JESÚS DE LAS CICATRICES, Edward Shillito
VUESTRAS CINCO LLAGAS
Oh Jesús, dejadme penetrar en vuestras cinco Llagas. ¿Como fueron hechas?
El Salvador había subido las peñas del Calvario, agobiado bajo el peso de su cruz, debilitado por sus tres caídas en el doloroso camino, con las mejillas desgarradas por las bofetadas, cubiertas de lodo y de araños, con los ojos empapados en lágrimas y en sangre.
A eso del mediodía le despojan de sus vestiduras y le arrancan la corona de espinas. Entonces se ve brotar su sangre de mil fuentes a la vez, jirones de carne arrancados con los vestidos; y la augusta y santa Víctima aparece en una humillante desnudez a las miradas curiosas e insultantes de sus verdugos.
La cruz está extendida en el suelo: acuestan bruscamente al Salvador. Jesús se deja hacer esto con tanta dulzura como el niño a quien su madre acuesta en la cuna.
Tres agujeros habían sido practicados de antemano en la cruz, dos para las manos y uno para los pies. Los verdugos a golpe del martillo clavan las manos o muñecas. Se oyen los golpes sucederse, ya agudos, ya sordos, según pegan en el clavo o en los miembros del Salvador. Los músculos se quiebran, los nervios se rompen, las carnes se desgarran; Los ecos de los horribles golpes del martillo va a resonar en el corazón de María y de las santas mujeres, interrumpido únicamente por las blasfemias de los verdugos y las risas satánicas de los farisces y de los sacerdotes. Las piernas de Jesús son también estiradas con brutalidad como antes hicieron con las manos; el cuerpo estaba enteramente contraído por bárbara tensión de los brazos y sus rodillas estaban muy forzadas. Los verdugos unieron dos cordeles a sus piernas; y mientras unos estaban atentos para impedir que las manos, desgarrándose por completo, se saliesen de los clavos, otros estiraban violentamente hasta que los pies llegasen hasta el agujero practicado para ello. Esta fué una dislocación espantosa. Todos los huesos de Jesús tronaron a la vez.
Esta dolorosa profecía fué entonces realizada: «Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos.» Habiendo logrado los verdugos estirar bastante los pies de Jesús, fueron éstos colocados al punto uno sobre otro, y a través de la masa sólida de los músculos trémulos y agitados, el clavo penetró lentamente, haciendo sufrir a Jesús una agonía inexplicable, a causa de la falta de fijeza del pie en esta posición.
Ya sumidos los clavos, se volteó la cruz para remacharlos: Jesús fué puesto con el pecho contra la tierra. El peso de la cruz, redoblado por cada uno de los golpes del martillo que pegaban sobre los clavos para asegurarlos, le martirizaba, oprimiéndolo violentamente contra las asperezas de la roca; su pecho oprimido apenas podía respirar, sus manos y sus pies estaban en un estado atroz: todo era un montón de carne despedazada y palpitante, de donde la sangre corría a torrentes.
Levantan la cruz y la ponen en un profundo agujero que debe recibirla: cada sacudida desgarra más las manos y los pies de la augusta Víctima ; cae de repente con violento estruendo al fondo de la cavidad; todos los huesos de Jesús se entrechocan, sus llagas se agrandan más y su sangre corre con mayor abundancia.
Esas cuatro grandes Llagas abiertas en las manos y en los pies de Jesús fueron expuestas al sol ardiente, sin ser cubiertas durante las tres horas que permaneció en la cruz: la posición perpendicular del cuerpo continuaba agrandándolas insensiblemente: cada minuto renovaba el dolor que había tenido al abrirse.
Jesús exhaló el último suspiro. Un soldado se acerca a la cruz y de un lanzazo le traspasa el pecho atravesándole el corazón. Al sacarla, el hierro hace brotar un doble torrente de sangre y agua. Esta herida es la última que recibió Jésús; no le ocasionó dolor alguno, porque el alma había abandonado el cuerpo, pero Jesús había aceptado de antemano esa ignominia y la había hecho meritoria.
Lavadas las santas Llagas cuidadosamente por María y por José de Arimatea, fueron cubiertas de besos por la Madre y por sus compañeras, y envueltas en unas vendas: ellas imprimieron su traza sobre el lienzo que envolvió al cuerpo de Jesús. Y cuando Cristo resucitó, estas Llagas adornaban sus manos, sus pies y su pecho como la marca indeleble de su victoria.
Cuando el pleno mediodía de la Ascensión permitió al Salvador levantar todos los velos bajo los cuales tenía cautiva la gloria de su cuerpo, las Cinco Llagas aparecieron brillantescomo unos soles.
Los ángeles llegándose apresurados a su triunfo, exclamaban admirados:
«¿Qué significan esas Llagas en vuestras manos?» Y las contemplan en éxtasis indecible; María, José y los Santos las adoran y las besan con transportes de respeto; Jesús las guarda como el trofeo de su victoria; las muestra a su Padre como la prueba de su amor , como el signo de su obediencia, como el precio de la redención y como el rescate de los elegidos.
(Fuente: La persona del Cristo Eucarístico, R.P.A. Tesniére)
Meditación para recibir al Santísimo Sacramento
Primer punto: Considerar quién es el que he de recibir, y cómo en cuanto a la divinidad es igual al Eterno Padre, y cómo en cuanto hombre es el más ilustre de todos los hombres.
