BREVE HISTORIA DEL VÍA CRUCIS

 


El Vía Crucis, también llamado “Estaciones de la Cruz”, “Camino de la Cruz” y “Vía Dolorosa”) es una oración que consiste, por así decirlo, en una peregrinación a las principales escenas de los padecimientos y muerte de Cristo. Se lleva a cabo mediante el paso de una estación a otra, recitando ciertas oraciones en cada una y con la devota meditación en los diversos incidentes en turno.

El Vía Crucis se compone a 14 estaciones:

  • (1) Cristo es condenado a muerte.
  • (2) Jesús es cargado con la Cruz.
  • (3) Jesús cae por primera vez.
  • (4) Jesús se encuentra con su Madre afligida.
  • (5) Simón de Cirene es obligado a cargar la cruz.
  • (6) La Verónica limpia el rostro de Cristo.
  • (7) Jesús cae por segunda vez.
  • (8) Jesús se encuentra con las piadosas mujeres de Jerusalem.
  • (9) Jesús cae por tercera vez.
  • (10) Jesús es despojado de sus vestiduras.
  • (11) Jesús es crucificado.
  • (12) Jesús muere en la cruz.
  • (13) Jesús es bajado de la cruz y colocado en brazos de su Madre.
  • (14) Jesús es sepultado.

Puesto que el Camino de la Cruz, hecho de esta manera, constituye una peregrinación en miniatura a los lugares santos en Jerusalén, el origen de esta devoción puede remontarse a Tierra Santa. La Vía Dolorosa en Jerusalén (aunque no se le llamaba por ese nombre antes del siglo XVI) fue marcada con reverencia desde los primeros tiempos y ha sido la meta de piadosos peregrinos .

La tradición afirma que la Santísima Virgen solía visitar a diario las escenas de la Pasión de su Hijo y San Jerónimo habla de la multitud de peregrinos de todos los países que visitaban los lugares santos en su día. Sin embargo, no hay evidencia directa de la existencia de cualquier forma establecida de la devoción a esa fecha temprana, y hay que destacar que Santa Silvia (c. 380) no dice nada acerca de ello en su "Peregrinatio ad loca sancta", a pesar de que ella describe minuciosamente todos los otros ejercicios religiosos que vio practicar allí.

Es cierto que varios viajeros que visitaron la Tierra Santa durante los siglos XII, XII y XIV mencionan una "Via Sacra", es decir, una ruta establecida que conducía a los peregrinos, pero no hay nada en sus relatos que identifique esto con el Vía Crucis, tal como la entendemos, incluyendo lugares de parada especiales con indulgencias adjuntas; y, después de todo, dichas estaciones deben ser consideradas como el verdadero origen de la devoción como ahora se practica.

No se puede decir cuando se comenzó a otorgar tales indulgencias, pero es muy probable que se deban a los franciscanos, a quienes se les confió la custodia de los Santos Lugares en 1342. Ferraris menciona las siguientes estaciones a las que se le adjudicaron indulgencias: el lugar donde Cristo encontró a su Santísima Madre, donde habló con las mujeres de Jerusalén, donde encontró a Simón de Cirene, donde los soldados echaron suertes sobre sus vestiduras, donde fue clavado en la Cruz, en la casa de Pilato y en el Santo Sepulcro. 

El primer uso de la palabra “Estaciones”, tal como se aplica a los acostumbrados lugares de parada en la Vía Sacra, en Jerusalén, se encuentra en la narración de un peregrino inglés, William Wey, quien visitó Tierra Santa en 1458 y nuevamente en 1462, y que describe la forma en que era la costumbre entonces de seguir las huellas de Cristo en su doloroso viaje. 

Durante los siglos XV y XVI, se establecieron varias reproducciones de los lugares santos en diferentes partes de Europà. El Beato Álvarez (m. 1420), a su regreso de Tierra Santa, construyó una serie de pequeñas capillas en el convento dominico de Córdoba, en las que se pintaron las principales escenas de la Pasión según el modelo de estaciones separadas. Casi al mismo tiempo, la Venerable Eustoquia, construyó un conjunto similar de estaciones en su convento en Mesina. Otras que se pueden enumerar fueron las de Gorlitz, construidas por G. Emmerich, alrededor de 1465, y en Nuremberg, por Ketzel, en 1468. Peter Sterckx hizo imitaciones de éstas en Lovaina (1505); en San Getreu, en Bamberg (1507) etc...

Romanet Bofin creó en 1515 un famoso conjunto de estaciones en Romanos, en Daufiné, a imitación de los de Friburgo, y un conjunto similar fue erigido en 1491 en Varallo por los franciscanos allí, cuyo tutor, el Beato Bernardino Caimi, había sido custodio de los lugares santos. En varios de estos primeros ejemplos se hizo un intento, no sólo por duplicar los lugares más sagrados de la Vía Dolorosa original en Jerusalén, sino también por reproducir los intervalos exactos entre ellas, medidos en pasos, para que la gente devota pudiera cubrir exactamente la misma distancia como lo habrían hecho si hubieran hecho la peregrinación a Tierra Santa

En cuanto al número de estaciones, no es nada fácil determinar cómo llegó a fijarse la totalidad de catorce, ya que parece haber variado considerablemente en diferentes momentos y lugares. 

Durante el siglo XVI, en los Países Bajos se publicó una serie de manuales de devoción, con oraciones para ser recitadas al hacer las estaciones.

La colocación de las estaciones en las iglesias no se hizo nada común hasta finales del siglo XVII, y la popularidad de la práctica parece haber sido principalmente debido a las indulgencias adjuntas. La costumbre se originó con los franciscanos.



Al darse cuenta de que pocas personas, comparativamente, podían ganarlas por medio de una peregrinación personal a Tierra Santa, Inocencio XI, en 1686, en respuesta a la petición de los franciscanos, les concedió el derecho de erigir las estaciones en todas sus iglesias, y declaró que todas las indulgencias que se habían dado siempre por visitar devotamente los escenarios reales de la Pasión de Cristo, a partir de entonces podrían ser adquiridas por los franciscanos y todos los demás afiliados a su orden si hacían el Camino de la Cruz en sus propias iglesias de la manera acostumbrada. Inocencio XII confirmó el privilegio en 1694 y Benedicto XIII en 1726 lo extendió a todos los fieles. 

