteaba alegre
ignorando el peligro.
Mas ¡oh Reina del cielo,
mis pastora querida!,
tu blanca, tu invisible,
dulce mano sabía protegerme.
Y así, aunque yo jugaba
al borde de los hondos precipicios,
ya tú me señalabas
la cumbre del Carmelo,
y ya yo comprendía
las austeras delicias
que habría de abrazar
para volar al cielo.

Si amas, mi Señor,
la pureza del ángel
-de ese brillante espíritu
que nada en el azul-,
¿no amarás la blancura
del lirio que se eleva
sobre el fango, del lirio
que tu amor
supo conservar limpio?
Si el ángel de alas rojas
goza de presentarse
ante tus ojos radiante de pureza,
yo me gozo también,
porque ya en este mundo
el ropaje que visto
al suyo se parece,
pues poseo el tesoro
de la virginidad...


MI ESPERANZA

Me encuentro en tierra extranjera
todavía, mas presiento
la futura, eterna dicha.
Quisiera dejar la tierra
para contemplar de cerca
las maravillas del cielo.

Soñando en aquella vida,
no siento de mi destierro
ni el peso ni la medida.
Pronto volaré, Dios mío,
hacia mi única patria,
¡volaré por vez primera!

Dame, Jesús, blancas alas
para emprender hacia ti,
rauda y alegre, mi vuelo.

Quiero verte, mi tesoro,
quiero volar a las playas
eternas de tu azul reino.

Quiero volar a los brazos
maternales de María,
y descansar en su trono,
que para mí es su regazo,
y de mi Madre querida
el dulce beso de amor
¡recibir por vez primera!.

No tardes en descubrirme,
¡oh, mi Amado!, la dulzura
de tu primera sonrisa.

Cumple mi ardiente delirio,
déjame estar escondida
en tu corazón divino.

¡Oh dichosísimo instante,
oh felicidad cumplida,
cuando escuche el dulce acento
de tu voz, y cuando pueda
de tu rostro el claro brillo
contemplar por vez primera!

Lo sabes bien, mi martirio,
mi único y solo martirio,
¡oh Corazón de Jesús!,
es tu amor, y si suspiro
por verte pronto en el cielo,
es para amarte, que amarte
más y más cada vez quiero.

En el cielo, emborrachada
dulcemente de ternura,
yo te amaré sin medida,
Jesús, te amaré sin ley.

Y esta mi felicidad
constante y eternamente
me parecerá tan nueva
¡como la primera vez!



EL ABANDONO ES EL FRUTO DELICIOSO DEL AMOR


Hay en la tierra un árbol, árbol maravilloso,
cuya raíz se encuentra, ¡oh misterio!, en el cielo.

Acogido a su sombra, nada ni nadie te podrá alcanzar;
sin miedo a la tormenta, bajo él puedes descansar.

El árbol inefable lleva por nombre «amor».
Su fruto deleitable se llama «el abandono».

Ya en esta misma vida este fruto me da felicidad,
mi alma se recrea con su divino aroma.

Al tocarlo mi mano, me parece un tesoro.
Al llevarlo a la boca, me parece más dulce todavía.

Un mar de paz me da ya en este mundo,
un océano de paz, y en esta paz profunda descanso para siempre.
El abandono, sólo el abandono a tus brazos me entrega,
¡oh Jesús mío!, y es el que me hace vivir con la vida de tus elegidos.

A ti, divino Esposo, me abandono,
y no quiero nada más en la vida que tu dulce mirada.

Quiero sonreír siempre, dormirme en tu regazo
y repetirte en él que te amo, mi Señor.

Como la margarita de amarilla corola,
yo, florecilla humilde, abro al sol mi capullo.

Mi dulce sol de vida, mi amadísimo Rey,
es tu divina hostia pequeña como yo...

El rayo luminoso de tu celeste llama
hace nacer en mi alma el perfecto abandono.

Todas las criaturas pueden abandonarme,
lo aceptaré sin queja y viviré a tu lado.

Y si tú me dejases, ¡oh divino tesoro!,
aun viéndome privada de tus dulces caricias, seguiré sonriendo.

En paz yo esperaré, Jesús, tu vuelta,
no interrumpiendo nunca mis cánticos de amor.

Nada, nada me inquieta, nada puede turbarme,
más alto que la alondra sabe volar mi alma

Encima de las nubes el cielo es siempre azul,
y se tocan las playas del reino de mi Dios.

Espero en paz la gloria de la celeste patria,
pues hallo en el copón el suave fruto ¡el dulcísimo fruto del amor!


