TE GLORIFICAMOS, DIOS NUESTRO
ORACIÓN A SAN JOSÉ OBRERO
Glorioso San José, modelo de todos aquellos que se dedican al
trabajo, obtenedme la gracia de trabajar con espíritu de peniten
cia para la expiación de mis pecados; de trabajar en conciencia,
poniendo el culto del deber por encima de mis inclinaciones; de
trabajar con reconocimiento y alegría, considerando un honor el
emplear y desarrollar por el trabajo los dones recibidos de Dios;
de trabajar con orden, paz, moderación y paciencia, sin retro
ceder jamás ante la pereza y las dificultades; de trabajar sobre
todo con pureza de intención y desprendimiento de mí mismo,
teniendo sin cesar ante mis ojos la muerte y la cuenta que deberé
rendir del tiempo perdido, de los talentos inutilizados, del bien
omitido y de las vanas complacencias en el éxito, tan funestas
para la obra de Dios. Todo por Jesús, todo por María, todo a
imitación vuestra ¡oh Patriarca San José! Tal será mi divisa en la
vida y en la muerte. Así sea.
(San Pío X)
MODO PRÁCTICO DE COMULGAR CON GRAN UTILIDAD
Son cuatro las cosas indispensables para recibir dignamente al Señor:
El ayuno natural, la limpieza de conciencia, el conocimiento y el deseo.
1. El ayuno natural consiste en no haber comido ni bebido cosa alguna una hora antes de recibir al Señor.
2. Hay limpieza de conciencia cuando no hay en ella pecado mortal. Pero como no pocas veces el demonio trata de impedir la comunión con traer a la memoria muchas faltas olvidadas en la confesión, si estas faltas son solo leves , bastará que te duelas de ellas , y que comulgues con tranquilidad ; pero si fuesen graves, vuelve al confesor y acúsate de ellas
3. Conocimiento tiene el que reflexiona y sabe quién es Cristo que está en la Hostia consagrada que va a recibir , y quien es el hombre que la recibe (osea, conocimiento de tu fragilidad)
4. Por deseo entendemos aquellas amorosas ansias y anhelo que debe tener tu alma de hospedar al Señor en tu pecho; y entiende que cuanto más fervorosas sean estas ansias , mayores serán las gracias que te concederá Jesucristo.
(San Antonio María Claret)
EL CALVARIO Y LA MISA Autor: Mons. Fulton J. Sheen
Hay ciertas cosas en la vida demasiado bellas para olvidarse. Tal es el amor de una madre. Por eso guardamos su fotografía como un tesoro. El amor de los soldados, que se sacrificaron por su patria, es igualmente hermoso para ser olvidado; y por eso reverenciamos su recuerdo en el "Memorial Day".
Pero la más grande bendición que jamás descendió a este mundo fue la visita del Hijo de Dios en forma y condición de hombre. Su vida, sobre todas las vidas, es demasiado bella para olvidarse; por eso guardamos como un tesoro la divinidad de sus Palabras en la Sagrada Escritura, y la caridad de sus Obras en nuestras acciones diarias.
Desgraciadamente esto es todo lo que algunas almas recuerdan: concretamente, sus Palabras y sus Obras; y sin embargo, siendo importantes como son, no son la mayor característica del Salvador Divino. El acto más sublime en la historia de Cristo fue su Muerte. La muerte es importante porque ella sella el destino. Todo hombre que fallece es un acontecimiento. Toda escena de muerte es una situación sagrada. La muerte fue piedra de escándalo para Sócrates, pero fue la corona de vida para Cristo. Él mismo nos dijo que había venido al mundo a dar su vida en redención de muchos (Mc., 10, 45); que nadie me quita la vida sino que la doy libremente (Jn., 10, 18). Si, pues, la muerte fue el momento supremo por el cual vivió Cristo, eso fue precisamente lo único por lo que deseó fuese recordado.