En 1731 Clemente XII lo extendió aún más al permitirles las estaciones con indulgencias a todas las iglesias, siempre y cuando fuesen erigidas por un padre franciscano con la sanción del ordinario. Al mismo tiempo, fijó definitivamente el número de estaciones en catorce. En 1742 Benedicto XIV exhortó a todos los sacerdotes a enriquecer sus iglesias con tan gran tesoro, y hay pocas iglesias ahora que no tengan las estaciones.

En conclusión, se puede afirmar con seguridad que no hay devoción más ricamente dotada de indulgencias que el Camino de la Cruz, y ninguna que nos permita más literalmente obedecer el mandamiento de Cristo de tomar nuestra cruz y seguirlo.

Es imperdible el Viacrucis del Coliseo en Roma, el Viernes Santo.

Fuente: Alston, George Cyprian. "Way of the Cross." The Catholic Encyclopedia. Vol. 15. New York: Robert Appleton Company, 1912. 8 Jan. 2013 

COMUNIÓN ESPIRITUAL

 


Oh Jesús mío, creo que estáis en el Santísimo Sacramento; os amo sobre todas las cosas y deseo recibiros dentro de mi alma. Ya que ahora no puedo hacerlo sacramentalmente venid a lo menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya hubieseis venido, os abrazo y me uno todo a Vos; no permitáis jamás que vuelva a abandonaros.


- De la desgracia de recibir indignamente vuestro Cuerpo y Sangre, líbranos, Señor.

- De la concupiscencia de la carne, líbranos, Senor.

- De la concupiscencia de los ojos, líbranos Señor.

- De la soberbia de la vida, líbranos, Señor.

- De toda ocasión de ofenderos, líbranos, Señor.

- Jesús, oídnos.

- Jesús, escuchadnos.


V. Les habéis dado un pan venido del cielo.

R. Un pan que encierra toda dulzura.

COMUNIÓN



Yo soy de Dios: !oh dulce pensamiento
Que anega el alma en celestial amor!
Un Dios potente hasta albergarse llega
En mi pobre y estrecho corazón.

Yo soy de Dios: el cielo me contempla,
Y el ángel que se acerca a mí, veloz,
Halla mi pecho en templo convertido,
Donde el eterno fija su mansión.

Yo soy de Dios: la sangre inmaculada
Que de una Virgen cándida tomó,
¡Oh gran prodigio!, con mi sangre llega
Hasta mezclarse en misteriosa unión.

Yo soy de Dios: hasta el postrer momento
Sólo he de hallar hechizos en mi Dios;
Su dulce nombre ha de sellar mis labios
Al dirigirle mi última oración.

CREADOR INCOMPRENSIBLE

 


Creador incomprensible, yo te adoro. Soy ante ti como un poco de polvo, un ser de ayer, de la hora pasada. Me basta retroceder sólo unos pocos años, y no existía todavía… Las cosas seguían su curso sin mí. Pero tú existes desde la eternidad. ¡Oh Dios!, desde la eternidad te has bastado a ti mismo, el Padre al Hijo y el Hijo al Padre. ¿No deberías también poderme bastarme a mí, tu pobre criatura?… En ti encuentro todo cuanto puedo anhelar. Me basta si te tengo…

¡Dáteme a mi como yo me doy a ti, Dios mío! ¡Dáteme tú mismo! Fortaléceme, Dios todopoderoso, con tu fuerza interior; consuélame con tu paz, que siempre permanece; sáciame con la belleza de tu rostro; ilumíname con tu esplendor increado; purifícame con el aroma de tu santidad inexpresable; déjame sumergirme en ti y darme de beber del torrente de tu gracia cuanto puede apetecer un hombre mortal, de los torrentes que fluyen del Padre y del Hijo; de la gracia de tu amor eterno y consubstancial.

ORACIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN

 


¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, 
que por tu singular amor a los Carmelitas 
los favoreciste con tu familiar trato y dulces coloquios, 
alumbrándolos con las luces de tu enseñanza 
y ejemplo de que dichosamente gozaron. 
Te ruego, Señora, me asistas con especial protección, 
alcanzándome de tu bendito Hijo Jesús luz para conocer 
su infinita bondad y amarle con toda mi alma; 
para conocer mis culpas y llorarlas 
para saber como debo comportarme a fin 
de servirle con toda perfección; 
y para que mi trato y conversación sean siempre 
para su mayor honra y gloria y edificación de mis prójimos. 
Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: 
Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.

LA VIDA DEL CARMELO

 


Esta es la vida del Carmelo: vivir en El. Entonces todas las inmolaciones, todos los sacrificios quedan divinizados. El alma descubre, a través de todas las cosas, a Aquel a quien ama y todo la lleva a El. Se trata de un diálogo cordial ininterrumpido con El. De este modo tú puedes ser ya Carmelita en espíritu.

Ama el silencio y la oración porque constituyen la esencia de nuestra vida carmelitana. Pide a la Reina del Carmelo, nuestra Madre, que te enseñe a adorar a Jesús en profundo recogimiento. Ella ama tanto a sus hijas del Carmelo... Es su Orden predilecta y Ella es nuestra Patrona.

Invoca también a nuestra seráfica Madre Santa Teresa. Amó tanto que murió de amor. Pídele ese amor apasionado que sintió por Dios y por las almas, pues la Carmelita tiene que ser un apóstol. Todas sus oraciones y todos sus sacrificios están orientados a este fin.

¿Conoces a San Juan de la Cruz? Es nuestro Padre. Que profundamente penetró en el conocimiento de Dios. Antes que de él, debía haberte hablado de San Elías, nuestro primer Padre. Observarás que nuestra Orden es muy antigua pues se remonta hasta los Profetas. ¡Ah! Cuánto me agradaría poder cantar todas sus glorias.

(Santa Isabel De La Trinidad. Cartas 116 y 118. Obras Completas, pp. 372 y 376)

CRISTO TUVO QUE MORIR PARA SALVARNOS

 


Si hablamos del rescate del género humano en cuanto a la cantidad del precio, cualquier padecimiento de Cristo, aun sin la muerte, hubiera bastado, a causa de la dignidad infinita de la persona. 

Pero si hablamos del destino del precio, entonces hay que decir que los demás padecimientos de Cristo, sin la muerte, no fueron destinados al rescate del género humano por Dios Padre y por Cristo. 