Segundo punto: Considerar de dónde viene: del Cielo. Consideraré que me hace mayor don que a los Apóstoles el Jueves de la Cena. Y he de confundirme trayendo a la memoria lo que haría si esperase a un amigo o hermano que me viniese a ver de tierras lejanas, o si el Papa o el Emperador hubiese de venir a verme, y lo poco que hago con la venida de Jesucristo, de los Cielos a mi ánima.
Tercer punto: Ver cómo viene. Consideraré cómo habiéndome dado todas las criaturas, Él mismo disfrazado se me da en una de ellas, haciéndose pequeñito, conforme a mi pequeñez.
Cuatro punto: Ver adónde viene. A este mundo donde tantas ofensas y pecados se cometen contra su divina Majestad.
Quinto punto: Considerar quién soy yo que le he de recibir, y mostrarle mis llagas, pidiéndole con el leproso del Evangelio que me sane. Así miraré de dónde viene, adónde viene y a qué viene.
Alabado sea Dios.
San Francisco de Borja
ORACIÓN DE INTERCESIÓN
Dios conoce mucho mejor que nosotros lo necesitamos. A través de la plegaria de intercesión, Él nos da la oportunidad de ejercitar nuestra fe, nuestra confianza en Dios, nuestra esperanza, tanto más bien sabiendo que los efectos en aquel por quien hemos orado no serán inmediatamente perceptibles y, en la mayoría de los casos más bien nunca lo sabremos con certeza.
Nos acordamos de pedir cosas a Dios, pero a veces nos olvidamos de dar gracias a Dios por las oraciones contestadas. Podemos aún dar gracias a Dios cuando nuestras oraciones no son respondidas (como nosotros quisiéramos) porque Él sabe lo que es mejor.
No necesitamos usar palabras grandilocuentes cuando oramos a Dios. Él no está tan preocupado por las torpes palabras que salen de nuestra boca. Está interesado en nuestro corazón.
La oración de intercesión es uno de los tipos característicos de la oración cristiana.
El intercesor no tiene necesidad de lugares particulares para rezar. Puede orar en el secreto de su habitación, puede orar en la Iglesia frente a la Eucaristía, puede orar reuniéndose junto con otros.
La oración hecha con otros ayuda, nos sostiene y tiene una potencia particular sobre Dios por el motivo de que Jesús está particularmente presente. Él dijo: “donde hay dos o tres reunidos en mi nombre Yo estoy en medio de ellos”. Este orar juntos no tiene que ver necesariamente con estar reunidos en un mismo lugar sino, sobre todo, establecer con los otros una comunión más intensa y ponerse de acuerdo a cerca de intenciones precisas por las cuales se intercede. Nuestra tarea es orar siempre y con perseverancia convencidos del amor que Dios nos tiene.
Su misericordia se derrama sobre el que es misericordioso con los propios hermanos.
-Meditaciones diarias para un sincero diálogo con Dios-
ORACIÓN A SAN JOSÉ PARA QUE NOS ENSEÑE A ADORAR A JESÚS EN LA EUCARISTÍA
¡Querido San José, esposo de María, padre putativo de Jesús,
quiero como tu aprender a caminar en confianza
y como mucha fe hacia el encuentro de tu Hijo,
a aprender a adorarle, a postrarme ante la Eucaristía
asombrado, gozoso, alegre y estremecido por el misterio que allí sucede!
¡Quiero hacer como tu, amado san José,
saber escuchar en todo momento los planes de Dios en mi vida y cumplirlos!
¡Tu que eres el padre peregrino que custodia a Jesús,
enséñame a amarlo más, a ayúdame a que en el silencio de la oración
contemplarlo con devoción, ayúdame a acrecentar mi amor por Él!
¡San José, tu que eres el padre eucarístico de Jesús,
enséñame a acogerlo con devoción en mi corazón!
¡Otórgame tu fe para contemplar con esperanza a Jesús
presente en las especies de pan y vino y como tu, cuando dijiste
que sí a Dios para aceptar con alegría y esperanza tu misión paternal
sin comprenderlo todo, ayúdame a ser capaz de abandonar postrado
ante el Santísimo Sacramento del Altar la comodidad de mis
certezas humanas para aceptar siempre la voluntad Dios
que en tantas ocasiones se aleja de mis planes humanos para que pueda
emprender el camino hacia la salvación! ¡Dame un poco de tu fe,
San José, para abrirme a la contemplación y amar a Jesús
tan frágil y humilde en su cuerpo eucarístico!
(RMMC, con el corazón abierto.org)
ESCRIBE EN MI CORAZÓN TUS LLAGAS
para que yo lea el sufrimiento en el mismo
y el amor: el sufrimiento, para que yo
soporte por tí todo el sufrimiento;
quiero que pueda despreciar por Tí todo otro amor.
Escribe, mi amantísimo Salvador,
escribe en mi corazón tus llagas,
con el fin de que se me permita tener grabados
siempre en mi interior los sufrimientos y Tu amor.
Sí, porque, teniendo ante mis ojos los grandes
sufrimientos que Tú, mi Dios, has soportado pacientemente,
pueda soportar en silencio todos los sufrimientos
en que se pueda caer en suerte soportar;
y al ver el amor que exhibiste por mí en la cruz,
nunca pueda amar o ser capaz de amar
a nadie más que a Ti.
