ORACIÓN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

 


Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas.

Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres altísimo.

Tú eres rey omnipotente, tú eres Padre santo, Rey del cielo y de la tierra.

Tú eres trino y uno, Señor Dios, todo bien.

Tú eres el bien, todo bien, sumo bien, Señor Dios, vivo y verdadero.

Tú eres caridad y amor, tú eres sabiduría.

Tú eres humildad, tú eres paciencia, tú eres seguridad.

Tú eres quietud, tú eres gozo y alegría.

Tú eres justicia y templanza.

Tú eres todas nuestras riquezas a satisfacción.

Tú eres hermosura, tú eres mansedumbre.

Tú eres protector, tú eres custodio y defensor.

Tú eres fortaleza, tú eres refrigerio.

Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra.

Tú eres la gran dulzura nuestra.

Tú eres la vida eterna nuestra, grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso salvador.

VEN, ESPÍRITU SANTO



Realmente eres admirable, Verbo de Dios, haciendo que el Espíritu Santo te infunda en el alma de tal modo que ésta se una con Dios, le guste y no halle su consuelo más que en él.

El Espíritu Santo viene al alma, sellado con el sello de la sangre del Verbo o Cordero inmolado; más aún, la misma sangre le incita a venir, aunque el propio Espíritu se pone en movimiento y tiene ya ese deseo.

Este Espíritu, que se pone en movimiento y es consustancial al Padre y al Verbo, sale de la esencia del Padre y del beneplácito del Verbo, y viene al alma como una fuente en que ésta se sumerge. A la manera que dos ríos confluyen y se entremezclan y el más pequeño pierde su propio nombre y asume el del más grande, también actúa así este divino Espíritu al venir al alma y hacerse una sola cosa con ella. Pero, para ello, es necesario que el alma, que es la más pequeña, pierda su nombre, dejándolo al Espíritu; esto lo conseguirá si se transforma en el Espíritu hasta hacerse una sola cosa con él.

Este Espíritu, además, dispensador de los tesoros del seno del Padre y custodio de los designios del Padre y el Hijo, se infunde en el ánimo con tal suavidad que su irrupción resulta imperceptible, y pocos estiman su valor.

Con su peso y su ligereza se traslada a todos aquellos lugares que encuentra dispuestos a recibirle. Se le escucha en su habla abundante y en su gran silencio; penetra en todos los corazones por el ímpetu del amor, inmóvil y movilísimo al mismo tiempo.

No te quedas, Espíritu Santo, en el Padre inmóvil y en el Verbo y, sin embargo, permaneces siempre en el Padre y en el Verbo, en ti mismo y en todos los espíritus bienaventurados, y en todas las criaturas. Eres necesario a la criatura por razón de la sangre del Verbo unigénito, quien, debido a la vehemencia de su amor, se hizo necesario a sus criaturas. Descansas en las criaturas que se disponen a recibir con pureza la comunicación de tus dones y tu propia semejanza. Descansas en aquellos que reciben los efectos de la sangre del Verbo y se hacen digna morada tuya.

Ven, Espíritu Santo. Que venga la unión del Padre, el beneplácito del Verbo. Tú, Espíritu de la verdad, eres el premio de los santos, el refrigerio de las almas, la luz en las tinieblas, la riqueza de los pobres, el tesoro de los amantes, la hartura de los hambrientos, el consuelo de los peregrinos; eres, por fin, aquel en el que se contienen todos los tesoros.

Ven, tú, el que, descendiendo sobre María, hiciste que el Verbo tomara carne; realiza en nosotros por la gracia lo mismo que realizaste en ella por la gracia y la naturaleza.

Ven, tú, alimento de los pensamientos castos, fuente de toda misericordia, cúmulo de toda pureza.

Ven, y llévate de nosotros todo aquello que nos impide el ser llevados por ti.


(Santa María Magdalena de Pazzi, virgen)

Del libro de las revelaciones y del libro de la prueba (Manuscritos III, 186. 264; IV, 716; Opere di santa Maria, Florencia, 1965, 4, pp 200, 269; 6, p. 194)

NUESTRA VIDA LE PERTENECE A DIOS


 

La vida hay que vivirla en una perspectiva de eternidad. Si sólo pensamos en los cuatro días de este mundo, entonces, lo más lógico es que sólo pensemos en divertirnos y gozar de la vida. Pero, al final, habremos perdido nuestro tiempo y nuestra vida. Y ¡qué tristeza se sentirá en el último momento, cuando uno se dé cuenta de haber vivido solamente para este mundo, sin pensar en la eternidad que nos espera!. Hay que vivir para la eternidad.

La vida es un regalo de Dios, un tesoro que Dios te ha entregado para que puedas crecer en su amor. La vida es como un libro en el que cada día debes escribir las páginas más hermosas. No importa, si estás enfermo en un lecho o si estás en una silla de ruedas, tu vida vale tanto para Dios como la de cualquier ser humano, que camina por la calle y está trabajando todo el día. 

Tu vida es de Dios, no lo olvides, y a Dios debe volver. Tu vida sólo tendrá sentido en la medida en que vivas con amor por Dios y para Dios, sólo así te realizarás como persona y serás, de verdad, plenamente feliz.

MAS ALLA DEL SUFRIMIENTO, P. ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA

MARAVILLOSO SACRAMENTO


¿Quién podrá explicar los efectos y virtudes de este nobilísimo sacramento (de la Eucaristía)? Porque con él por una manera maravillosa es unida el ánima con su esposo, con él se alumbra el entendimiento, avívase la memoria, enamórase la voluntad, deléitase el gusto interior, acreciéntase la devoción, derrítense las entrañas, ábrense las fuentes de las lágrimas, adorméscense las pasiones, despiértanse los buenos deseos, fortaléscese nuestra flaqueza, y toma aliento para caminar hasta el monte de Dios. 

Oh maravilloso sacramento, ¿Con qué palabras te alabaré? Tú eres vida de nuestras ánimas, medicina de nuestras llagas, consuelo de nuestros trabajos, memorial de Jesucristo, testimonio de su amor.


¿Qué lengua podrá dignamente contar las grandezas de este Sacramento? ¿Quién podrá agradecer tal beneficio? ¿Quién no se derretirá en lágrimas, viendo a Dios corporalmente unido consigo? Faltan las palabras y desfallece el entendimiento, considerando las virtudes de este soberano misterio.


-Fray Luis de Granada-

¿CÓMO ES NUESTRA MIRADA AL ENCONTRARNOS CON JESÚS?


 

Jesús, en el camino a su crucifixión y en medio de tanto dolor, encuentra a su madre por un instante. Ambos comparten el mismo dolor en una mirada: Jesús el dolor por su pueblo; María el dolor por su Hijo. Jesús está a punto de culminar su misión al sacrificarse por el perdón de los pecados, mientras María recuerda aquellas palabras "una espada te atravesará el alma". Sin embargo esa mirada de dolor, refleja al mismo tiempo el más grande amor y esperanza. Dios nos da la oportunidad de encontrarnos con Cristo y con su Madre y sentir el amor y consuelo que sólo Él puede ofrecer. ¿Cómo es nuestra mirada al encontrarnos con Jesús en nuestra vida diaria? ¿Refleja indiferencia nuestra mirada al ver el dolor ajeno? o ¿Refleja compasión, amor y esperanza? ¿Cuántas veces sentimos que el mundo se nos viene encima? ¿A quién recurrimos? ¿Nos dejamos consumir por los problemas? o ¿confiamos en la voluntad de Dios? Depende de nosotros responder con un "sí" como lo hizo María y como lo hizo Jesús. Recordemos que incluso el mayor dolor puede ser consolado por una expresión de amor.


