NO DEBEMOS DESALENTARNOS JAMÁS



Un piadoso sacerdote hacía unos días de retiro bajo la dirección del P. Roothan. Durante esos días, éste fue llamado urgentemente a Roma, donde fue elegido General de la Compañía de Jesús. Cuando ya se había despedido de todos, y a punto de marchar, se volvió atrás y entrando donde estaba el ejercitante, le dijo: «Señor cura, se me había olvidado hacerle una recomendación muy importante: suceda lo que suceda, no os desaniméis jamás, jamás.»

Palabras de oro. Habría que hacer esta misma recomendación a muchas almas. 

San Juan Crisóstomo no se cansaba de repetirlas: «¡No desesperéis nunca! Os lo diré en todos mis discursos, en todas mis conversaciones; y si me hacéis caso, sanaréis. Nuestra salvación tiene dos enemigos mortales: la presunción en la inocencia y la desesperación después de la caídas; este segundo es con mucho el más terrible». Efectivamente, en la esperanza somos salvos 

(Rom 8, 14). «Esta virtud es como una fuerte cadena que baja del cielo y ata nuestras almas; si éstas quedan firmemente sujetas, va tirando de ellas poco a poco hasta unas alturas sublimes, y las sustrae a las tormentas de la vida presente. Pero el alma que, vencida por el desaliento, se suelta de esta santa ancla, cae inmediatamente y perece sumergida en el abismo del mal.

Nuestro pérfido adversario no ignora esto, por eso, en cuanto nos ve agobiados por el sentimiento de nuestras faltas, se lanza sobre nosotros e insinúa en nuestros corazones sentimientos de desesperación, más pesados que el plomo. Si les damos acogida, ese mismo peso nos arrastra, nos soltamos de la cadena que nos sujetaba y rodamos hasta al fondo del abismo».

(El arte de aprovechar nuestras faltas , Jose Tissot recoge las enseñanzas de San Francisco de Sales)

MARÍA ES HERMOSA Y PERFECTA, LLENA DE TODOS LOS CELESTIALES CARISMAS.

 "El inefable Dios, cuya conducta es misericordia y verdad, cuya voluntad es omnipotencia y cuya sabiduría alcanza de límite a límite con fortaleza y dispone suavemente todas las cosas, habiendo previsto desde toda la eternidad la ruina lamentabilísima de todo el género humano, que había de provenir de la transgresión de Adán, y habiendo decretado, con plan misterioso escondido desde la eternidad, llevar a cabo la primitiva obra de su misericordia, con plan todavía más secreto, por medio de la encarnación del Verbo, para que no pereciese el hombre impulsado a la culpa por la astucia de la diabólica maldad y para que lo que iba a caer en el primer Adán fuese restaurado más felizmente en el segundo, eligió y señaló, desde el principio y antes de los tiempos, una Madre, para que su Unigénito Hijo, hecho carne de ella, naciese en la dichosa plenitud de los tiempos; y en tanto grado la amó por encima de todas las criaturas, que en sola Ella se complació con señaladísima benevolencia. 

Por lo cual, tan maravillosamente la colmó de la abundancia de todos los celestiales carismas, sacada del tesoro de la divinidad, muy por encima de todos los ángeles y santos, que Ella, absolutamente siempre libre de toda mancha de pecado y toda hermosa y perfecta, manifestase tal plenitud de inocencia y santidad, que no se concibe en modo alguno mayor después de Dios y nadie puede imaginar fuera de Dios."

(Pío IX  bula Ineffablis Deus)




QUIERO MIRARME EN TUS OJOS

Quiero mirarme en tus ojos,
tus ojos que cielo son.
quiero mirarme en tus ojos,
que me roban mi corazón.

Quiero mirarme en tus ojos,
como miro una ilusión,
tus ojos que en mi sendero,
me calmarán todo dolor.

Quiero mirarme en tus ojos,
cuando me quede sin sol,
cuando en el puerto de mi alma
muera la flor del amor.

Quiero mirarme en tus ojos,
para sentir el calor
como sintió tu ternura Jesús,
el Hijo de Dios, nuestro Señor.

DE LA PACIENCIA EN LA ENFERMEDAD


Decía San Vicente de Paúl: «Si conociésemos el precioso tesoro encerrado en las enfermedades, las recibiríamos con aquella alegría con que se reciben los más insignes beneficios». Por lo cual, hallándose el Santo trabajado continuamente por tantas enfermedades, que a menudo no le dejaban reposo ni de día ni de noche, lo soportaba todo con tal paz y serenidad de rostro: sin la más mínima queja, que se diría no padecía mal alguno. 

¡Ah, y cómo edifica el enfermo que sufre la enfermedad con el rostro sereno de un San Francisco de Sales, el cual, en sus enfermedades, se limitaba a exponer sencillamente al médico su mal, tomaba con escrupulosa exactitud los remedios que le recetaba, por desabridos que fuesen, y luego quedaba en paz, sin lamentarse de lo que padecía! 

