ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DEL PRONTO SOCORRO

 Oh Corazón Inmaculado de María,

ayúdanos a vencer la amenaza del mal,

que tan fácilmente se arraiga en los corazones

de la gente de hoy con sus efectos inconmensurables, que ya pesan sobre nuestro mundo moderno y 

aparecen bloquear los caminos hacia el futuro.

Del hambre y de la guerra, líbranos.

De la guerra nuclear, de la autodestrucción y de todo tipo de guerra, líbranos.

De los pecados contra la vida del ser humano desde sus orígenes, líbranos.

Del odio  del envilecimiento de la dignidad de los hijos de Dios, líbranos.

De cada tipo de injusticia en la vida de la sociedad, tanto nacional como internacional, líbranos.

De la tendencia a quebrantar los mandamientos de Dios, líbranos.

De los intentos de sofocar en los corazones humanos la verdad misma de Dios, líbranos.

De los pecados contra el Espíritu Santo, líbranos.

Acepta, oh Madre de Cristo, este grito cargado con los sufrimientos de todos los seres humanos y de sociedades enteras.

Transforma las conciencias. Que tu Inmaculado Corazón revele para todos, la luz de la esperanza.

Amén




ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

 Espíritu Santo, 

inspírame lo que debo pensar, 

lo que debo decir, 

lo que debo callar, 

lo que debo escribir, 

lo que debo hacer, 

cómo debo obrar para procurar 

el bien de los hombres,

el cumplimiento de mi misión 

y el triunfo del 

Reino de Cristo. Amén.

ACCIÓN DE GRACIAS A JESÚS EUCARISTÍA


 

Señor Jesús, te doy gracias por haberte

encarnado en el seno de la Virgen María, 

y haberte hecho hermano de todos 

los hombres y mujeres del mundo, 

amigo y compañero de camino.

Eres consuelo fortaleza y esperanza 

en mis horas de dificultad y sufrimiento. 

Eres serenidad, alegría y paz 

en cada momento de mi existencia.

Gracias, Jesús, porque en la Eucaristia 

– tu nueva Encarnación -, te hiciste 

alimento para mi alma, y con tu presencia 

permanente en este sacramento, 

me enseñas a vivir a plenitud el

Mandamiento del Amor que me une 

íntimamente Contigo y con quienes me rodean.

Jesús Eucaristía, sin Ti nada puedo, pero Contigo

a mi lado y en mi corazón, mi vida se llena 

de amor, de fe y de esperanza.

Gracias, Jesús, por dar sentido a mi existencia

cada día. Amén.

SAN JOSÉ, ALIVIA MI ANGUSTIADO CORAZÓN


 

Poderosísimo patrón del linaje humano, 

consuelo universal de todos los afligidos corazones, 

gloriosísimo Patriarca mío, Señor San José,

bien conozco mi indignidad, pero confiado 

de la gran intercesión de la que gozas 

ante la eterna y poderosa majestad de Dios,

puesto que sobre todos los atributos con que te

adornó su soberano poder, te elevó tanto 

la persona del Eterno Padre, que te hizo en la tierra

su sustituto, confiando a tu cuidado y custodia 

a Su Unigénito Hijo y se fió de tu poderoso

valimiento, por eso, por tu piadosísima intercesión, 

te pido que presentes ante la suprema Majestad de

mi Dios Trino y Uno, este mi pobre y angustiado corazón,

y así espero por tu medio, oh Santísimo Patriarca!

recibir especial y eficaz auxilio y consuelo en las

tribulaciones por las que estoy pasando.

Amén. 

ACCIÓN DE GRACIAS POR LA EUCARISTÍA


Bendito seáis, oh Jesús, que habéis instituido

de vuestra Pasión un memorial tan completo 

y vivo, tan eficaz y poderoso, tan dulce y tan

conmovedor, tan sabiamente conforme a

 vuestros designios como a mis necesidades.

Vuestra Pasión es mi vida por el tiempo y 

la eternidad. 

Todo lo encontramos en vuestra muerte, 

que sola nos ha dado todo lo que el pecado 

nos había hecho perder.

Tengo necesidad de vuestra Pasión; 

es preciso que yo participe abundantemente de ella,

y que a ella pueda recurrir fácilmente con toda

confianza y a todo instante, y para hacerla venir

hasta mí habéis instituido millares de canales: 

la oración, el Evangelio, los Sacramentos,

vuestro recuerdo, las santas imágenes; 

y por todos estos medios recibo gracias, efectos maravillosos, 

instancias, lecciones, algo, en fin, de vuestra pasión.

¡ Mas esto no bastaba! Así como queríais extender

 y perpetuar en persona vuestra venida

a la tierra por la Encarnación,

así habéis perpetuar en todos los siglos vuestra Redención, 

continuando en persona vuestra Pasión y vuestra Muerte, en la Eucaristía.

i Y Vos habéis sido sabio y bueno, previsor

y condescendiente por nuestra miseria en esta

institución ! ¡ Bendita seáis!

Yo conoceré de hoy en adelante a mi Salvador muerto 

por mí; yo gustaré la suavidad del amor que corre 

con su sangre de su cuerpo desgarrado como el jugo 

de la uva hollada en el lagar; 

acercaré mis labios sedientos a la fuente viva 

que brota de su corazón traspasado. 