- DIÓCESIS CATÓLICA DE LITTLE ROCK,VÍA CRUCIS-

JESÚS PERTENECÍA A SAN JOSÉ POR GRACIA, NO POR NATURALEZA

 “Habiendo deseado Dios desde toda la eternidad, en su divina providencia, que una Virgen concibiera un Hijo (Is. 7,14) que sería Dios y Hombre juntamente, quiso sin embargo que esta Virgen fuera casada”, para que no fuera calumniada por los judíos. Entonces, San José es como un palmero; no contribuyó en nada a la santa y gloriosa producción, sino solo con la sombra del matrimonio; tuvo así gran parte en el fruto santísimo de su esposa, porque estuvo a su lado como unh árbol palmero junto a la palmera. Esa unión hacía que Jesús perteneciera a San José como pertenecía a Nuestra Señora, no según la naturaleza que fue formada por el Espíritu Santo de la purísima sangre de Nuestra Señora sino según la gracia que lo hacía partícipe de todos los bienes de su querida Esposa. De allí que la comunicación continua con María le alcanzó todas las virtudes en un grado que ninguna criatura puede alcanzar, como el espejo que recibe por reverberación la luz que el sol proyecta directamente sobre el otro; parecería que José tuviese todas las virtudes en tan alto grado como María.


-San Francisco de Sales-



ORACIÓN PARA LOS MOMENTOS DE TRISTEZA



Señor Jesús, Tú conoces la tristeza que ahoga mi
corazón y sabes cuál es su origen.
Te pido que me ayudes porque ya no puedo
seguir así.
Pon tus benditas manos en las heridas de mi
alma, y libérame de la tendencia a la tristeza y a
la melancolía que habitan en mí.
Que tu gracia restaure mi historia para no vivir
esclavizado por los recuerdos dolorosos del
pasado.
Quiero perdonarme y perdonar, para que tu gozo
comience a fluir en mí.
Te entrego mis temores por el mañana.
Ayúdame a vivir el presente con serenidad.
Aumenta mi confianza en Ti, para que aumente
en mi alma la alegría. Amén.

NO DEBEMOS OLVIDAR A LAS ALMAS DEL PURGATORIO


 

El Santo Cura de Ars rezaba mucho por las almas del purgatorio. Podemos decir que toda su vida fue una vida de penitencia por amor a Dios y por la salvación de los demás.

Decía que por las noches sufría por las almas del purgatorio, y por el día sufría por la conversión de los pecadores.

Él estableció Fundaciones de misas por las almas del purgatorio, no sólo en Ars sino en muchas otras parroquias.

El decía: “Si se supiera el gran poder que tienen las benditas almas del purgatorio ante el corazón de Dios, y si conociéramos todas las gracias que podemos obtener por su intercesión, no serían tan olvidadas. Debemos por tanto, rezar mucho por ellas para que ellas puedan rezar mucho por nosotros”.


fatimazoporlapaz.org

PECADOS NO CONFESADOS

Un día en 1862, estaba Don Bosco recomendando a los sacerdotes confesores que le pidieran mucho a Dios la gracia de sabes confesar bien y de obtener la eficacia de la palabra y la virtud de la prudencia, y les recordaba que muchos hacen malas confesiones por temor. Y les narró lo siguiente:

“Una noche soñé que veía a un joven con el corazón podrido y lleno de gusanos. No le hice caso al sueño, pero a la noche siguiente soñé que veía a un perro que le mordía el corazón a ese pobre joven. Entonces me convencí de que Nuestro Señor quería ayudar a ese muchacho quitándole de la conciencia algún pecado que tenía sin perdonar.

Y un día me lo encontré y le dije: “¿Me quiere hacer un favor?”.

– Sí, claro, por supuesto, ¿Qué será?

– ¿Quiere decirme si tiene algún pecado en su conciencia sin haberlo confesado? El quiso negarlo, pero yo le dije: 

“¿Y aquel pecado?, ¿y aquel otro?, ¿por qué no los ha confesado? Entonces me miró al rostro y comenzó a llorar, y me dijo: 

– Tiene razón. Hace dos años que tengo esos pecados en mi conciencia y nunca he sido capaz de confesarlos.

Y aquel muchacho se puso en paz con Dios.


-Los Sueños de San Juan Bosco,  Extraídos de la Vida de San Juan Bosco -Memorias Biográficas-




LA CONTEMPLACIÓN DE DIOS EN EL ALMA PURGANTE


 

Nosotros sobre la tierra reconocemos a Dios por la fe. El alma purgante lo contempla a través de un velo de amor que es fruto del estado de gracia; el alma condenada lo percibe a través de una terrible fobia y de un odio total porque está separada voluntaria y obstinadamente de Él. 

El fuego y las penas del Purgatorio son como un lente que lo acerca, porque el alma sufriendo para purificarse, lo siente como el único fin de su vida.  El fuego y la pena del Infierno son como una terrible oscuridad y humo que lo alejan. Por esto en las revelaciones, los santos han dicho que el fuego del Purgatorio es luminoso y el del Infierno es tenebroso. 

Por el estado de gracia el alma purgante está cerca de Dios, y siente mil veces más que las almas contemplativas en la tierra, la sublime paz de la infinita sencillez de Dios. 

Se encuentra como envuelta en una melodía, que es la admirable armonía de la Unidad y de la Trinidad Divina. No ve a Dios, pero lo contempla en la armonía de la gracia por la cual vive sobrenaturalmente en Él. Es un espectáculo dulcísimo, lejano sí, pero que aumenta el ansia amorosa de reunirse con Él. Por esta ansia que es amorosa presión divina, el alma siente el amor de Dios que la rodea. También en esto se ve una dulcísima odisea de amor que para el alma es pena y purificación de amor.


-EL PURGATORIO, La última de las misericordias de Dios, PADRE DOLINDO RUOTOLO-

LAS SIETE CAÍDAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO


 

JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

V. Te Adoramos oh Cristo y te bendecimos.

R. Que con tu Santa Cruz redimiste el mundo.

JESÚS CAE POR NUESTROS PECADOS DE SOBERBIA

De la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 12,16-17

“Tengan un mismo sentir los unos para con los otros. No sean altaneros; inclínense más bien por lo humilde. No se complazcan en su propia sabiduría. No devuelvan a nadie mal por mal; Procuren el bien a todos los hombres”.

V. Palabra de Dios

R/. Te alabamos Señor 

REFLEXIÓN

Jesús cae cuando nos dejamos tentar por la soberbia. Entre los pecados de soberbia se encuentranla vanidad, el engreimiento, la arrogancia, la autosuficiencia y la susceptibilidad. La única manera desalir de este pecado es abrirnos a la gracia y misericordia de Dios, reconociendo nuestra debilidad y realizando el propósito de cambiar nuestro orgullo por la humildad.

ORACIÓN

Nos levantamos cuando practicamos la Humildad, Señor Jesucristo, danos la fortaleza delevantarnos de nuestro pecado de soberbia y adquirir el don de la humildad. Amen.

Padre Nuestro...

Bendita y alabada sea la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, los dolores y angustias de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Amen

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JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

V. Te Adoramos oh Cristo y te bendecimos.

R. Que con tu Santa Cruz redimiste el mundo.

JESÚS CAE POR NUESTROS PECADOS DE AVARICIA

Del santo Evangelio según san Lucas 21, 1-3

“En aquel tiempo, alzando Jesús la mirada, vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos monedas, y dijo: En verdad les digoque esta viuda pobre ha echado más que todos.

