REPARACIÓN POR LAS LLAGAS DE CRISTO


 

«Él ha recibido estas Llagas a causa de nuestras iniquidades; ha sido maltratado a causa de nuestros crímenes.» 

Es vuestro amor, oh Jesús, quien acepta estas Llagas con sus crueles sufrimientos; pero es el pecado quien las causa; y por expiar los pecados cometidos por las manos, por los pies y por el corazón del hombre, las recibís en vuestras manos, en vuestros pies y en vuestro corazón. 



LAS LLAGAS DE LAS MANOS:

Así, pues, en las Llagas de vuestras adorables manos debo ver la gravedad de los pecados cometidos por mis manos, en las de vuestros sacratísimos pies comprenderé el mal de los pecados, cuyo instrumento son mis pies; y considerando vuestro Corazón abierto por la lanza, comprenderé la iniquidad y los crímenes de mi Corazón; y la sangre, el sufrimiento y la virtud de estas Llagas purificarán mis acciones, mis pensamientos y mis afectos. 

Nuestras manos están sumergidas en la pereza; están cargadas de joyas, de perlas y de anillos de oro; han triunfado de su fineza y de su blancura; han sido un instrumento de pecado; lavadas en los perfumes, se han mantenido en la molicie, huyendo del trabajo que hubiera podido quitar un tanto cuanto su suavidad y brillo; y lo que es más, se han hecho impuras, sucias y criminales.

Y por esto es que las vuestras, oh Jesús, vuestras purísimas manos, después de haber sido maltratadas y encallecidas en los rudos trabajos de treinta años, están hoy heridas y desgarradas: el lodo se mezcla a la sangre; y por todo atavío, ellas ostentan los enormes clavos que las atraviesan de parte a parte. 

Podemos verlas bajo la tensión de la crucifixión, extendidas, abiertas, dejando correr liberalmente, con su sangre, la vida, el perdón, la salvación. 

Para expiar el pecado de las manos avaras que siempre atesoran y siempre permanecen cerradas a las necesidades del pobre y del huérfano, las manos de Cristo han sido fijadas a este leño por las manos inmundas de los verdugos.

Para expiar el crimen de los pecados sacrílegos, el crimen de las manos de Judas, que fué el primero en comer indignamente vuestra Eucaristía, y de todos los de su raza, que desde que estáis en el Sacramento os han sacrílegamente tocado, comido y profanado. 

Las manos del hombre se han entregado a la violencia; han sido el instrumento de la venganza, de la cólera y del asesinato.—Y para expiar estos crímenes y lavar toda la sangre injustamente vertida, vuestras manos, siempre dulces, benéficas y saludables, vuestras manos, oh Jesús, son heridas, traspasadas y ensangrentadas.

¡Jesús! así es que en el sufrimiento, la ignominia y la transfixión de vuestras manos expiáis todos los crímenes cometidos por las manos del hombre. ¡Ah! dejadme besar vuestras manos traspasadas: ellas se extienden hasta mis labios en la Hostia sagrada; dejadme que aplique mis manos, para purificarlas, contra vuestras manos .

Yo os pido perdón por la Llaga de vuestra mano derecha y por la Llaga de vuestra mano izquierda, por todos los pecados que por mis manos he cometido. 




LAS LLAGAS DE LOS PIES:

Vuestros pies, el Profeta los había percibido sobre la cima de los montes, cuando os veía venir como heraldo de la buena nueva; ¡cuán bellos, deslumbrantes, ágiles, fuertes, intrépidos e infatigables eran! No temían ni las espinas de los zarzales, ni las asperezas de la piedra; desafiaban al frío y al lodo, al sol y al polvo, a los sudores y á las fatigas. Ellos siguieron el camino recto y justo, sin declinar jamás en el sendero de la iniquidad; sus huellas marcan el camino seguro, y quien las sigue no marcha en las tinieblas. Y ahora vedlos cubiertos de un lodo rojinegro, formado de polvo y de sangre coagulada; están deformes, desgarrados, destrozados y horriblemente agujereados; ellos están clavados sobre la Cruz y guardarán para siempre los estigmas de aquella hora de suplicio y de vergüenza. 

¿Qué es, pues, esto, oh Jesús! Vos habéis debido expiar por las redes tendidas por la maldad á los pies de los sencillos; por las caídas ocasionadas por las piedras de escándalo, dispuestas por el perverso bajo los pies de la inocencia. Vos habéis expiado por el orgullo en el andar y por la impaciencia, por la vanidad que triunfa de una forma agradable, de una gracia lasciva. Vos habéis pagado por todos los pasos y las posturas y los gestos de los bailes, en que la concupiscencia y el libertinaje encuentran en el hogar doméstico, como en las escenas públicas, tan abundante alimento. 

