Amantísimo San José, pocas veces he acudido a vuestra paternal protección siendo vuestro corazón vaso purísimo de virtud y recinto de santidad, ya que fuisteis el único hombre de la tierra digno para ser el padre adoptivo del Salvador, heme aquí anhelante en entrar a vuestro taller, en ceñirme vuestro delantal y en trabajar por la salvación de mi alma, la cual ha de ser transformada porque estáis aquí para renovar mi corazón, estáis aquí para mostrarme un nuevo camino, un horizonte diferente, una senda impregnada de vuestro suave aroma; aroma que me purifica y libera, aroma que me lleva a pediros perdón por teneros tan ausente de mí, aroma que eclipsa mi corazón, aroma que hace susurrar a mis labios con vuestro dulce nombre de JOSÉ, nombre que quema mi corazón por dentro. Ansío permanecer a vuestro lado para que me enseñéis el verdadero camino de la humildad, el mejor modo de amar a Jesús y la mejor manera de santificar el trabajo de cada día.
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