¡De cuán diversa manera obran los imperfectos, que, por cualquier malecillo que padecen, andan siempre lamentándose con todos y quisieran que todos, familiares y amigos, las rodearan compadeciendo sus males! 

Santa Teresa exhortaba así a sus religiosas: «Sabed sufrir un poquito por amor de Dios, sin que lo sepan todos». 

El venerable P. Luis de la Puente fue en un Viernes Santo regalado por Jesucristo con tantos dolores corporales, que no había en su cuerpo parte libre de particular tormento; contó a un su amigo este padecimiento, pero luego se arrepintió, de tal modo que hizo voto de no declarar a nadie lo que en adelante padeciese. 


(San Alfonso Mª de Ligorio, "Práctica de amor a Jesucristo")

ACTO DE CONTRICIÓN



Adorable Redentor mío, que tienes en 
tus manos la fuente inagotable de la misericordia: 
¿por qué he dejado a mi alma 
tanto tiempo víctima de los amargos 
placeres de la tierra? ¿Por qué hasta que me 
han abrumado los pesares, y la angustia 
ha lacerado mi corazon, me he acordado 
de tí? ¿cómo he podido olvidarte 
cuando no hay ni tengo un bien sobre la 
tierra que no me haya venido de 
tu generosidad infinita? 
Si en el mundo he vivido 
haciendo alarde de no entregar al olvido 
a las criaturas, ¿por qué con tanto 
ardor he procurado desterrar de mi alma 
el consolador y grato recuerdo de un Dios 
que es mi más dulce padre, padre cariñoso 
que no cesa de colmarme de beneficios? 
Cuando en medio de mis extravíos ha venido 
a interponerse el pensamiento de tu bondad,
yo he permanecido indiferente a 
tu ternura e insensible al terror saludable 
de tu justicia. Con excecrable orgullo he 
rechazado como importunos tus llamamientos, 
y mis ojos y mi voz no se han 
levantado hasta el cielo sino solo para 
quejarme con injusta amargura. 
¿Eres digno de todo esto, Salvador mío, 
Tú que descendiste del cielo por mí; que naciste 
por mí en un albergue despreciable, 
y diste tu vida por mí en un patíbulo afrentoso? 
¡cuánto me pesa desde este instante 
mi ingratitud! Sí, me arrepiento de mis 
iniquidades; me duelo de haber pecado 
contra tí, y te pido perdón de mi maldad. 
Tú, que me has dado fuerzas para levantarme 
del lecho de la muerte, para que 
venga a llorar a tus piés arrepentido, ten 
misericordia de mí y no cierres tus oídos 
a mis clamores. Prometo desde ahora no 
volver a ofenderte, y te pido que por tus 
méritos y por el amor que tienes a
la castísima María, concebida sin mancha, 
y en cuyas manos virginales deposito 
mis lágrimas, me des tu gracia para permanecer 
firme en mi propósito, y cuando llegue el último 
instante de mi vida recibas 
en tus manos mi espíritu, 
para que pueda glorificarte eternamente.
Amén.

(Corona Católica, Jose de la Luz Pacheco)

LOS ZAPATOS Y JESÚS


Cuenta santa Verónica Guliani: 

"Una vez, cuando era pequeña, estando en la ventana, vi venir a un pobre por la calle. Se detuvo y me pidió limosna. Yo no tenía nada. El pobre se estaba allí y yo veía que no quería marcharse. No sé cómo lo hice. Acababa de estrenar un par de zapatos muy bonitos: me quité del pie uno de ellos y se lo di al pobre; él se fue muy contento. Pero, después de caminar un poco, volvió atrás y me dijo: 

“Chiquita, dame el otro: ¿qué hago yo con éste solo?”. 

Yo me quité el otro zapato y se lo di al pobre. En aquel momento me pareció ver el rostro del pobre todo bello y resplandeciente. Pero no hice reflexión alguna. 

Cuando se fue el pobre, yo no sabía cómo salir del paso. Tuve miedo de que nuestra madre me riñera, y no quería decir a quién había dado los zapatos. 

No recuerdo bien cómo acabó la cosa. Sólo me acuerdo que no quise descubrir que los había dado a un pobre por amor de Dios.

Una noche mientras me acusaba mi ángel de los malos ejemplos que había dado al prójimo, el Señor me mostró aquellos zapatos que yo de pequeña di a aquel pobre y me hizo entender que aquel pobre era él mismo. 

Y me hacía ver dichos zapatos todo de oro que significa la caridad y además me hizo entender que él agradeció mucho aquel acto de caridad que hice, porque dichos zapatos no quería yo que nadie me los tocara. 

Tenía tanto cuidado con ellos por ser los primeros que había tenido. Y, cuando se los di al Señor en figura de aquel pobre, de nada me di cuenta, pero después, cuando ya no los tenía, sentía pesar y me desagradó mucho. 

Me acuerdo en este momento de ello como si fuera ahora. 