Todos los pasos que el pecador da para satisfacer los fines, y de los que cada uno renueva su crimen, renovando su resolución de cometerlo; todos los deseos, todos los ardores que alimenta para afianzar su presa; todas las genuflexiones hechas en otro tiempo ante los ídolos del paganismo, y todas las que reclaman los ídolos de carne de un mundo convertido en pagano, y todas las que, por lo contrario, se os rehúsan en vuestros templos en que residís, sin embargo, Amor de los amores, Belleza de las bellezas, único Dios verdaderamente adorable; todos estos pecados, todas estas manchas, todas estas abominaciones, todas estas apostasías, cuyo signo es el pie del hombre, órgano ó instrumento, habéis aceptado expiarlas, sufrir su castigo, pagar su deuda á la justicia de nuestro Padre, y por esto, oh dulce Víctima, vuestros pies son ligados, crucificados, traspasados. 

¡Oh, cuánto deseo besar vuestros pies con Magdalena y María y con todos los Santos é inundarlos con mis lágrimas de arrepentimiento! Jesús, por las Llagas de vuestros pies sacratísimos, dejadme que venere y bese con amor vuestra Eucaristía, y cuya sangre y sufrimiento corran en mi alma por la comunión, como un remedio de vida; Jesús, purificadme, purificadme. 



LA LLAGA DEL CORAZÓN:

Si los pies y las manos son los instrumentos de tantos pecados, ¿no puede decirse que el corazón participa de todas las faltas que el hombre comete ? ¿ No es el órgano de las afecciones? ¿No es la afección mala y desordenada á las criaturas, á los bienes sensibles, lo que constituye la malicia esencial del pecado? 

También vuestro Corazón, oh Jesús, ha comenzado por los pecados del corazón una expiación secreta desde su formación en el seno de María; también ha sufrido su Pasión propia en Getsemaní, donde sufrió en las angustias de la tristeza, del espanto y del fastidio llevadas hasta la agonía, el castigo merecido por los crímenes de nuestros corazones. 

Mas era preciso que esta Pasión fuese manifiesta y que el tesoro de expiaciones reunido en vuestro Corazón pudiese ser distribuido; por esto permitisteis que vuestro costado fuese atravesado por la lanza, y vuestro Corazón abierto: dos fuentes brotaron de ellos entonces y no cesarán de correr jamás; ellas han formado dos ríos de pureza. El río de agua corre en las piscinas del bautismo; lava el corazón de sus manchas originales y le da la pureza primitiva; el río de sangre serpentea á través del mundo en los cálices sagrados de los altares, y da la pureza activa y meritoria, la pureza que se purifica más y más cada día, y que llega á ser la perfecta pureza. 

Corazón purísimo de Jesús, fuisteis traspasado para lavar en ese río de sangre y agua nuestros corazones cargados, torpes y carnales que se han embriagado de la afección sensual y que habiéndoos olvidado totalmente han pervertido vuestros mejores dones. ¡Desbordad, desbordad vuestras olas purificadoras sobre nuestros corazones perdidos, depravados y corrompidos , focos ardientes de tantos males! 

¡Corazón amantísimol la lanza os atraviesa de parte á parte para que vuestro amor, vuestra condescendencia, vuestra bondad, vuestra generosidad, derramándose con vuestra Sangre en esas ondas límpidas y rojas, paguen la deuda ingrata de nuestros corazones, cerrados por el egoísmo, endurecidos por el odio, devorados por la envidia, insensibles á las necesidades de los demás y sensibles solamente á la ruina de los otros, para regocijarse de ella. 

¡ Corazón humildísimo de Jesús! la lanza os destroza para que vuestra humildad y vuestra dulzura caigan á torrentes, para destrozarlos de arrepentimiento, sobre nuestros corazones orgullosos, ambiciosos, insaciables, incrédulos, desconfiados, disimulados, perversos é hipócritas, idólatras de sí mismos y rebeldes á Dios, obstinados, endurecidos é impenitentes, fijos en el mal y más duros que el granito. 

Por todos estos crímenes, cuyo principio, centro y medio son nuestros corazones, os pido perdón, ¡oh Corazón traspasado de Jesús! y os ofrezco en expiación las ansiedades, las angustias, los terrores, los temores de vuestro Corazón ; sus tristezas y sus disgustos en Getsemaní, sus sufrimientos y su agonía sobre la cruz, la llaga profunda que lo penetró, la sangre y y agua que brotaron de ésta. No por un simple deseo, ni una pura ficción de mi espíritu, sino en realidad os ofrezco, oh Jesús misericordioso, vuestro propio Corazón en la Hostia Eucarística en que vive siempre atravesado; os lo ofrezco á la hora de su inmolación sobre la piedra del Sacrificio; os lo ofrezco en sus largos anonadamientos en el Tabernáculo perpetuo; os lo ofrezco en mi alma cuando habiéndole recibido pueda unir y mezclar mi corazón culpable á vuestro Corazón inocente ,perder mi corazón en la Llaga hospitalaria de vuestro Corazón, y deciros: Piedad, piedad por los pecados de mi corazón, á causa de los sufrimientos y de las humillaciones del vuestro.


(Manual de la Adoración del Santísimo Sacramento, por el R.P.A. Tesniére)

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