Esta Hostia ha sufrido, ha sido condenada 

y entregada a la muerte, y ella me amaba

ya entonces, y me ama con el mismo amor 

que me tuvo sobre la Cruz;

(Manual de Adoración, R.P.A. Tesnière)

ORACIÓN A LOS ÁNGELES

 Ángeles del Cielo, Hermanos Santos,   

servidores delante de Dios. 

Protéjannos contra nosotros mismos, 

contra nuestra  cobardía y tibieza, 

egoísmo y avaricia; contra nuestra 

envidia y desconfianza, suficiencia 

y comodidad;  contra nuestra soberbia 

y deseos de ser apreciados.

Deslíguennos de los lazos del pecado 

y de toda atadura al mundo. 

Quiten la venda que nosotros 

mismos hemos anudado sobre nuestros ojos, 

la cual nos impide ver la verdad.

Claven en nuestro corazón el aguijón 

del Santo Temor de Dios, para que no 

cesemos jamás de buscar 

al Señor con pasión, arrepentimiento de

nuestras culpas y amor.

Busquen en nosotros la Sangre de Cristo 

que se derramó por todos los hombres; 

busquen las Lágrimas de nuestra Reina, 

vertidas por nuestra causa; 

busquen la Imagen de Dios, a la cual 

Él quiso asemejarnos por amor; 

imagen destrozada y deteriorada en nosotros. 

Ayúdennos a reconocer a Dios, 

a servirlo, amarlo y adorarlo. 

Ayúdennos en la lucha contra los 

poderes de las tinieblas que nos rodean 

y nos oprimen solapadamente; 

protéjannos para que ninguno de 

nosotros se pierda y para que, 

un día, gozosos, podamos reunirnos 

en la Felicidad eterna. Amén.

ORACIÓN A JESÚS EUCARISTÍA ADOROTE DEVOTE (Santo Tomás de Aquino)

Te adoro con devoción, Dios escondido,

oculto verdaderamente bajo estas apariencias.

A Ti se somete mi corazón por completo, 

y se rinde totalmente al contemplarte.

Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, 

el tacto, el gusto;

pero basta el oído para creer con firmeza; 

creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:

nada es más verdadero que esta Palabra 

de verdad.

En la cruz se escondía sólo la divinidad,

pero aquí se esconde también la humanidad;

sin embargo creo y confieso ambas cosas,

y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.

No veo las llagas como las vio Tomás,

pero confieso que eres mi Dios.

Haz que yo crea más y más en Ti,

que en Ti espere y que te ame.

¡Memorial de la muerte del Señor!

Pan vivo que das vida al hombre.

Concede a mi alma que de Ti viva

y que siempre saboree tu dulzura.

Señor Jesús, límpiame con tu Sangre,

de la que una sola gota puede liberar 

de todos los crímenes al mundo entero.

Jesús, a quien ahora veo oculto,

te ruego que se cumpla lo que tanto ansío.

Que al mirar tu rostro cara a cara,

sea yo feliz a la vista de tu gloria. Amén.

OFRECIMIENTO DE LA AGONÍA DE JESÚS EN EL HUERTO POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO

 

Yo os ofrezco, dulcísimo Jesús,

por las Almas del Purgatorio,

aquellos grandes pasmos y terrores

que asaltaron vuestro angustiado Corazón

en el huerto, porque representándose

en vuestra imaginación todos los martirios

que el día siguiente habíais de padecer,

sufristeis en el cuerpo y en el alma

un mortal dolor.


Yo os ofrezco dulcísimo Jesús,

por las Almas del Purgatorio,

aquella mortal tristeza que os

ocasionó el horror de la muerte

que os amenazaba, faltándoos muy poco

para expirar de dolor, como lo expresasteis

a vuestros amados discípulos con 

aquellas palabras: "Triste está mi alma

hasta la muerte", esto es, afligida

con tristeza mortal.


Yo os ofrezco, dulcísimo Jesús,

por las Almas del Purgatorio,

aquel acto humilde y devoto

con que en las más graves angustias,

queriendo orar a vuestro eterno Padre,

os postrasteis en tierra,

y por las mortales ansias y congojas

que oprimían vuestro purísimo Corazón.


Yo os ofrezco, dulcísimo Jesús,

por las Almas del Purgatorio,

aquella oración resignada

con que pedisteis a vuestro Padre,

que si era posible, os dispensase el 

amargo cáliz de vuestra muerte;

y conformando vuestra voluntad

con la voluntad divina dijisteis:

"Que no se haga mi voluntad, 

sino la tuya".


Yo os ofrezco, dulcísimo Jesús,

por las Almas del Purgatorio,

aquella ardiente caridad con que 

visitasteis a vuestros discípulos,

estando anegado en un mar de angustias,

exhortándolos a la vigilancia 

y a la oración para que no 

cayesen en la tentación.


Yo os ofrezco, dulcísimo Jesús,

por las Almas del Purgatorio,

aquel misterioso consuelo 

que os dio el Ángel, cuando vuestra

alma se hallaba llena de congojas.

Yo os ofrezco, dulcísimo Jesús,

por las Almas del Purgatorio,

aquel profundo conflicto que os

puso en mortales agonías, explicando

vuestra gran aflicción con aquellas

palabras: " El Espíritu está pronto,

pero la carne lo resiste".


Yo os ofrezco, dulcísimo Jesús,

por las Almas del Purgatorio,

aquella firme perseverancia

en la oración, estando en el colmo

de vuestras aflicciones, agonizando

en mortales angustias, por el 

remedio y salvación eterna 

de los pecadores.


