CONTEMPLAD AL SEÑOR Y QUEDAREIS RADIANTES


Dulce es la luz, como dice el Eclesiastés, y es cosa muy buena contemplar con nuestros ojos este sol visible. Sin la luz, en efecto, el mundo se vería privado de su belleza, la vida dejaría de ser tal. Por esto Moisés, el vidente de Dios, había dicho ya antes: Y vio Dios que la luz era buena. Pero nosotros debemos pensar en aquella magna, verdadera y eterna luz que viniendo a este mundo ilumina a todo hombre, esto es, Cristo, salvador y redentor del mundo, el cual, hecho hombre, compartió hasta lo último la condición humana; acerca del cual dice el salmista: Cantad a Dios, tocad en su honor, alfombrad el camino del que avanza por el desierto; su nombre es el Señor: alegraos en su presencia.

Aplica a la luz el apelativo de dulce, y afirma ser cosa buena el contemplar con los propios ojos el sol de la gloria, es decir, a aquel que en el tiempo de su vida mortal dijo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Y también: La causa de la condenación es ésta: Que la luz ha venido al mundo. Así, pues, al hablar de esta luz solar que vemos con nuestros ojos corporales, anunciaba de antemano al Sol de justicia, el cual fue en verdad sobremanera dulce para aquellos que tuvieron la dicha de ser instruidos por él y de contemplarlo con sus propios ojos mientras convivía con los hombres, como otro hombre cualquiera, aunque en realidad no era un hombre como los demás. En efecto, era también Dios verdadero, y por esto hizo que los ciegos vieran, que los cojos caminaran, que los sordos oyeran, limpió a los leprosos, resucitó a los muertos con el solo imperio de su voz.

Pero también ahora es cosa dulcísima fijar en él los ojos del espíritu, y contemplar y meditar interiormente su pura y divina hermosura y así, mediante esta comunión y este consorcio, ser iluminados y embellecidos, ser colmados de dulzura espiritual, ser revestidos de santidad, adquirir la sabiduría y rebosar, finalmente, de una alegría divina que se extiende a todos los días de nuestra vida presente. Esto es lo que insinuaba el sabio Eclesiastés cuando decía: Si uno vive muchos años, que goce de todos ellos. Porque realmente aquel Sol de justicia es fuente de toda alegría para los que lo miran; refiriéndose a él dice el salmista: Gozan en la presencia de Dios, rebosando de alegría; y también: Alegraos, justos, en el Señor, que merece la alabanza de los buenos.


Del Comentario de san Gregorio de Agrigento, obispo, sobre el Eclesiastés

(Libro 10, 2: PG 98, 1138-1139)

QUÉ HERMOSOS SON LOS PIES

¡Qué hermosos son los pies
del que anuncia la paz a sus hermanos!
¡Y qué hermosas las manos
maduras en el surco y en la mies!

Grita lleno de gozo,
pregonero, que traes noticias buenas:
se rompen las cadenas,
y el sol de Cristo brilla esplendoroso.

Grita sin miedo, grita,
y denuncia a mi pueblo sus pecados;
vivimos engañados,
pues la belleza humana se marchita.

Toda yerba es fugaz,
la flor del campo pierde sus colores;
levanta sin temores,
pregonero, tu voz dulce y tenaz.

Si dejas los pedazos
de tu alma enamorada en el sendero,
¡qué dulces, mensajero,
qué hermosos, que divinos son tus pasos! Amén.

CONSEJOS ANTE LAS TENTACIONES:


La estrategia fundamental para prevenir las tentaciones la sugirió Nuestro Señor Jesucristo a los discípulos de Getsemaní en la noche de la cena: «Velad y orad para no caer en la tentación» (Mt. 26,41). Se impone la vigilancia y la oración. 

a) Vigilancia.—El demonio no renuncia a la posesión de nuestra alma. Si a veces parece que nos deja en paz y no nos tienta, es tan sólo para volver al asalto en el momento menos pensado. 

Esta vigilancia se ha de manifestar en la huida de todas las ocasiones, en el dominio de nosotros mismos, particularmente del sentido de la vista y de la imaginación; en el examen preventivo, en la frecuente renovación del propósito firme de nunca más pecar, en combatir la ociosidad, madre de todos los vicios, y en otras cosas semejantes. Estamos en estado de guerra con el demonio, y no podemos abandonar nuestro puesto de guardia y centinela, si no queremos que se apodere por sorpresa, en el momento menos pensado, de la fortaleza de nuestra alma. 

b) Oración.—No bastan nuestra vigilancia y nuestros esfuerzos. La permanencia en el estado de gracia, y, por consiguiente, el triunfo contra la tentación, requiere una gracia eficaz de Dios, que sólo puede obtenerse por vía de oración.  Por eso Cristo nos enseñó en el Padre nuestro a pedirle a Dios que «no nos deje caer en la tentación». 

Y es muy bueno y razonable que en esta oración preventiva invoquemos también a María, nuestra buena Madre, que aplastó con sus plantas virginales la cabeza de la serpiente infernal, y a nuestro ángel de la guarda, uno de cuyos oficios principales es precisamente el de defendernos contra los asaltos del enemigo infernal.


-Antonio Royo Marín, teología de la perfección cristiana-

ZAQUEO

 Jesús, de paso hacia Jerusalén, entró en Jericó. La curiosidad y los rumores de que acababa de hacer un nuevo milagro devolviendo la vista a Bartimeo, un ciego a quien todos conocían en Jericó, hizo que una gran multitud se conglomerase en la puerta de la ciudad.

Entre esos curiosos estaba un tal Zaqueo, jefe y director de los aduaneros de la zona.  Era pequeñito de estatura, dice el evangelista por lo que, en las aglomeraciones de multitudes, estaba condenado a no ver nada, por eso, entre el mar de gentes no lograba distinguir al famoso maestro galileo. 

Pero Zaqueo era hombre tozudo, así que buscó un sicomoro que resistiera su peso, y se encaramó en él.

Cuando Jesús pasó ante él, no pudo dejar de percibir la extraña figura de aquel hombre subido como un chiquillo sobre un árbol. Quizá preguntó de quién se trataba y alguien le explicó que era un famoso ricachón que les exprimía a todos con los impuestos que, para colmo, revertían luego en las arcas romanas. A Jesús no le fue difícil adivinar qué gran corazón se escondía tras el pequeño cuerpecillo y afrontó la situación con un cierto humorismo. Comenzó por llamar a Zaqueo por su nombre, como si se tratase de un viejo camarada y siguió por autoinvitarse a su casa.

"Baja pronto, porque hoy me hospedaré en tu casa" (Lc 19,5).

La sorpresa de Zaqueo debió ser enorme, pero sin hacer una pregunta, bajó del árbol y corrió hacia su casa para que todo estuviera dispuesto cuando Jesús llegase.

Pero no todos asistieron a la escena con la misma limpieza. Muchos murmuraban de que hubiera entrado a alojarse en casa de un hombre pecador (Lc 19,7). ¿Es que no había en todo Jericó un centenar de casas «limpias» que hubiera podido escoger mejor que la de ese impuro? Zaqueo es un traidor al nacionalismo judío, un enemigo del pueblo escogido y, por tanto, de Dios. 

Cuando Jesús llegaba, desde la misma puerta y ante el amplio grupo de apóstoles y curiosos que lo acompañaban, hizo una solemne proclamación: Señor, desde hoy mismo doy la mitad de mis bienes a los pobres y, si a alguien le he defraudado en algo, le devolveré el cuádruplo. La misma audacia generosa que le lleva a subirse al sicomoro, prescindiendo de todo respeto humano, es la que le empuja ahora a una decisión tan radical. No va a dar una pequeña limosna, va a dar la mitad de su hacienda. No va a devolver lo que haya podido robar, va a multiplicarlo por cuatro.