- San Agustín-
EL HOMBRE NECESITA DE DIOS
Y si nos mandó seguirlo no es porque necesite de nuestros servicios, sino para que nosotros alcancemos así la salvación. Seguir al Salvador, en efecto, es beneficiarse de la salvación, y seguir a la Luz es recibir la luz. Pues los que están en la luz no son los que iluminan a la luz, sino que la luz los ilumina y esclarece a ellos, ya que ellos nada le añaden, sino que son ellos los que se benefician de la luz.
Del mismo modo, el servir a Dios nada le añade a Dios, ni tiene Dios necesidad alguna de nuestra sumisión; es él, por el contrario, quien da la vida, la incorrupción y la gloria eterna a los que lo siguen y sirven, beneficiándolos por el hecho de seguirlo y servirlo, sin recibir de ellos beneficio alguno, ya que es en sí mismo rico, perfecto, sin que nada le falte.
La razón, pues, por la que Dios desea que los hombres lo sirvan es su bondad y misericordia, por las que quiere beneficiar a los que perseveran en su servicio, pues, si Dios no necesita de nadie, el hombre, en cambio, necesita de la comunión con Dios.
- San Ireneo -
El amor perfecto de consolar a Jesús
Cuando meditas las penas de María y la dulzura de su corazón que manifiesta a Jesús su amor más puro, comprendes que el amor perfecto es consolar a Jesús participando en sus sufrimientos para la redención de las almas y las del mundo entero.
La Virgen María no estaba en el huerto de la agonía pero, en la lejanía, su corazón se encontraba en extremo tormento, después de haber comprendido en el cenáculo los acontecimientos que se avecinaban. Comprendió que Judas iba a traicionarle, que los apóstoles iban a abandonarle y su corazón sentía en ese momento las mismas ansiedades que su Hijo; sintió una profunda unión con el alma de Cristo y, desde la oración, le ayudó como una madre puede consolar a un hijo que está triste.
Siguió María a Jesús cuando fue conducido por los guardias de un palacio a otro, humillado, ridiculizado, golpeado… María no durmió durante esa noche cuando Jesús sufrió su cruel Pasión ofreciendo los sufrimientos de esas terribles horas por la redención del mundo.
María fue testigo de la flagelación: ¡qué dolor para una madre contemplar semejante tortura! ¡Por mis pecados y los del mundo entero! ¡Qué poder te da sus penas para reclamar de Jesús la salvación inmerecida de la humanidad! Reconoces aquí su grandeza como ninguna otra a causa de estos terribles sufrimientos de compasión.
Doloroso para ella fue contemplar la coronación de espinas: esa cabeza convertida en cabeza de dolor por la fuerza del amor y la compasión. Y no pudo María sentir dolor por si misma sino por esa unión tan íntima con Jesús para convertirse en copartícipe en la Pasión de su Hijo.
Y en el camino hacia el Calvario, María contempla a Jesús por las calles portando su cruz, y con valentía se apresuró a encontrarse con Él y contemplar ese rostro cubierto de sangre, golpeado, insultado, ridiculizado, vilipendiado, odiado por la gente que le había aclamado en su entrada en Jerusalén. ¡Qué honor para una mujer ser llamada a convertirse en participe en esta obra de redención, para ser hija, madre y esposa al mismo tiempo!
Y llega el Stabat Mater. Allí está Ella, postrada al pie de la Cruz, para compartir todos los sufrimientos de Jesús pero también todas las oraciones, todos los sentimientos, todos los pensamientos. ¡Esta escena es digna de adoración, de adoración a Jesús y a María, unidos en el Corazón, Víctimas en la Cruz!
Mi corazón se une a María. Y me hace comprender que, en el drama del Calvario, la presencia de María junto a la cruz de Jesús con esa inquebrantable firmeza y esa extraordinaria valentía me tiene que llevar a afrontar mi vida, mis sufrimientos, mis padecimientos y mis incertidumbres cogido de la mano de María. Hacer como María, sostenerme por la fe, don de Dios, y ser siempre fiel a Cristo sabiendo llegar, incluso, hasta la cruz.
Hoy más que nunca quiero acoger en mi corazón a María y dejarle un espacio para que me acompañe siempre en mi vida cotidiana con el fin de que me guié como nadie en mi camino hacia la salvación.
Fuente: Orar con el corazón abierto
La Inmaculada Concepción según el Santo Cura de Ars
Si un padre o una madre rica tuviera una gran cantidad de hijos, y que todos ellos debieran morir, y solo quedara uno, el que quede vivo recibirá toda la herencia.
Del mismo modo, Adán, así como todos sus hijos, murieron a la gracia como consecuencia del pecado original. Si hubieran permanecido en el estado de inocencia, ¡qué riqueza de dones! ¡Cuántos favores! María, la única exenta del pecado, sigue siendo la heredera de las gracias de inocencia y favores destinados a los hijos de Adán. Dios la ha hecho depositaria de sus gracias.
En el Evangelio se dice que el padre salió temprano en la mañana a buscar obreros para trabajar en su viña. Entonces, ¿todavía no había nadie en este viñedo? Sí, estaba María, que nació ahí. ¿Y cuál es esa viña? Es la gracia.