Yo os ofrezco, dulcísimo Jesús,

por las Almas del Purgatorio,

aquella sagrada y preciosa Sangre que,

a fuerza de intenso dolor, sudasteis

en tanta abundancia que 

corrió hasta la tierra.


(Devocionario en favor de las Almas del Purgatorio,

R.P. Antonio Donadoni)


ORACIÓN A SAN JOSÉ CON EL NIÑO DORMIDO

 ¡Oh Bendito San José!

nunca me cansaré de contemplaros

con el Niño Jesús dormido 

en vuestros brazos. 


No me atrevo a acercarme

mientras que el Niño reposa 

sobre vuestro corazón. 


Abrazadle fuertemente en mi nombre; 

y de parte mía, besad su fina 

y delicada Cabecita. 


Luego, suplicadle que me devuelva 

ese beso a la hora de mi último suspiro. 


San José, patrón de los moribundos, 

rogad por nosotros. Amén.

ORACIÓN A SAN RAFAEL ARCÁNGEL

 ¡San Rafael Arcángel! 


Que eres Flecha del Amor Divino:

Hiere nuestro corazón con un

amor ardiente a Dios y no dejes

que esta herida se cierre jamás,

para que permanezcamos sobre el

camino del amor, en la vida diaria,

y venzamos todos los obstáculos

por la fuerza de este Amor.


Tú, que eres Bálsamo de Dios, 

defiéndenos de las potencias del Mal 

y de las enfermedades; acompáñanos 

en los viajes y en las calles; sé nuestro

consuelo en las dificultades y fortalécenos 

en el desánimo y en la depresión. Amén.

¡San Rafael Arcángel!

Lucha a nuestro lado con tus Ángeles.

ORACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS

Oh dulce Jesús que has dicho:

"Si quieres agradarme confía en Mi.

Si quieres agradarme más, confía más.

Si quieres agradarme inmensamente, 

confía inmensamente en Mí".

Ayuda a mi confianza.

Yo confío inmensamente en Ti,

y en Ti Señor, espero.

No sea yo confundido eternamente. 

Amén


SÓLO EL AMOR DA VALOR A NUESTRAS ACCIONES



Oh Amor Eterno, deseo que Te conozcan todas las almas que has creado. 

Desearía hacerme sacerdote, para hablar incesantemente de Tu misericordia a las almas pecadoras, hundidas en la desesperación. 

Desearía ser misionero y llevar la luz de la fe a los países salvajes para darte a conocer a la almas y morir en el martirio, sacrificada por ellas como Tú has muerto por mí y por ellas. 

Oh Jesús, sé perfectamente que puedo ser sacerdote, misionero y predicador, puedo morir en el martirio anonadándome totalmente y negándome a mi misma por el amor hacia Ti, Jesús, y hacia las almas inmortales. 

Un gran amor sabe transformar las cosas pequeñas en cosas grandes y solamente el amor da valor a nuestras acciones; y cuánto mas puro se hace nuestro amor, más podrá destruir en nosotros el fuego del sufrimiento, y el sufrimiento dejará de serlo para nosotros. Se convertirá en gozo.

Con la gracia de Dios he recibido ahora esta disposición del corazón, de que nunca estoy tan feliz como cuando sufro por Jesús, al que amo con cada latido del corazón.

(Santa Faustina, la Divina Misericordia en mi alma +302)


LA EUCARISTÍA ES MEMORIAL DE LA PASIÓN

 ¡Oh Jesús oculto bajo la Hostia! 


os reconozco por el Hombre de dolor, 

por el Crucificado, por mi Víctima, 

muerta sobre el Calvario, con María, 

con la Verónica y las piadosas

mujeres que os siguieron llorando, 

con San Juan y el Buen Ladrón, 

os adoro sobre el Calvario del altar, 

monte de vuestro Sacrificio y

de vuestra muerte, tan real y verdaderamente

como el Calvario de Jerusalén. 

Yo os hago honroso desagravio por haberos 

desconocido tantas veces. 

De hoy en adelante 

yo sabré encontraros en vuestra Eucaristía 

y ver en ella vuestra Pasión 

y vuestra muerte, con todo el

amor de la una y de la otra. 

(Manual de Adoración)

ORACIÓN A MARÍA ANTE LAS TENTACIONES

 María, esperanza mía,

mira a tus pies a un pobre pecador

tantas veces por mi culpa esclavo del mal.

Reconozco que me dejé vencer del enemigo

por no acudir a ti, refugio mío.

Si a ti hubiera siempre recurrido

y siempre te hubiera invocado,

jamás hubiera caído.

Espero, Señora y Madre,

haber salido por tu medio del mal

y que Dios me habrá perdonado.

Pero temo caer de nuevo en sus cadenas.

Sé que mis enemigos desean perderme

y me preparan nuevos asaltos y tentaciones.

Ayúdame tú, mi reina y mi refugio.

Tenme bajo tu protección;

no consientas que de nuevo

me vea esclavo del pecado.

Sé que siempre que te invoque

me ayudarás a salir victorioso.

Virgen santísima,

que siempre de ti me acuerde,

sobre todo al encontrarme en la batalla;

haz que no deje de invocarte

diciendo: “María, ayúdame; ayúdame, María”.