Jesús ahora sonríe: he aquí alguien que le ha entendido sin demasiadas explicaciones, he aquí un corazón como los que él mendiga. Dice: Hoy ha venido la salvación a esta casa, por cuanto que éste es verdaderamente un hijo de Abraham. Y luego, repitiendo algo que ya ha dicho muchas veces, añade: Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido (Lc 19,10).

Quienes oyen esta frase sienten en sus almas un nuevo latigazo: ven en ella un nuevo reto a los fariseos, para quienes lo perdido está perdido para siempre.  ¡Otra vez el predicador que desordena el orden establecido y coloca a los pecadores y prostitutas por encima, en su interés, de los santos y los puros!.


-Jose Luis Martín Descalzo, La Cruz y la Gloria-

CONOZCAMOS EL AMOR DE CRISTO, QUE EXCEDE TODO CONOCIMIENTO (santa Rosa de Lima)


 

El Salvador levantó la voz y dijo, con incomparable majestad:

«¡Conozcan todos que la gracia sigue a la tribulación. Sepan que sin el peso de las aflicciones no se llega al colmo de la gracia. Comprendan que, conforme al acrecentamiento de los trabajos, se aumenta juntamente la medida de los carismas. Que nadie se engañe: ésta es la única verdadera escala del paraíso, y fuera de la cruz no hay camino por donde se pueda subir al cielo!»

Oídas estas palabras, me sobrevino un ímpetu poderoso de ponerme en medio de la plaza para gritar con grandes clamores, diciendo a todas las personas, de cualquier edad, sexo, estado y condición que fuesen:

«Oíd, pueblo; oíd, todo género de gentes: de parte de Cristo y con palabras tomadas de su misma boca, yo os aviso: Que no se adquiere gracia sin padecer aflicciones; hay necesidad de trabajos y más trabajos, para conseguir la participación íntima de la divina naturaleza, la gloria de los hijos de Dios y la perfecta hermosura del alma.»

Este mismo estímulo me impulsaba impetuosamente a predicar la hermosura de la divina gracia, me angustiaba y me hacía sudar y anhelar. Me parecía que ya no podía el alma detenerse en la cárcel del cuerpo, sino que se había de romper la prisión y, libre y sola, con más agilidad, se había de ir por el mundo, dando voces:

«¡Oh, si conociesen los mortales qué gran cosa es la gracia, qué hermosa, qué noble, qué preciosa, cuántas riquezas esconde en sí, cuántos tesoros, cuántos júbilos y delicias! Sin duda emplearían toda su diligencia, afanes y desvelos en buscar penas y aflicciones; andarían todos por el mundo en busca de molestias, enfermedades y tormentos, en vez de aventuras, por conseguir el tesoro inestimable de la gracia. Esta es la mercancía y logro último de la constancia en el sufrimiento. Nadie se quejaría de la cruz ni de los trabajos que le caen en suerte, si conociera las balanzas donde se pesan para repartirlos entre los hombres.»

De los Escritos de santa Rosa de Lima, virgen

LA DEVOCIÓN A LA EUCARISTÍA ATENÚA EL PURGATORIO


 

A Santa Gertrudis se le aparece, después de muerta, una religiosa fallecida en la flor de la edad y en gracia del Señor después de una continua adoración al Santísimo Sacramento. 

Se le aparece radiante de luz celeste, arrodillada ante el Divino Maestro que hacía salir de sus heridas gloriosas, cinco rayos luminosos que iban a tocar dulcemente los cinco sentidos de la piadosa hermana. Sin embargo ceñía la frente de ésta, una nube de profunda tristeza. 

Santa Gertrudis extrañada preguntó al Señor por qué mientras Él favorecía a su sierva de un modo tan especial, ella no parecía gozar de una gloria perfecta, Jesús responde: 

“Recién ahora esta alma fue juzgada digna de contemplar solamente mi humanidad glorificada y mis cinco heridas, en consideración a su devoción hacia el misterio Eucarístico. Pero no puede ser admitida todavía a la visión beatífica porque tiene algunas manchas pequeñísimas cometidas por ella en la práctica de la regla.

Y porque la santa intercedía por ella, Jesús le hace conocer que sin sus numerosos sufragios aquella alma no habría podido terminar su pena todavía. 

El amor que en vida había tenido a Jesús Sacramentado le hacía contemplar su Divina Humanidad, como la había contemplado velada en la Hostia Santa.

He aquí un ejemplo que demuestra cómo la Divina Eucaristía atenúa en las almas purgantes la pena de la privación de Dios.


- El Purgatorio, P. Dolindo Ruotolo-

ORACIÓN DE LA NOCHE (Padre Ignacio Larrañaga)



Padre mío, ahora que las voces se silenciaron y
los clamores se apagaron, aquí, al pie de la
cama, mi alma se eleva hasta Ti para decirte
gracias. Creo en Ti, espero en Ti, te amo con
todas mis fuerzas.
Deposito en tus manos la fatiga y la lucha, las
alegrías y los desencantos de este día que quedó
atrás. Si los nervios me traicionaron, si los
impulsos egoístas me dominaron, si di entrada al
rencor o a la tristeza, ¡perdón, Señor!
Ten piedad de mí.
Si he sido infiel, si pronuncié palabras vanas, si
me dejé llevar por la impaciencia, si fui espina
para alguien, ¡perdón, Señor! No quiero
entregarme al sueño esta noche, sin sentir sobre
mi alma la seguridad de tu dulce misericordia.
Te doy gracias, Padre mío, porque has sido la
sombra fresca que me ha cobijado durante todo
este día. Te doy gracias porque, invisible,
cariñoso, envolvente, me has cuidado a lo largo
de estas horas.
Señor, a mi alrededor ya todo es silencio y calma.
Envía al ángel de la paz a esta casa. Relaja mis
nervios, sosiega mi espíritu, suelta mis tensiones,
inunda mi ser de silencio y serenidad.
Vela sobre mí, Padre querido, mientras me
entrego confiado al sueño, como un niño que
duerme feliz en tus brazos. En tu nombre, Señor,
descansaré tranquilo. Amén.

EDITH STEIN SE CONVIERTE AL LEER EL LIBRO DE LA VIDA, AUTOBIOGRÁFÍA DE SANTA TERESA DE JESÚS (DE ÁVILA)




En el verano de 1921, Edith visita a unos amigos, éstos se marchan de viaje, ella se queda sola en la casa, va a la biblioteca y coge el primer libro que encuentra: es la Vida de Santa Teresa de Jesús escrita por ella misma. Empieza a leer el libro y no lo deja hasta que lo acaba, cuando ya es de madrugada. Cuando cierra el libro dirá: «Ésta es la verdad». 

En el libro de la Vida, Santa Teresa narra cómo Dios irrumpe en su vida, iluminándola con una Sabiduría superior, y lo narra con humildad, con transparencia, con una gran sinceridad. 

Y Edith se deja seducir por la experiencia de Teresa, porque ella da testimonio de un Dios muy distinto al de la filosofía o de la ciencia, un Dios que, antes que nada y por encima de todo, es amor, ese Dios que habita en una luz inaccesible, es cercano, y Edith ve que aquí sí está la verdad que ella busca. 

Después de leer la Vida de Santa Teresa se ilumina su propia vida, decide convertirse al catolicismo y más tarde ingresará de carmelita para caminar hacia el encuentro íntimo con Dios.