Sí, María nació allí, ya que fue concebida sin pecado. Y nosotros fuimos allí llamados, el padre de familia nos buscó; pero María siempre había estado allí. ¡La hermosa obrera! Ella es pura, sin mancha. El Dios de bondad podría crear un mundo más hermoso que el que existe, pero no podría crear una criatura más perfecta que María.
San Juan María Vianney, en: Mgr. R. Fourrey, La Virgen María y el cura de Ars, 1989, Ars
OH MARIA, NADIE HA RECURRIDO A TÍ EN VANO
en otro tiempo cargó el Arca del Señor,
y Adonías se refugió en el altar para librarse
de la muerte que merecía.
¿Cómo entonces nosotros podemos
perecer si nos acogemos al Arca de la alianza
que lleva en su seno, no las tablas de la ley,
ni la vara de Aaron, sino al Hijo del Altísimo,
al Salvador del mundo?
¿Qué otro altar más santo que aquel que escogió
el mismo Señor para morar en él antes
de nacer y redimirnos?
Todo esto nos hace dueños del tesoro mas rico.
Oh María, nadie ha recurrido tí en vano,
por eso en tí ponemos toda nuestra esperanza,
y a tí dirigimos nuestras plegarias: acógelas con bondad,
oye compadecida nuestros ruegos, y que nos
sea concedido lo que por tu intercesión
pedimos al Santo de los santos. Amen.
(Corona Católica, José de la Luz Pacheco)
CARGAR CON LA CRUZ
Que cargue con su cruz. ¡La suya propia! Que ese tal, ese hombre, esa mujer excepcional que toda la tierra no alcanzaria a pagar, cargue con alegría, abrace con entusiasmo y lleve con valentía sobre sus hombros la propia cruz y no la de otro:
-la cruz, que mi Sabiduría le fabricó con número, peso y medida;
-la cruz cuyas dimensiones: espesor, longitud, anchura y profundidad, tracé por mi propia mano con extraordinaria perfección;
-la cruz que le he fabricado con un trozo de la que llevé al Calvario, como fruto del amor infinito que le tengo;
-la cruz, que es el mayor regalo que puedo hacer a mis elegidos en este mundo;
-la cruz, constituida, en cuanto a su espesor, por la pérdida de bienes, las humillaciones, menosprecios, dolores, enfermedades y penalidades espirituales que, por permisión mía, le sobrevendrán día a día hasta la muerte;
-la cruz, constituida, en cuanto a su longitud, por una serie de meses o días en que se verá abrumado de calamidades, postrado en el lecho, reducido a mendicidad, víctima de tentaciones, sequedades, abandonos y otras congojas espirituales;
-la cruz, constituida, en cuanto a su anchura, por las circunstancías más duras y amargas de parte de sus amigos, servidores o familiares;
-la cruz, constituida, por último, en cuanto a su profundidad, por las aflicciones más ocultas con que le atormentaré, sin que pueda hallar consuelo en las creaturas. Estas, por orden mía, le volverán las espaldas y se unirán a mí para hacerle sufrir.
Que la cargue: que no la arrastre, ni la rechace, ni la recorte, ni la oculte. En otras palabras, que la lleve con la mano en alto, sin Impaciencia ni repugnancia, sin quejas ni criticas voluntarias, sin medias tintas ni componendas, sin rubor ni respeto humano, que la plante en su corazón por el amor, para transformarla en zarza ardiente, que día y noche se abrase en el puro amor de Dios, sin que llegue a consumirse.
(CARTA A LOS AMIGOS DE LA CRUZ
San Luis de Montfort)
QUIEN NOS DIO LA VIDA NOS ENSEÑÓ TAMBIÉN A ORAR
Los preceptos evangélicos nos conducen a la vida eterna.
Ya por los profetas Dios quiso hablar de muchas maneras; pero mucho más es lo que nos dice el Hijo, pues ya no manda preparar el camino para el que ha de venir, sino que viene él mismo, nos abre y muestra el camino, a fin de que, los que antes errábamos ciegos y a tientas en las tinieblas de la muerte, iluminados ahora por la luz de la gracia, sigamos la senda de la vida, bajo la tutela y dirección de Dios.
A más de otras enseñanzas y preceptos divinos, con los cuales encaminó a su pueblo a la salvación, Cristo nos enseñó también la forma de orar, él mismo nos inculcó y enseñó las cosas que hemos de pedir. Quien nos dio la vida nos enseñó también a orar, con aquella misma benignidad con que se dignó dar y conferir los demás dones, para que, al hablar ante el Padre con la misma oración que el Hijo enseñó, más fácilmente seamos escuchados.
¿Qué otra plegaria puede haber que sea en verdad ante el Padre, sino la pronunciada por boca del Hijo, que es la misma verdad?
Pues, si dice que cuanto pidamos al Padre en su nombre nos lo concederá, ¿con cuánta mayor eficacia no obtendremos lo que pedimos en el nombre de Cristo, si lo pedimos con su propia oración?
-Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la oración del Señor-
SI COMPARTIMOS, NADIE SERÁ POBRE
No seamos malos administradores de los bienes que Dios nos ha regalado, no nos hagamos acreedores a la reprensión de Pedro: Avergonzaos, los que retenéis lo ajeno, esforzaos en imitar la equidad de Dios, y así nadie será pobre.