Y cuando llegue la hora de mi muerte,

Reina mía, asísteme entonces como nunca;

haz tú misma que me acuerde de invocarte

con la boca y el corazón con más frecuencia

para que, expirando

con tu dulce nombre en los labios

y el de tu Hijo Jesús,

pueda ir a bendeciros y alabaros

para no separarme de vosotros

por toda la eternidad en el paraíso. Amén

(San Alfonso Mª de Ligorio)




SAN JOSÉ, MIRA MI AFLICCIÓN Y NECESIDAD



Amorosísimo Señor mío y gloriosísimo Patriarca 

Señor San José, consuelo de los desamparados, 

seguro norte de nuestra esperanza 

y remedio universal de nuestras necesidades, 

en cuyas manos depositó Dios liberalmente 

los tesoros de su Omnipotencia, 

en beneficio de vuestros devotos 

y de los que en sus aflicciones se valen de

vuestro patrocinio y amparo: acordaos gloriosísimo

Santo mío, de vuestras piedades, 

y que ninguno hasta ahora de los que de veras 

se han acogido a vuestro patrocinio 

ha salido desconsolado de vuestra presencia: 

mirad, pues, Padre mío, mi aflicción y necesidad 

para socorrerla; y si acaso lo que os pido no ha de ser 

para mayor honra vuestra y gloria de Dios, 

borrad de mi corazón este deseo, imprimiendo 

en su lugar en mi alma una humilde sujeción 

y conformidad perfecta con su santísima voluntad.

(Devocionario Josefino)

UN ALMA ES LIBERADA POR EL REZO DE REQUIEM


Se le apareció al Beato Conrado de Ojeda, franciscano, un alma del Purgatorio, se trataba de otro religioso de la misma orden, muerto poco antes, estaba rodeado de vivísimas llamas, y le suplicó que le aliviase con sus oraciones de las gravísimas penas que sufría; entonces, el Beato Conrado rezó inmediatamente en sufragio suyo un Padre nuestro con el Réquiem aeternam; y sintiendo el difunto gran refrigerio, suplicó al caritativo Padre  que lo repitiese, quien al momento le complació, y aumentándose cada vez más se alivió.

"¡Ah! por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, -replicó aquella alma-, continuad, oh Conrado, esta oración que me proporciona tan grande alivio: y entonces el siervo de Dios la repitió hasta cien veces, y a la centésima vez, el difunto cambió el tono de súplica en el de acción de gracias y de júbilo, sintiéndose ya libre de toda pena y llamado a la gloria del cielo. 

Esto nos enseña que debemos poner empeño en rezar muchos Padres nuestros con Réquiem, en sufragio de los fieles difuntos, quienes recibirán no sólo alivio y consuelo, sino también gloria y felicidad sempiterna.

(Áncora de salvación, R.P. Fray Jose Mach) 

AYUDAR A LOS DEMÁS A QUE NO OFENDAN A DIOS NO ES JUZGAR



La vida pasa muy deprisa, cuántas veces vemos que personas que saludamos ayer, hoy ya no están, incluso personas jóvenes. Tenemos la sensación de que no nos vamos a morir,  y así cuando enfermamos nos entra pánico y es que no estamos preparados para la muerte, y sin embargo la muerte llega, a veces nos da tiempo a despedirnos y a estar en paz con las personas y con Dios, pero a veces viene como ladrón en la noche, inesperadamente. 

Y nos vamos a ver ante el tribunal de Dios para ser juzgados por un Dios de amor, infinitamente bondadoso pero también infinitamente justo, porque como decía santa Teresita: la justicia también es bondad.

Pero hoy no quiero haceros pensar en vuestra muerte, sino en la de vuestros familiares, hermanos, padres, hijos...cuántas veces los vemos ofender a Dios y no les decimos nada, por no crear conflictos, por no discutir, por esa frase mal usada aquí: "porque no los quiero juzgar"...aquí no se trata de juzgar, no juzgamos si corregimos con amor a quienes queremos, eso no es juzgar, juzgar es otra cosa, juzgar es condenar, es despreciar, es no desear el bien, es criticar sin amor, pero hacerle ver a alguien a quien amamos que está ofendiendo a Dios y que está en peligro de perderse, NO ES JUZGAR, de hecho es una obligación moral, es un acto de caridad y misericordia y Dios nos va a pedir cuentas de ello a nosotros. 

Si la situación es muy espinosa y esa persona no nos quiere escuchar y va a ser peor hablarle, siempre nos queda ORAR, eso nunca falla, orar con confianza.

He escuchado a padres decir que están "orgullosos" de sus hijos porque en el fondo son buenos, hijos que están pecando, ya sea viviendo sin estar casados, ya sea cometiendo actos impuros con personas de su mismo sexo, ya sea engañando a sus esposos o esposas...

Si por desgracia estas personas mueren en pecado, ya sabemos qué puede ocurrir.

Lo ideal es dejarse guiar por la Iglesia, que para eso la ha fundado Jesús, para que nos aconseje sobre el pecado, poque el pecado no es lo que nosotros queremos que sea o no sea pecado, el pecado ya está recogido y definido por la Iglesia. Seamos humildes, con humildad vamos a aceptar la verdad que se nos revela en el magisterio de la Iglesia, y con esa verdad podremos nosotros iluminar a las almas que están más alejadas de Dios, con nuestras palabras dulces y consejos o sólo con la oración y los sacrificios.

