QUIÉN ES ESPÍRITU SANTO, EXPLICACIÓN


 
La fe nos enseña que el Espíritu Santo, tercera persona 
de la Santísima Trinidad, procede del Padre y del Hijo 
por una sublime espiración de amor.
He aquí una exposición sencilla por Angelico Arrighini en su obra Dio ignoto p.33-35:

«Para comprender un poco mejor esta inefable procesión 
de amor, interroguemos a nuestro corazón, y él nos 
dirá que en el amor consiste toda su vida.
El corazón late, late continuamente hasta que muere.
Y en cada latido no hace sino repetir: Amo, amo.
Y cuando encuentra, finalmente, otro corazón que 
le comprende y le responde:  «Yo también te amo», 
|oh, qué gozo tan grande!
Pero ¿por qué son tan felices? no puede ser mi amor, ni tampoco el
amor de ella; es, sencillamente, nuestro amor, el 
resultado maravilloso de los dos latidos, el dulce vínculo 
que los encadena, el abrazo purísimo de los dos corazones 
que se besan y se embriagan: nuestro amor. 
¡Ah, si pudiéramos hacerlo subsistir eternamente para atestiguar, 
de manera viva y real, que nos hemos entregado total y 
verdaderamente él uno al otro! Esta fatal impotencia, que, 
en los humanos amores, deja siempre un resquicio a incertidumbres crueles,
 jamás puede darse en el corazón de Dios.

Porque Dios también ama, ¿quién puede dudarlo? 
Dios es precisamente, el amor sustancial y eterno.
El Padre ama a su Hijo: ¡es tan bello! Es su propia 
luz, su propio esplendor, su gloria, su imagen, su Verbo...
El Hijo ama al Padre: ¡es tan bueno, y se le da íntegra y 
totalmente a sí mismo en el acto generador con 
una tan amable y completa plenitud!
Y estos dos amores inmensos del Padre y del Hijo 
no se expresan en el Cielo con palabras, cantos, gritos..., 
porque el amor, llegando al máximo grado, no habla, no 
canta, no grita; sino que se expansiona en un aliento, 
en un soplo, que entre el Padre y el Hijo se hace, como 
ellos, real, sustancial, personal, divino: el Espíritu Santo.
Aquí está el gran misterio: la vida de la Santísima Trinidad, 
la generación del Verbo por el Padre y la procesión del Espíritu Santo 
bajo el soplo de su recíproco amor.
 
En la vida de la Trinidad 
existe como un continuo flujo y reflujo: la vida del Padre, 
principio y fuente, se desborda en el Hijo; y del Padre 
y del Hijo se comunica, por vía de amor, al Espíritu 
Santo, término último de las operaciones íntimas de la 
divinidad. Este Espíritu Santo, que goza así de la recíproca 
donación del Padre y del Hijo, su don consustancial, 
los reúne y mantiene, a su vez, en la unidad. Las tres 
personas, en posesión de la única sustancia divina, no 
son entre sí sino una sola cosa, un solo Dios verdadero».

(Tomado del Libro "El gran desconocido, Antonio Royo Marín)

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