LA MEJOR VISIÓN ES LA DE LA PROPIA NADA

 


Hay mucha gente que solo espera ver milagros y visiones, solo quieren rezar oraciones "supuestamente milagrosas", cuando la oración más milagrosa es el Padrenuestro, porque es la única que nos ha enseñado Jesús de sus propios labios, palabra por palabra. 

Hay gente que pierden el tiempo en profecías catastrofistas, la mayoría de ellas de falsos videntes, en vez de aprovechar el tiempo en preparar sus almas, pues el fin del mundo para cada uno en realidad es el fin de nuestra propia existencia, hay que estar en vela, preparados desde hace siglos, y no ahora con todo esa historia de los tres dias de oscuridad etc...en cuanto nos morimos ya tenemos nuestro juicio particular donde se decidirá nuestro destino eterno. 

Hay gente que espera grandes visiones en esta vida y solo les llena lo mágico y sobrenatural, hay personas que suspiran por ver a Jesús de cuerpo presente o a María, los santos y pasan indiferentes por delante del Sagrario. Por eso me gustó mucho esta frase de Santa Ángela de Foligno: "La mejor de las visiones es la de la propia nada" porque si nos adentramos dentro de nosotros procurando conocernos, veremos nuestra debilidad y miseria ante Dios y nos volveremos humildes, nos abandonaremos a su misericordia y ya no necesitaremos tantas pruebas ni visiones que podrían engañarnos. Sabríamos ver a Dios en lo cotidiano, en las flores, en los pájaros, en el hermano que sufre.


(Carmen de Jesús Crucificado) 

ORACIÓN AL NIÑO JESÚS DE PRAGA

 


Oh Santo Niño Jesús,
que difundes tus gracias sobre quien te invoca,
vuelve tus ojos a nosotros,
postrados ante tu santa imagen,
y acoge nuestra oración.
Te encomendamos a los pobres necesitados
que confían en tu divino Corazón.
Extiende sobre ellos tu mano omnipotente,
y socórrelos en sus necesidades.
 
Extiéndela sobre los niños, para protegerlos;
sobre las familias, para guardarlas en la unidad y el amor;
sobre los enfermos, para curarlos y santificar sus penas;
sobre los afligidos, para consolarlos;
sobre los pecadores, para llevarlos a la luz de tu gracia;
sobre los que, apretado por el dolor y la miseria,
invocan confiados tu amorosa ayuda.
Extiéndela también sobre nosotros, para bendecirnos.
 
Concede, oh Pequeño Rey,
los tesoros de tu misericordia y de tu paz
al todo el mundo,
y consérvanos ahora y siempre
en la gracia de tu amor. Amén.

FRASES DEL SANTO CURA DE ARS SOBRE LA ORACIÓN

La oración  no es otra cosa que unión con Dios.

La oración es una dulce amistad, una familiaridad sorprendente, es un dulce coloquio de un niño con su Padre.

Cuanto más se reza, más se quiere rezar.

Tenéis un corazón pequeño, pero la oración  lo agranda y lo hace capaz de amar a Dios.

No son las largas ni las bonitos oraciones que el buen Dios mira, sino las que vienen del fondo del corazón, con un gran respeto y un verdadero deseo de gustar a Dios.

¡Cuánto le gusta a Dios que robemos un pequeño cuarto de hora a nuestras ocupaciones, a algunas cosas inútiles, para rezar!

La oración privada se asemeja a la paja esparcida por aquí y por allá en un campo. Si se enciende fuego, la llama tiene poco ardor, pero si se agrupa la paja esparcida, la llama se hace abundante y se levanta hacia el cielo: así es la oración pública.

El hombre es un pobre que necesita pedirle todo a Dios.

El hombre tiene una hermosa función, aquella de rezar y de amar… He aquí la felicidad del hombre sobre la tierra.




TE SALUDAMOS, MARÍA


Te saludamos, María, Madre de Dios, sagrado tesoro de todo el universo, lámpara inextinguible, corona de la virginidad, cetro de la ortodoxia, templo indestructible, morada del que no cabe en lugar alguno, madre y virgen, gracias a la cual se llama bendito, en los santos evangelios, al que viene en nombre del Señor. 

Te saludamos a ti, que abarcaste en tus limpias entrañas virginales al inmenso e incomprensible. Por ti recibe gloria y adoración la santa Trinidad. Por ti se rinden veneración y culto a la preciosa cruz en el mundo entero. Por ti exulta el paraíso. Por ti los ángeles y los arcángeles se regocijan. Por ti los demonios emprenden la huida. Por ti el tentador fue derrocado de las alturas. Por ti el hombre caído en el pecado halla acogida en el cielo. Por ti toda criatura, sujeta a la alienación de los ídolos, llega al conocimiento de la verdad. Por ti los creyentes obtienen la gracia del santo bautismo y el óleo de la alegría. 

Por ti se han erigido iglesias en toda la redondez de la tierra. Por ti los pueblos se sienten atraídos a la conversión. 

¿Qué más añadiré? Por ti el Hijo único de Dios brilló como una luz sobre los que habitaban en tierra y sombras de muerte. 


( San Cirilo de Alejandría)

TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO...


 

En el Nuevo Testamento, el lector se convierte en protagonista de lo que lee. La resurrección, por ejemplo, no es algo que pasó; es Dios aconteciendo en él en cuerpo y alma.

Dios libera al hombre del desamor que lo mantiene prisionero de sí mismo. El Espíritu del Señor unge al que lee y así puede anunciar la buena nueva a los pobres, dar vista a los ciegos, liberar a los oprimidos, es un amor que es persona, no cosa: Jesús de Nazaret, Dios hecho hombre, aconteciendo en él, imprimiéndole una manera singular de mirar, pensar, hablar y soñar. Ojos del lector vueltos dulzura y transparencia.

Las palabras de Jesús le resultan familiares al corazón que ama. “Les doy un mandamiento nuevo, que se amen los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 13, 34)

Para S. Juan de la Cruz, bienaventurado y enamorado son la misma cosa, pues “la bienaventuranza no se da por menos que amor” (Noche 2, 12, 1). El enamorado es revelación de Jesús, de Dios; vive ya en el cielo.