Estamos a tiempo, que no sea demasiado tarde para ayudar a los demás, el amor más grande es desear que todos vayan al cielo.

(Reflexiones de una carmelita, Carmen de Jesús Crucificado O.C.D.S.)

CONSAGRACIÓN A LA SANTA FAZ (Santa Teresita del Niño Jesús)

 ¡Oh Faz adorable de Jesús!, ya que has querido elegir nuestras almas de manera especial para entregarte a ellas, venimos a consagrarlas a ti... Nos parece, Jesús, oír que nos dices: «Abridme, hermanas mías, esposas mías queridísimas, que tengo la Faz cubierta de rocío y los cabellos del relente de la noche». Nuestras almas comprenden tu lenguaje de amor, nosotras queremos enjugar tu dulce Faz y consolarte del olvido de los malvados. A sus ojos, tú estás todavía escondido, te consideran como objeto de desprecio...


¡Oh Faz más bella que los lirios y las rosas de primavera, tú no estás escondida a nuestros ojos... Las lágrimas que velan tu mirada divina nos parecen diamantes preciosos que queremos recoger para con su valor infinito comprar las almas de nuestros hermanos.


De tu boca adorada hemos escuchado la amorosa queja. 

Y sabiendo que la sed que te consume es una sed de amor, quisiéramos, para poder apagártela, poseer un amor infinito... Esposo amadísimo de nuestras almas, si tuviésemos el amor de todos los corazones, todo ese amor sería para ti... Pues bien, danos tu ese amor y ven a apagar tu sed en tus pobres esposas...



Almas, Señor, tenemos necesidad de almas..., sobre todo de almas de apóstoles y de mártires, para que gracias a ellas podamos iluminar con tu Amor a la multitud de los pobres pecadores.


¡Oh Faz adorable, lograremos alcanzar de ti esta gracia!


Olvidándonos de que estamos desterradas junto a los canales de Babilonia, te cantaremos al oído las más dulces melodías, y como tú eres la verdadera, la única Patria de nuestros corazones, esos nuestros cantos no serán cantados en tierra extranjera. 


¡Oh Faz adorada de Jesús!, mientras esperamos en día eterno en que contemplaremos tu gloria infinita, nuestro único deseo es hechizar tus divinos ojos escondiendo también nosotras nuestro rostro para nadie aquí en la tierra pueda reconocernos...

Tu mirada velada: he ahí nuestro cielo, Jesús. 


(Santa Teresita del Niño Jesús ,"Teresa de Lisieux", Poesías)

ORACIÓN PARA ALCANZAR LA HUMILDAD (San Alfonso María de Ligorio)

 


¡Oh Verbo encarnado!, os ruego por los méritos de vuestra santa humildad, que os hizo abrazar tantas injurias e ignominias por amor nuestro, que me libréis de la soberbia y me comuniquéis una partecita de vuestra humildad. 

Y ¿cómo podría yo quejarme de los oprobios que se me hicieren, cuando tantas veces me hice reo del infierno? Jesús mío, por los merecimientos de tantos desprecios como sufristeis en vuestra pasión, dadme la gracia de vivir y morir humillado en esa tierra, como vos vivisteis y moristeis humillado por mí.

Por amor vuestro quisiera verme despreciado y abandonado de todos, pero sin vos nada puedo. 

Os amo, soberano bien mío; os amo, amador de mi alma; os amo y propongo sufrir por vos afrentas y persecuciones, traiciones, dolores, sequedades y desamparos; me contento, único amor de mi alma, con no ser de vos abandonado. 

No permitáis que me aparte nunca de vos. 

Dadme deseo de complaceros, fervor para amaros, paz en los trabajos y en todas las adversidades, y dadme resignación y paciencia. 

Apiadaos de mí; nada merezco, pero todo lo espero de vos, que me redimisteis con vuestra sangre.

También lo espero todo de vos, Reina y Madre mía, María, que sois refugio de pecadores.

(Práctica de amor a Jesucristo, san Alfonso Mª de Ligorio)

LOS PAPAS Y SAN JOSÉ

 


Desde hace más de un siglo, los sucesores de San Pedro en la Sede de Roma han tratado de difundir e intensificar entre los católicos el conocimiento y amor de San José. 

-El 8 de diciembre de 1870, el Beato Papa Pío IX, nombró a San José Patrono de la Iglesia Universal. 

-En su encíclica sobre San José, Quamquam Pluries, fechada el 15 de agosto de 1889, el Papa León XIII llamó al pueblo de Dios a una renovada devoción por San José. 

- El Papa San Pío X aprobó

la Letanía de San José para uso público en la Iglesia (ver página XX).

El Papa Benedicto XV añadió la invocación a San José a las Alabanzas Divinas que los católicos oran al final de la Bendición del Santísimo Sacramento. 

- Pío XI nombró a San José protector especial de la Iglesia

contra los ataques del comunismo. 

- El Papa Pío XII agregó la fiesta de San José Obrero, el 1 de mayo, al calendario litúrgico romano con el fin

de contrarrestar las futuras influencias del comunismo en los países cristianos.

-El Santo Papa Juan XXIII, al convocar el Concilio Vaticano II, encomendó el concilio a San José y lo nombró su patrono especial. 

En 1962, al término de la primera sesión del concilio, el Papa agregó una conmemoración de San José en el Canon Romano (Plegaria Eucarística 1).

