Tengo entendido que la principal causa de todos los males que hay en el mundo es la falta de consideración, como lo significó el profeta Jeremías, cuando dijo:
«Asolada y destruida está toda la tierra, porque no hay quien se pare a pensar con atención las cosas de Dios» (2 Jer 12,11)
De lo cual parece que la causa de nuestros males no es tanto la falta de fe, sino la falta de la consideración de los misterios de nuestra fe. ¿Quién tendría manos para cometer un pecado, si pensase que Dios murió por el pecado, y que lo castiga con perpetuo destierro del Cielo y con pena perdurable?
Aunque los misterios de nuestra fe sean poderosos para inclinar los corazones a lo bueno, si los cristianos nunca se ponen a considerar aquello en lo que creen, no obran en sus corazones lo que podrían obrar.Y por falta de esto vemos a cada paso a muchos cristianos muy enteros en la fe, y muy rotos en la vida, porque nunca se paran a considerar qué es lo que creen.
Y así tienen la fe como en un rincón del arca, o como la espada en la vaina, o como la medicina en la botica, sin servirse de ella para lo que es. Creen a ciegas lo que dice la Iglesia, creen que hay juicio, y pena y gloria para buenos y malos. Mas, ¿cuántos hallarás que se paren a pensar en cómo ha de ser este juicio, y esta pena y esta gloria, con los demás?
(Fray Luis de Granada)
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