No pongamos nuestro afán en reunir y conservar riquezas, mientras otros padecen necesidad, no sea que nos alcancen las duras y amenazadoras palabras del profeta Amós, cuando dice: Escuchad, los que decís: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?»
Imitemos aquella suprema y primera ley de Dios, según la cual hace llover sobre justos y pecadores, y hace salir el sol igualmente para todos; que pone la tierra, las fuentes, los ríos y los bosques a plena disposición de los animales terrestres, el aire a disposición de las aves, el agua a disposición de los animales acuáticos; lo ha puesto todo en común, con amplitud y abundancia, sin que por ello falte nunca de nada. Y esto lo hizo para hacer resaltar, con la igualdad del don, la igual dignidad de toda la naturaleza y para manifestar las riquezas de su benignidad.
-san Gregorio de Nacianzo-
LA TENTACIÓN ES NECESARIA
Nuestra vida, mientras dura esta peregrinación, no puede verse libre de tentaciones; pues nuestro progreso se realiza por medio de la tentación y nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones.
Jesucristo fue tentado por el diablo en el desierto. Si en él fuimos tentados, en él venceremos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció la tentación? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconócete también a ti mismo victorioso en él. Hubiera podido impedir la acción tentadora del diablo; pero entonces tú, que estás sujeto a la tentación, no hubieras aprendido de él a vencerla.
(San Agustín)
LA ORACIÓN ES LUZ DEL ALMA
Nada hay mejor que la oración y coloquio con Dios, ya que por ella nos ponemos en contacto inmediato con él; y, del mismo modo que nuestros ojos corporales son iluminados al recibir la luz, así también nuestro espíritu, al fijar su atención en Dios, es iluminado con su luz inefable. Me refiero, claro está, a aquella oración que no se hace por rutina, sino de corazón; que no queda circunscrita a unos determinados momentos, sino que se prolonga sin cesar día y noche.
Conviene, en efecto, que la atención de nuestra mente no se limite a concentrarse en Dios de modo repentino, en el momento en que nos decidimos a orar, sino que hay que procurar también que cuando está ocupada en otros menesteres, como el cuidado de los pobres o las obras útiles de beneficencia u otros cuidados cualesquiera, no prescinda del deseo y el recuerdo de Dios, de modo que nuestras obras, como condimentadas con la sal del amor de Dios, se conviertan en un manjar suavísimo para el Señor de todas las cosas. Y también nosotros podremos gozar, en todo momento de nuestra vida, de las ventajas que de ahí resultan, si dedicamos mucho tiempo al Señor.
La oración es luz del alma, verdadero conocimiento de Dios, mediadora entre Dios y los hombres. Por ella nuestro espíritu, elevado hasta el cielo, abraza a Dios con abrazos inefables, deseando la leche divina, como un niño que, llorando, llama a su madre; por ella nuestro espíritu espera el cumplimiento de sus propios anhelos y recibe unos bienes que superan todo lo natural y visible.
La oración viene a ser una venerable mensajera nuestra ante Dios, alegra nuestro espíritu, aquieta nuestro ánimo. Me refiero, en efecto, a aquella oración que no consiste en palabras, sino más bien en el deseo de Dios, en una piedad inefable, que no procede de los hombres, sino de la gracia divina, acerca de la cual dice el Apóstol: Nosotros no sabemos pedir como conviene, pero el Espíritu mismo aboga por nosotros con gemidos que no pueden ser expresados en palabras.
Semejante oración, si nos la concede Dios, es de gran valor y no ha de ser despreciada; es un manjar celestial que satisface al alma; el que lo ha gustado, se inflama en el deseo eterno de Dios, como en un fuego ardentísimo que inflama su espíritu.
Para que alcance en ti su perfección, pinta tu casa interior con la moderación y la humildad, hazla resplandeciente con la luz de la justicia, adórnala con buenas obras, como con excelentes láminas de metal, y decórala con la fe y la grandeza de ánimo, a manera de paredes y mosaicos; por encima de todo coloca la oración, como el techo que corona y pone fin al edificio, para disponer así una mansión acabada para el Señor y poderlo recibir como en una casa regia y espléndida, poseyéndolo por la gracia como una imagen colocada en el templo del alma.
De las Homilías del Pseudo-Crisóstomo
(Suplemento, Homilía 6, Sobre la oración: PG 64, 462-466)
ADORACIÓN DE LAS LLAGAS DE CRISTO BAJO LOS VELOS EUCARÍSTICOS
Yo creo, oh Jesús, que Vos estáis verdadera y realmente presente en el Sacramento del Altar. Creo que vuestros pies y vuestras manos y vuestro pecho sacratísimos conservan bajo los velos eucarísticos, en la gloria del cielo, los signos sagrados de las Llagas que se os hicieron en vuestra pasión por los clavos y la lanza. Yo beso en espíritu, adoro con fe, considero con amor, reconocimiento y admiración esas benditas señales, y quiero fijar en ellas las miradas de mi alma, estudiarlas y comprender sus misterios.
Vos, que padecisteis todos los tormentos de la Crucifixión; Vos, que recibisteis todos los golpes de los crueles martillos; Vos, cuyo costado fue abierto y cuyo Corazón traspasado por la lanza. Y guardáis en vuestro Sacramento para darme su fruto y sus virtudes, con las cicatrices y los rastros de vuestras Llagas, todo el amor, toda la paciencia, todos los méritos que tuvisteis al recibirlos.