- El 15 de agosto de l989, para conmemorar el centenario de la publicación de Quamquam Pluries del Papa León XIII, el Papa Juan Pablo II publicó una carta apostólica sobre San José que intituló Custodio del Redentor (Redemptoris Custos). 

(San José, nuestro Padre en la fe, P. Frederick L. Miller)


¡SI SUPIERAN CÓMO LAS ESPERO!


 
“Amor busco, amo a las almas y deseo ser correspondido.  Por eso Mi Corazón está herido, porque encuentro frialdad en vez de amor.  Yo soy todo Amor y no deseo más que amor.  ¡Ah!  Si las almas supieran cómo las espero, lleno de misericordia!  Soy el Amor de los amores…  Tengo sed de que las almas se salven…  ¡Que las almas vengan a Mí!...  ¡Que las almas no tengan miedo de Mí!...  ¡Qué las almas tengan confianza en Mí!

“Mi Corazón encuentra consuelo perdonando. No tengo más deseo que perdonar, ni mayor alegría que perdonar. Cuando, después de una caída, un alma vuelve a Mí, es tan grande el consuelo que me da, que casi resulta para ella un beneficio, porque la miro con particular amor”.

(Palabras de Jesús a Josefa Menéndez en el convento de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús en Les Feuillants, en Poitiers, Francia, entre 1920 y 1923)

REZAD POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO

 El Ángel me mostró el Purgatorio en una visión 

muy rápida y muy densa...volvió a hablar:

"¿Como podéis permanecer insensibles

ante tanto sufrimiento de amor?

Estáis en la tierra, pero participáis

en la comunión de los Santos;

¿es que no tenéis la posibilidad de recurrir

a la intercesión de los bienaventurados,

y muy especialmente a la de la Madre de Dios?

¿Dejan ellos de orar por vosotros un solo instante

obteniéndoos gracias y luces?

Pues bien, las Almas del Purgatorio

necesitan también intercesores,

y los encuentran tanto en vosotros

como en el cielo.

Rezad por ellas, necesitan vuestros sufragios,

y esperan de vosotros fidelidad y agradecimiento.

Dios lo quiere así, porque vuestras oraciones

por estas benditas almas son un acto de caridad,

un testimonio de amor, que os hace progresar

en esta virtud de la fe,

que ensancha los horizontes de vuestra caridad

y profundiza en vuestra fe,

que enriquece y consolida vuestra esperanza.

Todo eso glorifica a Dios y consuela

a las Almas del Purgatorio."

(El Purgatorio, una revelación particular)




SAN JOSÉ EVITA UN SUICIDIO

 A finales del siglo XIX, el padre Juan abad de la abadía de Fontfroide (Francia) fue testigo de un favor especial de san José. Él mismo cuenta:

Durante mi estancia en la abadía de Senanque, una tarde el portero me dijo:

- Un señor pregunta por usted.

Voy a su encuentro. Era un hombre apuesto, bien vestido, de modales distinguidos, pero parecía turbado. A pocos pasos de él, pastaba un soberbio caballo negro. Y me dice:

- Yo no lo conozco a usted. Lo he visto de lejos y lo he hecho llamar. Mi caballo me llevó por las rocas y se ha detenido delante de su puerta. ¿Qué casa es ésta?

- Es un monasterio.

- "Yo soy el director del circo imperial de Lyon. Mis negocios van de maravilla. Tengo a mis órdenes un personal numeroso, pero estoy atormentado por la idea de suicidarme. Yo nunca conocí a mi padre. A los 7 años perdí a mi madre. Después de la muerte de mi madre, cogí el poco dinero que encontré y me fui al circo vecino. Estaba completamente solo, no tenía parientes ni amigos. El director del circo me trató como a un hijo suyo y, al morir, me dejó su circo. He estado por todas partes, he ganado mucho dinero. Pero, desde hace un tiempo, no sé qué me pasa, me siento desgraciado y me quiero ahogar.

Mi madre me enseñó una oración que me hacía recitar todos los días: “Dios te Salve José, lleno de gracia divina, bendito seas entre todos los hombres y bendito es Jesús, el fruto de tu virginal esposa. San José, destinado a ser padre del Hijo de Dios, ruega por nosotros en nuestras necesidades familiares, de salud y trabajo, y dígnate socorrernos en la hora de nuestra muerte. Amén.

Recito esta oración todos los días antes de dormir. Hoy llevé mi caballo a orillas del Ródano; pero saltó hacia atrás y escapó. Por primera vez en mi vida, no he sido dueño de mi animal".

Yo lo abracé y él se sintió conmovido. Le dije:

- Usted cenará con nosotros esta noche, dormirá en el duro suelo y mañana pasará el día aquí.

Se quedó tres días con nosotros. Lo instruí en las verdades fundamentales de la fe. Se confesó y comulgó. Después regresó a Avignon totalmente transformado, ordenó sus negocios, vendió su circo, distribuyó el dinero a los pobres y se hizo religioso. 

Algunos años más tarde, se sintió aquejado de fiebres altas y murió como un santo, joven aún y desconocido. Vean lo que vale la protección de san José. Él fue fiel a la oración, aun sin comprender lo que decía y sin saber a quién se dirigía, y recibió su recompensa.

(Milagros de San José)

¡REPETID EL NOMBRE DE MARÍA!

