BREVE HISTORIA DEL VÍA CRUCIS

 


El Vía Crucis, también llamado “Estaciones de la Cruz”, “Camino de la Cruz” y “Vía Dolorosa”) es una oración que consiste, por así decirlo, en una peregrinación a las principales escenas de los padecimientos y muerte de Cristo. Se lleva a cabo mediante el paso de una estación a otra, recitando ciertas oraciones en cada una y con la devota meditación en los diversos incidentes en turno.

El Vía Crucis se compone a 14 estaciones:

  • (1) Cristo es condenado a muerte.
  • (2) Jesús es cargado con la Cruz.
  • (3) Jesús cae por primera vez.
  • (4) Jesús se encuentra con su Madre afligida.
  • (5) Simón de Cirene es obligado a cargar la cruz.
  • (6) La Verónica limpia el rostro de Cristo.
  • (7) Jesús cae por segunda vez.
  • (8) Jesús se encuentra con las piadosas mujeres de Jerusalem.
  • (9) Jesús cae por tercera vez.
  • (10) Jesús es despojado de sus vestiduras.
  • (11) Jesús es crucificado.
  • (12) Jesús muere en la cruz.
  • (13) Jesús es bajado de la cruz y colocado en brazos de su Madre.
  • (14) Jesús es sepultado.

Puesto que el Camino de la Cruz, hecho de esta manera, constituye una peregrinación en miniatura a los lugares santos en Jerusalén, el origen de esta devoción puede remontarse a Tierra Santa. La Vía Dolorosa en Jerusalén (aunque no se le llamaba por ese nombre antes del siglo XVI) fue marcada con reverencia desde los primeros tiempos y ha sido la meta de piadosos peregrinos .

La tradición afirma que la Santísima Virgen solía visitar a diario las escenas de la Pasión de su Hijo y San Jerónimo habla de la multitud de peregrinos de todos los países que visitaban los lugares santos en su día. Sin embargo, no hay evidencia directa de la existencia de cualquier forma establecida de la devoción a esa fecha temprana, y hay que destacar que Santa Silvia (c. 380) no dice nada acerca de ello en su "Peregrinatio ad loca sancta", a pesar de que ella describe minuciosamente todos los otros ejercicios religiosos que vio practicar allí.

Es cierto que varios viajeros que visitaron la Tierra Santa durante los siglos XII, XII y XIV mencionan una "Via Sacra", es decir, una ruta establecida que conducía a los peregrinos, pero no hay nada en sus relatos que identifique esto con el Vía Crucis, tal como la entendemos, incluyendo lugares de parada especiales con indulgencias adjuntas; y, después de todo, dichas estaciones deben ser consideradas como el verdadero origen de la devoción como ahora se practica.

No se puede decir cuando se comenzó a otorgar tales indulgencias, pero es muy probable que se deban a los franciscanos, a quienes se les confió la custodia de los Santos Lugares en 1342. Ferraris menciona las siguientes estaciones a las que se le adjudicaron indulgencias: el lugar donde Cristo encontró a su Santísima Madre, donde habló con las mujeres de Jerusalén, donde encontró a Simón de Cirene, donde los soldados echaron suertes sobre sus vestiduras, donde fue clavado en la Cruz, en la casa de Pilato y en el Santo Sepulcro. 

El primer uso de la palabra “Estaciones”, tal como se aplica a los acostumbrados lugares de parada en la Vía Sacra, en Jerusalén, se encuentra en la narración de un peregrino inglés, William Wey, quien visitó Tierra Santa en 1458 y nuevamente en 1462, y que describe la forma en que era la costumbre entonces de seguir las huellas de Cristo en su doloroso viaje. 

Durante los siglos XV y XVI, se establecieron varias reproducciones de los lugares santos en diferentes partes de Europà. El Beato Álvarez (m. 1420), a su regreso de Tierra Santa, construyó una serie de pequeñas capillas en el convento dominico de Córdoba, en las que se pintaron las principales escenas de la Pasión según el modelo de estaciones separadas. Casi al mismo tiempo, la Venerable Eustoquia, construyó un conjunto similar de estaciones en su convento en Mesina. Otras que se pueden enumerar fueron las de Gorlitz, construidas por G. Emmerich, alrededor de 1465, y en Nuremberg, por Ketzel, en 1468. Peter Sterckx hizo imitaciones de éstas en Lovaina (1505); en San Getreu, en Bamberg (1507) etc...

Romanet Bofin creó en 1515 un famoso conjunto de estaciones en Romanos, en Daufiné, a imitación de los de Friburgo, y un conjunto similar fue erigido en 1491 en Varallo por los franciscanos allí, cuyo tutor, el Beato Bernardino Caimi, había sido custodio de los lugares santos. En varios de estos primeros ejemplos se hizo un intento, no sólo por duplicar los lugares más sagrados de la Vía Dolorosa original en Jerusalén, sino también por reproducir los intervalos exactos entre ellas, medidos en pasos, para que la gente devota pudiera cubrir exactamente la misma distancia como lo habrían hecho si hubieran hecho la peregrinación a Tierra Santa

En cuanto al número de estaciones, no es nada fácil determinar cómo llegó a fijarse la totalidad de catorce, ya que parece haber variado considerablemente en diferentes momentos y lugares. 

Durante el siglo XVI, en los Países Bajos se publicó una serie de manuales de devoción, con oraciones para ser recitadas al hacer las estaciones.

La colocación de las estaciones en las iglesias no se hizo nada común hasta finales del siglo XVII, y la popularidad de la práctica parece haber sido principalmente debido a las indulgencias adjuntas. La costumbre se originó con los franciscanos.



Al darse cuenta de que pocas personas, comparativamente, podían ganarlas por medio de una peregrinación personal a Tierra Santa, Inocencio XI, en 1686, en respuesta a la petición de los franciscanos, les concedió el derecho de erigir las estaciones en todas sus iglesias, y declaró que todas las indulgencias que se habían dado siempre por visitar devotamente los escenarios reales de la Pasión de Cristo, a partir de entonces podrían ser adquiridas por los franciscanos y todos los demás afiliados a su orden si hacían el Camino de la Cruz en sus propias iglesias de la manera acostumbrada. Inocencio XII confirmó el privilegio en 1694 y Benedicto XIII en 1726 lo extendió a todos los fieles. 

En 1731 Clemente XII lo extendió aún más al permitirles las estaciones con indulgencias a todas las iglesias, siempre y cuando fuesen erigidas por un padre franciscano con la sanción del ordinario. Al mismo tiempo, fijó definitivamente el número de estaciones en catorce. En 1742 Benedicto XIV exhortó a todos los sacerdotes a enriquecer sus iglesias con tan gran tesoro, y hay pocas iglesias ahora que no tengan las estaciones.

En conclusión, se puede afirmar con seguridad que no hay devoción más ricamente dotada de indulgencias que el Camino de la Cruz, y ninguna que nos permita más literalmente obedecer el mandamiento de Cristo de tomar nuestra cruz y seguirlo.

Es imperdible el Viacrucis del Coliseo en Roma, el Viernes Santo.

Fuente: Alston, George Cyprian. "Way of the Cross." The Catholic Encyclopedia. Vol. 15. New York: Robert Appleton Company, 1912. 8 Jan. 2013 

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