“Si alguno me ama, guardará mi Palabra”. S. Teresita hace este comentario a su hermana Celina. “¡Guardar la palabra de Jesús! Esa es la única condición para nuestra felicidad, la prueba de nuestro amor a él. ¿Pero qué palabra es ésa…? Me parece que la palabra de Jesús es él mismo…, Él, Jesús, el Verbo, ¡la Palabra de Dios…!” (Carta 165, 7 de julio de 1894). 

Jesús hizo esta confidencia a Nicodemo: “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna [...] y el mundo se salve por Él” (Jn 3, 16-17). La mirada de Jesús en la noche dejó a este hombre sensible muriéndose de amor. Y a todo el que lo visita en la intimidad del corazón.

  Padre Hernando Uribe Carvajal, OCD

LA EUCARISTÍA El gran regalo de Jesús para el mundo

 La Eucaristía es la principal fuente de la vida cristiana, es el banquete al que todos somos convocados y en el que todos somos bienvenidos. La palabra Eucaristía viene del griego euxaristia, que significa “acción de gracias”.

La Eucaristía es el sacramento instaurando por Jesús antes de su muerte en la última cena, no es un símbolo, no es una representación de Cristo, ES CRISTO. Es su Cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad. Es el culmen y fuente de la vida cristiana.

Este sacramento, además de llamarse Eucaristía, también es conocido como:

Banquete del Señor: (Biblia: 1 Corintios 11, 24)

Fracción del pan: acto que solía practicar Jesús en compañía de sus apóstoles (Biblia: 1 Corintios 11, 20)

Memorial: porque se actualiza la pasión, muerte y resurrección del Señor.

Comunión: nos convertimos en un solo cuerpo con Cristo. “Cuando bebemos de la copa bendita por la cual bendecimos a Dios, participamos en común de la sangre de Cristo; cuando comemos del pan que partimos, participamos en común del cuerpo de Cristo. Aunque somos muchos, todos comemos de un mismo pan, y por esto somos un solo cuerpo” (Biblia: 1 Corintios 10, 16-17) “Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él”. (Biblia: Evangelio de Juan 6, 56)

Santa Misa: de acuerdo al numeral 1332 del Catecismo de la Iglesia Católica, se llama así porque la liturgia en la que se realiza el misterio de salvación se termina con el envío de los fieles («missio») a fin de que cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana.

(Padre Carlos Yepes)



PORQUE ES ETERNA TU MISERICORDIA



Señor, ¿es que siendo tuya la eternidad ignoras acaso lo que te digo o ves en el tiempo lo que se hace en el tiempo? ¿Por qué entonces te cuento estas cosas? No ciertamente para que te enteres de mí, sino porque al narrarlas, potencio mi afecto y el de cuantos esto leyeren hacia ti, de modo que todos exclamemos: Grande es el Señor, y muy digno de alabanza. Lo he dicho y lo repetiré: lo hago por amor de tu amor.

Porque también oramos, y, no obstante, la Verdad dice: Vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que se lo pidáis. Por tanto, al confesarte nuestras miserias y tus misericordias para con nosotros te manifestamos nuestro afecto, para que, llevando a cabo la obra que en nosotros comenzaste, nos libres definitivamente, de suerte que dejemos de ser miserables en nosotros y seamos felices en ti, ya que nos has llamado para que seamos pobres en el espíritu y sufridos y llorosos y sedientos de la justicia y misericordiosos y limpios de corazón y artífices de la paz. Mira, te he contado muchas cosas, las que pude y quise, porque fuiste tú primero el que quisiste que te alabara a ti, Señor, porque eres bueno, y porque es eterna tu misericordia.

Sean tus Escrituras mis castas delicias: ni yo me engañe en ellas ni con ellas induzca a otros a engaño. Hazme caso, Señor, y ten piedad de mí; Señor, Dios mío, luz de los ciegos y fortaleza de los débiles y, en un segundo tiempo, luz de los que ven y energía de los fuertes, atiende a mi alma y escucha a quien te grita desde lo hondo.

(San Agustín)

REINA DE LOS MARES

 Tiene María la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón.

Virgen alta, en los arcos del céfiro estrellada, 

dilatando tus haces al fondo del estuario, 

el escollo y la noche presos en tu mirada 

y abierto entre tus brazos el santo Escapulario. 

Te vio Elías furtiva salir de entre las ondas 

y te adoró en la huella que sin ruido subía. 

Te vio crecer en ramas de tempestad y en frondas 

y en frutos milagrosos de tenue lejanía. 

¡Oh Reina de los mares! ¡Oh del valle caído 

lucero y esperanza contra el batir del viento! 

Ábrenos donde sube sin fin nuestro gemido. 

Rómpenos los cristales del alto firmamento. 

Nos hiere el infinito con su potente lanza, 

en el mar derramamos lágrimas y cantares. 

No nos dejes, ¡oh tú!, por quien la luz se alcanza, 

y guíanos al puerto, ¡oh Reina de los mares! Amén.



ES BUENO DESEAR EL CIELO, PORQUE ALLÍ POSEEREMOS A DIOS



Dios ama a quien le ama (Prov., VIII, 17) , y colma de gracias a quien con amor le busca. Por lo que, en consecuencia, quien más ama a Dios, más espera en su bondad. Y de esta esperanza nace en los santos aquella inalterable tranquilidad que les conserva en perpetua alegría y paz aun en medio de las adversidades; porque, amando a Jesucristo y sabiendo cuán largo es y liberal de sus dones con los que le aman, confían en Él y sólo en Él hallan reposo.

El objeto primario de la esperanza cristiana es la posesión de Dios en el cielo. Y no creamos que la posesión de Dios en el paraíso sea obstáculo a la caridad, porque la esperanza del paraíso está unida inseparablemente a la caridad, la cual en el cielo llega a su cabal perfeccionamiento. 

La caridad es aquel tesoro infinito que, como dice el Sabio, nos hace amigos de Dios.

 Por tanto, enseña Santo Tomás de Aquino que la caridad no excluye el deseo de alcanzar las mercedes que Dios en el cielo nos tiene preparadas, sino que las hace considerar como el objeto principal de nuestro amor, que es el mismo Dios, que se deja ver y gozar de sus escogidos; porque es propio de la amistad que el amigo disfrute con el bien de su amigo. 


