La Santísima Virgen María permaneció virgen intacta en el nacimiento de su divino Hijo Jesús y después de él durante toda su vida.
No hay dificultad alguna en que una mujer pueda milagrosamente dar a luz sin perder su virginidad.
En la concepción y nacimiento de Cristo, todo fue milagroso y sobrenatural.
Hermosamente explica el gran teólogo Contenson de qué manera pudo realizarse esta maravilla:
«Así como la luz del sol baña el cristal sin romperlo y con impalpable sutileza atraviesa su solidez y no lo rompe cuando entra, ni cuando sale lo destruye, así el Verbo de Dios, esplendor del Padre, entró en la virginal morada y de allí salió, cerrado el claustro virginal; porque la pureza de María es un espejo limpísimo, que ni se rompe por el reflejo de la luz ni es herido por sus rayos»
-Teología y espiritualidad mariana POR ANTONIO ROYO MARIN, O. P.-

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