V. Palabra de Dios

R. Te alabamos Señor

REFLEXIÓN

Jesús cae cuando nos dejamos tentar por la avaricia, este pecado capital es el deseo desordenado y exagerado hacia los placeres o posesiones. La avaricia nos lleva al egoísmo, nos cierra a las necesidades del prójimo; incluso, nos olvidamos de nuestras familias y de nosotros mismo en el afán de la riqueza y el poder.

ORACIÓN

Nos levantamos cuando practicamos la virtud de la generosidad. Señor enséñanos a descubrir que nuestra riqueza se encuentra en ti, único Dios verdadero; para que tu generosidad se manifieste en nosotros al compartir los bienes materiales con los más necesitados. Amén.

Padre Nuestro...

Bendita y alabada sea la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, los dolores y angustias de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Amen

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JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

V. Te Adoramos oh Cristo y te bendecimos.

R. Que por tu Santa Cruz redimiste el mundo.

JESÚS CAE POR NUESTROS PECADOS DE LUJURIA

De la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 13, 13

“Comportémonos con decencia, como se hace de día: nada de banquetes y borracheras, nada de lujurias y desenfrenos; nada de pleitos y envidias”.

V. Palabra de Dios.

R. Te alabamos Señor 

REFLEXIÓN

Jesús cae, cuando nos dejamos tentar por la lujuria: El mundo nos vende la búsqueda del placer sexual, porque con eso nos sentimos supuestamente libres, realizados y felices. El corazón, que está hecho para amar, y la razón, que es para razonar, son manejados por el deseo carnal, que es lo más inferior de nuestra naturaleza.

ORACIÓN

Nos levantamos cuando practicamos la virtud de la castidad, Señor Jesús, somos simples criaturas y sin ti nada podemos hacer. Te pedimos, que defiendas con tu gracia la castidad y pureza de nuestras almas y cuerpos. Amén.

Padre Nuestro...

Bendita y alabada sea la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, los dolores y angustias de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Amen

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JESÚS CAE POR CUARTA VEZ

V. Te Adoramos oh Cristo y te bendecimos.

R. Que por tu Santa Cruz redimiste el mundo.

JESUS CAE POR NUESTROS PECADOS DE IRA

Lectura del libro de los Proverbios 15,1

“Respuesta amable aplaca la ira, palabra hiriente enciende la cólera”.

V. Palabra de Dios.

R. Te alabamos Señor

REFLEXIÓN:

Caemos cuando nos dejamos tentar por la ira, cuando tenemos ira contra hombres y mujeres y los hacemos víctimas de la violencia, del maltrato, la discriminación y la humillación. Jesús cae cuando en el hogar no reina la paz sino el maltrato intrafamiliar; los hijos crecen en un clima de odio, de irrespeto y de venganza y a causa de nuestras palabras.

ORACIÓN:

Nos levantamos cuando practicamos la paciencia, soportando con la paz y serenidad las adversidades, las contrariedades de la vida. Señor, limpia nuestro corazón, borra toda amargura y resentimiento, enséñanos a perdonar, a amar y a soportar con paciencia las faltas de los demás. Amén.

Padre Nuestro...

Bendita y alabada sea la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, los dolores y angustias de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Amen

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JESÚS CAE POR QUINTA VEZ

V. Te Adoramos oh Cristo y te bendecimos.

R. Que por tu Santa Cruz redimiste el mundo.

JESUS CAE POR NUESTROS PECADOS DE GULA

Del Evangelio según San Lucas 12, 22-23. 29.

“Jesús dijo a sus discípulos: No anden preocupados por su vida, qué comerán, ni por su cuerpo,con qué se vestirán: porque la vida vale más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido. Así  pues, ustedes no anden buscando qué comer ni qué beber, y no estén inquietos".

V. Palabra de Dios.

R. Te alabamos Señor 

REFLEXIÓN

Jesús cae cuando nos dejamos tentar por los gustos desordenados, los placeres, y a causa de ello sufrimos muchos daños y enfermedades cuando comemos o bebemos en exceso, más de lo que el cuerpo necesita.

ORACIÓN

Nos levantamos cuando practicamos la virtud de la Templanza, expresando un carácter moderado en la sobriedad al comer y al beber. Te pedimos Señor que nos ayudes a evitar toda clase de excesos, el abuso en la comida, el alcohol u otras sustancias. Amén.

Padre Nuestro...

Bendita y alabada sea la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, los dolores y angustias de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Amen

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JESÚS CAE POR SEXTA VEZ

V. Te Adoramos oh Cristo y te bendecimos.

R. Que por tu Santa Cruz redimiste el mundo.

JESÚS CAE POR NUESTROS PECADOS DE ENVIDIA

Lectura de la primera Carta de Pedro 2,1

“Rechacen, toda malicia y todo engaño, hipocresías, envidias y toda clase de maledicencias”.

V. Palabra de Dios.

R. Te alabamos Señor

REFLEXIÓN

Caemos cuando nos dejamos tentar por la envidia. En la actualidad la envidia es un pecado muy escondido y difícil de percibir ya que aquel que la experimenta suele verla como algo normal y no como un pecado; la envidia nace cuando considero que tengo menos que los demás o no acepto los triunfos y capacidades de los demás.

ORACIÓN.

Nos levantamos cuando practicamos la caridad. Jesús ayúdanos a rechazar todo sentimiento de envidia. Te pedimos oh Señor, nos des un corazón lleno de amor para vencer la envidia en nuestra familia, el trabajo, el colegio y todos los lugares donde estemos.

Amén.

Padre Nuestro...

Bendita y alabada sea la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, los dolores y angustias de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Amen

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JESÚS CAE POR SEPTIMA VEZ

V. Te Adoramos oh Cristo y te bendecimos.

R. Que por tu Santa Cruz redimiste el mundo.

JESÚS CAE CUANDO PECAMOS POR LA PEREZA

Del libro de los proverbios 15,19

“El camino del perezoso está lleno de espinos, la senda de los virtuosos esta allanada”.

V. Palabra de Dios.

R. Te alabamos Señor 

REFLEXIÓN

Caemos cuando nos dejamos tentar por la pereza, daña nuestra vida, nos paraliza y nos hace descuidar nuestra vida espiritual, afecta a las relaciones en la familia, amigos y en el trabajo. La pereza es la madre de todos los vicios. 

ORACION

Nos levantamos cuando practicamos la diligencia, el interés, la responsabilidad, el cuidado, la eficiencia y la prontitud en el cumplimiento de nuestras labores, obrando bien conforme a la voluntad de Dios. Señor derrama tu gracia para vencer el pecado de la pereza.

Amen

Padre Nuestro...

Bendita y alabada sea la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, los dolores y angustias de su Santísima Madre al pie de la Cruz. Amen

ORACIÓN FINAL:

Dios todo Poderoso, te pedimos que podamos imitar la humildad y ejemplo de las virtudes de Jesús, quien se hizo hombre y se ofreció en la cruz para nuestra salvación. 

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amen

Dios te Salve, Reina y Madre…

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.Amén

ORACIÓN A SAN JOSÉ CON EL NIÑO

 Oh, san José, cuya protección es tan grande, tan fuerte y tan inmediata ante el trono de Dios, a ti confío todas mis intenciones y deseos. 

Ayúdame, san José, con tu poderosa intercesión, a obtener todas las bendiciones espirituales por intercesión de tu Hijo adoptivo, Jesucristo Nuestro Señor, de modo que, al confiarme, aquí en la tierra, a tu poder celestial, te tribute mi agradecimiento y homenaje. 