(Práctica de amor a Jesucristo, san Alfonso Mª de Ligorio)

𝐂𝐀𝐍𝐓𝐀𝐑 𝐃𝐄𝐋 𝐀𝐋𝐌𝐀 𝐐𝐔𝐄 𝐒𝐄 𝐇𝐔𝐄𝐋𝐆𝐀 𝐃𝐄 𝐂𝐎𝐍𝐎𝐂𝐄𝐑 𝐀 𝐃𝐈𝐎𝐒 𝐏𝐎𝐑 𝐅𝐄 💦

 


Qué bien sé yo la fonte que mane y corre, 
aunque es de noche. 

Aquella eterna fonte está escondida, 
que bien sé yo do tiene su manida, 
aunque es de noche. 

Su origen no lo sé, pues no le tiene, 
mas sé que todo origen de ella tiene, 
aunque es de noche.
 
Sé que no puede ser cosa tan bella, 
y que cielos y tierra beben de ella, 
aunque es de noche.

Bien sé que suelo en ella no se halla, 
y que ninguno puede vadealla, 
aunque es de noche.
 
Su claridad nunca es oscurecida, 
y sé que toda luz de ella es venida, 
aunque es de noche. 

Sé ser tan caudalosos sus corrientes. 
que infiernos, cielos riegan y las gentes, 
aunque es de noche. 

El corriente que nace de esta fuente 
bien sé que es tan capaz y omnipotente, 
aunque es de noche. 

El corriente que de estas dos procede 
sé que ninguna de ellas le precede, 
aunque es de noche. 

Aquesta eterna fonte está escondida 
en este vivo pan por darnos vida, 
aunque es de noche. 

Aquí se está llamando a las criaturas, 
y de esta agua se hartan, aunque a oscuras 
porque es de noche.

Aquesta viva fuente que deseo, 
en este pan de vida yo la veo, 
aunque es de noche.

(San Juan de la Cruz)

EN LA EUCARISTÍA VEO A DIOS


A veces veo la hostia con un esplendor y una belleza tan grandes, más que si fuese el esplendor del sol, que me parece provengan de la divinidad. Por esa belleza comprendo con certeza que estoy viendo a Dios sin ninguna duda.

A veces veo la Hostia con distintos aspectos, es decir veo en la Hostia dos ojos luminosísimos y tan grandes que de la hostia sólo parecen quedar los bordes. 

Una vez no en la hostia, sino en la celda de la custodia me fueron mostrados los ojos, y disfruté de tanta belleza y de tanto deleite que jamás podré olvidarlo por el resto de mi vida. 

No sé si fue mientras dormía o velaba, sino que me volvía a hallar con una alegría inmensa e inefable, tan grande que no creo poder perderla jamás. 

Otra vez vi en la hostia a Cristo niño, pero parecía grande y majestuoso, como quien tiene autoridad, y parecía tener en las manos algún signo de poder, y estaba sentado en un trono. 

No sabría decir lo que tenía en la mano. Y esto lo he visto con los ojos del cuerpo, como siempre me sucedía ver la hostia con los ojos del cuerpo. Entonces no me arrodillé cuando los demás se arrodillaron. No recuerdo bien si corrí para acercarme al altar o si me quedé clavada por el deleite y la contemplación. Sufrí un gran disgusto cuando el sacerdote demasiado pronto Volvió a poner la hostia sobre el altar. Jesús resplandecía de belleza y de gracia, y parecía un niño de doce años. Me sentí tan colmada de alegría que, creo, no me olvidaré de ella por toda la eternidad. Y me comunicó tal certeza que no puedo dudar de nada y de ninguna manera. 

Todo mi gozo consistió en la contemplación de esa belleza inestimable.


(Santa Ángela de Foligno)

OFRECIMIENTO DE LA JORNADA A LA VIRGEN DE LA MERCED

¡Oh Redentora de cautivos y Madre de toda Merced! 
Aquí a vuestras plantas y en el principio de este día,
os invoca vuestra maternal protección 
el más indigno de vuestros hijos. 
A Vos, que sois Madre del mismo Dios 
y esperanza de pecadores,
acudo en este día, honrándoos 
con todo el afecto de mi alma 
y confiándoos mi eterna salvación. 
¡Oh Virgen de la Merced! 
aceptadme por esclavo vuestro 
ya que sois tan poderosa para con Dios, 
libradme durante este día 
de las tentaciones del inmundo seductor, 
de los estímulos de la carne y de las sugestiones 
del maligno espíritu, y para ello os consagro mis ojos, 
mis oídos, mi lengua, mi corazón y todo mi ser, 
quedando del todo vuestro y esperando 
la merced de la perseverancia final. Amén.





FUE EL AMOR



Jesús, ¿Quién podrá comprender vuestro amor cuando os dejasteis traspasar las manos, los pies y el costado?  Fue el amor quien os hizo aceptar ese suplicio. 
Fue vuestro amor quien os encadenaba. 
Él, quien mantenía en la inacción las legiones impacientes de vuestros ángeles, 
dispuestos a vengaros; 
Fue el amor quien contenía vuestro poder, vuestra majestad, vuestra santidad y que reducía 
todos los derechos de vuestra divinidad a sufrir hasta el fin tan odiosos tormentos.

Cada uno de los malos tratos de vuestros verdugos los queríais y aceptabais libremente y por amor; 
a cada golpe del martillo respondíais por un nuevo latido de vuestro Corazón que gritaba: ¡Amor , más amor ! Y el sufrimiento de cada músculo roto, de cada nervio reventado, de cada gota de sangre que corría, lo habíais previsto, aceptado, y lo acompañabais del silencioso cántico de amor que cantabais dentro de vuestro Corazón a vuestro Padre y de las palabras secretas de perdón que derramabais sobre nosotros.

Golpeaban los verdugos, desgarraban esas manos que han trabajado tanto, esos cansados pies, 
y así nos mostraban el amor que los sostenía y les conducía, que hacía esas manos tan benéficas, esos 
pies tan bellos y tan presurosos en correr al socorro de todas las miserias. 

Abrid su pecho, y que veamos descubierto ese Corazón que animaba aquella vida, dedicada por completo a hacer el bien, el foco de tantas palabras de luz y de vida, la fuente de tanto amor y de tanta ternura, el centro de tantas virtudes humildes y sublimes, fuertes y dulces, tan humanas y  a vez tan divinas. 

Vuestras Llagas, oh Jesús, son la grande lección del amor que sufre por los que ama, la lección de la paciencia en el sufrimiento. 

(Las cinco Llagas, R.P.A. Teniere)

¡OH ETERNA VERDAD!

 ¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad!

San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia
Del libro de las Confesiones (libros 7,10.18;10,27: CSEL 33,157-163.255)
Habiéndome convencido de que debía volver a mí mismo, penetré en mi interior, siendo tú mi guía, y ello me fue posible porque tú, Señor, me socorriste. Entré, y vi con los ojos de mi alma, de un modo u otro, por encima de la capacidad de estos mismos ojos, por encima de mi mente, una luz inconmutable; no esta luz ordinaria y visible a cualquier hombre, por intensa y clara que fuese y que lo llenara todo con su magnitud. Se trataba de una luz completamente distinta. Ni estaba por encima de mi mente, como el aceite sobre el agua o como el cielo sobre la tierra, sino que estaba en lo más alto, ya que ella fue quien me hizo, y yo estaba en lo más bajo, porque fui hecho por ella. La conoce el que conoce la verdad.
¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad! Tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche. Y, cuando te conocí por vez primera, fuiste tú quien me elevó hacia ti, para hacerme ver que había algo que ver y que yo no era aún capaz de verlo. Y fortaleciste la debilidad de mi mirada irradiando con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor; y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de ti, por la gran desemejanza que hay entre tú y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba: «Soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en mí».
Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: Yo soy el camino de la verdad, y la vida, y el que mezcla aquel alimento, que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría por la que creaste todas las cosas.
¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.



𝐀𝐋𝐂𝐀𝐍𝐂𝐄𝐌𝐎𝐒 𝐋𝐀 𝐒𝐀𝐁𝐈𝐃𝐔𝐑𝐈́𝐀 𝐄𝐓𝐄𝐑𝐍𝐀


 

Cuando ya se acercaba el día de su muerte -día por ti conocido, y que nosotros ignorábamos-, sucedió, por tus ocultos designios, como lo creo firmemente, que nos encontramos ella y yo solos, apoyados en una ventana que daba al jardín interior de la casa donde nos hospedábamos, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de la multitud, nos rehacíamos de la fatiga del largo viaje, próximos a embarcarnos. Hablábamos, pues, los dos solos, muy dulcemente y, olvidando lo que queda atrás y lanzándonos hacia lo que veíamos por delante, nos preguntábamos ante la verdad presente, que eres tú, cómo sería la vida eterna de los santos, aquella que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar. Y abríamos la boca de nuestro corazón, ávidos de las corrientes de tu fuente, la fuente de vida que hay en ti.

Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas mismas palabras; sin embargo, tú sabes, Señor, que, cuando hablábamos aquel día de estas cosas -y mientras hablábamos íbamos encontrando despreciable este mundo con todos sus placeres-, ella dijo:
«Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Qué es lo que hago aquí y por qué estoy aún aquí, lo ignoro, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongara por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?»
No recuerdo muy bien lo que le respondí, pero, al cabo de cinco días o poco más, cayó en cama con fiebre. Y, estando así enferma, un día sufrió un colapso y perdió el sentido por un tiempo. Nosotros acudimos corriendo, mas pronto recobró el conocimiento, nos miró, a mí y a mi hermano allí presentes, y nos dijo en tono de interrogación:
«¿Dónde estaba?»
Después, viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos dijo:
«Enterrad aquí a vuestra madre».
Yo callaba y contenía mis lágrimas. Mi hermano dijo algo referente a que él hubiera deseado que fuera enterrada en su patria y no en país lejano. Ella lo oyó y, con cara angustiada, lo reprendió con la mirada por pensar así, y, mirándome a mí, dijo:
«Mira lo que dice».
Luego, dirigiéndose a ambos, añadió:
«Sepultad este cuerpo en cualquier lugar: esto no os ha de preocupar en absoluto; lo único que os pido es que os acordéis de mí ante el altar del Señor, en cualquier lugar donde estéis».
Habiendo manifestado, con las palabras que pudo, este pensamiento suyo, guardó silencio, e iba luchando con la enfermedad que se agravaba.
Nueve días después, a la edad de cincuenta y seis años, cuando yo tenía treinta y tres, salió de este mundo aquella alma piadosa y bendita.
(Del libro de las Confesiones , San Agustín)

JESÚS QUIERE QUE AMEMOS A SU MADRE


 
Jesús, Hijo único de Dios, Hijo único de María, 
al escoger, entre todas las criaturas, a esta incomparable 
Virgen para ser su Madre, su nodriza y su gobernante; y 
pues su infinita bondad nos la dio como Madre y refugio en 
todas las necesidad, quiere que la veneremos, la honremos 
y la amemos como él la ama. 
La exaltó y honró por encima de todos los hombres y 
los ángeles; quiere igualmente que le rindamos más respeto 
y veneración que a todos los ángeles y que a todos los 
hombres. Pues él es nuestra Cabeza y nosotros sus 
miembros, animados por su espíritu, debemos seguir sus 
inclinaciones, caminar por sus sendas, continuar su vida en 
la tierra y practicar las virtudes que practicó, quiere que 
nuestra devoción a su divina Madre sea continuación de la 
suya. Es decir, que tengamos los sentimientos de honor, de 
sumisión y de amor que él le tuvo acá abajo y que le tiene 
eternamente en el cielo.

Fuente: "El corazón admirable", San Juan Eudes.

NUEVE BENDICIONES AFECTUOSAS A LA VIRGEN MARÍA

 1. ¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendito vuestro purísimo seno, en que por nueve meses hizo su morada el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

2. ¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros pechos virginales, con cuya leche se alimentó el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

3. ¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendito vuestro maternal regazo en que reposó y durmió dulcemente el hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

4. ¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros santísimos brazos, que llevaron, abrazaron y tiernamente estrecharon al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

5. ¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditas vuestras hermosísimas manos, que acariciaron y cuidadosamente sirvieron al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

6. ¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros ojos virginales que con tanto deleite se recrearon contemplando el rostro del Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

7. ¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros oídos castísimos, que con tanta frecuencia oyeron el dulce nombre de Madre de la boca del Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

8. ¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros candidísimos labios, que con gozo inexplicable imprimieron tiernos ósculos en el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

9. ¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendita vuestra lengua angelical, que sin cesar alabó y llamó hijo querido al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.




BENDICIÓN DE LOS ESPOSOS


Padre Santo, Tú creaste al ser humano a tu imagen y semejanza, y los creaste varón y mujer para que unidos sean un solo cuerpo, y un solo corazón, y realicen su misión en el mundo.

