Las figuras de la cruz fueron símbolos de todos los que crucifican. Lo que hacemos ahora con el Cuerpo místico de Cristo, lo hicieron ellos, en nuestro nombre, con el Cristo histórico.
Si sentimos envidia del bien, allí estábamos en los escribas y fariseos. Si tememos perder ventajas temporales, allí estábamos en Pilatos.
Si confiamos en las fuerzas humanas y buscamos triunfar por medios materiales en vez de los espirituales, allí nos representaba Herodes. Y así se repite la historia en los típicos pecados del mundo.
Mientras haya pecado en el mundo, la crucifixión es una realidad. Como realzó el poeta:
Con corona de espinas en la frente a Dios, Hijo del Hombre, pasar veo.
"Pero… ¿No estaba todo, Señor, ya consumado?", le requiero,
"¿No habías para siempre terminado angustias y tormentos?"
¡Qué temblor cuando a mí tornó sus ojos!
"¿No entiendes tú el misterio?
Ves: cada corazón es un Calvario, cada pecado un Leño."
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Esto quiere decir que aunque la obra está consumada, el amor busca en cada generación ser corresponsal de ese dolor, buscando consuelo en las almas que reconocen su sacrificio".
(Venerable Fulton Sheen)

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