LA DEVOCIÓN A LA EUCARISTÍA ATENÚA EL PURGATORIO


 

A Santa Gertrudis se le aparece, después de muerta, una religiosa fallecida en la flor de la edad y en gracia del Señor después de una continua adoración al Santísimo Sacramento. 

Se le aparece radiante de luz celeste, arrodillada ante el Divino Maestro que hacía salir de sus heridas gloriosas, cinco rayos luminosos que iban a tocar dulcemente los cinco sentidos de la piadosa hermana. Sin embargo ceñía la frente de ésta, una nube de profunda tristeza. 

Santa Gertrudis extrañada preguntó al Señor por qué mientras Él favorecía a su sierva de un modo tan especial, ella no parecía gozar de una gloria perfecta, Jesús responde: 

“Recién ahora esta alma fue juzgada digna de contemplar solamente mi humanidad glorificada y mis cinco heridas, en consideración a su devoción hacia el misterio Eucarístico. Pero no puede ser admitida todavía a la visión beatífica porque tiene algunas manchas pequeñísimas cometidas por ella en la práctica de la regla.

Y porque la santa intercedía por ella, Jesús le hace conocer que sin sus numerosos sufragios aquella alma no habría podido terminar su pena todavía. 

El amor que en vida había tenido a Jesús Sacramentado le hacía contemplar su Divina Humanidad, como la había contemplado velada en la Hostia Santa.

He aquí un ejemplo que demuestra cómo la Divina Eucaristía atenúa en las almas purgantes la pena de la privación de Dios.


- El Purgatorio, P. Dolindo Ruotolo-

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