 La nueva convertida describe la experiencia de su conversión: 

“Me siento... como alguien, que estuvo en peligro de ahogarse, y al que luego en una habitación clara y caliente, se le regaló paz y acogida, aunque sigue teniendo ante sus ojos aquel mar oscuro. Qué no sentiría una persona así regalada sino una especie de «escalofrío» a la vez que una inmensa gratitud por aquel brazo fuerte, que le había cogido y salvado a tierra segura...”. 

Afirmará más tarde, “la vida me ha tirado por tierra, pero el cristianismo bendito me ha dado fuerzas para retornarla otra vez, agradecida. Por eso puedo hablar, en el sentido más profundo, de un renacimiento. 


(EDITH STEIN, UNA MUJER INTELECTUAL Y SANTA por María del Pilar Vila Griera)

SEGUIR A CRISTO POR EL CAMINO DE LA HUMILDAD Y DE LA CRUZ



Jesús reina siempre en mi corazón. El Señor me pide que sea humilde, que llore mis pecados, que le ame mucho, que ame mucho a mis hermanas, que no las mortifique en nada, ni yo me mortifique por nada, que viva muy recogida en él sin voluntad propia, completamente abandonada en la suya divina. En este valle de lágrimas no pueden faltar penas, y hemos de estar contentas por tener que ofrecer algo a nuestro amantísimo Jesús, que tanto quiso sufrir por nuestro amor. 

El camino de la cruz es el más recto para unirse con Dios y, por tanto, es el que siempre debemos desear; que el Señor no permita que yo me separe de su divina voluntad. 

¡Bendito sea Dios que nos da estos trabajos para ofrecérselos por su amor! Ya llegará el día en que nos alegremos de haberlos sufrido. Entretanto, seamos generosas, sufriendo todo, si no podemos con alegría, por lo menos con mucha conformidad con la divina voluntad, de quien tanto padeció por nuestro amor, que por grandes que sean nuestros sufrimientos, nunca llegarán a los suyos. 

Si quiere ser perfecta, procure ser lo primero muy humilde de pensamiento, palabra, obras y deseos. Estudie bien lo que esto quiere decir y trabaje con fervor para conseguirlo. Tenga siempre presente la mirada en nuestro amantísimo Jesús, preguntándole en lo íntimo de su corazón lo que quiere de usted, y no se lo niegue jamás, aunque tenga que hacer mucha violencia a su natural. 

¡Bendito sea quien nos lo proporciona todo para nuestro bien! Teniéndole a él, todo lo tenemos. 


- De las cartas y escritos de la beata María Sagrario de San Luis Gonzaga, virgen y mártir Carmelita -

EL SEÑOR ME HA DADO UNA MADRE QUE VELA POR MI


¡Oh María! son admirables tus virtudes resplandecientes, 
las prerrogativas con que has sido enriquecida; los tesoros que derramas 
sobre nosotros; tu ternura de madre, que no se parece 
a la de ninguna otra madre; tu asiento colocado junto al solio 
del Altísimo, y más rico y brillante que el 
que Salomón estableció junto a su trono para su 
madre en testimonio de amor y de respeto; 
las bendiciones que se te tributan; 
tu nacimiento, que no fué manchado, como 
el de los hijos de los hombres, sino puro 
como el rocío de la aurora; 
¿de quién eres Hija sino del Eterno Padre? 
¿quién eres sino la Madre del Verbo y la Esposa del 
Espíritu Santo? ¿quién eres sino la prometida en el paraíso; 
la que con sus plantas virginales quebrantó 
la cerviz de la serpiente, y fué concebida sin mancha 
desde el primer instante de su ser? 
Yo adoro al Señor, y lo bendigo porque 
me ha mirado con misericordia, poniendo 
en medio del azaroso camino de mi vida 
una Madre que vela por mí; una medianera a quien ha sido dado calmar la cólera del Altísimo y devolver la paz a los que la han perdido: un refugio para ponerme 
a cubierto de las tempestades que combaten mi espíritu.

-Corona Católica, José de la Luz Pacheco Gallardo-

CARIDAD DE DIOS EN LA PASIÓN DE CRISTO



Dios hace brillar su caridad en nosotros; porque, aun cuando éramos pecadores, en su tiempo murió Cristo por nosotros (Rom 5, 8-9).
Cristo murió por los impíos. Esto es grande si considerarnos quién murió; es grande también, si considerarnos por quienes murió. Porque apenas hay quien muera por un justo (Rom 5,7), apenas hay quien muera para librar a un hombre justo; aún más todavía, como se dice en Isaías: El justo perece, y no hay quien lo recapacite (57, 1).

Raro es, pues, porque es cosa grandísima, como se lee en San Juan: Ninguno tiene mayor amor que éste, que es poner su vida por sus amigos (Jn 15, 1.3). 
Pero lo que hizo Cristo: morir por los impíos e injustos, no se encuentra jamás.  Por eso con razón debe admirarse por qué Cristo hizo esto.
Si se pregunta por qué Cristo murió por los impíos, la respuesta es que con ello Dios hace brillar su caridad en nosotros, esto es, con ello nos muestra que nos ama infinitamente, pues aun cuando éramos pecadores, murió Cristo por nosotros.

La misma muerte de Cristo muestra la caridad de Dios para con nosotros, pues dio a su Hijo para que muriese satisfaciendo por nosotros: De tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo Unigénito (Jn 3, 16). Y de este modo, así como la caridad de Dios Padre para con nosotros se muestra por habernos dado su Espíritu, igualmente se muestra dándonos a su Hijo.

Todo esto apenas es creíble, como dice la Escritura: Obra fue hecha en vuestros días, que nadie la creerá cuando será contada (Hab 1, 5).
Porque que Cristo haya muerto por nosotros es tan sorprendente que apenas puede concebirse en nuestro entendimiento; es más, sobrepasa nuestro alcance.
Tanta es la gracia y el amor de Dios para con nosotros, que hizo por nosotros mucho más de lo que nosotros podemos creer o concebir.

(Santo Tomás de Aquino)

A LA VIRGEN DEL CARMEN



Oh Madre de la luz, Señora de los mares,
Estrella a quien invoca nuestro esfuerzo rendido,
puebla tú nuestros ojos de luces y cantares,
acalla nuestro grito en tu amor redimido.
Lluvia dulce y fecunda de nubes de promesa
transfigurando savias y trigos de sequía,
mantén entre tus manos nuestra esperanza ilesa
y enjuga nuestro llanto, vid en flor, oh María.
Privilegia a tus hijos con tu limpia mirada,
y alcancen nuestros ojos tu distancia de vuelo.
Estrella de los mares, lumbre intacta, empapada
de llanto y sal amargos. ¡Señora del Carmelo! Amén. 

APRENDE DE CRISTO LA MANERA DE AMARLE


Querido hermano: Aprende de Cristo la manera de amarle. Aprende a amarle tiernamente con todo corazón, discretamente con toda el alma, firmemente con todas las fuerzas. 
Ámale tiernamente para evitar seducciones, discretamente para precaver engaños, firmemente para superar abatimientos; de lo contrario, te verías apartado del amor de Dios y atraído por la vanidad del mundo y los placeres sensuales. 