Oh, san José, yo nunca me canso de contemplarte con Jesús adormecido en tus brazos. No me atrevo a acercarme cuando Él descansa junto a tu corazón. Abrázale en mi nombre, besa por mí su delicado rostro y pídele que me devuelva ese beso cuando yo exhale mi último suspiro. 

¡San José, patrono de las almas que parten, ruega por mí!

Amén. 



PARA SER SANTOS DEBEMOS CARGAR LA CRUZ

Toda la perfección cristiana consiste en querer ser santo, y para ello, debemos parecernos a Jesucristo llevando la cruz. Es tan limitado el número de los que quieren seguir a Jesús por el camino de la cruz, que apenas si hay uno por cada diez mil -como fue revelado, a varios santos, entre ellos a San Simón Estilita. 

Es tan reducido, que, si Dios quisiera agruparlos, tendría que gritarles, como en otro tiempo, por boca de un profeta.

El conocimiento práctico del misterio de la cruz se comunica a muy pocos. Para que alguien suba al Calvario y se deje crucificar con Jesucristo, es necesario que sea un valiente, un amigo de Dios; un hombre resuelto a sacrificarlo todo, emprenderlo y padecerlo todo por Jesucristo.

Aquellos que no tienen tal determinación andan sólo con un pie, vuelan sólo con un ala 

"El que quiera venirse conmigo, que me humillé y anonadé tanto que parezco más gusano que hombre (Salmo 22,7); conmigo, que vine al mundo solamente para abrazar la cruz, debe, a imitación mia, gloriarse sólo en la pobreza, las humillaciones y padecimientos de mi cruz: que reniegue de sí mismo.

¡Lejos de aquí los devotos orgullosos, que hacen resonar en todas partes el «en cuanto a mí» del orgulloso Lucifer: "No soy como los demás" que no pueden soportar que los censuren, sin excusarse; que los ataquen, sin defenderse; que los humillen, sin ensalzarse!


-San Luis de Montfort-




ESPÍRITU SANTO, SEÑOR Y DADOR DE VIDA


 

Al llegar de nuevo  San Pablo a la ciudad de Efeso, halló algunos discípulos que habían aceptado ya la fe cristiana y les preguntó: 

«¿Habéis recibido el Espíritu Santo al abrazar la fe?» Ellos le contestaron: «Ni siquiera hemos oído si existe el Espíritu Santo» (Act 19,1-2). Aunque parezca increíble después de veinte siglos de cristianismo, si San Pablo volviera a formular la misma pregunta a una gran muchedumbre de cristianos, obtendría una respuesta muy parecida.

El primer motivo de esta general ignorancia obedece, quizá, a sus propias manifestaciones muy poco perceptibles para la inmensa mayoría de los hombres.

Se conoce bastante bien al Padre, se le adora y se le ama. ¿Cómo podría ser de otra manera? Sus obras son palpables y están siempre presentes a nuestros ojos. 

Conocemos, adoramos y amamos inmensamente también al Hijo de Dios.La historia tan conmovedora de su nacimiento, vida, pasión y muerte; la eucaristía, sobre todo.

Pero con el Espíritu Santo, nada hay más oculto que la acción del Espíritu Santo sobre nuestras vidas.

Sólo tres veces se ha manifestado bajo un signo sensible: en forma de paloma sobre Jesús al ser bautizado en el río Jordán, de nube resplandeciente en el monte Tabor y de lenguas de fuego en el cenáculo de Jerusalén.  Si el Espíritu Santo no es reconocido, no se puede expansionar, como quisiera ardientemente, sobre las almas y sobre el mundo cristiano. 

Nada hay ni puede haber de más difusivo que este divino Espíritu, que es personalmente el sumo bien; y, sin embargo, al tropezar con la rebeldía de nuestra libertad olvidadiza e indiferente, se siente como constreñido a replegarse y restringirse, a limitar su acción santificadora a muy contadas almas que le son enteramente fieles, a dar como con mano avara sus dones inefables, puesto que son muy pocos los que se los piden y menos todavía los que son dignos de ellos. 

Pero mucho más que el propio Espíritu Santo deberían dolerse los propios cristianos al verse tan poco instruidos y dignos de un Dios tan grande. Porque esto significa, ante todo, ignorar o despreciar la fuente misma de la vida sobrenatural y divina.

La Iglesia, en su Símbolo fundamental, reconoce expresamente al Espíritu Santo este estupendo atributo de conferir a las almas la vida sobrenatural:

"Creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida" Sumerjámonos en el estudio de la persona adorable del Espíritu Santo y de su acción santificadora en la Iglesia y en las almas a través de sus preciosísimos dones y carismas.


-Antonio Royo Marín, EL GRAN DESCONOCIDO: El Espíritu Santo y sus dones-

LETANÍAS DE LAS SIETE CAÍDAS



Jesús pobre y abatido, ten piedad de mí Señor
Jesús no conocido y menospreciado, ten piedad de mí Señor.
Jesús aborrecido, calumniado y perseguido, ten piedad de mí Señor.
Jesús dejado de los hombres y del demonio tentado, ten piedad de mí Señor.
Jesús entregado y vendido por vil precio, ten piedad de mí Señor.
Jesús blasfemado, acusado y condenado injustamente, ten piedad de mí Señor.
Jesús vestido de un hábito de oprobios y afrentas, ten piedad de mí Señor.
Jesús abofeteado y burlado, ten piedad de mí Señor.
Jesús arrastrado con una soga al cuello, ten piedad de mí Señor.
Jesús tenido por loco y endemoniado, ten piedad de mí Señor.
Jesús azotado hasta derramar sangre, ten piedad de mí Señor.
Jesús pospuesto a Barrabás, ten piedad de mí Señor.
Jesús despojado de todas sus vestiduras con infamia, ten piedad de mí Señor.
Jesús coronado de espinas y saludado por burla, ten piedad de mí Señor.
Jesús cargado con la cruz de mis pecados, ten piedad de mí Señor.
Jesús triste hasta la muerte, ten piedad de mí Señor.
Jesús consumido de dolores, de injurias y de humillaciones, ten piedad de mí Señor.
Jesús afrentado, escupido, ultrajado y escarnecido, ten piedad de mí Señor.
Jesús pendiente de un madero infame entre dos ladrones, ten piedad de mí Señor.
Jesús aniquilado y sin honra para con los hombres, ten piedad de mí Señor.
Oración: Oh buen Jesús, que sufriste por mi amor una infinidad de oprobios y afrentas, que yo no puedo comprender; imprime poderosamente en mi corazón la estimación de tu paciencia y haz que desee imitarla. Amén.

Ahora se reza tres avemarías por las tres necesidades que tuvo María Santísima al pie de la cruz.

A las invocaciones que siguen se responde: Ten piedad de mí, Señor”.
¡Oh santísima cruz!
¡Oh inocente cordero!
¡Oh pena grave y cruel!
¡Oh pobreza de Cristo mi Redentor!
¡Oh llagas muy lastimadas!
¡Oh corazón traspasado!
¡Oh sangre de Cristo derramada!
¡Oh muerte de Cristo amargada!
¡Oh divinidad de Dios, digna de ser reverenciada!
Ayúdame Señor para alcanzar la vida eterna en la hora de mi muerte. Amén.