Fuente: Poesías, Obras completas de santa Teresa de Lisieux

CANTOS A LA VIRGEN MARÍA

 


TU ERES DEL SEÑOR
Eres tan sencilla como luz de
amanecer, eres tú, María,
fortaleza de mi fe. Tú eres
flor, eres del Señor, te dejas
acariciar por su amor. 

Eres tan humilde como el vuelo de
un gorrión, eres tú, María, el
regazo del amor. Tú eres
flor, eres del Señor, te dejas
acariciar por su amor.

YO QUIERO ESTAR EN LAS
MANOS DEL SEÑOR, COMO TÚ
PARA AMAR, EN LAS MANOS DEL
SEÑOR, COMO TÚ, COMO TÚ,
COMO TÚ.

Eres tan pequeña como el canto de
mi voz, eres la grandeza de aquel que
te modeló. Tú eres flor, eres del Señor,
te dejas acariciar por su amor.

Eres tan hermosa como el cielo, como el
mar, eres tú, María, como el gozo de soñar.
Tú eres flor, eres del Señor, te dejas
acariciar por su amor.

YO QUIERO ESTAR EN LAS
MANOS DEL SEÑOR, COMO TÚ
PARA AMAR, EN LAS MANOS DEL
SEÑOR, COMO TÚ, COMO TÚ,
COMO TÚ.

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MIENTRAS RECORRES LA VIDA

Mientras recorres la vida,
tú nunca solo estás,
contigo por el camino,
Santa María va.

Coro:  Ven con nosotros a caminar,
Santa María, ven. (bis)

Aunque te digan algunos,
que nada puede cambiar,
lucha por un mundo nuevo,
lucha por la verdad.

Coro:  Ven con nosotros a caminar,
Santa María, ven. (bis)

Si por el mundo los hombres,
sin conocerse van,
no niegues nunca tu mano,
al que contigo está.

Coro:  Ven con nosotros a caminar,
Santa María, ven. (bis)

Aunque parezcan tus pasos,
inútil caminar,
tú vas haciendo caminos,
otros los seguirán.

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HOY HE VUELTO

Cuántas veces siendo niño te recé

Con mis besos te decía que te amaba

Poco a poco con el tiempo, olvidándome de Ti

Por caminos que se alejan me perdí

Por caminos que se alejan me perdí.


Hoy he vuelto, Madre, a recordar

Cuántas cosas dije ante tu altar

Y al rezarte puedo comprender

Que una Madre no se cansa de esperar

Que una Madre no se cansa de esperar.


Al regreso, me encendías una luz

Sonriendo desde lejos me esperabas

En la mesa, la comida aún caliente y el mantel

Y en tu abrazo, mi alegría de volver

Y en tu abrazo, mi alegría de volver.


Hoy he vuelto, Madre, a recordar

Cuántas cosas dije ante tu altar

Y al rezarte puedo comprender

Que una Madre no se cansa de esperar

Que una Madre no se cansa de esperar.


Aunque el hijo se alejará del hogar

Una madre siempre espera su regreso

El regalo más hermoso que a los hijos da el Señor

Que es la madre y el milagro de su amor

Que es la madre y el milagro de su amor.


Hoy he vuelto, Madre, a recordar

Cuántas cosas dije ante tu altar

Y al rezarte puedo comprender

Que una Madre no se cansa de esperar

Que una Madre no se cansa de esperar.


Hoy he vuelto, Madre, a recordar

Cuántas cosas dije ante tu altar

Y al rezarte puedo comprender

Que una Madre no se cansa de esperar

Que una Madre no se cansa de esperar

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QUIERO DECIR QUE SÍ

Quiero decir que sí, como tú, María

Como tú un día, como tú, María

Quiero decir que sí

Quiero decir que sí

Quiero decir que sí

Quiero decir que sí

Quiero negarme a mí, como tú, María

Como tú un día, como tú María

Quiero negarme a mí

Quiero negarme a mí

Quiero negarme a mí

Quiero negarme a mí

Quiero seguirle a él, como tú, María

Como tú un día, como tú María

Quiero seguirle a él

Quiero seguirle a él

Quiero seguirle a él

Quiero entregarme a él, como tú, María

Como tú un día, como tú, María

Quiero entregarme a él

Quiero entregarme a él

Quiero entregarme a él

Quiero entregarme a él

Quiero decir que sí

Quiero decir que sí

Quiero decir

Quiero decir que sí

Writer(s): Luis Alfredo Diaz Britos

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MADRE DE LOS POBRES

Madre de los pobres,
los humildes y sencillos,
de los tristes y los niños
que confían siempre en Dios.

Tú, la más pobre, porque nada ambicionaste,
tú, perseguida, vas huyendo de Belén,
tú, que un pesebre ofreciste al rey del cielo,
toda tu riqueza fue tenerlo sólo a Él.