El padre Tassinari declaró en el Proceso que le dijo la Virgen María a Verónica Guliani en una apariciónn que el peregrino al que ella le dio su zapatito de niña  había sido el mismo Jesús. Y ella me lo contó así en una conversación.


(Santa Verónica Giuliani, P. Ángeñ Peña O.A.R.)

SUFRIMIENTOS DE CRISTO (Santo Tomás de Aquino)


Cristo sufrió todo padecimiento humano, lo cual puede considerarse de tres maneras:

1ª) Por parte de los hombres de quienes recibió padecimiento, pues padeció algo de los gentiles, de los judíos, de los hombres y de las mujeres, como se manifiesta por las sirvientas que acusaban a San Pedro. Padeció también por parte de los príncipes y de sus ministros y del pueblo, según aquello del Salmo (2, 1, 2): ¿Por qué bramaron las gentes, y los pueblos meditaron cosas vanas? Asistieron los reyes de la tierra, y se mancomunaron los príncipes contra el Señor, y contra su Cristo. 

Padeció también de parte de los amigos y conocidos, como se manifestó cuando Judas le entregó, y Pedro le negó.

2ª) Por todo lo que el hombre puede padecer. En efecto, Cristo sufrió por sus amigos que lo abandonaban; en su reputación, por las blasfemias proferidas contra él; en su honra y gloria, por los escarnios y afrentas que se le causaron; en sus cosas, porque hasta fue despojado de sus vestiduras; en su alma, por la tristeza, tedio y temor, y en su cuerpo, por las heridas y azotes.

3ª). En sus miembros corporales. Porque Cristo sufrió en su cabeza la corona de punzantes espinas; en su pies y manos, taladrados por los clavos; en su rostro, las bofetadas y salivazos; y azotes en todo el cuerpo.

Padeció también con todos sus sentidos corporales: con el del tacto, al ser flagelado y crucificado con los clavos; con el del gusto, al beber hiel y vinagre; con el del olfato, al ser suspendido en un patíbulo levantado en un lugar que los cadáveres hacían fétido y que se llamaba Calvario; con el del oído, al ser atacado por las voces de blasfemos y burladores; con el de la vista, al ver llorar a su Madre y al discípulo a quien amaba.


(Santo Tomás de Aquino, meditaciones)

MIRANDO AL PUEBLO INFIEL



(«La mies es mucha y los obreros pocos ». S. Mateo) 
Pobre el pueblo que va peregrino 
Sin antorcha de fe ni de amor. 
Sin saber de su eterno destino, 
Sin que nadie le enseñe el camino 
Que conduce a la paz del Señor. 
Sin un guía que oriente su anhelo 
De este mar en el fiero vaivén, 
Sin hallar a sus penas consuelo, 
Sin saber que hay un Padre en el cielo 
Que es la fuente inexhausta del bien. 
¡Pobre el pueblo que en su honda amargura 
Vive en sombras de error y de mal! 
¿Puede darse mayor desventura 
Que vivir en mortal noche oscura 
Sin un rayo de luz celestial? 
¡Oh, Señor! Que el obrero escasea 
Para campos inmensos de mies. 
¡Hora es ya de que el mundo en Ti crea 
Y que pronto, muy pronto, se vea 
Por amor convertido a tus pies! 
¡Pobres pueblos, Señor, si los dejas 
Al asalto del lobo feroz! 
¡Ay si Tú de su lado te alejas 
Y no pueden oír las ovejas 
Del Pastor amoroso la voz! 
¡Oh, Jesús! Que la tierra afligida 
Sólo en Ti puede hallar salvación. 
¡Muestra ya al mundo infiel esa Herida 
Que brotó como fuente de vida 
Del tesoro de tu Corazón!
(Rufino Villalobos)