¡Jesús, Jesús, yo adoro vuestras cinco Llagas! Yo las adoro en el Calvario a la hora en que las recibisteis; yo las adoro en el cielo, como emblema de vuestro triunfo; las adoro en el Sacramento, como prenda de mi salud.
(Fuente: La persona del Cristo Eucarístico, R. P. A. TESNIERE)
Ya sabes que después de la cena última, en el Huerto de los Olivos, acepté de mano de mi Padre y por obedecerle, la más horrorosa de todas las muertes.
Acuérdate de aquella vestidura blanca que por burla Herodes mandó poner sobre mí, mira mis carnes azotadas, mi cabeza coronada de espinas, y aquel madero de infamia bajo el cual salí de Jerusalén mientras el pueblo gritaba: ¡Crucifícalo, crucifícalo!
Haz que tu alma me contemple en esta figura, tan humillado, tan despreciado, y en concepto de todos como un impío, como un miserable digno de la muerte más cruel.
(Fuente: Tratado de la eterna sabiduría, beato Enrique Susón)
MÉRITO DE LA MEDITACIÓN DE LA PASIÓN DE CRISTO
Antes de los ejercicios espirituales de ocho días fui a mi director espiritual y le pedí algunas mortificaciones pero no obtuve el permiso para todo lo que había pedido. Recibí el permiso para una hora de meditación de la Pasión del Señor Jesús y para cierta humillación.
Pero estaba un poco descontenta de no haber recibido la autorización para todo lo que había pedido. Cuando regresamos a casa, entré un momento en la capilla; de repente escuché en el alma una voz:
"Una hora de meditación de Mi dolorosa Pasión tiene mayor merito que un año entero de flagelaciones a sangre; la meditación de Mis dolorosas llagas es de gran provecho para ti y a Mí Me da una gran alegría. Me extraña que no hayas renunciado todavía completamente a tu propia voluntad, pero Me alegro enormemente de que este cambio se produzca durante los ejercicios espirituales.
-Diario de Santa Faustina +369-
Es de notar según lo que escribe Santa Faustina, que cuando experimentamos descontento ante algun hecho que no sale como queremos, significa que no aceptamos de buen grado la voluntad de Dios.
LAS GRACIAS QUE MARÍA ALCANZA A LOS QUE SE CONSAGRAN A ELLA
De modo que en tu comportamiento con el Dios-Caridad ya no te gobernarás –como hasta ahora– por temor, sino por amor puro.
Lo mirarás como a tu Padre bondadoso, te afanarás por agradarle siempre y dialogarás con El en forma confidencial como un hijo con su cariñoso padre.
Si, por desgracia, llegaras a ofenderlo, te humillarás al punto delante de Él, le pedirás perdón humildemente, tenderás hacia Él la mano con sencillez, te levantarás de nuevo amorosamente, sin turbación ni inquietud, y seguirás caminando hacia Él, sin descorazonarte.
-Tratado de la verdadera devoción a María, San Luis María Grignion de Montfort-
IDENTIFICARNOS CON JESUCRISTO
Jesús pide a los hombres que le imiten, porque Él es el único Maestro. Exige que hagan lo mismo que Él, incluso en aquellos aspectos de la vida dolorosos, en los cuales es tan difícil seguirle.
Pero esto no es posible si no nos entregamos a una meditación serena e intensa del misterio de Jesús para dejarnos arrebatar por la visión sobrecogedora de su divina grandeza y entonces es cuando se dispone a amarle.
Esta disposición es ya un don inicial de Dios, al cual seguirán la gracia y las virtudes. Ya está el alma en tensión. Y entonces brota, como última consecuencia, el deseo de entregarse cada vez más y de identificarse con Él.
Brotan la limpieza de corazón, la abnegación crucificada, el enamoramiento del mundo bellísimo de lo sobrenatural. Sin esto no hay vida cristiana. Arrancad esto y el cristianismo muere.
Es necesario que el hombre anhele vivamente la identificación con Jesucristo.
(En el corazón de la Iglesia, Marcelo González Martín)
LA EUCARISTÍA PRESERVA DE LOS PECADOS FUTUROS
Esto es así porque robustece las fuerzas del alma contra las malas inclinaciones de la naturaleza, y porque nos preserva de los asaltos diabólicos al aplicarnos los efectos de la pasión de Cristo, por la que fue vencido el demonio. Escuchemos a Santo Tomás:
«De dos maneras preserva del pecado este sacramento. Primeramente, porque, al unirnos a Cristo por la gracia, robustece la vida espiritual, como espiritual manjar y espiritual medicina, y también porque, al ser señal de la pasión de Cristo, con la que fueron vencidos los demonios, repele todas sus impugnaciones. Por eso dice el Crisóstomo: «Volvemos de esa mesa como leones espirando llamas, haciéndonos terribles al mismo diablo».
Sin embargo, esto no impide que muchos de los que comulgan dignamente vuelvan a pecar después. Porque el hombre viador es de tal condición, que su libre albedrío puede inclinarse al bien o al mal; por lo tanto, no quita la posibilidad de pecar.