ESPERANZA EN LAS LUCHAS DE LA VIDA


 “Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces dará a cada uno según sus obras.” (Mt 16, 27)

Lo ha dicho Cristo, el Hijo de Dios vivo. Lo ha dicho la Verdad por esencia, Aquél que afirmó de Sí mismo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.” (Jn 16, 6) ¡Qué gozo y qué satisfacción tan íntima para el pobre corazón humano que siente ansia y sed inextinguible de inmortalidad! Nos lo asegura el mismo Dios: ¡somos inmortales! Llegará un día en que nuestros cuerpos, rendidos de cansancio por las luchas de la vida, se inclinarán hacia la tierra y descenderán al sepulcro, mientras el alma volará a la inmortalidad. Cuando el leñador abate con su hacha el viejo árbol carcomido, el pájaro que anidaba en sus ramas levanta el vuelo y se marcha jubiloso a cantar en otra parte.

(Antonio Royo Marín) 

FRUTOS Y BENEFICIOS DE LA EUCARISTÍA


"La Sagrada Comunión aumenta nuestra unión con Cristo y con su Iglesia. Preserva y renueva la vida de gracia recibida en el Bautismo y la Confirmación y nos hace crecer en el amor a nuestro prójimo. Nos fortalece en la caridad, elimina los pecados veniales y nos preserva de pecado mortal en el futuro."

- Compendio del Catecismo-

El gran teólogo Antonio Royo Marín escribió un tratado sobre los efectos y beneficios de la Eucaristía, veamos los puntos más ímportantes:

1. La eucaristía nos une íntimamente con Cristo y, en cierto sentido, nos transforma en Él.

El mismo Cristo la expresa de manera sublime en el Evangelio: "El que come mi carne y bebe mi sangre, está en mi y yo en él." (San Juan 6, 54)

2. La eucaristía nos une íntimamente con la Santísima Trinidad.

Esto se da porque las tres divinas personas de la Santísima Trinidad son absolutamente inseparables y aunque es cierto que el alma en gracia es en todo momento templo vivo de la Santísima Trinidad, que en ella inhabita, la sagrada comunión perfecciona más en el alma este misterio 

3. La eucaristía nos une íntimamente con todos los miembros vivos del Cuerpo místico de Cristo.

Lo insinúa claramente San Pablo cuando dice: "pues todos participamos de ese único pan» (1 Cor 10,16-17).

a) En primer lugar con la Virgen María, ya que en la eucaristía hay algo que pertenece realmente a María: "la carne purísima de Jesús se formó exclusivamente en las entrañas virginales de María"

b) Con los ángeles, por eso a la eucaristía se la llama pan de los ángeles, porque ellos se nutren de la contemplación y goce fruitivo del mismo Verbo eterno, que la eucaristía nos entrega a nosotros en manjar.

c) Con los bienaventurados del cielo, que se unen íntimamente a nosotros en el momento en que la eucaristía nos une íntimamente a la misma Cabeza común.

d) Con las almas del purgatorio, que constituyen la Iglesia purgante y que esperan de nosotros — principalmente a través de la eucaristía como sacrificio— la ayuda fraternal de nuestros sufragios.

e) Con todos los cristianos en gracia, que están incorporados a su divina Cabeza y reciben continuamente de ella su influjo vivificador. 

4. La eucaristía nos aumenta la gracia santifícante al darnos la gracia sacramental.

Dar la gracia es efecto propio de todos los sacramentos, pero la eucaristía lo hace en grado superlativo, por ser el más excelente de todos, ya que contiene, juntamente con la gracia, el manantial y la fuente de la misma, que es el propio Cristo. 

5. La eucaristía nos aplica los méritos de la pasión de Cristo.

Oigamos a Santo Tomás de Aquino:

«En este sacramento se representa la pasión de Cristo, por eso los efectos que la pasión hizo en el mundo los hace este sacramento en el hombre.

6. La eucaristía nos aumenta las virtudes teologales, sobre todo la caridad. Y con ellas todas las demás virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo.

7. La eucaristía remite indirectamente la pena temporal debida por los pecados.

8.° La eucaristía preserva de los pecados futuros.

Porque robustece las fuerzas del alma contra las malas inclinaciones de la naturaleza, y porque nos preserva de los asaltos diabólicos al aplicarnos los efectos de la pasión de Cristo, por la que fue vencido el demonio. 

EL ÁNGEL DE LA GUARDA


Que tu buen ángel de la guarda vele siempre sobre ti, que pueda ser tu guía en el camino escabroso de la vida. Que siempre te mantenga en la gracia de Jesús y te sostenga con sus manos para que no puedas tropezar en una piedra. Que te proteja bajo sus alas de todas las trampas del mundo, del demonio y la carne.

Tienes gran devoción, Annita, a este ángel bueno; ¡Qué consolador es saber que cerca de nosotros hay un espíritu que, desde la cuna hasta la tumba, no nos deja ni por un instante, ni siquiera cuando nos atrevemos a pecar! Y este espíritu celestial nos guía y protege como un amigo, un hermano.

Pero es muy consolador saber que éste ángel ora sin cesar por nosotros, ofrece a Dios todas nuestras buenas acciones, nuestros pensamientos, nuestros deseos, si son puros.

Por el amor de Dios, no te olvides de este compañero invisible, siempre presente, siempre dispuesto a escucharnos y listo para consolarnos. ¡Oh deliciosa intimidad!, ¡Oh deliciosa compañía! ¡Si tan sólo pudiéramos comprenderlo!

- Carta del Padre Pío  a Annita, 15 de julio de 1913 -

AYUDEMOS A LAS ALMAS DEL PURGATORIO CON LA FUERZA DEL AMOR

"Para ayudar a sus familiares en el purgatorio no es cuestión de memorizar las oraciones más conocidas de la Iglesia católica; es una cuestión del corazón. Deberían dedicarse a extender su amor y perdón por sus parientes y a hacer buenas obras por ellos. 

Solamente con el Padre Nuestro y el Ave María, podrán hacer mucho por sus familiares en el purgatorio y, de este modo, también recibirán en recompensa su ayuda.  Hay que recordar que la única oración que nos dio Jesús fue el Padre Nuestro. Esta oración contiene todo lo que el amor de Dios espera de nosotros.  Y siendo así de corto y sencillo, ¿cuántas personas hacen en la actualidad lo que se pide en el Padre Nuestro? 

Sugiero que poco a poco también echen un vistazo a las demás oraciones. Podríamos decir que las oraciones son simplemente bosquejos de lo que nos tiene que salir del corazón para nuestro prójimo, para nuestros amigos y parientes difuntos. Todo esto no es una cuestión de la mente sino del corazón. El amor viene del corazón y no de la mente. 

La falta de inteligencia en sí misma nunca ha matado a nadie, pero la ausencia de amor mata cada minuto del día y la noche. No nos hacemos santos, ni curamos nuestra alma con la inteligencia sino con el amor."


-¡Sáquennos de aquí! Entrevista a María Simma de Nicky Eltz-

ESPÍRITU DE DIOS, LA TIERRA LLENAS

 Espíritu de Dios, la tierra llenas,

las mentes de los hombres las bañas en tu luz,

tú que eres Luz de Dios, divino fuego,

infunde en todo hombre la fuerza de la cruz.



Sé luz resplandeciente en las tinieblas

de quienes el pecado sumió en la obscuridad,

reúne en la asamblea de los hijos

los justos que te amaron, los muertos por la paz.


Acaba en plenitud al Cristo vivo,

confirma en el creyente la gracia y el perdón,

reúnelos a todos en la Iglesia,

testigos jubilosos de la resurrección. Amén.