No pidió a hombre alguno que consignara sus palabras en la Escritura; no pidió que se recordase en la historia su bondad con el pobre; pero sí pidió que el hombre recordara su muerte. Y para que su recuerdo no fuese una narración arbitraria por parte de los hombres, Él mismo instituyó el modo concreto como había de ser conmemorado. El memorial fue instituido la noche antes de su muerte, durante lo que se ha llamado La Ultima cena. Tomando el pan en sus manos dijo: Este es mi cuerpo que será entregado por vosotros; esto es, entregado a la muerte. Después dijo sobre el cáliz del vino: Esta es mi sangre del Nuevo Testamento, que será derramada por muchos para la remisión de los pecados. Así pues, en un símbolo incruento de separación entre la sangre y el cuerpo, consistente en la consagración separada del pan y del vino, se comprometió a Sí mismo al sacrificio delante de Dios y de los hombres, y representó su muerte que sucedería a las tres de la tarde del día siguiente. Se ofrecía a sí mismo como Víctima para ser inmolada; y, para que los hombres no pudiesen olvidar jamás que nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos, dio el encargo a la Iglesia: Haced esto en memoria mía.
"La muerte se nos representa simbólicamente por medio de esta separación sacramental entre el cuerpo y la sangre; pero la muerte, al mismo tiempo, ya se daba en prenda a Dios por todo su valor, tan bien como en toda su tremenda realidad, con el expresivo lenguaje del Sagrado Símbolo.
El precio de nuestros pecados se entregaría en el Calvario; pero aquí nuestro Redentor contraía la obligación y la suscribía con su propia Sangre" "No hubo allí propiamente dos completos y diferentes sacrificios ofrecidos por Cristo, uno en el Cenáculo y otro en el Calvario. Hubo un sacrificio en la última Cena; pero éste fue el Sacrificio de la Redención; y hubo un sacrificio en la Cruz, pero éste fue el mismo Sacrificio continuado y completado."
Al día siguiente, lo que había prefigurado y anunciado lo realizó con toda su perfección cuando fue crucificado entre dos ladrones y su sangre se separó toda de su cuerpo para la Redención del mundo. La Iglesia, que Cristo fundó, no sólo conservó la Palabra que Él pronunció y las maravillas que Él obró, sino que le ha obedecido cuidadosamente en lo que dijo: Haced esto en conmemoración mía. Y esta acción, por la cual nosotros volvemos a hacer presente su muerte en la Cruz, es el Sacrificio de la Misa, en la que hacemos, como memoria, lo que Él hizo en la última Cena prefigurando su Pasión. Por eso la Misa es para nosotros el acto cumbre del culto cristiano. El púlpito, en el cual se repite la palabra de nuestro Señor, no nos une con Él; el coro, en que resuenan suaves melodías, no nos aproximan más a la Cruz que a sus vestiduras. Un templo sin el altar del sacrificio no existe entre los templos primitivos y no tiene sentido entre los cristianos. Y así en la Iglesia Católica el altar y no el púlpito o el coro, o el órgano, es el centro del culto; porque en él se celebra el memorial de su Pasión.
Su valor no depende de quien lo dice o de aquel que le escucha; depende de aquel que es el único gran Sacerdote y Víctima, Jesucristo Nuestro Señor. Con el cual estamos unidos a pesar de nuestra nada; en cierto sentido, perdemos nuestra individualidad por un momento; unimos nuestro entendimiento y nuestra voluntad, nuestro corazón y nuestra alma, nuestro cuerpo y nuestra sangre tan íntimamente con Cristo, que el Padre celestial no nos ve tanto en nuestra imperfección como nos ve más bien en Él, su Hijo muy amado, en quien tiene todas sus complacencias. La Misa es por esta razón el más grande acontecimiento de la Humanidad; el único Acto Santo que aparta la ira de Dios de un mundo pecador, porque levanta la Cruz entre el cielo y la tierra, renovando así el momento decisivo en que nuestra triste y trágica humanidad pasó de repente a la plenitud de la vida sobrenatural.
Lo que importa en este punto es que adoptemos la actitud mental exacta con relación a la Misa, y recordemos este hecho trascendental, que el Sacrificio de la Cruz es no sólo algo que aconteció hace diecinueve siglos. Está aconteciendo aún. No es algo pasado, como la firma de la Declaración de la Independencia. Es un drama permanente del cual no se ha bajado aún el telón. No pensemos que sucedió hace mucho tiempo, y por tanto que no tiene con nosotros más relación que cualquier otra cosa sucedida en el pasado. El Calvario pertenece a todos los tiempos y a todas los lugares. Por eso, cuando Nuestro Señor subió a la altura del Calvario fue significativamente despojado de sus vestiduras. Quiso salvar al mundo sin los arreos de un mundo que pasa. Sus vestiduras pertenecían al tiempo, porque lo localizaban, lo determinaban como un ciudadano de Galilea. Ahora, que había sido despojado de ellas y enteramente desposeído de todas las cosas terrenas, pertenecía, no a Galilea, no a una provincia Romana, sino al mundo. Se había convertido en el pobre de todo el universo; pertenecía no a un pueblo sino a todos los hombres. "Él ofreció la Víctima para ser inmolada; nosotros la ofrecemos ya inmolada entonces. Ofrecemos la Víctima eterna en la Cruz, sacrificada una vez y siempre perdurable… La Misa es un sacrificio porque es nuestra oblación de la Víctima ya inmolada, como la Cena fue la oblación de la Víctima que iba a ser sacrificada".