Padre Santo, para revelar tus designios de amor quisiste significar en el amor de los esposos, la Alianza que te dignaste establecer con tu pueblo, para que por el Sacramento del Matrimonio en la unión de los esposos, se manifiesten las bodas de Cristo con la Iglesia; extiende tu mano protectora sobre nuestros hijos tuyos.

Padre Santo, te pedimos nos comuniques los dones de tu amor; y que siendo el uno para el otro signo de tu presencia, seamos en verdad un solo corazón y un solo espíritu.

Padre Santo, concédenos también sustentar con nuestro trabajo el hogar y educar a nuestros hijos según el Evangelio, preparándolos para que un día se incorporen a tu familia en el cielo.

Padre bondadoso, que en la alegría te alabemos, que en la tristeza te busquemos, que en el trabajo encontremos el gozo de tu ayuda, y que en las necesidades sintamos cercano tu consuelo; que participemos en la liturgia de tu iglesia, que seamos testigos de Ti ante la humanidad y después de una feliz ancianidad, lleguemos el reino de los cielos.

Descienda sobre nosotros tu bendición copiosa, para que disfrutando de las alegrías de la entrega mutua, don recibido en la alianza matrimonial, nuestros hijos sean el encanto del hogar.

Y la bendición de Dios todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Amén.

(Tomado del libro "Oremos viviendo el amor y la misericordia de Dios")

OBREMOS CON RECTITUD DELANTE DE LOS HOMBRES

 



Esta es nuestra gloria: el testimonio de nuestra conciencia. Hay hombres que juzgan temerariamente, que son detractores, chismosos, murmuradores, que se empeñan en sospechar lo que no ven, que se empeñan incluso en pregonar lo que ni sospechan; contra esos tales, ¿qué recurso queda sino el testimonio de nuestra conciencia? Y ni aun en aquellos a los que buscamos agradar, hermanos, buscamos nuestra propia gloria, o al menos no debemos buscarla, sino más bien su salvación, de modo que, siguiendo nuestro ejemplo, si es que nos comportamos rectamente, no se desvíen. 

Cristo es quien apacienta su rebaño, él es el único pastor que lo apacienta por medio de los demás buenos pastores, que lo hacen por delegación suya.

Procuremos, pues, hermanos, no sólo vivir rectamente, sino también obrar con rectitud delante de los hombres, y procuremos no hacer nada que pueda hacer sospechar mal a nuestro hermano más débil, no sea que comiendo hierba limpia y bebiendo un agua pura pisoteemos los pastos de Dios, y las ovejas más débiles tengan que comer una hierba pisoteada y beber un agua enturbiada.

(San Agustín)

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO POR LOS SIETE DONES

 



Oh! Espíritu de Sabiduría, que a semejanza del fuego libertáis el corazón del hombre de los afectos terrenales, como ya quitasteis del corazón de los apóstoles todas las imperfecciones; dignaos destruir en nosotros los afectos menos santos que nos dominan, a fin de que no gustemos otro placer que el de ser fervorosos en vuestro divino servicio. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Oh Espíritu de Entendimiento, que abrís las mentes más torpes para llenarlas de conocimientos celestiales, despejad las tinieblas que nos rodean, y hacednos conocer en verdadero valor todas las cosas y principalmente la sublimidad y excelencia de los divinos misterios; concédenos la gracia de rechazar prontamente las dudas en las cosas de la Fe y de estar siempre dispuestos a sufrirlo todo para defender y glorificar esa misma Fe. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Oh Espíritu de Consejo, del cual derivan las luces indispensables para librarnos de toda perplejidad y buscar siempre el verdadero bien, sed con vuestra venida el guía de nuestro espíritu, a fin de que en nuestras determinaciones no miremos a otra cosa sino al perfecto cumplimiento de vuestra soberana voluntad, a la cual desde ahora nos unimos para no separarnos jamás para toda la vida. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Oh Espíritu de Fortaleza, por el cual se triunfa completamente de las pompas del mundo y de las tentaciones del demonio, como hicisteis inflexibles a los mártires del cristianismo, concédenos la gracia de reportar siempre completa la victoria de estos nuestros enemigos, y de menospreciar los respetos humanos, para no gloriarnos de otra cosa sino de nuestro Señor Jesús crucificado. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Oh Espíritu de Ciencia por el cual se conoce la vanidad del mundo, abrid vuestras mentes a la ciencia divina, a fin de que conozcamos nuestros pecados para detestarlos, nuestros deberes para cumplirlos, nuestros defectos para corregirlos, las vanidades de la tierra para menospreciarlas y las grandezas del cielo para desearlas. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Oh Espíritu de Piedad, por el cual todos los fieles forman un solo corazón y una sola alma, concédenos la gracia de amar siempre de corazón a nuestros hermanos, sin que nunca nos desanimemos por sus desatenciones e ingratitudes; y de ser siempre solícitos en la práctica de aquellos piadosos ejercicios que caracterizan el hombre muerto al mundo y vivo solamente a Dios. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Oh Espíritu de Temor de Dios, por el cual solo se teme en esta tierra la cólera de Dios, y por lo tanto no se estima otro bien, que su gracia, ni se huye otro mal que el pecado; no permitáis que por algún temor humano abandonemos el camino de la santidad; antes bien hacednos tan animosos en vuestro divino servicio que despreciando constantemente el furor del mundo, busquemos con fervor nuestra eterna salvación. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

UNIDOS A CRISTO TODO COBRA VALOR



«La yedra por sí sola no sube a lo alto, pero, arrimada a un árbol, sube cuanto el árbol sube. Pues así también suben nuestras humildes obras, si las unimos a este árbol de vida puesto en medio del paraíso de la Iglesia, que es Cristo nuestro Salvador.

Junta, pues, tus oraciones con las suyas, tus lágrimas con las suyas, tus ayunos y vigilias con los suyos, y ofrécelos al Señor, para que lo que por sí es de poco precio, por Él sea de mucho valor.

Una gota de agua, por sí tomada, no es más que agua; mas lanzada en un gran vaso de vino, toma otro más noble ser y hácese vino; y así nuestras obras, que por parte de ser nuestras son de poco valor, unidas con las de Cristo se hacen de precio inestimable, por razón de la gracia que se nos da por Él».


 Fray Luis de Granada. Vida de Jesucristo.