ORACIÓN UNIVERSAL, DEL PAPA CLEMENTE XI



Creo en ti, Señor, pero ayúdame a creer con más firmeza;
espero en ti, pero ayúdame a esperar con más confianza;
te amo, Señor, pero ayúdame a amarte más ardientemente;
estoy arrepentido, pero ayúdame a tener mayor dolor.
Te adoro, Señor, porque eres mi creador 
y te anhelo porque eres mi último fin;
te alabo porque no te cansas de hacerme el bien 
y me refugio en ti, porque eres mi protector.
Que tu sabiduría, Señor, me dirija y tu justicia me reprima;
que tu misericordia me consuele y tu poder me defienda.
Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, para que se dirijan a ti;
te ofrezco mis palabras, para que hablen de ti;
te ofrezco mis obras, para que todo lo haga por ti;
te ofrezco mis penas, para que las sufra por ti.
Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo,
precisamente porque lo quieres Tú,
quiero como lo quieras Tú,
y durante todo el tiempo que lo quieras Tú. 
Te pido, Señor, que ilumines mi entendimiento, que inflames mi voluntad,
que purifiques mi corazón y santifiques mi alma.
Ayúdame a apartarme de mis pasadas iniquidades, 
a rechazar las tentaciones futuras,
a vencer mis inclinaciones al mal
a cultivar las virtudes necesarias.
Concédeme, Dios de bondad, amor a ti, odio a mí, 
celo por el prójimo y desprecio a lo mundano.
Dame tu gracia para ser obediente con mis superiores, 
compresivo con mis inferiores, 
saber aconsejar a mis amigos 
y perdonar a mis enemigos.
Que venza la sensualidad con la mortificación, 
con generosidad la avaricia, 
con bondad la ira, 
con fervor la tibieza.
Que sepa yo tener prudencia, Señor, al aconsejar, 
valor frente a los peligros, 
paciencia en las dificultades, 
humildad en la prosperidad.
Concédeme, Señor, atención al orar, 
sobriedad al comer,
responsabilidad en mi trabajo
y firmeza en mis propósitos.
Ayúdame a conservar la pureza de alma, 
a ser modesto en mis actitudes, 
ejemplar en mis conversaciones 
y a llevar una vida ordenada.
Concédeme tu ayuda para dominar mis instintos, 
para fomentar en mí tu vida de gracia, 
para cumplir tus mandamientos 
y obtener mi salvación.
Enséñame, Señor, a comprender la pequeñez de lo terreno, 
la grandeza de lo divino, 
la brevedad de esta vida 
y la eternidad de la futura.
Concédeme una buena preparación para la muerte 
y un santo temor al juicio, 
para librarme del infierno 
y alcanzar el paraíso.
Por Cristo nuestro Señor. Amén

SAN JOSÉ SOCORRE EN TODAS LAS NECESIDADES


 San José es un santo único. Lo veneramos como el hombre más cercano a Cristo. Sus virtudes y santidad son extraordinarios, hasta el punto de que muchos santos padres le han considerado el más luminoso de todos los santos, ejemplo de amor, humildad y dedicación a Jesús. 

Esta conciencia viva del lugar especialísimo que san José tiene en el plan providencial de Dios, ha pasado por la experiencia y la pluma de muchos santos de todos los tiempos. 

Santa Teresa de Jesús, la gran doctora mística de Ávila, es testigo de su poderosa intercesión, cuando escribe en el libro de su Vida: 

«Y tomé por abogado y señor al gloriosos san José y me encomendé mucho a él. Vi claro que, tanto de esta necesidad como de otras mayores, de perder la fama y el alma, este padre y señor mío me libró mejor de lo que yo lo sabía pedir. No me acuerdo hasta hoy de haberle suplicado nada que no me lo haya concedido.  Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, y de los peligros de que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece que les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; pero a este glorioso santo tengo experiencia de que socorre en todas, y quiere el Señor darnos a entender, que así como le estuvo sometido en la tierra, pues como tenía nombre de padre, siendo custodio, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide» (Libro de la Vida 6,6)


(San José del Evangelio, Francisco Cerro, arzobispo)

SANTIFICACIÓN DE SAN JOSÉ ANTES DE SU NACIMIENTO


Algunos teólogos y críticos disputan sobre si san José tuvo el privilegio de haber nacido santificado, porque no se hall a este favor en las doctrinas y tradiciones de los padres y doctores de la Iglesia; pero otros, de crítica mas benigna. no creen que sean necesarios fundamentos tan claros para concederle esta gracia con que el Señor se dignó honrar a otros santos en los que no concurrieron todas las ventajosas prerogativas del Padre putativo de Jesús y dignísimo Esposo de María , colocado por razón de su ministerio en aquel orden superior que llaman los teólogos hipostático. Este privilegio fué conveniente a San Juan Bautista por haber nacido para glorioso precursor del hombre Dios. Y quien considerare los fondos de la dignidad del que nació escogido para verdadero Esposo de la Virgen María y Padre putativo de Jesús, no podrá menos que juzgarlo en cierto modo acreedor, mas que otros santos, de esta gracia que añade un grado mas de esplendor a su santidad.

El gran teólogo Cornelio Alápide dijo:

"Cuando Dios ha concedido el privilegio de ser santificado antes de nacer a otros, fuera de la Virgen, parece que no negaría la misma gracia al futuro esposo de esta Señora".

Dios es de tal modo benéfico, que ni la ingratitud humana es capaz de contener con sus excesos el torrente de sus antigua s misericordias. ¿Qué gracia, pues, podría negarle al que tenía escogido para Esposo de la Madre de Jesús y para que hiciese las veces de Padre con el Verbo humanado, a  quien había de sustentar con el trabajo de sus manos, y tener en sus brazos como tutor y custodio de aquella fuente de la santidad y divino ejemplar de la pureza?