LA HUMILDAD



La humildad es «guardiana de todas las virtudes» y fundamento de la vida interior

(Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción)

Porque la soberbia fue la raíz y la fuente de la maldad humana: contra ella pone (el Señor) la humildad como firme cimiento, porque una vez colocada ésta debajo, todas las demás virtudes se edificarán con solidez; pero si ésta no sirve de base, se destruye cuanto se levanta por bueno que sea (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 15).


Ni como hombre ni como fiel cristiano el sacerdote es más que el seglar. Por eso es muy conveniente que el sacerdote profese una profunda humildad, para entender cómo en su caso también de modo especial se cumplen plenamente aquellas palabras de San Pablo: ¿qué tienes que no hayas recibido? (I Cor 4, 7). Lo recibido… ¡es Dios! Lo recibido es poder celebrar la Sagrada Eucaristía, la Santa Misa -fin principal de la ordenación sacerdotal-, perdonar los pecados, administrar otros Sacramentos y predicar con autoridad la Palabra de Dios, dirigiendo a los demás fieles en las cosas que se refieren al Reino de los Cielos (SAN JOSEMARÍA ESCRIVA DE BALAGUER, Hom. Sacerdote para la eternidad, 13-IV-1973).

Si no tenéis humildad, podéis decir que no tenéis nada (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la humildad).


La humildad, maestra de todas las virtudes, es a la par, el fundamento inconmovible del edificio sobrenatural, el don por antonomasia y la gracia más excelsa del Salvador (CASIANO, Colaciones, 15, 7).

Como este edificio todo va fundado en humildad, mientras más llegados a Dios, más adelante ha de ir esta virtud, y si no va todo perdido (SANTA TERESA, Vida, 12, 2).


No quieras ser como aquella veleta dorada del gran edificio: por mucho que brille y por alta que esté, no importa para la solidez de la obra. Ojalá seas como un viejo sillar oculto en los cimientos, bajo tierra, donde nadie te vea: por ti no se derrumbará la casa (SAN JOSEMARÍA ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 590).


Sólo a pasos de humildad se sube a lo alto de los cielos (SAN AGUSTIN, Sermón sobre la humildad y el temor de Dios).

Poseyendo la humildad, tenemos también todas las demás (virtudes); pero, si nos falta, nada valen todas las demás (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la humildad).


(Es) madre y maestra de todas las virtudes (SAN GREGORIO MAGNO, Moralia, 23, 23).


Amad la humildad, que es fundamento y guarda de todas las virtudes (SAN BERNARDO, Sermón 1, en la Natividad del Señor).

Nunca estaremos bastante convencidos de lo importante que es para los cristianos, y especialmente para los sacerdotes, el esforzarse en practicar la humildad y el arrojar del espíritu toda presunción, toda vanidad, todo orgullo. No hay que ahorrar esfuerzo ni fatiga para salir airosos en una empresa tan santa; y como es cosa que no se puede lograr sin la gracia de Dios, hay que pedirlo insistentemente, sin cansarse nunca (J. PECCI -León XIII-, Práctica de la humildad).

La verdadera paciencia y tranquilidad de alma sólo puede adquirirse y consolidarse con una profunda humildad de corazón. La virtud que mana de esta fuente no tiene necesidad del retiro de una celda ni del refugio de la soledad. En realidad, no le hace falta un apoyo exterior cuando está interiormente sostenida por la humildad, que es su madre y guardiana. Por otra parte, si nos sentimos airados cuando se nos provoca, es indicio de que los cimientos de la humildad no son estables (CASIANO, Colaciones, 18, 13).

Aun las buenas acciones carecen de valor cuando no están sazonadas por la virtud de la humildad. Las más grandes, practicadas con soberbia, en vez de ensalzar, rebajan. El que acopia virtudes sin humildad arroja polvo al viento, y donde parece que obra provechosamente, allí incurre en la más lastimosa ceguera. Por lo tanto, hermanos míos, mantened en todas vuestras obras la humildad […] (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 7 sobre los Evang.).

Nada tengas por más excelente, nada por más amable que la humildad. Ella es la que principalmente conserva las virtudes, una especie de guardiana de todas ellas. Nada hay que nos haga más gratos a los hombres y a Dios como ser grandes por el merecimiento de nuestra vida y hacernos pequeños por la humildad (SAN JERÓNIMO, Epístola 148, 20).


Nadie puede alcanzar santidad si no es a través de una verdadera humildad. Cada uno debe dar pruebas de esta humildad, ante todo a sus hermanos. Pero también debe tributarla a Dios, persuadido de que si El no le protege y ayuda en cada instante, le es absolutamente imposible obtener la santidad a que aspira y hacia la cual corre (CASIANO, Instituciones, 12, 23).

Si por pereza dejas de poner los medios necesarios para alcanzar la humildad, te sentirás pesaroso, inquieto, descontento y te harás la vida imposible a ti mismo y quizá también a los demás y, lo que más importa, correrás gran peligro de perderte eternamente; al menos se te cerrará la puerta de la perfección, ya que fuera de la humildad no hay otra puerta por la que se pueda entrar (J. PECCI León XIII-, Práctica de la humildad, 49).


Si quieres ser grande, comienza por ser pequeño; si quieres construir un edificio que llegue hasta el cielo, piensa primero en poner el fundamento de la humildad. Cuanto mayor sea la mole que se trate de levantar y la altura del edificio, tanto más hondo hay que cavar el cimiento. Y mientras el edificio que se construye se eleva hacia lo alto, el que cava el cimiento se abaja hasta lo más profundo. El edificio antes de subir se humilla, y su cúspide se erige después de la humillación (SAN AGUSTIN, Sermón 69).


La fe no es propia de los soberbios, sino de los humildes (SAN AGUSTIN, en Catena Aurea, vol. VI, p. 297).

La guardiana de la virginidad es la caridad, pero el castillo de tal guardia es la humildad (SAN AGUSTIN, Trat. sobre la virginidad, 33, 51).


Puedes salvarte sin la virginidad, pero no sin la humildad. Puede agradar la humildad que llora la virginidad perdida; mas sin humildad (me atrevo a decirlo) ni aun la virginidad de María hubiera agradado a Dios (SAN BERNARDO, Hom. sobre la Virgen Madre, I, 5).

Hermosa es la unión de la virginidad y de la humildad; y no poco agrada a Dios aquella alma en quien la humildad engrandece a la virginidad y la virginidad adorna a la humildad (SAN BERNARDO, Hom. sobre la Virgen Madre, I, 5).


La humildad es el fundamento de todas las demás virtudes. Quien desea servir a Dios y salvar su alma, debe comenzar por practicar esta virtud en toda su extensión. Sin día nuestra devoción será como un montón de paja muy voluminoso que habremos levantado, pero al primer embate de los vientos queda derribado y deshecho. El demonio teme muy poco esas devociones que no están fundadas en la humildad, pues sabe muy bien que podrá echarlas al traste cuando le plazca (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la humildad).

Si el orgullo es la fuente de toda clase de vicios (Eccli 10, 15), podemos también afirmar que la humildad es la fuente y el fundamento de toda clase de virtudes (Prov 15, 33); es la puerta por la cual pasan las gracias que Dios nos otorga; ella es la que sazona todos nuestros actos, comunicándoles tanto valor, y haciendo que resulten tan agradables a Dios; finalmente, ella nos constituye dueños del corazón de Dios, hasta hacer de El, por decirlo así, nuestro servidor; pues nunca ha podido Dios resistir a un corazón humilde (I Pdr 5, 5) (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el orgullo).


(San Juan Bautista) perseveró en la santidad porque se mantuvo humilde en su corazón (SAN GREGORIO MAGNO, Trat. sobre el Evang. de S. Lucas, 20, 5).



