¡ OH BANQUETE PRECIOSO Y ADMIRABLE!
LOS TRES SIGNIFICADOS DEL ESCAPULARIO CARMELITA
El escapulario tiene 3 significados:
1) El amor y la protección maternal de María:
El signo es una tela o manto pequeño. Vemos como María cuando nace Jesús lo envuelve en un manto. La Madre siempre trata de cobijar a sus hijos.
Envolver en su manto es una señal muy maternal de protección y cuidado. Señal de que nos envuelve en su amor maternal. Nos hace suyos. Nos cubre de la ignominia de nuestra desnudes espiritual.
Vemos en la Biblia:
-Dios cubrió con un manto a Adán y Eva después de que pecaron. (manto - signo de perdón)
-Jonatán le dio su manto a David: símbolo de amistad
-Elías dio su manto a Eliseo y lo llenó de su espíritu en su partida.
-San Pablo: revístanse de Cristo: vestirnos con el manto de sus virtudes.
2) Pertenencia a María:
Llevamos una marca que nos distingue como sus hijos escogidos. El escapulario se convierte en el símbolo de nuestra consagración a María.
Consagración: 'pertenecer a María' es reconocer su misión maternal sobre nosotros y entregarnos a ella para dejarnos guiar, enseñar, moldear por Ella y en su corazón. Así podremos ser usados por Ella para la extensión del Reino de su Hijo.
-En 1950 Papa Pío XII escribió acerca del escapulario: "que sea tu signo de consagración al Inmaculado Corazón de María, lo cual estamos particularmente necesitando en estos tiempos tan peligrosos"
En las palabras del Papa vemos mas vez mas devoción a la Virgen del Carmen es devoción a la Inmaculada.
Quien lleve el escapulario debe estar consciente de su consagración a Dios y a la Virgen y ser consecuente en sus pensamientos, palabras y obras.
3) El suave yugo de Cristo:
"Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mi, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana". (Mt 11:29-30)
-El escapulario simboliza ese yugo que Jesús nos invita a cargar pero que María nos ayuda a llevar.
Quién lleva el escapulario debe identificarse como católico sin temor a los rechazos y dificultades que ese yugo le traiga.
Se debe vivir lo que significa
El escapulario es un signo de nuestra identidad como católicos, vinculados íntimamente a la Virgen María con el propósito de vivir plenamente según nuestro bautismo. Representa nuestra decisión de seguir a Jesús por María en el espíritu de los religiosos pero adaptado a la propia vocación. Esto requiere que seamos pobres (un estilo de vida sencillo sin apegos materiales), castos y obedientes por amor a Dios.
Al usar el escapulario constantemente hacemos silenciosa petición de asistencia continua a la Santísima Madre. La Virgen nos enseña e intercede para que recibamos las gracias para vivir como ella, abiertos de corazón al Señor, escuchando Su Palabra, orando, descubriendo a Dios en la vida diaria y cercano a las necesidades de nuestros hermanos. El escapulario además es un recuerdo de que nuestra meta es el cielo y todo lo de este mundo está pasando.
En momentos de tentación, tomamos el escapulario en nuestras manos e invocamos la asistencia de la Madre, resueltos a ser fieles al Señor. Ella nos dirige hacia el Sagrado Corazón de su Hijo Divino y el demonio es forzado a retroceder vencido.
OFRECIMIENTO DEL DOLOR
El sufrimiento es parte integrante de la vida humana. No hay nadie que, tarde o temprano, no participe de él. Por eso, debemos aprender a llevar nuestra cruz de cada día, como nos dice Jesús, y saber ofrecerla para darle un valor sobrenatural. De ahí que sea importante aprender a tener espíritu de sacrificio y no buscar siempre el placer por el placer.
Nuestra Madre la Virgen, en muchas de sus apariciones, nos habla de ofrecer sacrificios voluntarios por la conversión de los pecadores. En Fátima le decía a Lucía: "Orad y haced sacrificios por los pecadores, porque van muchas almas al infierno, porque no hay quien se sacrifique ni ore por ellas" (13 de agosto de 1917).
Este espíritu de sacrificio por la conversión de los pecadores, lo aprendieron muy bien los tres pastorcitos. A veces, daban su comida a las ovejas o a niños pobres o comían bellotas amargas o no bebían agua en pleno calor y decían: "Oh Jesús, es por tu amor y por la conversión de los pecadores".