(Vida del Señor San José, P. José Ignacio Vallejo)

CONSAGRACIÓN DEL HOGAR 
AL CORAZÓN DE JESÚS
Dulcísimo Corazón de Jesús: tuyos somos y
tuyos queremos ser.
Humildemente postrados ante tu Sagrada
Imagen, te consagramos nuestras personas,
nuestra casa, nuestra familia, con todo lo que
somos y todo lo que tenemos.
Reina en nuestra casa como en un hogar que te
pertenece, y no permitas que te sea arrebatado lo
que con todo corazón te hemos consagrado.
Derrama amorosamente sobre nosotros las
bendiciones que has prometido a los que veneran
tu Sagrada Imagen.
Enriquécenos con la paz que gozan las familias
que son de tu Corazón.
Compadécete de los ingratos que se alejaron de
Ti; ilumina a aquellos que todavía no conocen las
riquezas de tu amor; atráelos con la suavidad de
tu gracia.
Santifica, dulce Corazón de Jesús, nuestra casa y
nuestra familia, para que acabando en paz la
carrera de esta vida, pasemos a alabarte en la
eterna mansión de tu Padre. Amén.

GUARDEMOS LOS TESOROS EN MARÍA


¡Pobres hijos de María! ¡Su debilidad es extrema, grande su inconstancia, muy corrompida su naturaleza! Lo confieso, ¡han sido extraídos de la misma masa corrompida que los hijos de Adán y Eva! Pero ¡no se desalienten por ello! ¡Consuélense y alégrense! Oigan el secreto que les descubro; secreto desconocido a casi todos los cristianos aun a los más devotos.

No guarden su oro ni su plata en cofres que ya fueron destrozados por el espíritu maligno que los saqueó. ¡Almas predestinadas, sé que me han entendido! Pero quiero hablarles aún con más claridad. No confien el oro de su caridad, la plata de su pureza, las aguas de las gracias celestiales ni los vinos de sus méritos y virtudes a un saco agujereado, a un cofre viejo y roto, a un vaso infectado y contaminado, como son ustedes mismos. Porque serán robados por los ladrones, esto es, por los demonios, que día y noche asechan y espían el momento oportuno para ello; y porque todo lo más puro que Dios les da lo corromperán con el mal olor de su egoísmo, de la confianza en ustedes mismos y de su propia voluntad.

Guarden más bien, viertan en el seno y corazón de María todos sus tesoros, gracias y virtudes. 

Ella es Vaso espiritual, Vaso de honor, Vaso insigne de devoción. Desde que el mismo Dios se encerró en él personalmente y con todas sus gracias, este vaso se tornó totalmente espiritual, y se convirtió en morada espiritual de las almas más espirituales; se hizo digno de honor y trono de honor de los mayores príncipes de la eternidad; se tornó insigne de devoción y la morada de las almas más insignes en dulzuras, gracias y virtudes; se hizo, finalmente, rico como una casa de oro, fuerte como la torre de David y puro como torre de marfil.

¡Oh! ¡Qué feliz es el hombre que lo ha entregado todo a María!


(Tratado de la verdadera devoción a María, San Luis María Grignion de Montfort)

LA VERDADERA GRANDEZA


Si preguntamos a los contemporáneos de Jesús qué es para ellos un hombre grande, la respuesta es muy simple: un verdadero hombre es el que vive una existencia de grandeza, el que vive y muere noble y heroicamente, el que desconoce la vulgaridad de la vida, el que está conducido por una voluntad de poder, de gloria y magnificencia. Éstos y sólo éstos son hombres. 

Al lado está una subexistencia propia de esclavos, vulgar, mediocre, ensuciada por el dolor, con una muerte insignificante.

Pero al acercarnos a la vida y muerte de Jesús nos encontramos con que él asume esta segunda vida sin grandeza y no parece tener interés alguno en salirse de ella. 

Su pobreza es la pobreza de los pobres, no la de un Sócrates filosófico o la de un asceta hierático. Sus amigos son gente sin personalidad. Su vida carece de todo brillo: ni sus compañeros le entienden, sus propios adversarios le valoran poco, el fracaso se cierne constantemente sobre su obra.

Pero es, sobre todo, su muerte la que carece de la «grandeza» de los héroes.

Sócrates tiene una muerte brillante: es el filósofo que se sacrifica por su idea. Cesar consiguió una muerte heroica: cayó bajo los puñales de sus amigos. Qué muertes más distintas de la de este Jesús cubierto de salivazos, burlado por los soldados, condenado a muerte sin que quede muy clara la causa, traído y llevado a tribunales que le desprecian y no saben muy bien cómo quitárselo de en medio, crucificado finalmente entre dos ladrones y con la soledad de los amigos que le abandonan.  No hay honor en su muerte, que parece tener más de vergonzosa que de soberana.

La vida y muerte de Jesús nos obliga a preguntarnos si la verdadera grandeza del hombre no consistirá precisamente ni en la grandeza del mundo, ni en el heroísmo, ni en el brillo, ni en el esplendor, ni en el poder. 

Ser hombre debe de ser otra cosa. Morir lleno debe de ser otro modo de morir. Los verdaderos valores del hombre tienen que ser forzosamente otros. La pasión de Jesús tendrá que descubrírnoslo.


