JARDINERO




Pasaste como un rayo de luz en mi sendero,
y como el sol de mayo, ¡Jardinero!
En mi jardín había una flor extasiada,
¡la entreabrió de alegría tu mirada!

Vislumbró la promesa de unos huertos lejanos,
anheló ser la presa de tus manos.
¡Crecer en tu lindero, suavizar tus abrojos,
y un día, Jardinero, morir ante tus ojos!

¿Cuál será su destino si una mano atrevida
corta el sueño divino que la tiene prendida?
No nací para ser en la fiesta pagana
una flor de placer que se olvida mañana.

Aún persiste el aroma que encendió mi capullo;
ven, Jardinero, toma lo que es tuyo.
Quiero ser el agrado de tu sola mirada,
como huerto cerrado, como fuente sellada.

Yo te llamo, te espero...
¡Yo sé que volverás, Jardinero!

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