Y esto por tres razones:

1º) Para que el precio de la redención del género humano no solamente fuese infinito por razón del valor, sino para que fuese también del mismo género, es decir, para que nos librase de la muerte por medio de la muerte.

2º) Para que la muerte de Cristo no fuese únicamente precio de rescate, sino también ejemplo de virtud, esto es, para que los hombres no temiesen morir por la verdad. 

El Apóstol señala estas dos causas, diciendo: Para destruir por su muerte al que tenía el imperio de la muerte, es decir, al diablo (en cuanto a lo primero); y para librar a aquéllos que por el temor de la muerte estaban en servidumbre toda la vida (en cuanto a lo segundo) (Hebr 2, 14-15).

3º) Para que la muerte de Cristo fuese además un sacramento de salvación; si nosotros, por virtud de la muerte de Cristo, morimos al pecado, a las concupiscencias carnales y al amor propio. Esta causa la señala el Apóstol San Pedro: También Cristo una vez murió por nuestros pecados, el justo por los injustos, para ofrecernos a Dios, siendo, a la verdad, muerto en la carne, mas vivificado por el espíritu (1 Ped 3, 18).

Por lo tanto, el género humano no fue redimido por otra pasión sin la muerte de Cristo.

Pero en realidad, Cristo, no solamente dando su vida, sino también padeciendo cualquier sufrimiento, habría pagado un precio suficiente por la redención del género humano, si el menor padecimiento hubiese sido divinamente destinado para ello, y esto, a causa de la dignidad infinita de la persona de Cristo

(Santo Tomás de Aquino)

MADRE DOLOROSA

 


Madre Dolorosa,

Madre que permaneciste junto a la cruz

cuando todos huían,

mírame con tus ojos llenos de amor.


Tú conoces el dolor del corazón,

las luchas que escondemos

y las heridas que nadie ve.


Hoy me acerco a ti

como hijo que busca refugio.


Enséñame a caminar con Jesús,

aunque el camino tenga cruz.


Enséñame a confiar

cuando no entiendo,

a permanecer

cuando todo parece oscuro.


Madre de los dolores,

toma mi mano

y llévame hasta tu Hijo.


Que no me aleje de Él,

que no me canse de buscarlo,

que no tenga miedo de amar.


Y cuando mi fe sea débil,

recuérdame que detrás de la cruz

siempre llega la resurrección.


Virgen Dolorosa,

acércame cada día más a Jesús.


Amén.

CADA CORAZÓN ES UN CALVARIO

 


Las figuras de la cruz fueron símbolos de todos los que crucifican.  Lo que hacemos ahora con el Cuerpo místico de Cristo, lo hicieron ellos, en nuestro nombre, con el Cristo histórico. 

Si sentimos envidia del bien, allí estábamos en los escribas y fariseos. Si tememos perder ventajas temporales, allí estábamos en Pilatos. 

Si confiamos en las fuerzas humanas y buscamos triunfar por medios materiales en vez de los espirituales, allí nos representaba Herodes. Y así se repite la historia en los típicos pecados del mundo.

Mientras haya pecado en el mundo, la crucifixión es una realidad. Como realzó el poeta:

Con corona de espinas en la frente a Dios, Hijo del Hombre, pasar veo.  

"Pero… ¿No estaba todo, Señor, ya consumado?", le requiero,  

"¿No habías para siempre terminado angustias y tormentos?" 

¡Qué temblor cuando a mí tornó sus ojos!  


"¿No entiendes tú el misterio?  

Ves: cada corazón es un Calvario, cada pecado un Leño." 

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 Esto quiere decir que aunque la obra está consumada, el amor busca en cada generación ser corresponsal de ese dolor, buscando consuelo en las almas que reconocen su sacrificio".


(Venerable Fulton Sheen)

INICIATIVA DE DIOS

 


El Padre llama a mi puerta buscando un lugar para su hijo. 

- El alquiler es barato, de verdad - le digo. 

- No quiero alquilarlo, quiero comprarlo - dice Dios.  

- No sé si quiero venderlo, pero puedes entrar y echarle un vistazo. 

- Sí, voy a verlo - dice Dios. 

- Te podría dejar una o dos habitaciones. 

- Me gusta – dice Dios. Voy a tomar las dos. Quizás decidas algún día darme más. Puedo esperar. 

- Me gustaría dejarte más, pero me resulta algo difícil; necesito cierto espacio para mí. 

- Me hago cargo – dice Dios, pero aguardaré. Lo que he visto me gusta. 

- Bueno, quizás te pueda dejar otra habitación. En realidad, yo no necesito tanto. 

- Gracias – dice Dios. La tomo. Me gusta lo que he visto. 

- Me gustaría dejarte toda la casa, pero tengo mis dudas. 

- Piénsalo – dice Dios -. Yo no te dejaría fuera. Tu casa sería mía y mi hijo viviría en ella. Y tú tendrías más espacio del que has tenido nunca. 

- No entiendo lo que me estás diciendo. 

- Ya lo sé – dice Dios -, pero no puedo explicártelo. Tendrás que descubrirlo por tu cuenta. Y esto sólo puede suceder si le dejas a él toda la casa. 

- Un poco arriesgado, ¿no? 

- Así es – dice Dios -, pero ponme a prueba. 

- Me lo pensaré. Me pondré en contacto contigo. 

- Puedo esperar – dice Dios. Lo que he visto me gusta. 


-Margaret Halaska, o.s.f-


¿𝑸𝑼𝑬 𝑬𝑺 𝑬𝑳 𝑷𝑼𝑹𝑮𝑨𝑻𝑶𝑹𝑰𝑶 𝑬𝑵 𝑹𝑬𝑨𝑳𝑰𝑫𝑨𝑫.ᐣ

 


Muchos católicos no saben bien qué es eso tan misterioso que llamamos Purgatorio, porque lo hemos escuchado de pequeños en la catequesis, en casa, en algunas oraciones, etc.

Respondiendo en pocas palabras, el Purgatorio es el estado en el que van todas las almas, que, aún muriendo en gracia de Dios, no han llegado en su vida a purificar el daño que han ocasionado con sus pecados.

Pero… ¿De qué hay que “purgarse”? ¿No se supone que se nos perdonan todos los pecados en la confesión?