Evidentemente, el sufrimiento por sí mismo no vale nada, si es que no se ofrece con amor y por amor. Pero, cuando se ofrece a Dios con amor, tiene un gran valor redentor en unión con los méritos de Jesús.
Por eso, debemos pensar en tantas personas que están alejadas de Dios y que están en peligro de condenación eterna por sus propios pecados. Pero, si nosotros ofrecemos por ellos nuestras oraciones y sacrificios, Dios les puede conceder gracias extraordinarias, que pueden conseguirles su conversión y salvación.
-Por: P. Ángel Peña O. A. R. | Fuente: Libro Más allá del Sufrimiento-
LA SORPRENDENTE CONVERSIÓN DE CARLOS DE FOUCAULD
¿Quién buscó a quién? La conversión de Carlos de Foucauld fue sumamente sorprendente. Poco a poco fue descubriendo cómo Dios lo acompañaba mientras él se alejaba de Él. Si Carlos buscó a Dios, Dios lo buscó aún más.
Leamos su historia con sus propias palabras:
“Mi fe ha sido sacudida; por desgracia estuvo completamente muerta durante muchos año, nada me parecía bastante probado; la misma fe con que se siguen religiones tan distintas, me parecía la condena de todas; ninguna prueba me parecía bastante evidente...
Mientras estaba en París, editando mi viaje a Marruecos, me encontré con personas muy inteligentes, muy virtuosas y muy cristianas; me dije "que tal vez esta religión no era absurda"; al mismo tiempo, una gracia interior muy fuerte me empujaba: me puse a ir a la iglesia, sin creer, solo allí me encontraba bien, y pasaba largas horas repitiendo esta extraña oración:
"¡Dios mío, si existes, haz que te conozca!" (…)
Busqué un sacerdote instruido para que me diera informaciones sobre la religión católica...
"Pero, a pesar de todo esto, yo me alejaba, me alejaba cada vez más de ti Señor y mi vida comenzaba a ser una muerte, o, mejor dicho, era ya una muerte a tus ojos.
Me hacías sentir un vacío doloroso, una tristeza que no he experimentado más que entonces; Tú me dabas esa vaga inquietud de una mala conciencia que, por dormida que estuviera, no había muerto del todo. Nunca he sentido esa tristeza, ese malestar, esa inquietud como entonces, Dios mío; esto era, pues, un don tuyo. ¡Cuán lejos estaba yo de sospecharlo! ¡Qué bueno eres! ¡Oh Dios mío! Esta tristeza era un regalo tuyo. ¡Cómo me cubrías bajo tus alas cuando ni siquiera creía en tu existencia!
¿Por qué medios, ¿Dios de bondad, me has hecho conocerte? ¿De cuántos rodeos te has servido? Soledad inesperada, emociones, enfermedades de seres queridos...
Tú me habías atraído a la virtud por la belleza de un alma (Su prima Marie de Bondy tuvo un papel importante en su conversión, principalmente por su bondad, su cariño, y su ejemplo) en la que la virtud me había parecido tan bella que irrevocablemente había arrebatado mi corazón. Tú me atrajiste a la verdad, por la belleza de esta alma.
Me hiciste entonces cuatro gracias: la primera fue inspirarme este pensamiento: “puesto que esta alma es tan inteligente, la religión en la que tan firmemente cree no puede ser una locura como yo pienso”; la segunda fue inspirarme este otro pensamiento: “puesto que esta religión no es una locura, puede ser que la verdad que no está en la tierra en ninguna otra, ni en ningún otro sistema filosófico, se encuentra en ella”; la tercera fue decirme: “estudiemos pues esa religión: tomemos un profesor de religión católica, y veamos lo que es y si hace falta creer en lo que dice”; la cuarta fue la gracia incomparable de dirigirme para tomar estas lecciones al P. Huvelin (… ) me hizo entrar en su confesionario, uno de los últimos días de octubre, entre el 27 y el 30 (…) Yo pedía lecciones de religión, me hizo arrodillarme, confesarme y a continuación me mandó comulgar… "
(Retiro en Nazaret, 8 noviembre 1897)
Por fin Dios se muestra en su corazón.