Tú, que en sus manos sin temor te abandonaste,
tú, que aceptaste ser la esclava del Señor,
vas entonando un poema de alegría:
“canta alma mía, porque Dios me engrandeció”.

Tú, que has vivido el dolor y la pobreza,
tú, que has sufrido en las noches sin hogar,
tú, que eres la madre de los pobres y olvidados,
eres el consuelo del que reza en su llorar.

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JUNTO A TI, MARÍA

Junto a tí, María
como un niño quiero estar
Tómame en tus brazos
Guíame en mí caminar.

Quiero que me eduques
Que me enseñes a rezar
Hazme transparente
Lléname de paz.

Madre, Madre
Madre, Madre
Madre, Madre
Madre, Madre

Gracias, Madre mía
Por llevarnos a Jesús
Haznos más humildes
Tan sencillos como tú.

Gracias, Madre mía
Por abrir tu corazón
Porque nos congregas
Y nos das tu amor.

Madre, Madre
Madre, Madre
Madre, Madre
Madre, Madre

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MARÍA, TÚ QUE VELAS JUNTO A MÍ

María, Tú que velas junto a mí,
y ves el fuego de mi inquietud.
María, Madre, enséñame a vivir
con ritmo alegre de juventud.

Ven, Señora a nuestra soledad,
ven a nuestro corazón,
a tantas esperanzas que se han muerto,
a nuestro caminar sin ilusión.

Ven, y danos la alegría
que nace de la fe y del amor,
el gozo de las almas que confían
en medio del esfuerzo y el dolor.

 María, Tú que velas junto a mí,
y ves el fuego de mi inquietud.
María, Madre, enséñame a vivir
con ritmo alegre de juventud.

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MARÍA, TÚ QUE ME LLENAS DE AMOR

María, tu que me llenas de amor
Eres la luz que me lleva al Señor;
En mi canción te traigo poemas
Que nacen de mí.

En las mañanas cuando sale el sol,
Veo tu rostro cerca del Señor;
En la estampita que cuelga en el cuadro
De mi habitación.

Dios te salve María, María, María
Virgen pura en el parto (María, María)
En tus manos ponemos
Nuestra fe y esperanza
Madrecita querida, no te apartes de mí.

María, tu que me llenas de amor
Eres la luz que me lleva al Señor;
En mi canción te traigo poemas
Que nacen de mí.

En las mañanas cuando sale el sol,
Veo tu rostro cerca del Señor;
En la estampita que cuelga en el cuadro
De mi habitación.

Dios te salve María, María, María
Virgen pura en el parto (María, María)
En tus manos ponemos
Nuestra fe y esperanza.

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¿QUIÉN SERÁ LA MUJER?

Quién será la mujer que a tantos inspiró
poemas bellos de amor.
Le rinden honor la música, la luz,
el mármol, la palabra y el color.

Quién será la mujer que el rey y el labrador
llaman en su dolor;
el sabio, el ignorante, el pobre y el señor,
el santo al igual que el pecador.

María es esa mujer
que desde siempre el Señor se preparó,
para nacer como una flor
en el jardín que a Dios enamoró./ (bis)

Quién será la mujer radiante como el sol
vestida de resplandor,
la luna a sus pies, el cielo en derredor
y ángeles cantándole su amor.

Quién será la mujer humilde que vivió
en un pequeño taller,
amando sin milagros, viviendo de su Fe,
la esposa siempre alegre de José.

María es esa mujer
que desde siempre el Señor se preparó,
para nacer como una flor
en el jardín que a Dios enamoró./ (bis)

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QUIERO CAMINAR CONTIGO, MARÍA

Quiero caminar contigo María

Pues tu eres mi madre eres mi guía

Tu eres para mí el más grande ejemplo

De santidad, de humildad.


Quiero caminar contigo María

No solo un momento todos los días

Necesito tu amor de madre

Tu interceción ante el Señor.


Guía mis pasos llévame al Cielo

Bajo tu manto no tengo miedo

Llena de gracia, Ave María

Hoy yo te ofrezco toda mi vida


Quiero caminar contigo María

Madre en el dolor y en la alegría

Tú que fuiste fiel hasta el extremo

Fiel en la cruz, fiel a Jesús


Guia mis pasos llévame al cielo

Bajo tu manto no tengo miedo

Llena de gracia, Ave María

Hoy yo te ofrezco toda mi vida


Celestial princesa mírame con compasión

Hoy te doy mi alma, vida y corazón


Guía mis pasos llévame al Cielo

Bajo tu manto no tengo miedo

Llena de gracia, Ave María

Hoy yo te ofrezco toda mi vida


Guía mis pasos llévame al cielo

Bajo tu manto no tengo miedo

Llena de gracia, Ave María

Hoy yo te ofrezco toda mi vida

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