Con la confesión quedan perdonados nuestros pecados y quedamos libres del castigo eterno que nos merecíamos. Pero la confesión no repara el daño que hemos ocasionado. Ése, debemos repararlo nosotros con nuestras buenas obras o con nuestro sacrificio.

Entenderlo es tan fácil como pensar que rompimos un vidrio de la casa del vecino. Corremos a su casa y le pedimos perdón. Nuestro vecino nos perdona de todo corazón y seguimos siendo tan amigos como antes. Pero… ¡el vidrio sigue igual de roto!

Los que aún estamos vivos, podemos reparar el daño que hemos ocasionado con los grandes medios que nos ofrece la Santa Madre Iglesia como los sacramentos, la oración diaria a Dios, las obras de misericordia, la predicación de la Palabra de Dios, las indulgencias plenarias, la vida de caridad y de santidad.


El otro modo, que es la forma menos recomendable para reparar la pena temporal, es pasar por el Purgatorio.

Cuentan de santos que han tenido la visión del Purgatorio que hubiesen preferido sufrir lo más terrible de esta vida por mil años, que estar un solo día en el Purgatorio. Allí se va para una purificación en profundidad, una limpieza que cuesta grandes pesares y malestares, pero necesaria para nuestra buena salud.


El purgatorio existe, debe existir porque nadie entra a las Bodas del Reino de los Cielos con la piel y la ropa llena de mugre. Es necesario entrar con el mejor vestido. Y en donde se nos lava hasta el punto de quedar dignos para el paraíso y con el traje adecuado, es en el Purgatorio. Nadie nos obligó a ensuciarnos, lo hicimos por libre disposición. Pero si queremos ser buenos invitados, no se nos ocurrirá entrar indignamente presentados, desearemos estar limpios, muy limpios, como se merece el Esposo de las Bodas.

El Purgatorio, por tanto, existe y es más que un lugar, es un estado de purificación, con un fuego que nos arrancará nuestros errores de raíz y los disolverá en su fuego, con el dolor de los que se sanan de una herida.

No es para nada igual que el Infierno, pues en el Infierno reinan el odio y la desesperación eterna y en el Purgatorio reinan el amor y la esperanza, la firme convicción de la salvación eterna. Todo allí será sufrir pero sólo para lograr amar verdaderamente al Señor que nos esperará con los brazos abiertos en su eterno Convite Celestial.


-Por: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net-

LA SAMARITANA (SAN AGUSTÍN)

 


Llega una mujer. Se trata aquí de una figura de la Iglesia, no santa aún, pero sí a punto de serlo; de esto, en efecto, habla nuestra lectura. La mujer llegó sin saber nada, encontró a Jesús, y él se puso a hablar con ella. Veamos cómo y por qué. Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Los samaritanos, no tenían nada que ver con los judíos; no eran del pueblo elegido. Y esto ya significa algo: aquella mujer, que representaba a la Iglesia, era una extranjera, porque la Iglesia iba a ser constituida por gente extraña al pueblo de Israel.
Pensemos, pues, que aquí se está hablando ya de nosotros: reconozcámonos en la mujer, y, como incluidos en ella, demos gracias a Dios. La mujer no era más que una figura, no era la realidad; sin embargo, ella sirvió de figura, y luego vino la realidad. Creyó efectivamente en aquél que quiso darnos en ella una figura. Llega, pues, a sacar agua.
Jesús le dice: Dame de beber. Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice a Jesús: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí que soy samaritana? Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.
Ved cómo se trata aquí de extranjeros: los judíos no querían ni siquiera usar sus vasijas. Y como aquella mujer llevaba una vasija para sacar el agua, se asombró de que un judío le pidiera de beber, pues no acostumbraban a hacer esto los judíos. Pero aquel que le pedía de beber tenía sed, en realidad, de la fe de aquella mujer.
Fíjate en quién era aquél que le pedía de beber: Jesús le contestó: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
Le pedía de beber y fue él mismo quien le prometió darle el agua. Se presenta como quien tiene indigencia, como quien espera algo, y le promete abundancia, como quien está dispuesto a dar hasta la saciedad. Si conocieras, dice, el don de Dios. El don de Dios es el Espíritu Santo. A pesar de que no habla aún claramente a la mujer, ya va penetrando, poco a poco, en su corazón y ya le está adoctrinando. ¿Podría encontrarse algo más suave y más bondadoso que esta exhortación? Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva. ¿De qué agua iba a darle, sino de aquella de la que está escrito: En ti está la fuente viva? Y ¿cómo podrán tener sed los que se nutren de lo sabroso de tu casa?
De manera que le estaba ofreciendo un manjar apetitoso y la saciedad del Espíritu Santo, pero ella no lo acababa de entender; y como no lo entendía, ¿qué respondió? La mujer le dice: «Señor, dame esa agua, así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla». Por una parte su indigencia la forzaba al trabajo, pero por otra, su debilidad rehuía el trabajo. Ojalá hubiera podido escuchar: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Esto era precisamente lo que Jesús quería darle a entender, para que no se sintiera ya agobiada; pero la mujer aún no lo entendía.
San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