"Este rostro de Dios, Padre lleno de ternura, Fuente de toda belleza y bondad, se vuelve para Carlos de Foucauld (...) aún más entrañable, ya que toma los rasgos de Jesús, (...) El Dios que le tocó tiene un nombre humano: Jesús, Dios encarnado".(Maurice Bouvier, El Cristo de Carlos de Foucauld, p. 53)
"Y después, Dios mío, ha sido una cadena de gracias crecientes… La comunión casi diaria, la dirección, la confesión frecuente y el deseo de una vida religiosa y su confirmación…, el tierno y creciente amor por Vos, mi Señor Jesús, el gusto por la oración, la fe en vuestra palabra, el sentimiento profundo del deber de la limosna, el deseo de imitaros, estas palabras del P. Huvelin en un sermón, que Vos habíais tomado de tal modo el último lugar que nadie os lo podría arrebatar jamás, tan indeleblemente grabada en mi alma, esta sed de ofreceros el mayor sacrificio posible, abandonando a mi familia, que era mi felicidad y marchando a vivir y morir lejos de ella. La búsqueda de una vida conforme a la vuestra, en la que pudiera compartir completamente vuestro abajamiento, vuestra pobreza, vuestro trabajo humilde, vuestra sepultura, vuestra oscuridad, búsqueda tan netamente definida en el retiro de Clamart…"
(Retiro en Nazaret, 8 noviembre 1897)
Carlos de Foucauld murió asesinado el 1 de diciembre de 1916 a las puertas de su ermita en Tamanrasset (en el desierto del Sáhara, Argelia). Fue víctima de una banda de asaltantes senusistas que saquearon el lugar y lo ejecutaron de un disparo.
Dios no se deja ganar en generosidad. Carlos de Faucauld, siendo ateo, abrió su corazón y su mente a la posibilidad de la existencia de Dios, y éste, no solo le concedió la conversión, sino también la santidad reconocida en los altares, además, su estilo de vida ha inspirado la creación de múltiples institutos años después de su muerte:
El 1 de marzo de 2003 se produjo el primer reconocimiento por parte de la archidiócesis de Milán de un milagro por intercesión de Carlos de Foucauld.[
La ratificación del mismo pasó por las etapas preceptivas hasta la firma del decreto vaticano que lo reconocía para la Iglesia universal. El 13 de noviembre de 2005 fue proclamado beato.]
El papa Francisco canonizó a Carlos de Foucauld el 15 de mayo de 2022
(Fuente: Familia Carlos de Faucauld)
ROSARIO DE LAS VIRTUDES DE SAN JOSÉ
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Exponemos nuestras intenciones
ORACIÓN:
Oh San José, que con amor trabajaste la madera para en esta vida, vida pasajera, a tu familia el pan de cada día proveer; Oh San José, ahora en el cielo con Cristo, que extendido en el madero en el que vida eterna al hombre dio, enséñanos a reconocer en el quehacer de cada día el camino hacia Dios.
PRIMERA VIRTUD DE SAN JOSÉ
- Por el tiempo que a María esperaste, danos la virtud para en silencio pacientemente esperar, esto es danos la paz.
Padrenuestro.... y cinco Ave José
V. ¡Dios te salve, oh José, esposo de María, lleno de gracia! Jesús y su Madre están contigo: bendito tú eres entre todos los hombres y bendito es Jesús, el Hijo de María.
R. San José ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
finalizando los 5 Ave José se dirá el Gloria:
V. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R. Como era en un principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Jaculatoria: Amado San José haz crecer en mí la fe, que en ella buscaré, la esperanza y caridad.
SEGUNDA VIRTUD DE SAN JOSÉ
- Por aceptar en castidad para María desposar, danos la virtud para vivir en pureza y castidad.
Padrenuestro.... y cinco Ave José
V. ¡Dios te salve, oh José, esposo de María, lleno de gracia! Jesús y su Madre están contigo: bendito tú eres entre todos los hombres y bendito es Jesús, el Hijo de María.
R. San José ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
finalizando los 5 Ave José se dirá el Gloria:
V. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R. Como era en un principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Jaculatoria: Amado San José haz crecer en mí la fe, que en ella buscaré, la esperanza y caridad.
TERCERA VIRTUD DE SAN JOSÉ
- Por aceptar la paternidad de Jesús, danos la virtud para sólo hacer la voluntad de Dios.