(Teología moral para seglares, F. Antonio Royo Marín)
ORACIÓN DE ACEPTACIÓN Y ENTREGA
ALGO DE TI EN DIOS HABÍA
LAS VELAS AYUDAN A LAS ALMAS DEL PURGATORIO
Sé de una mujer que le prometió a las almas del purgatorio encender una vela bendita por ellas todos los sábados. Un sábado su marido le dijo: "Deja de hacer eso, no tiene sentido. Es ridículo, los muertos están muy contentos. No creo que necesiten que enciendas una vela, y no me interesa lo que les hayas prometido".
Por supuesto, la mujer se entristeció porque quería cumplir su promesa, aunque no quería desobedecer a su esposo. Entonces pensó: "Muy bien, la pondré en la estufa y allí no la verá". Colocó la vela en la estufa y cerró la pequeña puerta que, por cierto, tenía una ventanita también pequeña. Salió entonces de casa y al poco tiempo llegó su marido. Cuando estaba a punto de tirar algo, se dio cuenta con sorpresa de que en la estufa había una luz, así que extrañado abrió la puerta y miró dentro. Para su gran asombro, y empalideciendo totalmente, no solo vio la vela ardiendo, sino seis pares de manos juntas, en actitud orante, alrededor. Cerró la puerta y esperó a que regresara su mujer. Cuando llegó, le dijo: "¿Por qué has puesto la vela dentro de la estufa? Deberías ponerla aquí en la mesa".
-Sàquennos de aquí, entrevista a María Simma-
SAN JUAN MARÍA VIANNEY FUE CALUMNIADO Y PERSEGUIDO
El abate Vianney (santo cura de Ars) tenía treinta y dos años cuando llegó a Ars. La pequeña parroquia estaba muy abandonada, muy indiferente y él estaba devorado por el amor a Dios y a las almas.
Recurrió a la plegaria y al ayuno. Fué desde el primer día lo que iba a seguir siendo toda la vida: el hombre de la plegaria incansable y de la continua penitencia pues quería convertir a los pecadores del pueblo.
Los demonios no pudieron ignorar por mucho tiempo estas grandes aspiraciones del joven sacerdote. Y no podían evitar el deseo de anular sus esfuerzos.
Justamente el joven cura, desde sus primeros sermones en la iglesia, se había erigido contra los vicios y el desorden que manchaban su parroquia: el baile y la ebriedad, entonces los dueños de cabarets, los asiduos de las tabernas, los infaltables a los bailes, los profanadores del domingo, se sintieron amenazados en sus pasiones, sus costumbres, sus apetitos sensuales. En su parroquia, con todo, lo veían tan bueno, tan dulce, tan piadoso, tan fervoroso que lo consideraban ya como un santo. Pero los muchachos malvados del vecindario no vacilaron en emplear contra él el arma de la más odiosa de las calumnias: tuvieron la audacia de atribuir su palidez, la flacura de su rostro, a secretas perversiones.
Este hombre que vivía como un ángel, que castigaba su carne todos los días para domarla como a una esclava dócil, y para asociarse a la Cruz del Salvador, hicieron sobre él canciones innobles, le enviaron cartas anónimas, colgaron en su puerta carteles ignominiosos, fué calumniado y despreciado. Iban a tocar la corneta debajo de su ventana .
Un testigo dijo en el proceso de beatificación:
"Se sintió tan cansado de los viles rumores que se propagaban sobre él que quiso dejar su parroquia, y lo hubiese hecho si una persona que estaba cerca de él no lo hubiera convencido que su partida podía acreditar esos rumores infames."
¿Qué debía hacer entonces? Abandonarse a Dios, seguir rezando y haciendo penitencia y rogar, en particular, por sus perseguidores.
Así lo hizo y fue su primera victoria sobre Satán.
(Extraído del libro de Monseñor Cristiani "presencia de Satán en el mundo moderno")
TE AMÉ CON AMOR ETERNO
San Agustín le llama lazo de amor y los demás santos le denominan Sacramento de amor, y el inmortal León XIII lo reconoce por signo perfecto de amor.
Si, pues, no solamente es prenda de amor, sino el amor mismo; ¿de qué manera nos amó Jesús al instituirlo? Categóricamente podríamos responder esta pregunta diciendo que nos amó primeramente con un amor eterno. "Te amé con amor eterno" Jeremías 31,3, con un amor que tuvo sus principios en la eternidad.
(Enciclopedia de la Eucaristía, P. Fray Amado de Cristo Burguera)
ES JESÚS QUIEN GUÍA MI BARQUILLA
En el Evangelio vemos una imagen inusual: Jesús duerme. Estaría tan cansado el pobre, de tanto andar por esos caminos, de madrugar tanto, de atender a esas muchedumbres de gente que se le acercaban en busca de una palabra de consuelo, en busca del Reino, o por simple curiosidad.
Santa Teresa de Lisieux (Teresita) utilizaba muchas veces esta imagen para hablar de la silenciosa presencia de Jesús en su alma, a veces tan sigiloso que parece dormir, incluso en medio de la tempestad, como lo hizo en la barca de los apóstoles.
En sus diversos escritos, Teresita habla muchas veces de sí misma como una barquilla, una navecilla, un "frágil esquife".