ORACIÓN DEL PAPA CLEMENTE XI


 
Creo en ti, Señor, pero ayúdame a creer con
firmeza; espero en ti, pero ayúdame a esperar
sin desconfianza; te amo, Señor, pero ayúdame
a demostrarte que te quiero; estoy arrepentido,
pero ayúdame a no volver a ofenderte.
Te adoro, Señor, porque eres mi creador y te
anhelo porque eres mi fin; te alabo, porque
no te cansas de hacerme el bien y me refugio
en ti, porque eres mi protector.
Que tu sabiduría, Señor, me dirija y tu justicia
me reprima; que tu misericordia me consuele
y tu poder me defienda.
Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame
a pensar en ti; te ofrezco mis palabras,
ayúdame a hablar de ti; te ofrezco mis
obras, ayúdame a cumplir tu voluntad; te
ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.
Todo aquello que quieres tú, Señor, lo quiero
yo, precisamente porque lo quieres tú,
como tú lo quieras y durante todo el tiempo
que lo quieras.
Te pido, Señor, que ilumines mi entendimiento,
que fortalezcas mi voluntad, que purifiques
mi corazón y santifiques mi espíritu.
Hazme llorar, Señor, mis pecados, rechazar
las tentaciones, vencer mis inclinaciones al
mal y cultivar las virtudes.
Dame tu gracia, Señor, para amarte y olvidarme
de mí, para buscar el bien de mi prójimo
sin tenerle miedo al mundo.
Dame tu gracia para ser obediente con mis
superiores, comprensivo con mis inferiores, 
solícito con mis amigos y generoso con mis
enemigos.
Ayúdame, Señor, a superar con austeridad
el placer, con generosidad la avaricia, con
amabilidad la ira, con fervor la tibieza.
Que sepa yo tener prudencia, Señor, al aconsejar,
valor en los peligros, paciencia en las
dificultades, sencillez en los éxitos.
Concédeme, Señor, atención al orar, sobriedad
al comer, responsabilidad en mi trabajo
y firmeza en mis propósitos.
Ayúdame a conservar la pureza de alma, a
ser modesto en mis actitudes, ejemplar en
mi trato con el prójimo y verdaderamente
cristiano en mi conducta.
Concédeme tu ayuda para dominar mis
instintos, para fomentar en mí tu vida de
gracia, para cumplir tus mandamientos y
obtener mi salvación.
Enséñame, Señor, a comprender la pequeñez
de lo terreno, la grandeza de lo divino, la
brevedad de esta vida y la eternidad futura.
Concédeme, Señor, una buena preparación para
la muerte y un santo temor al juicio, para
librarme del infierno y obtener tu gloria.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Papa Clemente XI

¿Nadie me da un beso de amor en el rostro para reparar el beso de Judas?

 



"Humildemente confieso que siento una gran devoción por el Divino Rostro de Jesús, devoción que me parece que me la infundió el mismo Jesús. Tenía doce años cuando un viernes santo esperaba en mi Parroquia mi turno para besar el crucifijo, cuando una voz clara me dijo: ¿Nadie me da un beso de amor en el rostro para reparar el beso de Judas? En mi inocencia de niña, creí que todos habían escuchado la voz, y sentía pena viendo que la gente continuaba besando las llagas y ninguno pensaba besarlo en el Rostro. Te doy yo Jesús el beso de amor, ten paciencia, y llegado el momento le estampé un fuerte beso en la cara con el ardor de mi corazón. Era feliz pensando que Jesús, ya contento, no tendría más pena. Desde aquel día el primer beso al crucifijo era a Su Divino Rostro y muchas veces los labios rehusaban separarse porque me sentía fuertemente retenida.

La experiencia se repite cuando tiene 25 años, pero con otros prodigios: En la noche del jueves al viernes santo de 1915, mientras rezaba ante el crucifijo en la Capilla de mi Noviciado, sentí que me decían: “bésame”. Lo hice y mis labios en vez de apoyarse sobre un rostro de yeso, sintieron el contacto con Jesús. ¿Qué pasó? Me es imposible decirlo".


 Beata Maria Pierina De Micheli

LA SANTA MISA ES LO MÁS EFICAZ PARA LAS ALMAS DEL PURGATORIO

 


La Santa Misa es una riqueza de reparación y de misericordia que se renueva cada día sobre los Altares, por eso la Misa ofrecida por los difuntos es el máximo de los sufragios. 

Con qué ternura el alma purgante recuerda los detalles de la Pasión del Señor Jesús. 

¡Con qué profundo arrepentimiento se siente responsable, con que reconocimiento amoroso lo contempla, percibiendo en cada pena de Jesús las propias culpas! 

Como en el cuerpo los microbios patógenos que producen enfermedades son agredidos por los leucocitos de la sangre y se refugian en la estación térmica que está en la parte central del cerebro, provocando un aumento del calor de aquella zona, y por lo tanto, la fiebre en el organismo, que más que una enfermedad, es una alarma que mueve a darse cuenta de la contaminación, y por tanto a defenderse, así por analogía, en la luz de la Pasión de Jesús que ha combatido y vencido los pecados de todos con infinito amor, el alma ve refluir todas las propias imperfecciones y los propios defectos, y encuentra en Él la reparación y la misericordia y se enciende en ella como una fiebre de amor que la humilla profundamente y la lleva a buscar en los sufragios (Misa, Rosario...) la medicina divina para cambiar la fiebre en agradable conquista de la Eterna felicidad en Dios. 


(El Purgatorio, P. Dolindo Ruotolo)

ACTO PARA DESAGRAVIAR Y CONGRACIARSE AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS



Oh Corazón clementísimo de Jesús, divino propiciatorio, 
por el cual prometió el Eterno Padre que oiría 
siempre nuestras oraciones: 
yo me uno con vos para ofrecer a vuestro Eterno Padre 
este mi pobre y mezquino corazón, contrito y humillado 
en su divino acatamiento, y deseoso de reparar 
cumplidamente sus ofensas, en especial las que 
vos recibís de continuo en la Eucaristía, 
y señaladamente las que yo, por mi desgracia, también he cometido. 
Quisiera, divino Corazón, lavar con lágrimas y borrar con sangre 
de mis venas las ingratitudes con que todos 
hemos pagado vuestro tierno amor.
Junto mi dolor, aunque tan leve, con aquella angustia mortal 
que os hizo en el huerto sudar sangre a la sola 
memoria de nuestros pecados.
Ofrecédselo, Señor, a vuestro Eterno Padre, 
unido con vuestro amabilísimo Corazón. 
Dadle infinitas gracias por los grandes beneficios 
que nos hace continuamente, y supla vuestro 
amor nuestra ingratitud y olvido.
 Concededme la gracia de presentarme siempre 
con gran veneración ante el acatamiento 
de vuestra divina Majestad, para resarcir de algún modo 
las irreverencias y ultrajes 
que en vuestra presencia me atreví a cometer, 
y que de hoy en adelante me ocupe con todo mi conato 
en atraer con palabras y ejemplos muchas almas que os conozcan 
y gocen las delicias de vuestro Corazón. 
Desde este momento me ofrezco y dedico del todo 
a dilatar la gloria de este sacratísimo y dulcísimo Corazón. 
Le elijo por el blanco de todos mis afectos y deseos, 
y desde ahora para siempre constituyo en él mi perpetua morada, 
reconociéndole, adorándole y amándole con todas mis ansias, 
como que es el Corazón de mi amabilísimo Jesús, 
de mi Rey y soberano dueño, Esposo de mi alma, Pastor y Maestro, 
verdadero Amigo, amoroso Padre, Guía segura, 
firmísimo Amparo y Bienaventuranza. Amén.