REPAREMOS POR LAS LANZADAS CONTRA EL CORAZÓN DE CRISTO


Lanzada contra el Corazón de Cristo es la blasfemia, o la proferida por labios inmundos, o la declamada en la tribuna, o la impresa en el libro herético o impío. iAborrezcámosla!

Lanzada contra el Corazón de Cristo es la inmoralidad que a tantas almas seduce y que se manifiesta en el hablar y vestir, en la playa y en los espectáculos, en la novela y aún en el deporte. iAlerta con ella!

Lanzada contra el Corazón de Cristo es la impiedad, el desprecio que se hace de las cosas sagradas; la burla y el sarcasmo contra las mismas; la negación de las verdades y doctrinas de Jesús.

Lanzada contra el Corazón de Cristo es la profanación que se hace impune y públicamente de los días del Señor; la omisión de la Santa Misa; el convertir los días santos en días de pecado.

Lanzada contra el Corazón de Cristo son los odios que reinan hoy en el mundo, tan contrario a Aquel que vino a enseñarnos las dulzuras de la divina Caridad y amor entre todos.

Lanzada contra el Corazón de Cristo son las persecuciones que sufre la Iglesia, salida del Costado del Divino Redentor, sobre todo los que sufre de parte de las naciones anticristianas.

Lanzada contra el Corazón de Cristo es el ateísmo materialista que pretende hoy dominar el mundo, borrar de las inteligencias todo el orden sobrenatural y sumirlo en el abismo de toda maldad.

Lanzada contra el Corazón de Cristo son los tantos sacrilegios como se cometen contra todo lo más santo y sagrado y en la recepción de los santos Sacramentos indignamente recibidos.

Lanzada contra el Corazón de Cristo es el desconocimiento que reina de la vida y doctrina de Jesús, aun por parte de muchos cristianos, que lo son solamente de nombre, pero no en realidad.

Lanzada contra el Corazón de Cristo es la condenación eterna de tantos hombres, que no han querido aprovecharse de la Divina Sangre, derramada para su salvación.

Oh Dios, que por medio del Corazón de tu Hijo, herido por nuestras culpas, te dignas, en tu misericordia infinita, darnos los tesoros de tu amor; te pedimos nos concedas poder reparar en la medida de lo posible ese Corazón tan despreciado con nuestro amor.

A TI SEA LA GLORIA



Salió nuestro Señor llevando la cruz, sometiéndose a las exigencias de la muerte; pero luego clamó en la cruz y sacó a los muertos de la región de las sombras, contra la voluntad de la muerte.

El eximio hijo del carpintero, al levantar su cruz sobre las moradas de la muerte, que todo lo engullían, trasladó al género humano a la mansión de la vida. Y la humanidad entera, que a causa de un árbol había sido precipitada en el abismo inferior, alcanzó la mansión de la vida por otro árbol, el de la cruz. 

A ti sea la gloria, que colocaste tu cruz como un puente sobre la muerte, para que, a través de él pasasen las almas desde la región de los muertos a la región de la vida.

A ti sea la gloria, que te revestiste de un cuerpo humano y mortal, y lo convertiste en fuente de vida para todos los mortales.


- San Efrén-

BIENAVENTURADOS Y BENDITOS

 


Todos los que aman al Señor con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente, con todas las fuerzas, y aman a sus prójimos como a sí mismos ¡Oh cuán bienaventurados y benditos y son esposos, hermanos y madres de nuestro Señor Jesucristo.

Somos esposos cuando, por el Espíritu Santo, el alma fiel se une a nuestro Señor Jesucristo. 

Somos para él hermanos cuando hacemos la voluntad del Padre que está en los cielos.

Somos madres, cuando lo llevamos en nuestro corazón y en nuestro cuerpo, por el amor divino y por una conciencia pura y sincera; y lo damos a luz por medio de obras santas, que deben iluminar a los otros como ejemplo.

¡Oh cuán glorioso, santo y grande es tener un Padre en los cielos!

¡Oh cuán santo y cuán amado, placentero, humilde, pacífico, dulce, amable y sobre todas las cosas deseable, tener un tal hermano y un tal hijo: Nuestro Señor Jesucristo!, quien dio la vida por sus ovejas.


-Escritos de San Francisco de Asís-

LA EUCARISTÍA, PRENDA DE LA RESURRECCIÓN

"Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados".

Cristo afirmó que aquel cáliz, fruto de la creación, era su sangre, con la cual da nuevo vigor a nuestra sangre, y aseveró que aquel pan, fruto también de la creación, era su cuerpo, con el cual da vigor a nuestro cuerpo.

Por tanto, si el cáliz y el pan, cuando sobre ellos se pronuncian las palabras sacramentales, se convierten en la sangre y el cuerpo eucarísticos del Señor, con los cuales nuestra parte corporal recibe un nuevo incremento y consistencia, ¿cómo podrá negarse que la carne es capaz de recibir el don de Dios, que es la vida eterna, si es alimentada con la sangre y el cuerpo de Cristo, del cual es miembro?

-san Ireneo-



ORACIÓN A MARÍA POR LOS NIÑOS NO NACIDOS

 Querida Madre Santísima, Protectora y Madre de todos, 
toma a tu cargo a los niños no nacidos del mundo. 
Otorga a los corazones de todas las madres un especial 
y generoso amor por sus hijos no nacidos, y dales el entendimiento 
de que toda vida es dada por Dios. 
Cambia los corazones de aquellos que están en los gobiernos
para que vean que no deben permitir la matanza de los no nacidos. 
Sé Tú nuestra abogada ante el trono de Dios, 
Querida y Bendita Virgen María. 
Amén



MARÍA NOS ENSEÑA


Esta mañana en la comunión María me dio un cariñoso abrazo, diciéndome que ella sería mi querida madre siempre y quería tenerme bajo su protección. 

Me pareció también entender que en todas mis obras, debía tener siempre intención de unir mis obras a todas las que ella hizo y a todos sus santísimos méritos; que me sirviera de ellos, cuando quisiera obtener alguna gracia; que pidiera siempre las gracias por los méritos de Jesús y de María; y que en todo y por todo le deje el dominio a ella. 

Comprendí que en aquel punto debía hacer, en sus propias manos, una renuncia de mi voluntad. Hice esto durante esta renuncia. María santísima aceptó este acto, con suma alegría, y de nuevo dio un cariñoso abrazo a esta mi alma. Lo mismo hizo Jesús.

Todo lo que experimenté no es posible decirlo con palabras. Con esta demostración tan afectuosa de la santísima Virgen, para con esta mi alma, me parece que quedó en mí un amor especial hacia la misma. 

Me parece sentirla continuamente junto a mí, que me enseña en todo y me recuerda la fidelidad, la obediencia, la caridad, la humildad y todas las virtudes. ¡Sea todo para gloria Dios! 


-SANTA VERÓNICA GIULIANI-

LUCHAMOS POR LA FE

 LUCHAMOS POR LA FE

Dios nos contempla, Cristo y sus ángeles nos miran, mientras luchamos por la fe. Qué dignidad tan grande, que felicidad tan plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados por Cristo.

Revistámonos de fuerza, hermanos muy amados, y preparémonos para la lucha con un espíritu indoblegable con una fe sincera, con una total entrega. Marche el ejército de Dios a la lucha que se nos declara.

El Apóstol nos indica cómo debemos revestirnos y prepararnos, cuando dice: Ceñida vuestra cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia y calzados los pies con el celo por el Evangelio de la paz. Embrazad en todo momento el escudo de la fe, con que podáis apagar los encendidos dardos del maligno. Tomad el yelmo de la salvación y la espada del espíritu, que es la palabra de Dios.