En lugar de tan bajos deleites, sea Cristo Sabiduría quien te seduzca para que puedas resistir las sugestiones del espíritu del error y la mentira. Sea Cristo Verdad quien te ilumine para no dejarte desalentar por las contrariedades. 
Sea Cristo, Poder de Dios, quien te conforte. 
Afirma san Basilio que nos sentimos unidos por lazos de afecto y obligación con las 
personas que nos han hecho algún favor. 
Y ¿quién nos ha colmado tanto como Dios de bienes y favores? «Por eso –añade el santo– siento un inefable amor de Dios, más fácil de percibir 
que de expresar». Ya que el Señor ha sembrado en nosotros la semilla de las virtudes, exige también, sin duda, su fructificación. Por consiguiente, que la caridad de Cristo inflame tu celo, su sabiduría te lo ilumine, su firmeza te lo consolide. Sea tu celo ardiente, discreto, indomable, así ni adolecerá de tibieza, ni le faltará discernimiento. Ama, pues, al Señor tu Dios con el rebosante afecto de tu corazón. Ámalo con toda la vigilante discreción de tu alma o entendimiento. Ámalo, además, con todas las fuerzas, hasta perder el miedo a la muerte por 
su amor. 
Que nuestro Señor Jesucristo embriague de suave ternura tu afectividad, y así te 
ahuyente los dulces incentivos de la vida carnal, y un deleite supere a otro deleite. Pero que al mismo tiempo sea Cristo luz elemental para tu entendimiento y norte para tu corazón, con lo que lograrás no solo prevenirte contra las trampas engañosas de los herejes y defender tu fe de sus ardides, sino también evitar cautamente un celo excesivo e indiscreto en el trato con los demás. 

Dios es Sabiduría y quiere que se le ame tiernamente, sí, pero también avisadamente; de otra manera el espíritu del error podría con demasiada facilidad burlar tu celo. Si no tienes en cuenta lo que parece aconsejar el buen sentido, te pesará, pues el astuto enemigo no utiliza estratagema más hábil para desalojar el amor del corazón, que la de hacerte andar en el amor con paso incauto e irreflexivo. Tu amor, por otra parte, ha de ser recio y firme, sin plegarse 
ante las amenazas ni sucumbir bajo las dificultades. Ama con todo el corazón, quien resiste a los halagos. 

Ama con toda el alma, quien se mantiene inabordable a las seducciones del error. 
Ama con todas las fuerzas, quien no se abate por las ofensas. 
Luego se dice en la Regla, como sacando una consecuencia: Y al prójimo como a 
vosotros mismos, sobreentiéndase, améis. Quien ama a Dios, que ame también a su prójimo, pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.

De la Exposición parenética sobre la Regla carmelitana, del beato Juan Soreth, presbítero 
(Tex. 15, cap. 4; ed. París, 1625, pp. 191192)

LA EUCARISTÍA ALIVIA LAS PENAS DEL ALMA PURGANTE

 La pena de la privación de Dios para todas las almas del Purgatorio, en especial para las más cercanas a la gloria, está inmensamente disminuida por la Eucaristía, que es la presencia velada de Jesús. 

Sabemos por tantas revelaciones que cuando se celebra Misa por un alma, ésta no sufre o por lo menos es más aliviada, justamente por la presencia de Jesús en el altar. 

Celebrándose Misa por ella y aplicándola al alma purgante, cuando no hay obstáculo de justicia que lo impida, el alma se vuelve casi como peregrina de amor sobre la tierra uniéndose a la Iglesia militante, participa en su inefable tesoro Eucarístico y se encuentra con inmenso amor cercana a Jesús, adoradora amorosísima a través del velo de la hostia santa de Jesús. 

Ninguna criatura de la tierra es adoradora de la Eucaristía como lo es el alma purgante que participa en una misa celebrada para ella y que se une a la adoración de la iglesia por Jesús Sacramentado.

-P. Dolindo Ruotolo -



ME LLAMARÁN BIENAVENTURADA

 María cantó en el Magnificat: “Proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador; porque ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava, y por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada…”

En efecto, a lo largo de los siglos el pueblo cristiano ha proclamado a María bienaventurada porque, en su sencillez y pobreza, fue escogida por Dios para una misión única e inigualable: la de ser Madre de su Hijo hecho hombre. Igualmente, porque María fue escogida para ser la Madre del Hijo de Dios, Él la llenó de su gracia y la hizo inmaculada desde el primer instante de su concepción y María respondió a esa gracia con su SI siempre fiel y constante al plan de salvación de Dios. 

Porque fue escogida para Madre del Hijo de Dios, permaneció también virgen a lo largo de su vida y Dios la glorificó después de su muerte, resucitándola y llevándola junto a El. 


(MARÍA, MADRE DE DIOS Y DE LA IGLESIA, Concepcionistas, misioneras de la enseñanza)



DIVERSAS ORACIONES A SAN JOSÉ



POR LA IGLESIA

Bendito José, esposo de María, quédate con nosotros este día y así como protegiste y amaste a la Virgen, amaste al Niño Jesús como a tu hijo y lo rescataste del peligro de muerte, defiende la Iglesia, la Casa de Dios, comprada por la Sangre de Cristo. 

Guardián de la Sagrada Familia, acompáñanos en nuestras pruebas. Que tus oraciones nos obtengan la fuerza para huir del error y luchar con los poderes de la corrupción para que en la vida podamos crecer en santidad y en la muerte regocijarnos en la corona de la victoria. Amén.

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POR LOS MORIBUNDOS

Padre Eterno, por el amor que le diste a San José, a quien elegiste sobre todo para 
ocupar Tu lugar en la tierra, ten piedad de nosotros y de los que están muriendo.
Padre Nuestro ... Ave María ... Gloria
Hijo eterno de Dios, por tu amor hacia San José, que tan fielmente te protegiste en la 
tierra, ten piedad de nosotros y de los que están muriendo.
Padre Nuestro ... Ave María ... Gloria
Espíritu Divino eterno, por Tu amor hacia San José, que tan cuidadosamente protegió a 
María, Tu santísima y amada Esposa, ten piedad de nosotros y de los que están 
muriendo.
Padre Nuestro ... Ave María ... Gloria

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BENDITO SEAS, SAN JOSÉ

Bendito seas, San José,
que fuiste testigo de la gloria de Dios en la tierra.
Bendito sea el Padre eterno que te escogió.
Bendito sea el Hijo que te amó.
Y el Espíritu Santo que te santificó.
Bendita sea María que te amó.
Amén

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PARA BUSCAR LA VOLUNTAD DE DIOS

Durante la vida terrena de Jesús, tú, oh san José, no te has preocupado de hacer cosas grandes, sino de hacer bien la voluntad de Dios, también en las cosas más sencillas y humildes, con mucho empeño y amor. Enséñame, san José, la prontitud en buscar y realizar la voluntad de Dios.

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DESPUÉS DE COMULGAR

Custodio y padre de vírgenes San José, a cuya fiel custodia fueron en­co­men­dadas la misma inocencia Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes María: por estas dos que­ri­dísimas prendas, Jesús y María, te ruego y te suplico me alcances que, preservado de toda impureza, sirva siempre con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María. Amén.

Exhortación a la práctica heroica de la fe y de la caridad -San Tito Brandsma-



Suele decirse con frecuencia que vivimos en un tiempo magnífico, un tiempo de grandes 
hombres y grandes mujeres. Pero tal vez sería más cierto decir que vivimos en un tiempo de 
gran decadencia de costumbres, en el que, sin embargo, muchos sienten la necesidad de 
reaccionar para defender las cosas que les son más queridas y sagradas. 
Es comprensible el deseo de que surja un guía capaz y fuerte. Nosotros buscamos un guía que luche por una causa santa, es decir, por un ideal fundado, no en las solas fuerzas del hombre, sino en los designios divinos. 