LA INFANCIA DE SAN JOSE INTERRUMPE LAS VISIONES DE LA PASIÓN

 


El dolor y la angustia me oprimían, no podía sostenerme, y sin embargo, quería arrastrarme hasta el sitio adonde Jesús iba a ser coronado de espinas.

Entonces vi llegar un niño maravilloso, con el pelo dorado; llevaba solo una cintura alrededor del cuerpo, pasaba entre los velos de las Santas Mujeres, entre las piernas de los hombres, y se vino a mi corriendo; era alegre y amable, me cogía la cabeza para volverla del otro lado, y con sus caricias me impedía mirar el triste espectáculo que tenía delante de mis ojos.

Este niño dijo: "¿No me conoces? me llamo José y soy de Belén". Después comenzó a hablarme del pesebre, del Nacimiento de Jesús, de los pastores...

Yo estaba llorando a causa de la corona de espinas que veía trazar, pero él me consoló y me dijo una bella parábola para explicarme cómo la alegría saldría de todos estos padecimientos .

Había en esta parábola muchas explicaciones del sentimiento místico de los padecimientos del Señor.

Me enseñó el campo donde habían nacido las espinas de la corona de Jesús y me dijo lo que significaban esas espinas, cómo esos campos se cubrían de magníficos frutos y que las espinas formarían alrededor de ellos un muro protector cubierto de rosas.

(La dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, Anna Catalina Emmerick)

SAN JOSÉ Y LA CUARESMA

 


-Padre del Redentor.

El padre adoptivo de Jesús tiene una estrecha ligazón con la Cuaresma. Esta se explica como camino preparatorio al Misterio central de la Redención: la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Pero tal tipo de Redención ha sido posible porque el Hijo de Dios es verdaderamente hombre. Como todo hombre tiene unas raíces, un pueblo, una historia: El Señor Dios le dará el trono de David, su padre (primera lectura). Sin raíces, sin estirpe, Jesús hubiera irrumpido en nuestra historia como un extraño y la verdad de su ser hombre no estaría libre de sospechas. Es este el gran servicio que san José presta desde su fe a la obra de la Redención.

-Modelo de fe.

La Cuaresma es un camino de iluminación progresiva en la fe. Es volver a aprender a ver las personas, las cosas y los acontecimientos con los ojos con que las ve Dios. Y en esto, desde luego, tenemos en San José a un verdadero Patriarca en la línea de la fe de los grandes personajes del Antiguo Testamento. Y, en el Nuevo Testamento, después de María, y junto con ella, rotura el camino de la fe de toda la Iglesia: Apoyado en la esperanza creyó contra toda esperanza (segunda lectura). Hizo lo que le había mandado el ángel del Señor (evangelio).

-Patrono de la Iglesia.

También la Cuaresma va a restaurar la comunión con la Iglesia, que el pecado ha roto, o, al menos relajado. Ello supone recuperar también una visión de la Iglesia correcta, es decir, a la luz de la fe. Supone, pues, volver a vivir la Iglesia como conservadora y transmisora del misterio de Cristo para la salvación del mundo. A esta dimensión hace referencia la oración colecta recordando la estrecha vinculación de San José con la Iglesia, ya que a su fiel custodia fueron confiados por Dios los primeros misterios de la salvación de los hombres.

-Modelo de padres.

La condición especial de la paternidad de José respecto a Jesús, no debería llevarnos a pensar que no ejerció como padre humano de Jesús aportando a su crecimiento corporal y espiritual lo propio de un buen padre. Precisamente ello formaba parte de su servicio al Hijo de Dios hecho hombre. Si la Cuaresma está especialmente relacionada con la educación en la fe, como tiempo catecumenal, la figura de San José es una llamada a que los padres cristianos ejerzan como tales siendo los primeros educadores de la fe de sus hijos.

En la eucaristía de hoy podría haber una referencia a los padres de los niños y jóvenes que recibirán pronto alguno de los sacramentos de la iniciación cristiana.

En las parroquias donde no se bautice en Cuaresma y se estén preparando bautismos para Pascua, la misa de hoy podría ser un momento fuerte de la catequesis prebautismal de los padres. (También para los padres de los confirmandos o de los que harán la Primera Comunión). Además de alguna referencia en la monición introductoria y en la homilía, podría hacerse alguna petición específica en la oración universal. Y las ofrendas podrían ser presentadas por algunos de estos padres con algunos de sus hijos.


A. GOMEZ MISA DOMINICAL 1992, nº 4

LAS ESPINAS DEL CORAZÓN DE JESÚS

 


Espina para el Corazón de Jesús es la falta de una fe viva por parte de muchos que le aman y sirven, y le sirven casi a la fuerza y arrastrándose más que caminando, en la vida espiritual.

Espina es la falta de conformidad con la voluntad de Dios, que hace murmurar de la Divina Providencia, cuando las cosas no suceden según el propio gusto o capricho.

Espina es la falta de caridad que tienen los ricos con los pobres. Siempre habrá pobres en el mundo; pero no habría de haber miserables. Jesús impone la caridad como ley suya.

Espina es la falta de devoción que manifiestan muchos cristianos en sus mismas oraciones; y las irreverencias que cometen en los templos con su porte poco cristiano.

Espina es para el Corazón de Jesús la falta de paciencia y dominio propio de muchos cristianos, que no saben sufrir la menor contrariedad sin quejarse o incomodarse.

Espina es para el Corazón de Jesús la sobra de comodidades de aquellos cristianos que se espantan al solo nombre del sacrificio y nada hacen por amor de Jesús, que tanto sufrió por ellos.

Espina es la sobra de amor propio que domina en tantos corazones que no pueden soportar el menor aviso o corrección, viviendo por otra parte llenos de defectos.

Espina es la sobra de negligencia con que se hacen las cosas de Dios. Mientras algunos son todo actividad y energía para las cosas puramente temporales.

Espina es la sobra de frialdad, causa de que muchos cristianos, por otra parte buenos, cometan muchos pecados veniales sin que traten de enmendarse de ellos.

Espina es para el Corazón de Jesús ver la falta de cristianos en los templos y la sobra de ellos en los centros de mundanas diversiones. El Corazón de Jesús ama, y no es amado. ¿Qué haces tú?