(Vida y misterio de Jesús de Nazareth, Jose Luis Martín Descalzo)

ORACION A SAN JOSE POR DIVERSAS NECESIDADES




Santo Patriarca, dignísimo esposo de la Virgen María 
y Padre adoptivo de Nuestro Redentor Jesús, 
que por vuestras heroicas virtudes, dolores
 y gozos merecisteis tan singulares títulos; 
y por ellos, especialísimos privilegios para 
interceder por vuestros devotos; 
os suplico, Santo mío, alcancéis la fragante 
pureza a los jóvenes y doncellas, castidad a los casados, 
continencia a los viudos, santidad y celo a los sacerdotes, 
paciencia a los confesores, obediencia a los religiosos, 
fortaleza a los perseguidos, discreción y consejo 
a los superiores, auxilios poderosos a los pecadores 
e infieles para que se conviertan, perseverancia 
a los penitentes, y que todos logremos ser 
devotos de vuestra amada Esposa, Maria Santísima, 
para que por su intercesión y la vuestra podamos 
vencer a nuestros enemigos, por los méritos de Jesús, 
y conseguir las gracias y favores que os hemos 
pedido para santificar nuestras almas hasta 
conseguir dichosa muerte, y gozar de Dios 
eternamente en el Cielo. Amén.

ORACION AL NIÑO JESUS ANTE LA ADVERSIDAD

 


Niño Jesús: Tú eres el Rey de la Paz, ayúdame a aceptar sin amarguras las cosas que no puedo cambiar.

Tú eres la fortaleza del cristiano; dame valor para transformar aquello que en mí debe mejorar.

Tú eres la sabiduría eterna; enséñame en cada instante como debo obrar para agradar más a Dios y hacer mayor bien a las demás personas. 

Te lo suplico, por los méritos de tu infancia a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN POR LAS FAMILIAS (Papa Francisco)

 Jesús, María y José,
en vosotros contemplamos 
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos, 
Santa Familia de Nazaret.
Que nuestras familias sean también, 
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio,
y pequeñas Iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias
episodios de violencia, de cerrazón y de división; 
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
que todos tomemos conciencia 
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
y de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchen y acojan nuestra súplica. Amén.
La familia, célula fundamental de la sociedad y de
la Iglesia, está seriamente amenazada en nuestro
tiempo por diversas ideologías, que buscan
introducir en ella cambios estructurales que la
desvirtúan, y la conducen por caminos que no son
los que Dios quiere para ella.
Orar por nuestra familia y por todas las familias
del mundo es una necesidad que a todos nos
compete. No dejemos de hacerlo nunca.
Pidamos a la Sagrada Familia que no 
haya separaciones ni divisiones en las familias.

LA EUCARISTÍA NOS UNE A CRISTO

La eucaristía nos une íntimamente con Cristo y, en cierto sentido, nos transforma en Él.

Es el efecto más inmediato y primario cuando comulgamos, puesto que en la Eucaristía recibimos real y verdaderamente el cuerpo, sangre, alma y divinidad del mismo Cristo. Esto lo dice la Sagrada Escritura (Juan 6,48-58) y el magisterio de la Iglesia, que lo ha definido solemnemente (D 883).

Esta unión con Cristo es tan íntima y entrañable, que es imposible concebir acá en la tierra otra mayor. Sólo será superada por la unión beatífica en el cielo. 

El mismo Cristo la expresa de manera sublime en el Evangelio: «El que come mi carne y bebe mi sangre, está en mi y yo en él. Así como me envió mi Padre vivo y vivo yo por mi Padre, así también el que me come vivirá por mi» (lo 6,57-58).

No hay ninguna semejanza ni analogía humana que pueda darnos idea cabal de lo que significa esta compenetración o mutua inhesión entre Cristo y el que comulga. 

No se trata de un contacto físico, que, por otra parte, sería muy superficial y exterior, como el de dos personas que se abrazan. Tampoco es un contacto moral a distancia, como el que se establece por el amor entre dos amigos ausentes. 

Es un contacto de transfusión o mutua inhesión que escapa a todas las analogías humanas: «está en mí y yo en él». Acaso un ejemplo imperfecto y analogía lejana nos lo pueda dar una esponja sumergida en el agua, que queda materialmente repleta y empapada de ella, de suerte que puede decirse, en cierto modo, que la esponja está en el agua y el agua en la esponja.

Tan profunda es esta mutua adhesión de Cristo con el alma y de ésta con Aquél, que, entendida en sus verdaderos términos, puede hablarse de verdadera transformación del alma en Cristo. 

Este contacto tan íntimo y entrañable con Cristo, manantial y fuente de la vida divina, es de tal eficacia santificadora, que bastaría una sola comunión ardientemente recibida para remontar hasta la cumbre de la santidad a un alma imperfecta y principiante en la vida espiritual.