El neopaganismo considera la naturaleza como una emanación de la divinidad, y lo 
mismo sostiene respecto de diversas razas y pueblos de la tierra, pero afirmando al mismo 
tiempo que, como una estrella difiere de otra por su brillo y esplendor, así también una raza es más pura y más noble que la otra. Y en la medida en que esta raza posee una luz más brillante, tiene también la misión o tarea de propagarla y hacerla brillar en el mundo. 
Lo que, según dicen, solo es posible si, eliminando los elementos que le son extraños, se purifica a sí misma de toda mancha. De ahí proviene el culto de la raza y de la sangre, el culto de los héroes del propio pueblo. 

A partir de un tal error, es fácil llegar a otros errores no menos funestos. Es doloroso 
contemplar el gran entusiasmo y las grandes energías que se ponen al servicio de un ideal tan erróneo e infundado. Pero es lícito aprender del enemigo. Su falsa y perversa filosofía nos puede ayudar para purificar y mejorar nuestra visión del mundo y de los hombres, y su inútil entusiasmo nos puede servir de estímulo para acrecentar el amor hacia nuestro ideal, nuestra disponibilidad a vivir y morir por él y la firmeza para realizarlo en nosotros mismos y en los demás. 

También nosotros confesamos nuestra procedencia de Dios. Y queremos igualmente lo 
que él quiere. Pero no aceptamos la doctrina de la emanación de la divinidad, y no nos 
divinizamos a nosotros mismos. 
Admitimos, sí, que procedemos de Dios, y de él, por lo mismo, dependemos. Y cuando hablamos de su reino y rezamos por la venida del mismo, no pensamos en una diferencia de raza o de sangre, sino en una hermandad universal, porque todos los hombres son nuestros hermanos, sin excluir a los que nos odian y nos combaten, sintiéndonos íntimamente unidos a aquel que hace salir el sol sobre malos y buenos.
 
En ningún caso queremos caer en el pecado de un paraíso terrestre, en el pecado de hacernos iguales a Dios. Ni instituir un culto de héroes fundado en la divinización de la naturaleza humana. 
Reconocemos la ley de Dios y nos sometemos a ella. Y no queremos romper por una 
insana y delirante valoración de nosotros mismos la dependencia que nos une al Ser supremo, del que hemos recibido la existencia.
 
Con todo, aun reconociendo la ley de Dios dentro de nosotros mismos, advertimos la 
existencia de otra ley que intenta prevalecer en nosotros contra el Espíritu de Dios. Y a veces 
sentimos, como san Pablo, nacer en nosotros el deseo de obrar diversamente; se nos hace 
difícil reconocer la imperfección de nuestra naturaleza y su íntima contradicción. Querríamos ser mejores tanto en nuestro modo de ser como en nuestras aptitudes. Y a veces pensamos ser ya lo que solamente queremos ser, por más que, reflexionando serenamente, no dejemos de reconocer nuestra imperfección y comprendamos que podemos aún perfeccionarnos mucho. 

Admitiendo además honestamente que podríamos lograrlo, si fuera mayor nuestro esfuerzo. 
Porque nada se consigue sin trabajo y sin empeño. Nos convencemos, de hecho, de que, en 
lugar de detenernos a llorar nuestras propias o las ajenas debilidades, es mejor recordar lo que interiormente se le dijo a san Pablo: «Sufficit tibi gratia mea». Te basta mi gracia. Unido a mí, lo puedes todo. 

Vivimos en un mundo que condena el amor como una debilidad que hay que superar. No 
es el amor, dicen algunos, lo que hay que cultivar, sino las propias fuerzas: que cada uno sea 
lo más fuerte posible, y que los débiles perezcan. Son los mismos que afirman que la religión 
cristiana, pregonera del amor, ha cumplido ya su tiempo y debe, por lo mismo, ser sustituida por la antigua potencia germánica. 
Así es, por desgracia. Os vienen con esta doctrina, y no faltan incautos que la aceptan de buena gana. 

El amor no es conocido. «Amor haud amatur», decía ya en su tiempo san Francisco de Asís y, algunos siglos después, en Florencia, santa María Magdalena de Pazzi tocaba en éxtasis la campana del monasterio de las carmelitas para anunciar a todo el mundo cuán bello es el amor. 
¡Oh, también yo quisiera tocar las campanas del mundo entero para decir a los hombres que es hermoso el amor! Por más que el neopaganismo repudie el amor, la historia nos enseña que nosotros, con el amor, venceremos también a este nuevo paganismo. 

No, nosotros no renunciaremos nunca al amor, y el amor nos conciliará de nuevo los corazones de los paganos. La naturaleza supera a la filosofía, y por más que una ideología se empeñe en repudiar al amor y condenarlo como una debilidad, el testimonio vivo de este amor lo convertirá siempre en una nueva fuerza capaz de vencer y unir los corazones de los hombres.

De los sermones del beato Tito Brandsma sobre la virtud heroica y sobre los santos Vilibrordo y Bonifacio. 

JESÚS, OCÚPATE TÚ ,Por el siervo de Dios Padre Dolindo Ruotolo -Director espritual del Padre Pio-

 Habla Jesús  al  alma:

¿Por qué te confundes agitándote? Déjame a cargo de  tus cosas y todo se calmará. En verdad te digo que cada acto verdadero y el completo abandono en Mi, produce el efecto que  deseas y resuelve las situaciones  espinosas.

 Abandonarse en Mi no significa atormentarse,  confundirse y desesperarse elevando luego hacia Mi una plegaria agitada para que Yo haga lo que Uds quieren, sino  que es cambiar la agitación en oración. Abandonarse  significa cerrar plácidamente los ojos del alma, alejar el  pensamiento de la tribulación y descansar en MI para que  solo YO obre, diciendo “Ocúpate Tu”. 

Se oponen al  abandono:  la preocupación, la agitación y el querer prever  las consecuencias de un hecho. Es como la confusión que tienen los niños que  pretenden que su mamá se ocupe de sus necesidades, y al  mismo tiempo quieren ocuparse ellos mismos entorpeciendo el trabajo de ella con sus ideas y caprichos infantiles.

Cierren los ojos y déjense llevar, por la corriente de mi  Gracia, cierren los ojos y déjenme trabajar, cierren los  ojos y piensen en el presente, alejando el pensamiento del futuro como si fuera una tentación;  reposen en Mi creyendo  en mi bondad y les prometo por mi Amor que diciéndome con abandono “Ocúpate Tu”, Yo me ocupo de  lleno, los consuelo, los libero, los conduzco.

 Y cuando los debo llevar por un camino diverso del que ustedes ven, Yo los adiestro, los llevo en mis brazos  haciéndolos encontrar en la otra ribera ,como niños  dormidos en los brazos maternos. Aquello que los angustia y  les hace un inmenso mal es su razonamiento, su pensamiento  atormentado y continuo, el querer resolver ustedes  mismos todo aquello que los aflige.  

Cuantas cosas obro YO cuando el alma se vuelve  hacia MI en sus necesidades tanto espirituales como  materiales y me dice “Ocúpate Tu”.

Cierra los ojos y  reposa ! Obtienen pocas gracias cuando se confunden para  producirlas ustedes mismos, obtienen muchísimas cuando la  oración y la confianza en Mí son completas: Ustedes, en su  dolor, oran para que Yo obre, pero para que obre según  ustedes creen… No se dirigen hacia Mí, sino que quieren  que Yo me adapte a sus ideas, no son enfermos que piden al  médico una cura, sino que la sugieren.