SALMO 83 Añoranza del templo del Señor
¡Qué deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos,
Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su peregrinación:
cuando atraviesan áridos valles,
los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de bendiciones;
caminan de baluarte en baluarte
hasta ver a Dios en Sión.
Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de Jacob.
Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo,
mira el rostro de tu Ungido.
Vale más un día en tus atrios
que mil en mi casa,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.
Porque el Señor es sol y escudo,
él da la gracia y la gloria;
el Señor no niega sus bienes
a los de conducta intachable.
¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre
que confía en ti!
𝐀𝐆𝐎𝐍𝐈𝐙𝐀 𝐋𝐀 𝐋𝐔𝐙 𝐃𝐄𝐋 𝐌𝐔𝐍𝐃𝐎
Eclipsado el sol,
tinieblas y oscuridad llenan la tierra.
Desde la hora sexta hasta la hora nona
en una cruz agoniza Jesús,
la Luz del mundo.
Al pie de la Cruz,
la Madre del divino Ajusticiado…
Su dolor… el Mayor Dolor.
Una gran voz del Señor precede su muerte;
una voz… un grito con eco de siglos
-un eco que transmite palabras divinas-
se oye en medio de hechos portentosos
-señales del carácter divino de la expiración de Cristo-
que manifiestan la magnitud y gravedad
de la muerte del Redentor.
Encomienda su espíritu al Padre,
e inclinando la cabeza entregó su alma…
atraviesa la barrera de la muerte.
Y en la historia de la humanidad,
en toda la redondez de la tierra,
su voz… su palabra traspasa montañas y épocas;
se oye en valles y rompe distancias
de los desiertos interminables.
Es una voz de esperanza… de vida;
una voz que habla de resurrección y gloria.
-Anónimo-
MAGNÍFICAT
ALCANCEMOS LA SABIDURÍA ETERNA
Cuando ya se acercaba el día de su muerte -día por ti conocido, y que nosotros ignorábamos-, sucedió, por tus ocultos designios, como lo creo firmemente, que nos encontramos ella y yo solos, apoyados en una ventana que daba al jardín interior de la casa donde nos hospedábamos, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de la multitud, nos rehacíamos de la fatiga del largo viaje, próximos a embarcarnos. Hablábamos, pues, los dos solos, muy dulcemente y, olvidando lo que queda atrás y lanzándonos hacia lo que veíamos por delante, nos preguntábamos ante la verdad presente, que eres tú, cómo sería la vida eterna de los santos, aquella que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar. Y abríamos la boca de nuestro corazón, ávidos de las corrientes de tu fuente, la fuente de vida que hay en ti.
Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas mismas palabras; sin embargo, tú sabes, Señor, que, cuando hablábamos aquel día de estas cosas -y mientras hablábamos íbamos encontrando despreciable este mundo con todos sus placeres-, ella dijo:
«Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Qué es lo que hago aquí y por qué estoy aún aquí, lo ignoro, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongara por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?»
No recuerdo muy bien lo que le respondí, pero, al cabo de cinco días o poco más, cayó en cama con fiebre. Y, estando así enferma, un día sufrió un colapso y perdió el sentido por un tiempo. Nosotros acudimos corriendo, mas pronto recobró el conocimiento, nos miró, a mí y a mi hermano allí presentes, y nos dijo en tono de interrogación:
«¿Dónde estaba?»
Después, viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos dijo:
«Enterrad aquí a vuestra madre».
Yo callaba y contenía mis lágrimas. Mi hermano dijo algo referente a que él hubiera deseado que fuera enterrada en su patria y no en país lejano. Ella lo oyó y, con cara angustiada, lo reprendió con la mirada por pensar así, y, mirándome a mí, dijo:
«Mira lo que dice».