Padrenuestro.... y cinco Ave José
V. ¡Dios te salve, oh José, esposo de María, lleno de gracia! Jesús y su Madre están contigo: bendito tú eres entre todos los hombres y bendito es Jesús, el Hijo de María.
R. San José ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
finalizando los 5 Ave José se dirá el Gloria:
V. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R. Como era en un principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Jaculatoria: Amado San José haz crecer en mí la fe, que en ella buscaré, la esperanza y caridad.
CUARTA VIRTUD DE SAN JOSÉ
- Por el día que todo dejaste para tu Hijo salvar, danos la virtud para cumplir lo que Dios pida y vivir, como Tú, en santa obediencia.
Padrenuestro.... y cinco Ave José
V. ¡Dios te salve, oh José, esposo de María, lleno de gracia! Jesús y su Madre están contigo: bendito tú eres entre todos los hombres y bendito es Jesús, el Hijo de María.
R. San José ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
finalizando los 5 Ave José se dirá el Gloria:
V. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R. Como era en un principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Jaculatoria: Amado San José haz crecer en mí la fe, que en ella buscaré, la esperanza y caridad.
QUINTA VIRTUD DE SAN JOSÉ
- Por el día que tu Hijo encontraste hablando con sabiduría y callaste, danos la virtud de callar y aprender a escuchar al que en nombre de Dios habla.
Padrenuestro.... y cinco Ave José
V. ¡Dios te salve, oh José, esposo de María, lleno de gracia! Jesús y su Madre están contigo: bendito tú eres entre todos los hombres y bendito es Jesús, el Hijo de María.
R. San José ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
finalizando los 5 Ave José se dirá el Gloria:
V. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R. Como era en un principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Jaculatoria: Amado San José haz crecer en mí la fe, que en ella buscaré, la esperanza y caridad.
Oración final del rosario:
Tú, San José, patrono de las familias, protector de la Iglesia, defensor de la niñez y fiel guardián de las madres, ayúdanos para recibir la gracia y alcanzar así las virtudes gloriosas de tu corazón en la castidad, en la prudencia, en la justicia y en la humildad. Amén.
LETANÍAS DE SAN JOSÉ
-Señor, ten piedad de nosotros. Se repite
-Cristo, ten piedad de nosotros.
-Señor, ten piedad de nosotros.
-Cristo, óyenos.
-Cristo, escúchanos.
-Dios, Padre celestial R. Ten piedad de nosotros.
-Dios Hijo, Redentor del mundo
-Dios Espíritu Santo
-Santa Trinidad, un solo Dios
-Santa María, R. Ruega por nosotros.
-San José, R. Ruega por nosotros.
-Ilustre descendiente de David
-Luz de los patriarcas
-Esposo de la Madre de Dios
-Custodio purísimo de la Virgen,
-Nutricio del Hijo de Dios
-Diligente defensor de Cristo
-Jefe de la Sagrada Familia
-José justo
-José casto
-José prudente
-José fuerte
-José obediente
-José fiel
-Espejo de paciencia
-Amante de la pobreza
-Modelo de obreros
-Gloria de la vida doméstica
-Custodio de vírgenes
-Sostén de las familias
-Consuelo de los desdichados
-Esperanza de los enfermos
-Patrono de los moribundos
-Terror de los demonios
-Protector de la santa Iglesia, R. Ruega por nosotros.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Perdónanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Escúchanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Ten piedad de nosotros.
V. Lo nombró administrador de su casa.
R. Y señor de todas sus posesiones.
ORACIÓN
¡Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir a San José para esposo de tu Santísima Madre!; te rogamos nos concedas tenerlo como intercesor en el cielo, ya que lo veneramos como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Para terminar:
Oremos por el Santo Padre: para que nos conduzca al triunfo del Inmaculado Corazón de María y del Sagrado Corazón de Jesús:
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
†
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
¿POR QUÉ EL SÁBADO ESTÁ DEDICADO A LA VIRGEN?
Hay un día que la Iglesia ha querido dejar de lado no para héroes celebrados o santos legendarios, sino para una mujer que hizo de la espera su fuerza: María.
De ahí nace la Memoria de santa María en sábado: una pequeña costumbre con sabor antiguo, que vuelve fielmente cada semana al corazón de la liturgia y la devoción mariana, como un gesto afectuoso que nunca se olvida.