 No obren de este modo. Oren como Yo les enseñé en  el Padrenuestro: Sea santificado tu Nombre, es decir, que  seas glorificado en esta necesidad que tengo; que venga a nosotros tu reino, es decir, que todo lo que nos ocurre a  nosotros y al mundo concurra a tu Reino;  hágase tu  Voluntad  así en la tierra como en el Cielo, es decir, dispón Tú en esta necesidad como mejor te parezca, para  nuestra vida eterna.

Si me dicen de verdad: hágase Tu Voluntad, que es  lo mismo que decir “Ocúpate Tu”, Yo intervengo con toda  mi omnipotencia, y resuelvo aun en las situaciones más cerradas y difíciles. ¿Te das cuenta de que la desgracia  aumenta en vez de disminuir?  No te desanimes, cierra los  ojos y dime con confianza: Hágase tu voluntad. “Ocúpate  Tu”.

Te digo que Yo me ocupo, y que intervengo como un  medico, y hasta obro un milagro cuando es necesario. Si ves que la situación empeora no te angusties. 

Cierra los ojos y di  “Ocúpate Tú”. Te digo que yo me ocupo y no existe una  medicina más poderosa que una intervención mía de Amor. Yo  me ocupo sólo cuando cierran los ojos.

Ustedes son ansiosos, quieren evaluarlo todo,  pensar en todo, y es así como se abandonan en las fuerzas  humanas y, peor aun, en los hombres, confiando en la intervención de ellos. Esto es lo que obstaculiza mi  intervención.  Oh, cómo deseo este abandono de su parte,  para poder beneficiarlos ¡Cómo me duele verlos agitados! Es justamente eso lo que desea Satanás, agitarlos para alejarlos de mi acción y así poder convertirlos en  presas de las iniciativas humanas, por eso deben confiar solo en Mí, reposar solo en Mí y abandonarse en Mí para todo.

Yo hago milagros en proporción al pleno abandono en Mí y a la despreocupación de parte de ustedes. Yo  distribuyo tesoros de Gracia cuando ustedes se encuentran en  la pobreza extrema. Si poseen  sus propios recursos, aunque sean pocos, o si los  buscan, los encontrarán en el campo natural y seguirán por lo tanto el curso natural de las cosas, que es a menudo entorpecido por Satanás.

Ningún razonador ha hecho milagros, ni siquiera los Santos. Obra divinamente aquel que se abandona en DIOS.

Cuando ves que las cosas se complican, di con los  ojos del alma cerrados: Jesús, Ocúpate Tú. Tu Haz esto en todas tus necesidades. Hagan todos esto y verán grandes, continuos y silenciosos milagros.

Se lo prometo por mi  Amor.



ZAQUEO , Jose Luis Martín Descalzo

 Es Lucas quien narra el bellísimo episodio de Zaqueo.

 Jesús, de paso hacia Jerusalén, entró en Jericó. Y su llegada a la ciudad fue precedida por su fama. Allí le conocían ya bien, pero, además, muchos habían oído el pregón de los sacerdotes pidiendo que quien supiera su paradero lo denunciase. Por eso se maravillaban ahora de verle marchar derechamente al matadero. La curiosidad y los rumores de que acababa de hacer un nuevo milagro devolviendo la vista a Bartimeo, un ciego a quien todos conocían en Jericó, hizo que una gran multitud se conglomerase en la puerta de la ciudad. Entre esos curiosos estaba un tal Zaqueo, jefe y director de los aduaneros de la zona. Era un personaje realmente original: su mucho dinero no había enorgullecido su corazón; era espontáneo, ardiente, curioso, sin sentido del ridículo. Un hombre que carecía de complejos, aunque tenía todos los motivos para tener muchos. 

Era pequeñito de estatura, dice el evangelista. Si tenemos en cuenta que la estatura media de los judíos de la época era más bien baja (en torno al metro y medio), Zaqueo debía de ser casi un enano o, al menos, un buen chaparrete. Con lo que, en las aglomeraciones de multitudes, estaba condenado a no ver nada. Eso es lo que esta vez estaba ocurriéndole: entre el mar de cabezas no lograba ebookelo.com - Página 90 distinguir la del famoso maestro galileo. Pero Zaqueo era hombre tozudo, amigo de salirse con la suya. Si hubiera tenido un céntimo de respeto humano no se le habría ocurrido la idea de subirse a un árbol. ¡Él, un hombre famoso y conocido en la ciudad, un hombre rico y poderoso, exponerse así a los comentarios burlones de todo el mundo! ¡Subirse a los árboles era cosa de chiquillos, no de gente formal como él! ¡Y qué pensaría el propio Jesús si llegaba a divisarle! La idea era disparatada, pero Zaqueo no se detuvo un momento a pensarla: se anticipó a la comitiva, eligió un lugar por donde tuvieran forzosamente que pasar, buscó allí un sicomoro que resistiera su peso, y en él se encaramó. Todavía hay hoy en Jericó sicomoros con raíces en arbotante que salen fuera de la tierra y se unen casi con las ramas más bajas. No era difícil subirse a ellas, con lo que su estatura ganaba medio metro más. Allí se encaramó aquel hombrecillo de cuerpo pequeño y alma ardiente. 

Cuando Jesús pasó ante él, no pudo dejar de percibir la extraña figura de aquel hombre subido como un chiquillo sobre un árbol. Quizá preguntó de quién se trataba y alguien le explicó que era un famoso ricachón que les exprimía a todos con los impuestos que, para colmo, revertían luego en las arcas romanas. A Jesús no le fue difícil adivinar qué gran corazón se escondía tras el pequeño cuerpecillo ridículo. Y afrontó la situación con un cierto humorismo. Comenzó por llamar a Zaqueo por su nombre, como si se tratase de un viejo camarada y siguió por autoinvitarse a su casa. Baja pronto, porque hoy me hospedaré en tu casa (Lc 19,5). La sorpresa de Zaqueo no es para descrita. ¿Cómo sabía su nombre este predicador? ¿Por qué esta familiaridad en darse por invitado a su casa? 


Pero ya hemos dicho que este hombre tenía el corazón mayor que las apariencias. Sin hacer una pregunta, bajó del árbol y corrió hacia su casa para que todo estuviera dispuesto cuando Jesús llegase. Pero no todos asistieron a la escena con la misma limpieza. Muchos murmuraban de que hubiera entrado a alojarse en casa de un hombre pecador (Lc 19,7). ¿Es que no había en todo Jericó un centenar de casas «limpias» que hubiera podido escoger mejor que la de ese impuro? Zaqueo es un traidor al nacionalismo judío, un enemigo del pueblo escogido y, por tanto, de Dios. Y es más responsable que los simples recaudadores (como fuera Mateo) que aceptaban ese trabajo para malvivir. Zaqueo es todo un jefe de aduana, uno de los que realmente vivían del sudor de los pobres. ¿Oyó Zaqueo todas estas explicaciones? Si no las escuchó, le fue fácil suponerlas. Por eso se anticipó a los escrúpulos que pudiera tener Jesús antes de entrar en su casa. Desde la misma puerta y ante el amplio grupo de apóstoles y curiosos que acompañaban a Jesús hizo una solemne proclamación: Señor, desde hoy mismo doy la mitad de mis bienes a los pobres y, si a alguien le he defraudado en algo, le devolveré el cuádruplo. 