Por fe, sabe que Jesús va en su barca, que es el "piloto divino" quien marca el rumbo de su vida y la conduce a la ribera deseada, aunque a veces la travesía no es fácil.
Dirá: "A mi navecilla le cuesta mucho llegar a puerto. Hace ya mucho tiempo que diviso la orilla, y aún me encuentro lejos de ella; pero es Jesús quien guía mi barquilla, y estoy segura de que el día que Él quiera la hará arribar felizmente a puerto".
Pero sucede que, a veces, en plena alta mar, cuando el oleaje arrecia, el Capitán del barco parece dormido e, incluso ausente. Teresa, en las sucesivas pruebas espirituales que afrontó, de "triste desierto", de "noche profunda del alma", aprendió a abandonarse en Dios, a confiar sin ver la orilla en el horizonte ni al mismo "Piloto divino".
"Nunca como en aquella prueba comprendí de bien el dolor de la Santísima Virgen y de san José mientras buscaban al divino Niño Jesús... Me encontraba en un triste desierto, o, mejor, mi alma parecía un frágil esquife, abandonado sin piloto a merced de las olas tempestuosas... Lo sé, Jesús estaba allí, dormido en mi barquilla; pero la noche era tan negra, que me era imposible verle".
En su barquito llamado "Abandono", Teresa fue aprendiendo a convivir con un Dios hecho Niño que, como todo infante, pasa muchas horas dormido... y hasta de esto supo aprovecharse Teresita, experta en las pequeñas ocasiones para amar a Dios. Renunciando a los consuelos, aceptando la aridez espiritual, se dijo: si Jesús está cansado y necesita dormir, que lo haga en mí...
"Jesús dormía, como siempre, en mi navecilla. ¡Qué pena!, tengo la impresión de que las almas pocas veces le dejan dormir tranquilamente dentro de ellas. Jesús está ya tan cansado de ser Él quien corra con los gastos y de pagar por adelantado, que se apresura a aprovecharse del descanso que yo le ofrezco".
-Reflexiones carmelitanas-
PRIVILEGIOS DE LA VIRGEN MARÍA
salvador colmó a su bienaventurada Madre ponen de manifiesto su amor sin límites ni medida.
La ama infinitamente más que a todos sus ángeles, santos y criaturas juntas.
Los maravillosos privilegios con que la distinguió de todas las criaturas son pruebas de esta verdad:
- La eligió para darle la más admirable de todas
las dignidades, la de ser Madre de Dios.
- La única entre las hijas de Adán, preservada, por privilegio especialísimo de Dios, del pecado original.
-La colmó, desde su concepción, de gracia tan eminente, que sobrepasó la gracia del primero de los serafines y la del mayor de los santos.
- Su sangre purísima y su carne virginal quedaron unidas para siempre, por la unión hipostática, a la persona del Verbo encarnado. Por esta razón la carne y sangre virginales de María son adorables en la humanidad del Hijo de Dios, con la misma adoración debida a esta humanidad y serán objeto de las adoraciones de los ángeles y los santos.
- Esta Madre admirable proporcionó también la carne y la sangre de que fue formado el corazón admirable del niño Jesús; y durante unos tres años, fue alimentado de su leche virginal.
-Solo ella es a la vez Madre y Virgen.
- Solamente ella, en compañía de san José, vivió de continuo por espacio de treinta y cuatro años con el adorable Salvador.
San Anselmo señala otro privilegio particular, cuando dice “Señora mía, si tú no pides nadie lo hará, pero cuando pides, todos los santos oran contigo”.
- Cooperó con su Hijo en la redención del mundo, le proveyó de la sangre preciosa que derramó por nosotros; le dio la vida que inmoló por nuestra salvación y ofreció ella misma su sangre y su vida.
Siendo esto así, ¿no estaremos nosotros obligados a amarla, servirla y honrarla de todas las maneras posibles?
(San Juan Eudes)
MADRE MÍA, RUEGA POR MÍ A TU HIJO
Valle de luto es el suelo de mi peregrinación, y en él moriré cercado de angustias si me abandonas a los peligros que me siguen a todas partes: por eso vengo a tí implorando tu protección.
Tú ves los pesares que me agobian; apiádate de mí, ruega por mí al Hijo querido de tus entrañas,
Tus ruegos aplacarán su enojo y volverá hacia
nosotros su rostro misericordioso.
-Devocionario Católico-
ORACIÓN POR LAS VOCACIONES (SAN JUAN PABLO II)
Padre bueno, en Cristo tu Hijo nos revelas tu amor, nos abrazas como a tus hijos y nos ofreces la posibilidad de descubrir, en tu voluntad, los rasgos de nuestro verdadero rostro.
Padre santo, Tú nos llamas a ser santos como Tú eres santo. Te pedimos que nunca falten a tu Iglesia ministros y apóstoles santos que, con la palabra y con los sacramentos, preparen el camino para el encuentro contigo.
Padre misericordioso, da a la humanidad extraviada, hombres y mujeres, que, con el testimonio de una vida trasfigurada, a imagen de tu Hijo, caminen alegremente con todos los demás hermanos y hermanas hacia la patria celestial.
Padre nuestro, con la voz de tu Espíritu Santo, y confiando en la materna intercesión de María, te pedimos ardientemente: manda a tu Iglesia sacerdotes, que sean testimonios valientes de tu infinita bondad.
¡Amén!
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