Antonio Royo Marín, teólogo

LA TELEVISIÓN PUEDE MANIPULARNOS


Estoy convencida de que ver mucho la televisión no es bueno para nuestra vida espiritual. Es una distracción que nos hace perder mucho tiempo, un ratito vale, para ver algo constructivo, pero ¿qué tipos de programas echan hoy en la televisión? Al menos en España, el 90 % de los programas que se pueden ver a las horas de mayor audiencia son programas de cotilleos, o concursos morbosos, por ejemplo hace pocos dias se estrenaba una nueva edición de "La isla de las tentaciones" al parecer el día del estreno batió records de audiencias. Es un programa diabólico donde van varias parejas, los separan en dos casas lujosas, a ellas los ponen con chicos que tratan de seducirlas y a ellos con chicas de la misma índole y con el mismo objetivo...ya podréis imaginar en qué acaba todo, y después está la tertulia, claro, donde los familiares y amigos  no paran de juzgar, insultar y criticar las actitudes y comportamientos de los concursantes.

También está el programa Sálvame, que lo ponen a varias horas del día y de la noche por si no tuviéramos bastante. Tenemos Sálvame naranja, Sálvame limón...para todos los gustos, ¿de qué nos tiene que salvar este programa? se reúnen en un plató un grupo de personajes famosos y "destripan" literalmente al personaje invitado, que suele ser otro famoso, y hablan de herencias, infidelidades...hablan hasta de los muertos que ya no se pueden defender. 

Lo más llamativo es que he visto a gente que se dice "gente de fe" viendo este tipo de programas, sin percatarse de lo dañino para el alma que son. Ahora estas cosas se ven como normales, el hecho de criticar, juzgar, condenar...eso se ve como algo normal, eso no es malo, eso ya está normalizado. Yo creo que no hay que tener mucha instrucción o sabiduría de Dios para ver que todo es una trampa, la televisión y los programas basura son una trampa mortal para todos.

Debemos saber qué ver en televisión, hay que saber elegir, de lo contrario, vamos a ser manipulados por las modas de hoy, contrarias totalmente a la voluntad de Dios.


(Carmen de Jesús Crucificado, Carmelita)

CONSAGRACIÓN A JESUCRISTO (Alfonso Mª de Ligorio)


 

¿Quién sino tú, hay para mí en los cielos? Y si contigo estoy, la tierra no me agrada.

Amado Redentor mío, amabilidad infinita, ya que bajasteis del cielo para daros todo a mí, ¿qué otra cosa puedo yo buscar en el cielo o en la tierra fuera de vos, que sois el sumo bien, el único bien digno de ser amado?  Vos, Señor, que sois el único dueño de mi corazón, poseedlo completamente, y que mi alma a sólo vos ame, a vos sólo obedezca y trate de agradar. 

Gócense otros con las riquezas de este mundo, que yo sólo a vos quiero, pues vos sois y seréis mi riqueza en esta y en la otra vida. Os entrego, por tanto, Jesús mío, mi corazón y toda mi voluntad. Cierto que en lo pasado mi voluntad se rebeló contra vos, pero ahora os la consagro completamente. 

Señor, ¿qué quieres que yo haga?. Decidme lo que queréis de mí y ayudadme, pues quiero hacerlo todo.  Disponed de mí y de mis cosas como os agrade, que todo lo acepto y en todo me someto a vos. 

¡Oh amor, digno de amor infinito!, vos me amasteis hasta morir por mí, y yo os amo con todo mi corazón, os amo más que a mí mismo y en vuestras manos encomiendo el alma mía.  Renuncio a todo afecto mundano; quiero desprenderme de todo lo terreno y me consagro completamente a vos; aceptadme por los méritos de vuestra pasión y haced que os sea fiel hasta la muerte. 

Jesús mío, Jesús mío, quiero vivir para vos en adelante y no quiero amar nada fuera de vos ni buscar más que ejecutar vuestra voluntad. Asistidme con vuestra gracia. 

 María, esperanza mía, ayudadme con vuestra protección.

NO QUERAMOS SER HONRADOS CUANDO JESUCRISTO FUE TAN DESPRECIADO

 


Si vuestra alma se para un momento a oír con atención aquel lastimero pregón que contra la misma inocencia se dio, pregonando a Jesucristo nuestro Señor por malhechor por las calles de Jerusalén, os confundiréis cuando os honren, o cuando deseéis ser honrados; y diréis con gemido entrañable: 

¡Oh Señor! ¿Vos pregonado por malo, y yo alabado por bueno? ¿Qué cosa de mayor dolor? Y no sólo se os quitará la gana de la honra del mundo, sino que tendréis ganas de ser despreciados, para pareceros al Señor, y entonces diréis con San Pablo (Gal., 6, 14): No plega a Dios que yo me honre, sino en la cruz de Jesucristo nuestro Señor; y desearéis cumplir lo que el mismo Apóstol dice (Hebr., 13, 13): Salgamos, a Cristo fuera de los reales, imitándole en su deshonra.