Pero, ¿por qué precisamente el sábado? ¿Qué une este día casi olvidado, tierra de nadie entre el dolor y la alegría, a la Virgen que vela por nosotros?
Para comprender por qué el sábado está dedicado a la Virgen, hay que dejarse llevar por el viento de la historia hasta los siglos en los que la devoción a la Madre de Dios comenzaba a florecer como violetas entre las piedras de los monasterios.
Fue Alcuino de York, monje y poeta del renacimiento carolingio, uno de los grandes promotores de la devoción mariana. Sugirió celebrar una misa votiva en honor a María todos los sábados, práctica que comenzó a extenderse en los monasterios carolingios ya en el siglo IX.
La razón teológica y espiritual, el sábado como “día vacío” entre la muerte y la resurrección de Cristo, es una conciencia que maduró en los siglos siguientes, enriqueciendo de sentido la tradición de la Memoria de Santa María en sábado.
Con el tiempo, la celebración mariana del sábado se extendió por todo el Occidente cristiano, convirtiéndose en una cita fija en la liturgia y la devoción mariana de la Iglesia.
La liturgia cosió entonces por primera vez, en este día suspendido, el manto de María. Desde entonces, generaciones de creyentes han convertido el sábado en un pequeño santuario doméstico, en el que el cielo parece más cercano y la tierra menos pesada. El sábado siempre ha tenido un aire extraño, casi suspendido. Es el día en que, según el Evangelio, Jesús descansa en el sepulcro: todo se detiene, el aire parece más pesado y nadie sabe realmente qué esperar. Los apóstoles, desorientados, se mantienen alejados; las esperanzas, por un momento, parecen desvanecerse en la sombra, e incluso el cielo, según cuentan los más sensibles, parece cerrarse en un silencio cargado, como una casa que se ha quedado sin voces.
Sin embargo, precisamente en ese silencio, María permanece. No se rinde a la oscuridad, no deja que la fe se apague. Se convierte en la Mujer de la Espera, la centinela de las promesas, la madre que vela incluso cuando nadie cree ya en la posibilidad de una Pascua. El sábado es el umbral del misterio, el espacio en el que la fe se arma de valor sin ver la luz, el tiempo en el que la devoción mariana toma la forma de la esperanza tenaz. Y María se convierte en la Reina de los días suspendidos.
¿Quién no ha vivido al menos una vez en la vida un “sábado del alma”? ¿Esos días grises, sin respuesta, en los que el cansancio pesa sobre los hombros y la luz parece olvidada? En esos días, la Virgen se convierte en compañera silenciosa, guardiana de nuestras vigilias más oscuras. La devoción mariana del sábado nace precisamente de aquí: no de un triunfo, sino de una espera que no se rinde.
María, en la liturgia del Sábado Santo, es la fe que no vacila cuando todo se derrumba. Es la madre que guarda en su corazón la Palabra, incluso cuando el Verbo calla. Es la reina de los “todavía no”, de esas épocas en las que todo parece perdido y, en cambio, la vida, silenciosamente, vuelve a tejer su milagro. La Iglesia, en su largo camino, ha custodiado y cultivado la Memoria de Santa María en sábado como una pequeña semilla de esperanza semanal. No es una fiesta solemne, sino una perla escondida: cada sábado, en la liturgia, un pensamiento, una oración, una vela encendida para la Virgen.
Esta devoción no es solo un rito, sino una escuela de humanidad. Es una invitación a transformar cada sábado, cada espera, cada incertidumbre, cada umbral no cruzado, en un espacio de encuentro con María.
Es la lección de no temer los días “intermedios”, sino de vivirlos con la confianza de quien sabe que la noche nunca es eterna.
¿Cuántas madres, en el silencio de sus hogares, han confiado a sus hijos a la Virgen María los sábados por la mañana, mezclando rosarios y café, ansiedades y pequeñas alegrías? ¿Cuántos jóvenes, inquietos y vacilantes, han encontrado en la devoción mariana del sábado una luz discreta, un abrazo que no juzga sino que consuela?
¿Y cuántas veces tú, yo, hemos necesitado una madre que nos dijera: “Espera. No todo está perdido. Aunque no veas nada, la vida prepara su renacimiento”?