La misma audacia generosa que le lleva a subirse al sicomoro, prescindiendo de todo respeto humano, es la que le empuja ahora a una decisión tan radical. No va a dar una pequeña limosna, va a dar la mitad de su ebookelo.com - Página 91 hacienda. No va a devolver lo que haya podido robar, va a multiplicarlo por cuatro. Jesús ahora sonríe: he aquí alguien que le ha entendido sin demasiadas explicaciones, he aquí un corazón como los que él mendiga. Dice: Hoy ha venido la salvación a esta casa, por cuanto que éste es verdaderamente un hijo de Abraham. Y luego, repitiendo algo que ya ha dicho muchas veces, añade: Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido (Lc 19,10). Quienes oyen esta frase sienten en sus almas un nuevo latigazo: ven en ella un nuevo reto a los fariseos, para quienes lo perdido está perdido para siempre. ¡Otra vez el predicador que desordena el orden establecido y coloca a los pecadores y prostitutas por encima, en su interés, de los santos y los puros! Y regresa de nuevo la nube de la muerte por el horizonte.

HAGAMOS UNA GUIRNALDA PARA CRISTO



Haremos las guirnaldas 
en tu amor floridas, 
y en un cabello mío entretejidas.

Este versillo se entiende harto propiamente de la Iglesia y de Cristo, en el cual la Iglesia, esposa suya, habla con él.
Se entiende por guirnaldas todas las almas santas engendradas por Cristo en la Iglesia, que cada una de ellas es como una guirnalda arreada de flores de virtudes y dones, y todas ellas juntas son una guirnalda para la cabeza del Esposo Cristo.
La flor que tienen las obras y virtudes es la gracia y virtud que del amor de Dios tienen, sin el cual no solamente no estarían floridas, pero todas ellas serían secas y sin valor delante de Dios, aunque humanamente fuesen perfectas. 
Pero, porque él da su gracia y amor, son las obras floridas en su amor, y en un cabello mío entretejidas.
Este cabello suyo es su voluntad de ella y amor que tiene al Amado, el cual amor tiene y hace el oficio que el hilo en la guirnalda. Porque, así como el hilo enlaza y une las flores en la guirnalda, así el amor del alma enlaza y une las virtudes en el alma y las sustenta en ella. 
Porque, como dice san Pablo, es la caridad el vínculo y atadura de la perfección.

(San Juan de la Cruz)

LA PENA DE LA PRIVACIÓN DE DIOS EN EL PURGATORIO

Podemos decir, que la intensidad de la pena exactamente proporcional a las culpas cometidas, y se agudiza por la pena de privación de Dios y el deseo de poseerlo, debido al gran amor que las almas sienten por Él. 

Por eso consideramos al Purgatorio como una lucha de amor. El Señor no es severísimo con ellas, es más bien amorosísimo y las purifica porque las quiere en una perfecta felicidad. 

El alma percibe este amor de Dios y se lanza hacia Él; arde por amor, gime por amor, percibe la niebla oscura en que se encuentra, porque es amada y ama; pide ayuda para salir de su estado para que sea acortado. 

No pudiendo ella acortarlo con sus propios méritos, siendo incapaz de hacer méritos, se encuentra en una ansiedad por amor.  El gemido del amor del alma que desea a Dios y que siente la atracción del amor divino, que desea su felicidad, constituye la pena de la privación de Dios. 

Podemos decir también, que es una pena que suaviza los tormentos del fuego y de los sentidos. 

Parece una paradoja y sin embargo es así, el alma considera cualquier pena purificadora como un paso al Sumo Bien y a la eterna felicidad, así como una mujer que debe hacerse una cura de belleza para presentarse a una fiesta, acepta sufrir molestias por el fin que persigue.


- El Purgatorio, P. Dolindo Ruotolo- 

LOS BUENOS LIBROS SON COMO ÁRBOLES QUE DAN BUEN FRUTO


En las palabras del Exodo, en que mandaba Dios cortar todos los árboles que no diesen fruto y plantar buenos frutales en la tierra de Promisión, podemos ver en esos árboles, los libros, y según San Clemente papa, nuestro entendimiento es como la tierra , que por más fértil , bien labrada y regada que sea , si los árboles que en ella se plantan no son buenos, nunca darán buen fruto, que por más ingenio , estudio y luz que uno tenga, si los libros que leyere no fueren provechosos , no se aprovechará : Y el mal árbol, dice el Señor , no puede dar buen fruto, ni el bueno malo.

Ningún provecho mejor puede tener nuestra alma que el conocimiento y amor de Dios; pues, como dijo San Juan, esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, Dios vivo , y a Jesucristo , a quien tú enviaste, y el fin de todo y de todos los preceptos, como dice San Pablo , es la caridad.

De aquí es que los libros que, descubriendo el camino de oración , nos guían a mayor conocimiento y amor de Dios , como hacen los de la madre Teresa de Jesús y otros libros espirituales, se han de tener en mucha estima y leer con mucha atención.


(Fray Jerónimo Gracián de la Madre de Dios, O.C.D.)

EL SUEÑO DE SANTO DOMINGO Y SAN FRANCISCO DE ASÍS


De acuerdo con la leyenda, el Papa Inocencio III, Santo Domingo y San Francisco tuvieron un sueño. Cada uno de ellos vio que la Basílica Laterana estaba comenzando a derrumbarse, y a dos frailes, uno en hábito marrón y el otro en un hábito blanco, colocándose ellos mismos como columnas para evitar el colapso total.

Francisco de Asís se reconoció a sí mismo como el fraile del hábito marrón, pero no sabía quién era el otro fraile. De igual modo, Domingo de Guzmán se reconoció a sí mismo como el fraile del hábito blanco, pero desconocía quién era el del hábito marrón. Para Inocencio III el sueño era un misterio.

El día siguiente, cuando Domingo iba a ver al Papa sobre la aprobación de su Orden, se encontró a un fraile joven vestido con un hábito marrón. Mirándose mutuamente, cada uno reconoció al otro como el compañero que ayudaba a soportar la Basílica Laterana, y se abrazaron en medio de la calle.

Después fueron juntos a ver al Papa, y éste comprendió inmediatamente el significado de su sueño: «Las Órdenes de estos dos gran hombres serán como columnas que salvarán a la Iglesia de su destrucción».

SAN JOSÉ, NUESTRO PADRE ESPIRITUAL



Jesucristo quiere que tengamos la paternidad espiritual de san José, quiere que tengamos a san José por padre. Su paternidad espiritual y amorosa tiene el poder de acercarnos extremadamente a los Corazones de Jesús y de María, incrementar nuestra virtud, protegernos de las potencias malignas, y ayudarnos a alcanzar el cielo. 

Este es el tiempo de san José. Muchos hombres no han tenido una buena experiencia de la paternidad. Él nos conducirá espiritualmente con todo lo que hace un padre: nos alimentará, nos dará educación, vestido, protección y corregirá cuando sea necesario. 

- San José del Evangelio, Arzobispo Francisco Cerro-

“Somos hijos de María, y esta es nuestra gloria y nuestro consuelo. Pero también somos hijos adoptivos de san José y esto no es cosa menor, por la confianza que tenemos en él” (Beato Guillermo Chaminade)

OREMOS POR LAS FAMILIAS

 En una ocasión llegó a mis manos este cuento:

Un pintor quería pintar su obra maestra, pero no encontraba inspiración.
Se le ocurrió preguntar a los demás lo que consideraban más importante.
Preguntó a un sacerdote. Éste le contestó: LA FE.
Preguntó a una novia que venía de la boda. 
Ésta le contestó: EL AMOR.
Preguntó a un soldado que venía de la guerra. 
Éste le contestó: LA PAZ.
Al volver a su casa vio en su madre LA FE, en su mujer EL AMOR y en sus hijos LA PAZ. Ya tenía la inspiración. Pintó SU FAMILIA.

Una de las grandes alegrías de la vida es tener una familia unida, pues en la familia unida reina la paz, el respeto, la comprensión, el diálogo, el sacrificio, la entrega, el servicio, la responsabilidad, el testimonio...: en una palabra EL AMOR.