 En Reischersperg vivía Arnoldo, canónigo regular muy devoto de la santísima Virgen. Estando para morir recibió los santos sacramentos y rogó a los religiosos que no le abandonasen en aquel trance. 

Apenas había dicho esto, a la vista de todos comenzó a temblar, se turbó su mirada y se cubrió de frío sudor,

comenzando a decir con voz entrecortada: “¿No veis esos demonios que me quieren arrastrar a los infiernos?” 

Y después gritó: “Hermanos, invocad para mí la

ayuda de María; en ella confío que me dará la victoria”. 

Al oír esto empezaron a rezar las letanías de la Virgen, al decir: Santa María, ruega por él, dijo el moribundo:

“Repetid, repetid el nombre de María, que siento como si estuviera ante el tribunal de Dios”. 


Calló un breve tiempo y luego exclamó: 

“Es cierto que lo hice, pero luego

también hice penitencia”. 

Y volviéndose a la Virgen le suplicó: “Oh María, yo me

salvaré si tú me ayudas”.

Enseguida los demonios le dieron un nuevo asalto, pero él se defendía haciendo la señal de la cruz con un crucifijo e invocando a María. Así pasó toda aquella noche. 

Por fin, llegada la mañana, ya del todo sereno, Arnoldo exclamó:

“María, mi Señora y mi refugio, me ha conseguido el perdón y la salvación”. Y mirando a la Virgen que le invitaba a seguirlo, le dijo: “Ya voy, Señora, ya voy”. 

Y haciendo un esfuerzo para incorporarse, no pudiendo seguirla con el cuerpo, suspirando dulcemente la siguió con el alma, como esperamos a la gloria bienaventurada.

(Las Glorias de María, san Alfonso Mª de Ligorio)

APROVECHAR EL MOMENTO PRESENTE

 Oh Bien Supremo, deseo amarte como hasta ahora nadie Te ha amado en la tierra. 

Deseo adorarte cada momento de mi vida y unir estrechamente mi voluntad a Tu santa voluntad. 

Mi vida no es monótona ni gris, sino variada como un jardín de flores perfumadas, donde no sé que flor recoger primero; el lirio del sufrimiento o la rosa del amor del prójimo o la violeta de la humildad. 

No voy a enumerar estos tesoros que cada día tengo en abundancia. Es una gran cosa saber aprovechar el momento presente.

Oh Jesús, Luz Suprema, haz que yo me conozca y penetra con Tu luz mi alma oscura, y llena de Ti el abismo de mi alma.

(Santa Faustina, +296 La Divina Misericordia en mi alma)




CÓMO HACER LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ 🌾

 



Hay una maravillosa tradición cuyo origen se remonta al siglo XVI que consiste en dedicar a San José los siete domingos anteriores a su fiesta.
Se suelen «contemplar» los principales misterios acontecidos a los largo de su vida en la tierra entretejidos de gozos y dolores.
Lo ideal es hacer un altar a San José, no tiene que ser grande, colocamos una imagen de san José o una estampa, ponemos algunas flores y una vela o dos, algo sencillo, lo que nos salga del corazón.

ORACIÓN DE OFRECIMIENTO:
Por la señal, de la Santa Cruz...
Glorioso Patriarca San José, eficaz consuelo de los afligidos y seguro refugio de los moribundos; dignaos aceptar el obsequio de este Ejercicio que voy a rezar en memoria de vuestros siete dolores y gozos. Y así como en vuestra feliz muerte, Jesucristo y su madre María os asistieron y consolaron tan amorosamente, así también Vos, asistidme en aquel trance, para que, no faltando yo a la fe, a la esperanza y a la caridad, me haga digno, por los méritos de la sangre de Nuestro Señor Jesucristo y vuestro patrocinio, de la consecución de la vida eterna, y por tanto de vuestra compañía en el Cielo, Amén.

PRIMER DOMINGO ☀

El dolor: cuando estaba dispuesto a repudiar a su inmaculada esposa.

La alegría: cuando el Arcángel le reveló el sublime misterio de la encarnación.

Oh castísimo esposo de María, glorioso San José, ¡qué aflicción y angustia la de tu corazón en la perplejidad en que estabas sin saber si debías abandonar o no a tu esposa sin mancilla! Pero ¡cuál no fue también tu alegría cuando el ángel te reveló el gran misterio de la Encarnación!

Por este dolor y este gozo, acompáñanos siempre, ¡ayúdanos!, en nuestras grandes o pequeñas noches oscuras del alma, cuando no entendamos los designios de Dios o no sepamos descubrir su amabilísima Voluntad en los sucesos de cada día. Ayúdanos a ser humildes, a permanecer en oración, hasta de noche, en sueños, para que -fieles- alcancemos la gracia de la perseverancia final. Que agradezcamos al Señor cada instante de nuestra existencia, seguros de que pase lo que pase siempre aguarda una tarea importante que cumplir en la obra de la Redención.
San José, Padre y Señor, ruega por nosotros.
Padrenuestro, Ave y Gloria.

SEGUNDO DOMINGO ☀

El dolor: al ver nacer el niño Jesús en la pobreza.

La alegría: al escuchar la armonía del coro de los ángeles y observar la gloria de esa noche.

Oh bienaventurado patriarca, glorioso San José, escogido para ser padre adoptivo del Hijo de Dios hecho hombre: el dolor que sentisteis viendo nacer al niño Jesús en tan gran pobreza se cambió de pronto en alegría celestial al oír el armonioso concierto de los ángeles y al contemplar las maravillas de aquella noche tan resplandeciente.