OBSEQUIOS Y OFRECIMIENTOS A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

 


1. Oh beatísima Trinidad!, os doy palabra de procurar con todo esfuerzo y empeño salvar mi alma, ya que la creasteis a vuestra imagen y semejanza y para el cielo. Y también por amor vuestro procuraré salvar las almas de mis prójimos.

2. Para salvar mi alma y daros gloria y alabanza, sé que he de guardar la divina ley. Os doy palabra de guardarla como la niña de mis ojos, y también procuraré que los demás la guarden.

3. Aquí, en la tierra, me ejercitaré en alabaros, y espero que después lo haré con más perfección en el cielo; y por esto, con frecuencia rezaré el Trisagio y el verso: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, Y también procuraré que los demás os alaben. Amén.

V. Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo.

R. Alabémosle y ensalcémosle en todos los siglos.

Omnipotente y sempiterno Dios, que concediste a tus siervos el conocer la gloria de tu eterna Trinidad en la confesión de la verdadera fe y el adorar la Unidad en tu augusta Majestad; Te rogamos, Señor, que por la fuerza de esa misma fe nos veamos siempre libres de todas las adversidades. Por Cristo, Señor nuestro. Amén.

ESPOSA DE CRISTO (SANTA ISABEL DE LA TRINIDAD)

 Preciosa reflexión de santa Isabel de la Trinidad sobre lo que significa ser esposa de Cristo, vocación que viven de una manera especial las monjas contemplativas.


"Esposa". Todo cuanto este nombre hace presentir de amor dado y recibido, de intimidad, fidelidad, abnegación absoluta... 

Ser esposa es entregarse como él se entregó, ser inmolada como él, por él y para él; es Cristo mismo que se hace todo nuestro y nosotros que nos hacemos totalmente suyos. 

Ser esposa es tener plenos derechos sobre su corazón, es un cruce de corazones abiertos toda la vida, es vivir con él, siempre con él. Es reposar de toda cosa en él y permitirle a él reposarse de toda cosa en nuestra alma. Es no saber otra cosa que amar. Amar adorando, Amar reparando, Amar orando, suplicando, olvidando. Amar siempre y de todas formas. 

Ser esposa es tener los ojos en sus ojos, el pensamiento obsesionado por él, el corazón apresado totalmente, totalmente invadido, como fuera de sí mismo, traspasado a él; el alma llena de su alma, llena de su oración, tener todo el ser cautivado y dado. Es ser fecunda corredentora, engendrar hijos adoptivos del Padre, los rescatados por Cristo, los coherederos de su gloria. 

En fin, ser tomada por esposa es haber fascinado su corazón hasta tal punto que, olvidando toda distancia, el Verbo se derrama en el alma como en el seno del Padre, con el mismo éxtasis de amor infinito. Y así el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo invaden el alma, la deifican y la consuman en el Uno por amor

REPARACIÓN POR LAS LLAGAS DE CRISTO


 

«Él ha recibido estas Llagas a causa de nuestras iniquidades; ha sido maltratado a causa de nuestros crímenes.» 

Es vuestro amor, oh Jesús, quien acepta estas Llagas con sus crueles sufrimientos; pero es el pecado quien las causa; y por expiar los pecados cometidos por las manos, por los pies y por el corazón del hombre, las recibís en vuestras manos, en vuestros pies y en vuestro corazón. 



LAS LLAGAS DE LAS MANOS:

Así, pues, en las Llagas de vuestras adorables manos debo ver la gravedad de los pecados cometidos por mis manos, en las de vuestros sacratísimos pies comprenderé el mal de los pecados, cuyo instrumento son mis pies; y considerando vuestro Corazón abierto por la lanza, comprenderé la iniquidad y los crímenes de mi Corazón; y la sangre, el sufrimiento y la virtud de estas Llagas purificarán mis acciones, mis pensamientos y mis afectos. 

Nuestras manos están sumergidas en la pereza; están cargadas de joyas, de perlas y de anillos de oro; han triunfado de su fineza y de su blancura; han sido un instrumento de pecado; lavadas en los perfumes, se han mantenido en la molicie, huyendo del trabajo que hubiera podido quitar un tanto cuanto su suavidad y brillo; y lo que es más, se han hecho impuras, sucias y criminales.

Y por esto es que las vuestras, oh Jesús, vuestras purísimas manos, después de haber sido maltratadas y encallecidas en los rudos trabajos de treinta años, están hoy heridas y desgarradas: el lodo se mezcla a la sangre; y por todo atavío, ellas ostentan los enormes clavos que las atraviesan de parte a parte. 

Podemos verlas bajo la tensión de la crucifixión, extendidas, abiertas, dejando correr liberalmente, con su sangre, la vida, el perdón, la salvación. 

Para expiar el pecado de las manos avaras que siempre atesoran y siempre permanecen cerradas a las necesidades del pobre y del huérfano, las manos de Cristo han sido fijadas a este leño por las manos inmundas de los verdugos.

Para expiar el crimen de los pecados sacrílegos, el crimen de las manos de Judas, que fué el primero en comer indignamente vuestra Eucaristía, y de todos los de su raza, que desde que estáis en el Sacramento os han sacrílegamente tocado, comido y profanado. 

Las manos del hombre se han entregado a la violencia; han sido el instrumento de la venganza, de la cólera y del asesinato.—Y para expiar estos crímenes y lavar toda la sangre injustamente vertida, vuestras manos, siempre dulces, benéficas y saludables, vuestras manos, oh Jesús, son heridas, traspasadas y ensangrentadas.

¡Jesús! así es que en el sufrimiento, la ignominia y la transfixión de vuestras manos expiáis todos los crímenes cometidos por las manos del hombre. ¡Ah! dejadme besar vuestras manos traspasadas: ellas se extienden hasta mis labios en la Hostia sagrada; dejadme que aplique mis manos, para purificarlas, contra vuestras manos .

Yo os pido perdón por la Llaga de vuestra mano derecha y por la Llaga de vuestra mano izquierda, por todos los pecados que por mis manos he cometido. 