Éstas son las armas que hemos de tomar, éstas las defensas espirituales y celestiales con que hemos de protegernos, para poder resistir y rechazar los ataques del demonio en el día de la prueba.

Revistámonos la coraza de la justicia, para que nuestro pecho esté protegido y seguro contra los dardos del enemigo.


Estén calzados y armados nuestros pies con las enseñanzas evangélicas, para que, cuando la serpiente sea hollada y pisoteada por nosotros, no pueda mordernos ni echarnos la zancadilla.

Llevemos fuertemente asido el escudo de la fe, para que con su protección podamos repeler todos los dardos del enemigo.

Tomemos también el yelmo de la salvación, que cubra nuestra cabeza: nuestros oídos, para que no lleguen a ellos los edictos convocando a las fiestas idolátricas; nuestros ojos, para que no vean los ídolos detestables; nuestra frente, para que conserve incólume la marca de Dios; nuestra boca, para que la lengua confiese victoriosa a Cristo, su Señor.

Armemos nuestra derecha con la espada del espíritu, para que rechace con energía los sacrificios funestos, para que, acordándose de la eucaristía, ella, que recibe el cuerpo del Señor, lo abrace, con miras a recibir más tarde el premio de la corona celestial de manos del Señor.

Estas consideraciones, hermanos muy amados, han de estar bien grabadas en vuestros corazones. Si el día de la persecución nos sorprende mientras estamos pensando y meditando estas cosas, el soldado de Cristo, adoctrinado con sus preceptos y recomendaciones, no se amilanará ante la lucha, sino que se hallará preparado para la corona.

De las Cartas de san Cipriano, obispo y mártir

(Carta 58, 8-9. 11: CSEL 3, 663-666)

Me he ofrecido a Jesús crucificado para ser crucificada con Él


 
De los escritos de la beata María Josefina de Jesús Crucificado,
virgen. (Autobiografía, pp. 159; 296; 202 bis; Diario, pp. 2-3;
109;121;126) 
Me he ofrecido a Jesús crucificado para ser crucificada con él.

La voluntad de Dios ha sido siempre el ansia ardiente de mi
corazón: jamás he deseado otra cosa. Y he vivido y vivo de esta
voluntad divina. Esta me es más necesaria que el pan que me
nutre y que el aire que respiro. ¡No sabría dejarla ni tan siquiera
por un instante! He querido vivir siempre y morir conforme al
querer de Dios; he querido que la voluntad de Dios estuviese
siempre en mis pensamientos, en mis palabras, en toda mi
acción, a cada paso. Solamente la voluntad de Dios ha sabido
cambiar mis dolores en gozo y convertir en un Tabor el Calvario
de mi vida.

La voluntad de Dios es un beso de su amor. La voluntad
de Dios es un abrazo de su bondad, que arranca al alma de sus
propias miserias, para elevarla en alto a sus manos. La voluntad
de Dios es un acto de ternura que debe hacer abandonar el alma
al amor.

¡Oh voluntad de Dios, amor infinito!, transporta mi
voluntad en la llama de tu amor. Yo quiero unirme a ti, mi Dios y
mi todo. Quiero hacer todo aquello que a ti te agrada. Quiero que
mi vida sea una continua adoración, un continuo himno de amor
a ti, oh Dios Uno y Trino. Aunque fuese un serafín de amor,
¿sería digna del Señor? Aunque me consumiese con sacrificios y
penas por Dios, y mi vida fuese un holocausto, ¿qué cosa habría
hecho por ti, mi Dios y mi todo?

Quiero amar a Dios con los ardores mismos de su divino
Espíritu, con la ardiente unción de su Amor, amarlo hasta el
punto de no vivir más que para él solo y de no hacer más que una
sola cosa con él: una la voluntad, uno el deseo, uno el escrito. En
la vida, una sola cosa es necesaria: conocer a Dios, sumo Bien,
para poderlo amar con todo el corazón. Este conocimiento hace
que desaparezcamos nosotros mismos en nuestro espíritu como
gotas de agua en el océano, como chispas entre las llamas.
Contemplar a este Dios infinito. Uno en la esencia y Trino en las
personas. En el infinito admirar la unidad sencilla; en la Trinidad
tratar de ver el principio único, la sabiduría subsistente en el
amor y en ella el movimiento de las pequeñas criaturas que
tienen vida, que tienen amor en Dios.

Pensemos que nuestra pequeña voz un día será voz de gigante,
porque será voz de gloria por los medios que Dios nos da sobre
la tierra: los dolores, los sufrimientos, las oraciones y los
sacrificios que encontraremos en la vida. Abismémonos en Dios,
fundémonos, anulémonos en él solo, y tratemos de vivir
exultando a la invitación: «Veni Sponsa Christi». El sufrimiento
es un dulce y querido beso del Crucificado. No deseo ninguna
otra cosa sino la cruz que es luz y amor. Señor, tú me dijiste que
habría padecido cada día siempre más, que me habrías extendido
sobre la cruz y allí me habrías dado el beso de la eterna unión, y
yo suspiro por este momento, suspiro por este encuentro feliz
que me cuesta, no obstante, la agonía de toda la vida.

Nuestra santa Madre Teresa de Jesús quiere que nosotras
seamos las crucificadas en la cruz de Jesús: este es el programa
de nuestra vida. Cuando pienso que Jesús me ha colocado con él
sobre la cruz, siento dentro de mí una maternidad espiritual, una
ternura por las almas, un gozo grande, profundo que no sé
explicar. Cuántas tribulaciones sobre la tierra, cuántas
lamentaciones, cuántos suspiros, cuántas lágrimas. Yo aquí,
alejada de todos, comparto las penas de cada corazón; presento a
Dios todos los suspiros, todas las lágrimas que riegan esta tierra
de exilio. Vivo con la humanidad sufriente... Cuánta consolación
he sentido hoy en mi pobre corazón. Esas palabras en la santa
comunión me han consolado: «Hija, serás toda mía y cada vez
más mía». Justamente es lo que ansia ardientemente mi alma.

¡Oh gran caridad de mi Señor! ¡Oh bondad inefable! ¡Oh Jesús
Amor, yo te doy gracias y te amo! En todos los átomos de polvo
quisiera escribir con mi sangre: te amo, Jesús, salva las almas.

ES UN DON PRECIOSO PADECER POR DIOS


Verónica Giuliani cuenta:

El día de la fiesta de san Agustín de 1694 tuve por la noche una visión:

Me pareció que el Señor con multitud de ángeles y con dicho santo estaba sentado en un trono y con gran júbilo de todos aquellos espíritus bienaventurados me invitaba a mí. 

Dicho santo, llevando el cáliz en la mano, me pareció que me dijera: “Este es un don precioso”. 

El cáliz comenzó a hervir y a verterse por todas partes, a lo que me pareció que algunos de aquellos ángeles acudieron con vasos de oro a recoger el licor que se vertía del cáliz, llevándolo luego ante el trono del Señor. 

Me pareció entonces sentir deseo de saber el porqué de aquel misterio, siéndome declarado que aquel licor que estaban recogiendo en aquellos vasos de oro eran todos los padecimientos sufridos hasta entonces y que dichos ángeles 

los recogían en aquellos vasos de oro y los llevaban ante el trono de Dios para indicarme cuán precioso es el padecer ofrecido a Dios y cuánto gusto le da a Dios recibirlos. 


-Fuente: Santa Verónica Giuliani y su ángel custodio, P. Ángel Peña O.A.R.-

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