Por este gran dolor, ayúdanos a desprendernos de todas las cosas de la tierra, convencidos de que solo Dios basta. Haz que sepamos seguir a Jesús desde Belén al Calvario, con el sentido sobrenatural y el garbo humano con que tú supiste llevar, con Jesús y María, la cruz que el Señor dispuso para ti.

Te pedimos también, por el inmenso gozo que tuviste al ver a Jesús recién nacido, mientras escuchabas el canto de los Ángeles en el cielo, proclamando la gloria de Dios y la paz para los hombres de buena voluntad: ¡Bendice a todos los hijos de la Iglesia de Dios y atiende especialmente a los más necesitados!
!Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía!

Padrenuestro, Ave y Gloria.

TERCER DOMINGO ☀

El dolor: cuando la sangre del niño Salvador fue derramada en su circuncisión.

La alegría: dada con el nombre de Jesús.

Oh ejecutor obedientísimo de las leyes divinas, glorioso San José: la sangre preciosísima que el Redentor Niño derramó en su circuncisión os traspasó el corazón; pero el nombre de Jesús que entonces se le impuso, os confortó y llenó de alegría.
Por este dolor y este gozo alcanzadnos el vivir alejados de todo pecado, a fin de expirar gozosos, con el santísimo nombre de Jesús en el corazón y en los labios.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

CUARTO DOMINGO ☀

El dolor: la profecía de Simeón, al predecir los sufrimientos de Jesús y María.

La alegría: la predicción de la salvación y gloriosa resurrección de innumerables almas.

Oh Santo fidelísimo, que tuvisteis parte en los misterios de nuestra redención, glorioso San José; aunque la profecía de Simeón acerca de los sufrimientos que debían pasar Jesús y María os causó dolor mortal, sin embargo os llenó también de alegría, anunciándoos al mismo tiempo la salvación y resurrección gloriosa que de ahí se seguiría para un gran número de almas.

Por este dolor y por este gozo conseguidnos ser del número de los que, por los méritos de Jesús y la intercesión de la bienaventurada Virgen María, han de resucitar gloriosamente.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

QUINTO DOMINGO ☀

El dolor: La huida  a Egipto.

La alegría: al tener siempre con él a Dios mismo, y ver la caída de los ídolos de Egipto.

Oh custodio vigilante, familiar íntimo del Hijo de Dios hecho hombre, glorioso San José, ¡cuánto sufristeis teniendo que alimentar y servir al Hijo del Altísimo, particularmente en vuestra huida a Egipto!, pero cuán grande fue también vuestra alegría teniendo siempre con Vos al mismo Dios y viendo derribados los ídolos de Egipto.

Por este dolor y este gozo, alcanzadnos alejar para siempre de nosotros al tirano infernal, sobre todo huyendo de las ocasiones peligrosas, y derribar de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno, para que, ocupados en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo para ellos y muramos gozosos en su amor.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

SEXTO DOMINGO ☀

El dolor:  El temor de no poder volver a Nazaret por miedo a Arquelao.

La alegría:  Regresar con Jesús de Egipto a Nazaret y la confianza establecida por el Ángel.

Oh ángel de la tierra, glorioso San José, que pudisteis . admirar al Rey de los cielos, sometido a vuestros más mínimos mandatos; aunque la alegría al traerle de Egipto se turbó por temor a Arquelao, sin embargo, tranquilizado luego por el ángel, vivisteis dichoso en Nazaret con Jesús y María.

Por este dolor y este gozo, alcanzadnos la gracia de desterrar de nuestro corazón todo temor nocivo, poseer la paz de conciencia, vivir seguros con Jesús y María y morir también asistidos por ellos.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

SÉPTIMO DOMINGO ☀

El dolor: cuando sin culpa pierde a Jesús, y lo busca con angustia por tres días.

La alegría: al encontrarlo en medio de los doctores en el Templo.

Oh modelo de toda santidad, glorioso San José, que habiendo perdido sin culpa vuestra al Niño Jesús, le buscasteis durante tres días con profundo dolor, hasta que, lleno de gozo, le hallasteis en el templo, en medio de los doctores.

Por este dolor y este gozo, os suplicamos con palabras salidas del corazón, intercedáis en nuestro favor para que jamás nos suceda perder a Jesús por algún pecado grave. Mas, si por desgracia le perdiéramos, haced que le busquemos con tal dolor que no hallemos sosiego hasta encontrarle benigno sobre todo en nuestra muerte, a fin de ir a gozarle en el cielo y cantar eternamente con Vos sus divinas misericordias.

Padrenuestro, Ave y Gloria.


VEO SU SANGRE SOBRE LA ROSA (I see His Blood Upon the Rose)


 

Veo su sangre sobre la rosa

Y en las estrellas la gloria de sus ojos,

Su cuerpo brilla en medio de las nieves eternas,

Sus lágrimas caen de los cielos.


Veo su rostro en cada flor;

El trueno y el canto de los pájaros

Están aunque su voz, tallada por su poder

Las rocas son sus palabras escritas.


Todos los caminos por sus pies están gastados,

Su fuerte corazón agita el mar siempre en movimiento,

Su corona de espinas esta entrelazada con cada espina,

Su cruz es cada árbol. 

(Joseph Mary Plunkett, poemas)

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