LAS LLAGAS DE LOS PIES:

Vuestros pies, el Profeta los había percibido sobre la cima de los montes, cuando os veía venir como heraldo de la buena nueva; ¡cuán bellos, deslumbrantes, ágiles, fuertes, intrépidos e infatigables eran! No temían ni las espinas de los zarzales, ni las asperezas de la piedra; desafiaban al frío y al lodo, al sol y al polvo, a los sudores y á las fatigas. Ellos siguieron el camino recto y justo, sin declinar jamás en el sendero de la iniquidad; sus huellas marcan el camino seguro, y quien las sigue no marcha en las tinieblas. Y ahora vedlos cubiertos de un lodo rojinegro, formado de polvo y de sangre coagulada; están deformes, desgarrados, destrozados y horriblemente agujereados; ellos están clavados sobre la Cruz y guardarán para siempre los estigmas de aquella hora de suplicio y de vergüenza. 

¿Qué es, pues, esto, oh Jesús! Vos habéis debido expiar por las redes tendidas por la maldad á los pies de los sencillos; por las caídas ocasionadas por las piedras de escándalo, dispuestas por el perverso bajo los pies de la inocencia. Vos habéis expiado por el orgullo en el andar y por la impaciencia, por la vanidad que triunfa de una forma agradable, de una gracia lasciva. Vos habéis pagado por todos los pasos y las posturas y los gestos de los bailes, en que la concupiscencia y el libertinaje encuentran en el hogar doméstico, como en las escenas públicas, tan abundante alimento. 

Todos los pasos que el pecador da para satisfacer los fines, y de los que cada uno renueva su crimen, renovando su resolución de cometerlo; todos los deseos, todos los ardores que alimenta para afianzar su presa; todas las genuflexiones hechas en otro tiempo ante los ídolos del paganismo, y todas las que reclaman los ídolos de carne de un mundo convertido en pagano, y todas las que, por lo contrario, se os rehúsan en vuestros templos en que residís, sin embargo, Amor de los amores, Belleza de las bellezas, único Dios verdaderamente adorable; todos estos pecados, todas estas manchas, todas estas abominaciones, todas estas apostasías, cuyo signo es el pie del hombre, órgano ó instrumento, habéis aceptado expiarlas, sufrir su castigo, pagar su deuda á la justicia de nuestro Padre, y por esto, oh dulce Víctima, vuestros pies son ligados, crucificados, traspasados. 

¡Oh, cuánto deseo besar vuestros pies con Magdalena y María y con todos los Santos é inundarlos con mis lágrimas de arrepentimiento! Jesús, por las Llagas de vuestros pies sacratísimos, dejadme que venere y bese con amor vuestra Eucaristía, y cuya sangre y sufrimiento corran en mi alma por la comunión, como un remedio de vida; Jesús, purificadme, purificadme. 



LA LLAGA DEL CORAZÓN:

Si los pies y las manos son los instrumentos de tantos pecados, ¿no puede decirse que el corazón participa de todas las faltas que el hombre comete ? ¿ No es el órgano de las afecciones? ¿No es la afección mala y desordenada á las criaturas, á los bienes sensibles, lo que constituye la malicia esencial del pecado? 

También vuestro Corazón, oh Jesús, ha comenzado por los pecados del corazón una expiación secreta desde su formación en el seno de María; también ha sufrido su Pasión propia en Getsemaní, donde sufrió en las angustias de la tristeza, del espanto y del fastidio llevadas hasta la agonía, el castigo merecido por los crímenes de nuestros corazones. 

Mas era preciso que esta Pasión fuese manifiesta y que el tesoro de expiaciones reunido en vuestro Corazón pudiese ser distribuido; por esto permitisteis que vuestro costado fuese atravesado por la lanza, y vuestro Corazón abierto: dos fuentes brotaron de ellos entonces y no cesarán de correr jamás; ellas han formado dos ríos de pureza. El río de agua corre en las piscinas del bautismo; lava el corazón de sus manchas originales y le da la pureza primitiva; el río de sangre serpentea á través del mundo en los cálices sagrados de los altares, y da la pureza activa y meritoria, la pureza que se purifica más y más cada día, y que llega á ser la perfecta pureza. 

Corazón purísimo de Jesús, fuisteis traspasado para lavar en ese río de sangre y agua nuestros corazones cargados, torpes y carnales que se han embriagado de la afección sensual y que habiéndoos olvidado totalmente han pervertido vuestros mejores dones. ¡Desbordad, desbordad vuestras olas purificadoras sobre nuestros corazones perdidos, depravados y corrompidos , focos ardientes de tantos males! 

¡Corazón amantísimol la lanza os atraviesa de parte á parte para que vuestro amor, vuestra condescendencia, vuestra bondad, vuestra generosidad, derramándose con vuestra Sangre en esas ondas límpidas y rojas, paguen la deuda ingrata de nuestros corazones, cerrados por el egoísmo, endurecidos por el odio, devorados por la envidia, insensibles á las necesidades de los demás y sensibles solamente á la ruina de los otros, para regocijarse de ella. 

¡ Corazón humildísimo de Jesús! la lanza os destroza para que vuestra humildad y vuestra dulzura caigan á torrentes, para destrozarlos de arrepentimiento, sobre nuestros corazones orgullosos, ambiciosos, insaciables, incrédulos, desconfiados, disimulados, perversos é hipócritas, idólatras de sí mismos y rebeldes á Dios, obstinados, endurecidos é impenitentes, fijos en el mal y más duros que el granito. 

Por todos estos crímenes, cuyo principio, centro y medio son nuestros corazones, os pido perdón, ¡oh Corazón traspasado de Jesús! y os ofrezco en expiación las ansiedades, las angustias, los terrores, los temores de vuestro Corazón ; sus tristezas y sus disgustos en Getsemaní, sus sufrimientos y su agonía sobre la cruz, la llaga profunda que lo penetró, la sangre y y agua que brotaron de ésta. No por un simple deseo, ni una pura ficción de mi espíritu, sino en realidad os ofrezco, oh Jesús misericordioso, vuestro propio Corazón en la Hostia Eucarística en que vive siempre atravesado; os lo ofrezco á la hora de su inmolación sobre la piedra del Sacrificio; os lo ofrezco en sus largos anonadamientos en el Tabernáculo perpetuo; os lo ofrezco en mi alma cuando habiéndole recibido pueda unir y mezclar mi corazón culpable á vuestro Corazón inocente ,perder mi corazón en la Llaga hospitalaria de vuestro Corazón, y deciros: Piedad, piedad por los pecados de mi corazón, á causa de los sufrimientos y de las humillaciones del vuestro.


(Manual de la Adoración del Santísimo Sacramento, por el R.P.A. Tesniére)

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