AMO PORQUE AMO, AMO POR AMAR (SAN BERNARDO DE CLARAVAL)


 

El amor basta por sí solo, satisface por sí solo y por causa de sí. Su mérito y su premio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo por amar. Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma. Entre todas las mociones, sentimientos y afectos del alma, el amor es lo único con que la criatura puede corresponder a su Creador, aunque en un grado muy inferior, lo único con que puede restituirle algo semejante a lo que él le da. En efecto, cuando Dios ama, lo único que quiere es ser amado: si él ama, es para que nosotros lo amemos a él, sabiendo que el amor mismo hace felices a los que se aman entre sí.

El amor del Esposo, mejor dicho, el Esposo que es amor, sólo quiere a cambio amor y fidelidad. No se resista, pues, la amada en corresponder a su amor. ¿Puede la esposa dejar de amar, tratándose además de la esposa del Amor en persona? ¿Puede no ser amado el que es el Amor por esencia?
Con razón renuncia a cualquier otro afecto y se entrega de un modo total y exclusivo al amor el alma consciente de que la manera de responder al amor es amar ella a su vez. Porque, aunque se vuelque toda ella en el amor, ¿qué es ello en comparación con el manantial perenne de este amor? No manan con la misma abundancia el que ama y el que es el Amor por esencia, el alma y el Verbo, la esposa y el Esposo, el Creador y la criatura; hay la misma disparidad entre ellos que entre el sediento y la fuente.
Según esto, ¿no tendrá ningún valor ni eficacia el deseo nupcial, el anhelo del que suspira, el ardor del que ama, la seguridad del que confía, por el hecho de que no puede correr a la par con un gigante, de que no puede competir en dulzura con la miel, en mansedumbre con el cordero, en blancura con el lirio, en claridad con el sol, en amor con aquel que es el amor mismo? De ninguna manera. Porque, aunque la criatura, por ser inferior, ama menos, con todo, si ama con todo su ser, nada falta a su amor, porque pone en juego toda su facultad de amar. Por ello, este amor total equivale a las bodas místicas, porque es imposible que el que así ama sea poco amado, y en esta doble correspondencia de amor consiste el auténtico y perfecto matrimonio. Siempre en el caso de que se tenga por cierto que el Verbo es el primero en amar al alma, y que la ama con mayor intensidad.
Amo porque amo, amo por amar
San Bernardo de Claraval, abad
Sermón sobre el libro del Cantar de los cantares (Sermón 83,4-6: Opera omnia, edición cisterciense, 2 [1958], 300-302

MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA DE SAN JOSÉ


San José mereció, por su pureza, el honor de ser elegido por Dios para ser el esposo de María, la Madre de Jesús. ¡Qué gloria para ti, oh gran santo, mandar a una esposa omnipotente en el cielo y en la tierra! 

Imita la pureza, la humildad y la modestia de José, y María se mostrará contigo llena de ternura. Para que llegues a ser un gran santo, haz, siguiendo el ejemplo de San José, todas tus acciones pensando que Dios te ve.


Fue el padre nutricio de Jesús, y Jesús le estaba sometido. Admira la humildad del Salvador, que, pudiendo nacer en el palacio de Augusto o de Herodes, prefiere elegirse un padre pobre y desconocido, un padre que debe trabajar con sus manos para procurarle alimento y vestido. A ejemplo de San José, nunca te separes de Jesús: que en todos tus actos sea tu compañero, conversa a menudo con Él. Haz un lugar a Jesús en medio de tus hijos: que tu Señor venga a tu familia, que tu Creador se acerque a su criatura (San Agustín).


San José murió en brazos de Jesús y de María. Tú también quieres terminar tu existencia con una muerte dichosa y santa: ten una gran devoción a San José. Nos asegura Santa Teresa que ha obtenido todo lo que ha pedido por los méritos de San José. Pídele esta última gracia que debe coronar tu vida y hacerte comenzar una eternidad de dicha. Con frecuencia durante tu vida, y sobre todo en la hora de tu muerte, pronuncia los tres hermosos nombres de Jesús, María y José. 


(Fuente: Catolicidad, blog)

POEMAS DE JOSE MARÍA DE OLAIZOLA

VER NUEVAS
TODAS LAS COSAS

No es novedad el amor
porque es eterno.
No es insólito llamarte
en nuestros sueños,
ni es sorpresa descubrir
que nos esperas.
No es la justicia un reclamo
que oigamos por vez primera.
El perdón no es imposible,
ni seguirte una quimera.
Pero a la vez, todo es nuevo:
el amor y los anhelos,
nuestros sueños
y tu espera.
Nuevo el grito de justicia,
nuevo el perdón y la senda
por la que seguir tus pasos,
en la que alzar tu bandera.
Cuando Tú, pobre y humilde,
nos lo muestres con tus ojos,
al fin veremos tu Reino
y habitaremos tu tierra.

José María Rodríguez Olaizola, SJ

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QUE YA ESTABAS AQUÍ

Dicen que vienes,
y siempre es tiempo, pues te esperamos
en la tierra sedienta de milagros,
en la duda que nos muerde,
en el sollozo ajeno
que estremece
e inquieta.
Te esperamos en el fracaso
que nos derriba,
y en el triunfo
(que no nos vuelva islas distantes),
en el perdón que se nos escapa,
en la calma que no alcanzamos.
Te acercas
en el vendaval que a veces nos sacude,
en el arrumaco que nos aquieta.
Te nos llegas, sorprendente.
Desbordas
nuestra espera de palabras nuevas
con respuesta eterna.
Y estás muy dentro
y muy fuera.
Vienes volviéndolo todo del revés,
puerta imprevista
a un cielo de pobres y pequeños,
hombro en que se recuestan
los heridos, los culpables,
los enfermos.
 Ya, Señor,
Dios-con-nosotros,
Dios nuestro.