La Virgen, en su sábado eterno, nos enseña la paciencia de quien ama. Y quien ama, sabe esperar.
He aquí el por que el sábado está dedicado a la Virgen. La liturgia de la Iglesia ha dado voz a esta antigua sabiduría: Misa votiva, antífonas marianas, letanías que susurran en los claustros y en las casas, un río de devoción que atraviesa los siglos y llega hasta nosotros. El sábado dedicado a María es, en el fondo, la forma más auténtica de devoción mariana: no la que busca prodigios, sino la que sabe permanecer fiel incluso cuando no ocurre nada especial. Es la elección de quien, en lugar de perseguir emociones fuertes o signos llamativos, permanece allí, firme, incluso cuando todo a su alrededor parece sugerir que sería mejor huir.
Vivimos en tiempos en los que se ha perdido el valor de la espera. Todo tiene que ser inmediato, cada silencio es una molestia, cada espera es una herida. Sin embargo, quizás ahora más que nunca, necesitamos a María, su escuela lenta y paciente.
En el ruido de nuestro tiempo, la Virgen nos enseña a hacer del sábado un altar secreto. Nos invita a ralentizar, a permanecer a la escucha, a dejar madurar los deseos, a creer que la noche prepara el amanecer.
La devoción mariana del sábado es un acto de rebelión contra la superficialidad, un elogio de la profundidad, una oda al misterio de las cosas que nacen en el silencio.
La Iglesia, con la Memoria de santa María en sábado, no nos propone una huida de la realidad, sino una nueva forma de habitar el tiempo.
No nos pide que añadamos una práctica más, sino que aprendamos de María que toda espera puede ser fecunda, que todo “sábado” puede ser una víspera de resurrección.
Y quizá por eso, desde hace siglos, el sábado se ha convertido en el día en que muchos confían a María sus inquietudes: un día un poco olvidado, elegido precisamente porque nadie más lo quería. Porque es allí, en esa pausa suspendida, donde solo una madre tiene la paciencia de permanecer despierta, sin rendirse nunca a la espera. Y así, cuando llega el sábado, parece casi que el cielo se acerca un poco más, como si nos abrazara suavemente. Y la Virgen, discreta pero fuerte como solo las madres saben ser, sigue caminando a nuestro lado. Con ella, incluso los días más difíciles se vuelven un poco menos pesados, y esperar sigue teniendo sentido.
Holyart.es
LA CRUZ DE CRISTO, REMEDIO, EJEMPLO Y MISTERIO
CRISTO, SACERDOTE Y VÍCTIMA
ESTAD SIEMPRE ALEGRES EN EL SEÑOR
El Apóstol nos manda alegrarnos, pero en el Señor, no en el mundo. Pues, como afirma la Escritura: El que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios. Pues del mismo modo que un hombre no puede servir a dos señores, tampoco puede alegrarse en el mundo y en el Señor.
EL AGUA VIVA DEL ESPÍRITU SANTO
𝐌𝐄́𝐃𝐈𝐂𝐎 𝐀𝐁𝐎𝐑𝐓𝐈𝐒𝐓𝐀 𝐒𝐄 𝐂𝐎𝐍𝐕𝐈𝐄𝐑𝐓𝐄 𝐀𝐋 𝐌𝐎𝐑𝐈𝐑 𝐒𝐔 𝐏𝐑𝐎𝐏𝐈𝐀 𝐇𝐈𝐉𝐀 𝐏𝐎𝐑 𝐔𝐍 𝐀𝐁𝐎𝐑𝐓𝐎
En un testimonio a la emisora radial Rainha da Paz, un médico brasileño que efectuó durante años el aborto relató su dolorosa e intensa experiencia de conversión, iniciada luego de la muerte de su hija.
"Mi madre era una simple costurera que trabajaba hasta las madrugadas para ayudar a mi padre. Mi padre era un guardia nocturno. Por eso se pueden imaginar el sacrificio que hicieron para tener un hijo médico. Luego escogí la ginecología y la obstetricia", afirmó.
"Entre las mayores dificultades enfrentadas como médico recién formado, choqué con la realidad de lo que es mi profesión. En un largo tiempo los médicos se vuelven ricos, y yo quería más, quería enriquecerme y tener más dinero. Fue así como violé el juramento que hice cuando me formaba para dar la vida, para salvar la vida. Ayudé a muchos niños a venir al mundo, pero también a muchos de ellos no les permití nacer y me enriquecí escondido tras la máscara de la vitalidad", agregó el médico.