Luego, dirigiéndose a ambos, añadió:
«Sepultad este cuerpo en cualquier lugar: esto no os ha de preocupar en absoluto; lo único que os pido es que os acordéis de mí ante el altar del Señor, en cualquier lugar donde estéis».
Habiendo manifestado, con las palabras que pudo, este pensamiento suyo, guardó silencio, e iba luchando con la enfermedad que se agravaba.
Nueve días después, a la edad de cincuenta y seis años, cuando yo tenía treinta y tres, salió de este mundo aquella alma piadosa y bendita.
(San Agustín)
MARIA, MEDIANERA DE PAZ
Yo soy, dice María, la defensa de los que a mí recurren, y mi misericordia es para ellos como torre de defensa.
Para eso he sido constituida por mi Señor, medianera de paz entre los pecadores y Dios.
“María –dice a este propósito el cardenal Hugo– es la gran reconciliadora que obtiene de Dios la paz para los enemigos, la salud para los perdidos, el perdón para los pecadores, la misericordia para los desesperados”. Por eso fue llamada por su divino Esposo, hermosa como los pabellones de Salomón. En las tiendas de David sólo se trataba de guerra, mientras que en los pabellones de Salomón se trataba sólo de paz.
Haciéndonos entender con esto el Espíritu santo que esta Madre de misericordia no trata asuntos de guerra y de venganza contra los pecadores, sino sólo de paz y perdón de sus culpas.
LAS GLORIAS DE MARÍA
San Alfonso María de Ligorio
CONOCIMIENTO DE UNO MISMO Y ABANDONO EN DIOS
En verdad, mis queridas hijas, es por falta de conocernos bien por lo que nos asombramos de vernos defectuosas, pues presumimos tanto de nosotras, que siempre esperamos algo bueno; nos engañamos, y Ntro. Señor mismo permite que caigamos, algunas veces bien torpemente, a fin de que nos conozcamos...
Este conocimiento de nosotras mismas consiste en que debemos creer, con gran certidumbre de fe, que no somos nada, que no podemos nada; que somos débiles, flacas e imperfectas, aficionando nuestra voluntad a amar nuestra pobreza y miseria.
La reforma del alma comienza por el conocimiento de sí misma y la confianza en Dios; el propio conocimiento nos hará ver que hay en nosotras muchas cosas que corregir y reformar, y que, sin embargo, no podremos llevarlo a cabo por nosotras mismas; la confianza en Dios nos hará esperar que todo lo podemos en Él y que, con su gracia, todas las cosas nos serán posibles y fáciles."
(Santa Juana Francisca de Chantal)
CRISTO SE QUEDÓ CON NOSOTROS POR AMOR
El Eterno demostró caridad desde un principio; Contemplad a ese eterno Ser, infinito, omnipotente, que, siendo glorioso en sí mismo y sin tener necesidad de nadie, saca del caos al universo, y le puebla de provechosas bestias, de exquisitas plantas, de canoras aves; le enriquece con deliciosas fuentes, con ricos minerales; le adorna con esas esferas luminosas que gravitan sobre nuestras cabezas; y cuando tiene dispuesta la habitación, y cuando la ha hermoseado, forma al hombre del polvo, y le otorga la imagen de sí mismo, la vida, fuente del conocimiento y del amor, principio de felicidad y de gozo; y le constituye rey de la creación, dueño de ese palacio inmenso, tan perfectamente armonizado, tan sumamente delicioso.
Prevarica el hombre, le falla, pero Nuestro Señor le ama con caridad perpetua, y no le arroja al averno como a Luzbel, y no le destruye, ni le aniquila, sino que en medio de la hecatombe universal, en medio del horroroso diluvio, le preserva en Noé y su familia. Se contamina de nuevo la especie humana; mas Dios la aprecia, y para no destruirla como merecía, segrega de la sociedad corrompida hombres particulares que constituyan un pueblo escogido, segregación que fue completamente gratuita y fundada en el amor.
Sí; ésta fue obra del amor divino, y en ella afianza más el Eterno su caridad para con su privilegiada criatura; la libra de todos sus enemigos, no sin obrar antes y después innumerables portentos; la cede una tierra de la que mana miel y leche; la promete finalmente un Libertador, hijo de su descendencia. ¡Qué pruebas! ¿Será posible que prosigamos refiriendo los prodigios del amor de Dios sin omitirlos casi todos? Omitiéndolos, empero, y volviendo nuestra mirada a los más visibles, ¿a qué no fuerza el amor? Ved al Hijo de Dios cómo baja de su solio y se une a la criatura; pero, ¿fue por librarla solamente del pecado, o por gozarse con ella? ¡Ah! yo reservo para el mismo Dios este ideal, y me limito a decir que vino a librar al hombre; mas vino por amor y le libró amando, y porque tuvo deseos de amarle más, se quedó en su compañía, amándole.