 (José María Rodríguez Olaizola, sj)

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LA HERIDA

Al final de la vida llegaremos
con la herida convertida en cicatriz.
El amor pasará varias facturas.
El camino nos dejará mil huellas.
Con la misma pared tropezaremos.
Alguna decepción nos hará mella.
Mas somos hijos de un Dios enamorado.
Sedientos buscadores de respuestas.
Somos pura ambición que tú sembraste,
para que así tu reino floreciera.
Al final de la vida llegaremos
con la herida convertida en cicatriz.
Lucharemos a muerte con el ego
Sentiremos que el tiempo nos aprieta,
guardaremos derrotas en la entraña,
Perderemos la música y la fiesta.
Y, con todo, seguiremos bailando
Porque así somos, humanos en tu estela.
Portadores de un fuego inextinguible.
Creyentes en un mundo sin fronteras.
Al final de la vida llegaremos
con la herida convertida en cicatriz.
Somos fragilidad entusiasmada,
soñadores que no se desesperan.
Nunca renunciaremos al mañana,
aunque en el hoy nos toque la tormenta.
Y si acaso se agrietan los motivos
por los que un día elegimos tu bandera,
agrietados seguiremos caminando,
que tu Evangelio es ahora nuestra tierra.
Al final de la vida llegaremos
con la herida convertida en cicatriz.

(José María Rodríguez Olaizola)

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AMA 

No, no te arrepientas de amar
contra viento y marea,
contra prudencia y cálculo,
contra seguridad y egoísmo.
Como Dios mismo, ama.
Si abrazas, no encadenes,
si reprendes, no destruyas.
No escatimes el tiempo,
la ternura o las lágrimas.
No aprisiones los recuerdos,
no embrides las historias.
Con libertad y afecto, ama.
Con incertidumbre y compromiso.
Con el corazón en carne viva
y las manos abiertas.
Con la fecundidad de quien
engendra esperanza
en silencios, canciones y versos.
Aunque tu amor sea imperfecto, ama.
Es mejor intentarlo
que endurecer la entraña
para no arriesgarlo todo.

(José María Rodríguez Olaizola, sj)

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ERES

Dices, ‘ven a mí’.
Yo me resisto, pregunto,
quiero plantear un calendario,
un precio, una tasa.
Hasta que bajo los brazos,
abandono las pegas
y me fío de tu llamada.
Entonces descubro quién eres.
Eres espacio seguro
donde me sé en casa.
Eres mi tierra,
mi descanso, mi paga,
el abrazo que me envuelve,
la caricia que me sana.
Eres palabra
que ofrece un camino
y eres silencio que calma.
Eres fuerza sin violencia,
fiesta sin ausentes,
bienaventuranza.
Eres, en mi luto, danza
en la paz, refugio,
en la noche, llama.
Eres en mi nada, todo.
Tú eres mi única batalla.

José María Rodríguez Olaizola, sj

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NADIE ESTÁ SOLO

Nadie está solo, aunque a ratos lo temes 
y te sientes herido o se te rompe la entraña. 
Si se te pierde la risa 
y se te callan los versos. 
Aunque te duela la historia 
y te amenace el presente, 
si te atraviesan los miedos o se oscurece el futuro.
Es verdad que sí, que hay días grises 
en que el silencio
atormenta y oprime. 
Hay momentos en que la nostalgia
 es distancia y es ausencia. 
Hay abrazos extraviados esperando un encuentro. 
Hay miedos que anuncian naufragios 
y derrotas que parecen finales. 
Pero nadie está solo. 
Aunque a veces lo parezca.
Su palabra no se marcha y Su espíritu nos une, 
fluye infatigable entre nosotros 
despertando el amor dormido.
Vistiéndose de servicio, llamándonos prójimos, 
llamándonos amigos. 
Y trenzando en estos días inesperados 
afectos que se convierten en hogar, 
aunque hoy nos llueva dentro.

(José María Rodriguez Olaizola, sj)

SI AMAS A DIOS (Amado Nervo)



Si amas a Dios, en ninguna parte has de sentirte extranjero, 
porque Él estará en todas las regiones,
en lo más dulce de todos los países, en el límite
indeciso de todos los horizontes.
Si amas a Dios, en ninguna parte estarás triste, 
porque, a pesar de la diaria tragedia, 
Él llena de júbilo el universo.
Si amas a Dios, no tendrás miedo de nada ni de nadie,
porque nada puedes perder, y todas las fuerzas
del cosmos serían impotentes para quitarte tu heredad.
Si amas a Dios, ya tienes alta ocupación para todos los
instantes, porque no habrá acto que no ejecutes
en su nombre, ni el más humilde ni el más elevado.
Si amas a Dios, ya no querrás investigar los enigmas,
porque le llevas a Él, que es la clave y resolución
de todos.
Si amas a Dios, ya no podrás establecer con angustia
una diferencia entre la vida y la muerte, porque
en Él estás y Él permanece incólume a través de
todos los cambios. 

EL SILENCIO

El silencio nos lleva a entrar en «nuestra casa», en el corazón, donde Dios nos espera con los brazos abiertos para abrazarnos cariñosamente e invitarnos a sentarnos junto a Él, al calor de la lumbre, para pasar una agradable y apacible velada.

El silencio nos ayuda a disfrutar de la tierna presencia de Dios en nosotros.

El silencio interior es amor puro, amor divino.

Orar en silencio no es otra cosa que permanecer a la escucha, abiertos a todo lo que Dios nos dice en el corazón…

Hay que adentrarse en el silencio sin expectativas. Sin que el ego nos marque el camino.

Se niega el ego para realmente «ser». Se ora para «ser». Para «ser» junto a Dios. 

El silencio es entregarse gratuitamente a Dios. Debemos liberarnos del sinsentido de los «ruidos» que alejan de Dios.

El silencio nos permite liberarnos de todo lo deshumanizante porque nos adentra donde está la esencia de nuestra persona, en lo más profundo de nuestro corazón, que es la morada de Dios. En contacto con Él, somos, en verdad, lo que somos. Dios nos quita las máscaras, nos hace ser realmente nosotros mismos.

(P. Moratiel, la escuela del silencio)



¿POR QUÉ REZAR EL SANTO ROSARIO?


Porque amamos a María y con el Rosario podemos darle una muestra sencilla, pero profunda, de nuestro filial amor.

 ¿Qué beneficios me puede proporcionar el rezo del Santo Rosario?

En Fátima, con inmenso pesar, la Santísima Virgen describió a los tres pastorcitos la situación extremamente grave por la que atraviesa nuestra época, cada vez más distante de Dios.

Sin embargo, la Virgen María les aseguró que el rezo diario del santo rosario era el medio para lograr la paz en el mundo.

Rezar el rosario es, pues, indispensable para obtener la paz interior en nuestras almas así como en nuestras familias. Para que cesen los conflictos internos de los países y los conflictos entre las naciones.