Recemos porque todas las familias permanezcan unidas.


(Para Salvarte, P. Jorge Loring)




ESPÍRITU DE AMOR


 
Invocamos, Padre, tu Espíritu de amor, 
callado pero presente y activo en la historia, 
haciéndola historia de salvación.
Él animó y anima a los profetas a denunciar las injusticias 
y los abusos de los poderosos, 
y a ser portadores de tu Palabra salvadora.
Él inspiró a María el entendimiento de tu actuación salvadora 
y la proclamación gozosa de tus planes liberadores.
Él acompañó a Jesús, 
lo empujó al desierto de la prueba y el encuentro contigo, 
lo envió a proclamar la buena noticia a los pobres 
y la liberación a los oprimidos.
Él le fue animando en su predicación del Reino
con signos y palabras.
Jesús respondió con docilidad y entrega total, 
llegando a vaciarse a sí mismo, 
exhalando su espíritu, dándose del todo.
El día de Pentecostés celebramos que vino sobre 
los apóstoles y María convirtiéndolos
en comunidad de creyentes, 
y enviándolos a anunciar el Evangelio
y ser testigos de la Resurrección hasta los confines del mundo.
Que ese mismo Espíritu descienda sobre nosotros 
transformándonos de individuos en personas, 
de discípulos en creyentes, 
de grupo de amigos en comunidad cristiana, 
santificada por tu gracia, adornada con tus dones, 
enriquecida con tus carismas, enviada a una misión liberadora, 
esperanzada y comprometida en la realización de tu Reino.
Que tu Espíritu de comunión 
nos ayude a superar nuestros miedos y egoísmos; 
nos dé aliento en nuestros compromisos;
nos dé sabiduría en nuestro caminar, 
fortaleza en nuestra debilidad 
y amor en todo lo que hagamos.
Que tu Espíritu renueve la faz de la tierra, 
transformándolo todo con su aliento:
Que sea consuelo y esperanza 
para las personas y colectivos que sufren.
Que sea portador de esperanza en la liberación.
Que sea comunión en la diversidad, respeto en el pluralismo.
Que sea el lenguaje del amor 
el que haga entenderse a las personas.
Que haga posible la comunicación, el diálogo,
la paz, la justicia, y la solidaridad,
desechando el odio, la violencia, la muerte y la guerra
en las relaciones entre las personas y los pueblos.
Que haga a los creyentes 
verdaderos testigos de Cristo Resucitado: 
que nos haga transmisores de paz, de alegría, 
de comprensión y esperanza.
Que nos haga a todos y a todas suspirar 
por la plenitud a que aspiramos, 
sin renunciar nunca a la utopía, 
y nos haga gozar de la felicidad que deseamos, 
viviendo intensamente cada instante.

-Plegarias eucarísticas, Deme Orte-

NOCHE DE ÁNIMAS -Rufino Villalobos-



 I 
Oculta el sol sus últimos fulgores, 
La noche extiende su enlutado manto 
Y sólo vense ya en el camposanto 
En las tumbas cien luces de colores. 
Poco a poco se apagan los rumores 
Y en esta soledad que causa espanto 
Vengo a regar con dolorido llanto 
La tierra en que reposan mis mayores. 
¡Soledad, soledad! ¡Quién sospechara 
Que toda humana gloria aquí acabara 
Sin que los hombres impedirlo puedan! 
Yo de esta soledad al ser testigo, 
Como el poeta, en mi interior me digo: 
¡Qué solos, ¡ay, Señor!, los muertos quedan! 

II 
¡Muerte! Voz de dolor y de misterio 
Que resuena sin fin hora tras hora 
Aquí en la soledad aterradora 
Del sombrío y helado cementerio. 
En el mundo desde uno a otro hemisferio 
Es la muerte la dueña y la sefi.ora 
Que domina a los hombres vencedora 
Con las duras cadenas de su imperio. 
Muerte, di, ¿quién podrá esquivar tu yugo? 
¿Quién se podrá ocultar de tu presencia 
ni qué hombre puede contra ti ser fuerte? 
¡Oh de la humanidad fatal verdugo! 
¿Tan breve habrá de ser nuestra existencia 
Que todo se termine con la muerte? 

III 
Todo aquí acaba: el torpe devaneo 
Las riquezas, la dicha y la ventura 
Y, siendo desigual la sepultura, 
Al rico y al mendigo iguales veo. 
¡Todo se acaba! Pero ¡no! Yo creo 
Lo que mi fe bendita me asegura: 
Que esas cruces que miran a la altura 
Dicen dónde se colma mi deseo. 
El cielo que la santa cruz señala 
Es el lugar que el alma fiel escala 
Cuando sale del cuerpo desprendida. 
Para el alma que cree, ama y espera 
Aquí empieza la vida verdadera: 
La cruz junto a la muerte dice: ¡Vida!

-Rufino Villalobos-

POR TI



Te saludamos a ti, que abarcaste en tus limpias entrañas virginales al inmenso e incomprensible. 
Por ti recibe gloria y adoración la santa Trinidad. 
Por ti se rinden veneración y culto a la preciosa cruz en el mundo entero. 
Por ti exulta el paraíso. 
Por ti los ángeles y los arcángeles se regocijan. 
Por ti los demonios emprenden la huida. 
Por ti el tentador fue derrocado de las alturas. 
Por ti el hombre caído en el pecado halla acogida en el cielo. 
Por ti toda criatura, sujeta a la alienación de los ídolos, llega al conocimiento de la verdad. 
Por ti los creyentes obtienen la gracia del santo bautismo y el óleo de la alegría. 
Por ti se han erigido iglesias en toda la redondez de la tierra. Por ti los pueblos se sienten atraídos a la conversión. 
¿Qué más añadiré? Por ti el Hijo único de Dios brilló como una luz sobre los que habitaban en tierra y sombras de muerte. Por ti los profetas vaticinaron. 
Por ti los apóstoles predicaron el mensaje de la salvación de las naciones. 
Por ti los muertos despiertan a la vida. 
Por ti los reyes reinan, por la gracia de la santa Trinidad. 
Y ¿qué humano fuera capaz de enaltecer a María, como se merece, siendo tan digna de alabanza?

-San Cirilo de Alejandría-

LA IGLESIA CATÓLICA CREÓ EL CANON DE LA BIBLIA

 La Iglesia Católica es el creador del canon de la Biblia, tal como la conocemos actualmente. 

Los fariseos y los saduceos habían estado luchando por el canon de las Escrituras desde el tiempo de Jesús.  Por último, en el concilio de Roma en 382 dc, el Papa Dámaso I infaliblemente declaró que sólo 73 libros de cientos de otros eran de inspiración divina.  Estos 73 libros son los que actualmente están en la Biblia Católica hoy. 

La Iglesia Católica nunca agregó otros libros a este canon cerrado.  Por el contrario, Martín Lutero, más de 1100 años más tarde, restó siete libros de su Biblia protestante, porque no estaba de acuerdo con ellos: Tobit, Primero de Macabeos, Segundo de Macabeos, Baruch, Judith, Sabiduría y Sirach.  Estos libros divinamente inspirados habían estado en la Biblia desde el siglo IV, pero Lutero los quitó de su Biblia porque no estaban de acuerdo con su teología personal.  También quiso excluir a Santiago y al Apocalipsis del Nuevo Testamento, pero sus seguidores le impidieron hacerlo.

Estos libros descartados, están todos en la Biblia de Gutenberg, que fue la primera Biblia impresa, publicada en el siglo anterior de la herejía de Lutero.




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