("Bellezas de la Santa Eucaristía, Fray Amado de Cristo Burguera y Serrano)
SANTA MARÍA SIEMPRE VIRGEN
La Santísima Virgen María permaneció virgen intacta en el nacimiento de su divino Hijo Jesús y después de él durante toda su vida.
No hay dificultad alguna en que una mujer pueda milagrosamente dar a luz sin perder su virginidad.
En la concepción y nacimiento de Cristo, todo fue milagroso y sobrenatural.
Hermosamente explica el gran teólogo Contenson de qué manera pudo realizarse esta maravilla:
«Así como la luz del sol baña el cristal sin romperlo y con impalpable sutileza atraviesa su solidez y no lo rompe cuando entra, ni cuando sale lo destruye, así el Verbo de Dios, esplendor del Padre, entró en la virginal morada y de allí salió, cerrado el claustro virginal; porque la pureza de María es un espejo limpísimo, que ni se rompe por el reflejo de la luz ni es herido por sus rayos»
-Teología y espiritualidad mariana POR ANTONIO ROYO MARIN, O. P.-
ATIENDE A LA POBREZA, LA HUMIDAD Y LA CARIDAD DE CRISTO
TE DOY GRACIAS, SEÑOR
Bendito seas por el tiempo en que nací.
puedo disponer de mí y de mi destino eterno.
Consérvame en tu servicio todos los días de mi vida.
Pídeme lo que quieras, pero dame lo que pidas.
KARLK RAHNER
TENGAN PIEDAD DE MI
ADMINISTRÓ LA SANGRE SAGRADA DE CRISTO
HABLABA CON DIOS O DE DIOS
𝑹𝑬𝑪𝑼𝑹𝑹𝑬 𝑨 𝑴𝑨𝑹ⵊ́𝑨 🌷
La gracia de Dios es un tesoro extremadamente grande y deseable para el cristiano. El Espíritu Santo lo llama tesoro infinito, porque por medio de la gracia divina, somos elevados a la dignidad de amigos de Dios.
¿Qué debe hacer un pecador que, por desgracia, se ve convertido en enemigo de Dios? Necesita encontrar un mediador, que le obtenga el perdón y le haga recuperar la divina amistad perdida. “Consolaos –dice san Bernardo– oh miserables que habéis perdido a Dios; tu mismo Señor te ha dado el mediador, y éste es su propio Hijo Jesús que puede obtenerte cuanto desees”.
Pero, oh Dios –prosigue el santo– ¿por qué los hombres han de juzgar severo a este Salvador tan compasivo que por salvarnos ha entregado su vida?
Si estáis atemorizados por haber ofendido a Dios, sabed que vuestros pecados Jesús los ha clavado en la cruz a la vez que sus manos traspasadas, y ha satisfecho por ello con su muerte a la divina justicia, y los ha arrancado de vuestra alma.
Pero si aún –añade el santo– temes recurrir a Jesucristo porque te espanta su Majestad divina, ya que, hecho hombre no deja de ser Dios ¿quieres otro abogado ante este mediador?
Recurre a María, porque ella intercederá por ti ante su Hijo que ciertamente le oirá, y el Hijo intercederá ante el Padre, que nada puede negar a su Hijo amado.
(Las Glorias de María, san Alfonso Mª de Ligorio)
¿EN CUÁNTAS COSAS MÁS SE HABRÁ EQUIVOCADO RICHARD DAWKINS?
En 2008 tuvo lugar en el Museo de Historia Natural de Oxford un debate entre Richard Dawkins y John Lennox, sobre el siguiente tema: ¿Ha enterrado la ciencia a Dios? Naturalmente, Dawkins participó como defensor del ateísmo, mientras Lennox sostuvo la postura cristiana.
Dawkins dijo, más de una vez, que si Dios existiera tendría que ser enormemente complejo. Es el mismo argumento que planteó en su libro The God Delusion, en relación con un paralelo que propuso, el diseño de un Boeing-747. Dicho argumento se puede expresar así:
El autor de un diseño tiene que ser siempre más complejo que la cosa diseñada.