La tradición de la Iglesia ha recomendado siempre esta oración, ha sido motivo de numerosas recomendaciones pastorales de obispos y Papas. Entre ellas dos cercanas a nosotros: la Exhortación Mirialis cultus del Papa Pablo VI y la Carta Rosarium Virginis Mariae del San Juan Plablo II. 

El Rosario es una oración mariana que inmediatamente centra nuestra mente y corazón en Jesús, pues en cada Padrenuestro rezamos con las palabras que Jesús mismos nos enseñó y por acción del Espíritu nos unimos a la voz del mismo Hijo; en cada Avemaría reconocemos «el milagro más grande de la histora», la Encarnación del Verbo, y hacemos nuestra confesión de fe de Isabel: "Bendita tú y bendito el futuro de tu vientre, Jesús"; al término de cada decena damos gloria al Padre a través del Hijo en comunión con el Espíritu Santo.

Por otro lado, los misterios que vamos anunciando antes de cada denario nos permiten ir meditando en acontecimientos de la vida de nuestro Redentor de la mano de la Madre, En la escuela de María nos vamos compenetrando con el Señor Jesús.


“Red Mundial Cristiana de Oración”

ACORDAOS



Acordaos ¡oh sagrado Corazón de Jesús! de todo lo que habéis hecho por salvar nuestras almas, y no las dejéis perecer. Acordaos del eterno e inmenso amor que habéis tenido por ellas; no rechacéis estas almas que vienen a Vos, agobiadas bajo el peso de sus miserias oprimidas bajo el de tantos dolores. Conmoveos a la vista de nuestra debilidad, de los peligros que nos rodean por todas partes, de los males que nos hacen suspirar y gemir.

Llenas de confianza y amor, venimos a vuestro Corazón, corno el corazón del mejor de los padres, del más tierno y más compasivo amigo. Recibidnos, ¡oh Corazón sagrado! en vuestra infinita ternura; hacednos sentir los efectos de vuestra compasión y de nuestro amor; sed nuestro apoyo, nuestro mediador cerca de vuestro Padre, y en nombre de vuestra preciosa sangre y de vuestros méritos, concedednos la fuerza en nuestras debilidades, consuelo en nuestras penas, y la gracia de amaros en el tiempo y de poseeros en la eternidad.

Corazón de Jesús, yo vengo a Vos porque sois mi único refugio, mi sola pero cierta esperanza; Vos sois el remedio de todos mis males, el alivio de todas mis miserias, la reparación de todas mis faltas, la seguridad de todas mis peticiones, la fuente infalible e inagotable para mi, y para todos la luz, fuerza, constancia, paz y bendición.

Estoy seguro que no os cansaréis de mí y que no cesaréis de amarme, protegerme y ayudarme, porque me amáis con un amor infinito.

Tened piedad de mi, según vuestra gran misericordia, y haced de mí, por mi, y en mí todo lo que queráis, porque yo me abandono a Vos con una entera confianza de que Vos no me abandonaréis jamás. Así sea.

EL ESCAPULARIO CARMELITA



El Escapulario del Carmen ahonda sus raíces en la larga historia de la Orden, donde representa el compromiso de seguir a Cristo como María, modelo perfecto de todos los discípulos de Cristo. Este compromiso tiene su origen lógico en el bautismo que nos transforma en hijos de Dios.

La Virgen nos enseña:

* a vivir abiertos a Dios y a su voluntad, manifestada en los acontecimientos de la vida;

* a escuchar la voz (palabra) de Dios en la Biblia y en la vida, poniendo después en práctica las exigencias de esta voz;

* a orar fielmente sintiendo a Dios presente en todos los acontecimientos;

* a vivir cerca de nuestros hermanos y a ser solidarios con ellos en sus necesidades.

El Escapulario introduce en la fraternidad del Carmelo, es decir en una gran comunidad de religiosos y religiosas que, nacidos en Tierra Santa, están presentes en la Iglesia desde hace más de ocho siglos.

Compromete a vivir el ideal de esta familia religiosa, que es la amistad íntima con Dios a través de la oración.

Pone delante el ejemplo de los santos y santas del Carmelo con quienes se establece una relación familiar de hermanos y hermanas.

Expresa la fe en el encuentro con Dios en la vida eterna por la intercesión de María y su protección.

El "Escapulario" en su origen era un delantal que los monjes vestían sobre el hábito religioso durante el trabajo manual. Con el tiempo asumió el significado simbólico de querer llevar la cruz de cada día, con los verdaderos seguidores de Jesús.

Como en algunas Ordenes religiosas, el Carmelo se convirtió en el signo de la decisión de vivir la vida como siervos de Cristo y de María. El Escapulario simbolizó el vínculo especial de los Carmelitas a María, Madre del Señor, expresando la confianza en su materna protección y el deseo de seguir su ejemplo de donación a Cristo y a los demás. Así se ha transformado en un signo Mariano por excelencia.


AQUELLOS QUE ME AYUDAN A LLEVAR LA CRUZ


 
Discípulo:
-¡Oh Sabiduría Eterna!; ahora se abren mis  ojos, y empiezo a ver los destellos de vuestra Verdad. 
Comprendo que vuestra Pasión y vuestra muerte son las más elocuentes demostraciones de vuestro amor; pero, ¡Jesús mío!, a un cuerpo tan flaco y endeble como el mío creo que le será muy difícil seguiros hasta el Calvario. 
Sabiduría:
- No temas desfallecer en este camino de mi Cruz, pues todo, la Cruz misma, se hace tan fácil, tan ligera, tan llevadera, a los que de verdad aman a Dios con todo su corazón, que ni les ocurre siquiera pronunciar una queja o prorrumpir en lamentos. Nadie en este mundo disfruta de más consuelos que aquellos que me ayudan a llevar la Cruz, pues todas mis dulzuras se derraman abundantes sobre el alma que bebe hasta las heces el cáliz de mis amarguras. Si bien la corteza es muy amarga, el fruto es de exquisita suavidad y dulzura; y toda pena parece pequeña teniendo ante los ojos la recompensa a que conduce. 
Ármate, pues, de luces, piensa en mis promesas, y de cuando en cuando levanta los ojos y mira tu corona. Sígueme con confianza, que quien conmigo comienza esta lucha ya casi tiene la victoria al alcance de sus manos. 

("Tratado de la Eterna Sabiduría" por el beato Enrique Suson)

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