Sobre su vida abortista, el experto explicó que "puse un consultorio que en poco tiempo se convirtió en el más visitado de la región. Y saben ¿qué es lo que hacía?: abortos. Y como todos los que cometen el crimen, me decía a mí mismo que todas las mujeres tienen el derecho de escoger y que era mejor que sean ayudadas por un médico para no correr los riesgos de ir a una clínica clandestina donde los índices de muertes son alarmantes".
Mis manos, que debieron ser bendecidas para la vida, trabajaron para la muerte", agregó.
Entrando al tema de su conversión, el médico explicó emocionado que "sólo paré cuando Dios en su sabiduría infinita, rasgó mi conciencia e hizo sangrar a mi corazón con la misma sangre de todos los inocentes que no dejé nacer. Mi hija menor, Leticia, dejó de respirar por una infección generalizada luego de haberse sometido a un aborto. Ella, de 23 años de edad, salió embarazada y buscó el mismo camino de tantas otras que me fueron a buscar: el camino del aborto. Y sólo supe de esto cuando ya nada se podía hacer".
"Al lado del lecho de muerte de mi hija, vi las lágrimas de todos esos angelitos que yo maté. Mientras ella esperaba la muerte, yo agonizaba junto a ella. Fueron seis días de sufrimiento para que en el sétimo día ella partiese hacia el encuentro con su hijo, al cual un médico asesino le impidió nacer", comentó.
"Cansado por las noches que pasé al lado de mi hija, yo soñé que andaba por un lugar absolutamente oscuro y muy húmedo, en el que quería respirar pero no podía, yo quería salir desesperadamente pero fui envuelto por un lugar en donde el estruendo me dejaba atónito. Eran los llantos dolidos de los niños que en mi pensamiento, como si un rayo me cortase por la mitad, veía en mi entendimiento: los llantos eran de dolor, eran los lamentos de los angelitos que yo no dejé nacer. Era la triste consecuencia de mis actos sin pensar, esos llantos que gritaban ¡asesino!, ¡asesino!", afirmó el médico.
"Asustado para salir de aquel lugar, pasé mi mano por mi rostro para secar mi sudor y mis manos se mancharon de sangre! Aterrorizado grité con toda la fuerza que me quedaba un pedido de perdón: ¡Dios me perdone! Sólo así logré respirar nuevamente y me acordé de que era tiempo de acoger y valorar el último respiro de mi hija, que murió por las consecuencias de la infección que le produzco el aborto. Yo sé eso a través de mi sueño", agregó.
"Dios me hizo entender que a partir del momento de la fecundación del óvulo existe vida. Vendí mi consultorio y todos los bienes que conseguí con la práctica del aborto y con ese dinero, construí una casa de amparo para madres solteras y me dedico hoy a atender y practicar ¡una medicina de verdad!".
"Hoy soy médico de los pobres, de los desamparados y desvalidos, y los niños que vienen al mundo a través de mis manos son hijos que adopto pues sé que tengo una sola misión: traer la vida al mundo y dar condiciones para que los niños tengan un lugar feliz donde el padre es Jesús. Recen por mí, recen para que Dios tenga piedad de mí y me perdone, porque tengo la seguridad de que participaré del juicio final", concluyó.
(La agencia de noticias ACI, en un comunicado del 2 de febrero del
2001, notifica este testimonio a la emisora de radio de Río de Janeiro, Rainha da Paz)
Entrada destacada
¡ OH BANQUETE PRECIOSO Y ADMIRABLE!
El Hijo único de Dios, queriendo hacernos partícipe de su divinidad, tomó nuestra naturaleza, a fin de que hecho hombre, divinizase a los ...
ENTRADAS POPULARES
-
Este voto consiste en la oblación o voluntaria donación que la persona hace del fruto satisfactorio de sus obras durante su vida, y de los s...
-
La beata Ana María Taigi era devotísima de las almas del Purgatorio y rezaba los cien réquiem de esta manera. Para hacer este ejercicio, cad...
-
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, amén. Buen día bendito y alabado seas por siempre y para siempre Seño...


