Si Dios ha diseñado el universo, tiene que ser mucho más complejo que el universo.
Cuanto más complejo es un ser, mucho menos probable es su existencia.
Luego es muy poco probable que Dios exista.
Lo primero que tenemos que hacer ante este argumento es definir bien la palabra complejo. ¿Qué es un ser complejo, que lo distingue de un ser simple? Evidentemente, que está compuesto de muchas partes que funcionan coordinadamente entre sí. Pero ahí es donde falla el argumento de Dawkins.
La primera premisa se aplica a seres materiales. Pero el Dios del Cristianismo no está hecho de materia, que es una una de las propiedades del universo que ha sido creado por Él. Por lo tanto, la segunda premisa es falsa. En consecuencia, el razonamiento entero cae por su base y se transforma en un caso de libro de la falacia del hombre de paja (o la falacia del Dios de paja, en este caso).
Como suele ocurrir en este tipo de debates, ninguno de los dos se llevó el gato al agua, aunque mi impresión es que Lennox condujo el debate por donde quiso y Dawkins se dejó llevar (bajo protesta, eso sí). En algún momento Dawkins reconoció que ni él ni Lennox (ni nadie) sabían cosas relacionadas con cuestiones científicas como el origen del universo y el origen de la vida. De hecho, me sorprendió cuando Dawkins, que había descalificado la doctrina cristiana sobre Jesucristo declarando que es insignificante, ante la pregunta de Lennox: ¿Y si fuera verdad? respondió: Si fuera verdad sí sería importante.
También hizo Richard Dawkin una concesión sobre la historicidad de Jesús. En su libro El espejismo de Dios (The God Delusion), Dawkins había planteado que era "posible argumentar seriamente" que Jesús nunca existió, aunque en el mismo texto reconoció que esta postura no contaba con un apoyo académico generalizado. Durante el debate, Lennox le cuestionó por qué mantenía que la historicidad de Jesús era un tema de "disputa académica" cuando los historiadores del mundo antiguo estaban de acuerdo en su existencia. Ante esto, Dawkins reconoció el consenso histórico y se retractó de haber sugerido lo contrario. Sus palabras exactas sobre el tema fueron:
"La mayoría de los historiadores creen que sí existió. (...) Tal vez aludí a la posibilidad de que algunos historiadores piensen que Jesús nunca existió. Me retracto de eso"
SAN JOSÉ SIEMPRE ESCUCHA
La venerable María Angélica Álvarez Icaza (1887-1986) cuenta en sus Memorias: En la capilla había un altar con una imagen del señor san José, que llamábamos “San José del Paso” por encontrarse precisamente en un lugar de mucho paso. Como yo lo estaba viendo casi continuamente por la vecindad con la capilla, le empecé a cobrar mucha devoción a san José y más que él me empezó a mimar mucho, porque todo cuanto deseaba (y eran muchas cosas) las dibujaba en un papel y se las ponía en las manos del santo bendito y, con una eficacia asombrosa, en seguida me concedía mis súplicas:
Ya fuera un santo Cristo para el cuarto de la Madre (y a los pocos días nos lo regalaron), ya fuera candeleros para el altar de Nuestra Señora (y a no tardar allí estaban los candeleros), en fin, un libro que deseara, una lámpara, floreros, cuanto hay, lo mismo era pedírselo que obtenerlo. Esto cundió, no sólo entre las Hermanas que con frecuencia le hacían de esta manera sus peticiones, sino también entre las niñas del Pensionado, y el bondadoso santo siempre nos escuchaba.
(Milagros de San José)
EXAMINAD SI LOS ESPÍRITUS PROVIENEN DE DIOS
Ignacio era muy aficionado a los llamados libros de caballerías, narraciones llenas de historias fabulosas e imaginarias. Cuando se sintió restablecido, pidió que le trajeran algunos de esos libros para entretenerse, pero no se halló en su casa ninguno; entonces le dieron para leer un libro llamado Vida de Cristo y otro que tenía por título Flos sanctorum, escritos en su lengua materna.
EL ORDEN DEL AMOR DISTRIBUYÓ EN NUESTRA CASA TRES MINISTERIOS
LA CAUSA DE TODA PERTURBACIÓN CONSISTE EN QUE NADIE SE ACUSA A SÍ MISMO
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