Y si es poderosa cosa el afecto de la honra vana, muy más poderosa es la medicina del ejemplo y gracia de Cristo, que de tal manera la vencen y desarraigan del corazón, que le hacen sentir que es cosa muy abominable, que viendo un cristiano al Señor de la Majestad bajarse a tales desprecios, se quede el gusano vil hinchado con amor de la honra. 

Por lo cual el Señor nos convida y esfuerza con su ejemplo, diciendo (Jn., 16, 33): Confiad, que yo vencí el mundo. Como si dijese: 

"Antes que yo acá viniese, era difícil desechar lo que en el mundo florece, y abrazar lo que él desecha; pero después que contra mí puso todas sus fuerzas, inventando nuevo género de tormentos y deshonras, todo lo cual yo sufrí sin volverles el rostro, queda vencido para vuestro provecho, pues con el ejemplo que yo os di, os gané fortaleza para que lo podías vencer fácilmente.


(Libro espiritual, San Juan de Ávila)

VISITA A SAN JOSE



¡Oh castísimo esposo de la Virgen María, 
mi amantísimo protector San José! 
Todo el que implora vuestra protección 
experimenta vuestro consuelo. 
Sed, pues, Vos mi amparo y mi guía. 
Pedid al Señor por mí; libradme del pecado, 
socorredme en las tentaciones y apartadme 
del mal y del pecado. 
Consoladme en las enfermedades y aflicciones. 
Sean mis pensamientos, palabras y obras 
fiel trasunto de cuanto os pueda ser 
acepto y agradable para merecer dignamente 
vuestro amparo en la vida y en la hora de la muerte. 
Amén.

Jaculatoria.-¡Oh glorioso San José! Haced que sea constante en el bien; 
corregid mis faltas y alcanzadme el perdón de mis pecados.

COMO PALOMA DE ALAS HERIDAS

El alma es toda espiritual, y sale del cuerpo en la plenitud de la vida del espíritu, como gusanillo que sale del capullo y lo deja abandonado.  Sale en la perenne juventud de la inmortalidad, intelecto y voluntad, que busca su objetivo: la Eterna Verdad y el Eterno Bien. 

El alma sin embargo, no es como Dios la ha creado al infundirla en el cuerpo, no es como Jesús la ha redimido, sino que lleva consigo las propias responsabilidades y, éstas en el instante mismo de la separación del cuerpo, aparecen no en la nebulosa luz de la propia conciencia, sino en la esplendorosa luz de la Verdad eterna. 

Nuestra conciencia es elástica, y se presta a justificaciones que no corresponden a la realidad, porque nosotros, por nuestro natural orgullo, tratamos siempre de justificarnos pero a la luz de la Verdad eterna, el alma se reconoce por aquello que es, con una evidencia que no puede encontrar disculpas o justificaciones. 

Es una sorpresa que es terrible si el alma está en pecado mortal, porque el pecado la vuelve horriblemente desfiguradas; si el alma está en gracia de Dios, pero manchada de pequeñas culpas, y deformada por las imperfecciones, experimenta una gran confusión. El alma condenada es como un peso que tiende al abismo, aun sintiendo la natural inclinación hacia Dios. 

El alma en gracia imperfecta es como un cohete que no la puede llevar hacia Dios, porque no funciona, está atascado, no sale. El alma por lo tanto tiene que purificarse, y considera como un don el poder purificarse, aunque sea entre dolores. 

El alma en estado de pecado mortal está tan lejos de Dios, que permanece en un estado de muerte espiritual, cae en el abismo, como en una nueva espantosa vida, en la cual no encuentra sino el gusano de sus culpas que la vence atormentándola. 

Sin embargo, el alma en gracia pero en parte manchada, es como paloma de alas heridas que no puede volar, pero tiende a Dios con el amor, por el estado de gracia que la atrae a Él, y busca el modo de purificarse, implorándole su misericordia. 


El ánima purgante sigue en el camino del peregrinaje, está todavía en el tiempo, y espera el feliz día, de la unión plena con Dios. 

Oremos para que esas almas consigan la plena unión con Dios cuanto antes, es una obra de caridad.


(El Purgatorio, Padre Dolindo Ruotolo)

ORACIÓN DE UN PECADOR ANTE EL SANTÍSIMO SACRAMENTO



Adorable Redentor y Salvador mío, 
que por un exceso de tu amor te quedaste para mi salud 
en el augusto sacramento de la Eucaristía; 
yo vengo a Ti arrepentido 
de las innumerables ofensas con que te he 
agraviado, y en busca de la paz y de los 
dulces consuelos que el mundo no puede darme. 
Me pesa, Señor, haber despreciado 
tus mandamientos, desoído tu voz y 
despreciado tu sangre preciosa. 
Ten misericordia de un pecador que se arroja 
a tus pies llorando sus iniquidades e implorando 
tu auxilio para levantarse de entre las tinieblas 
de la muerte en que me ha sumergido el pecado. 
Purifica mis labios para que 
mi oracion sea digna de ser escuchada 
por tu bondad, y para que los actos de 
devoción que practique en tu obsequio, 
sirvan de expiación a mis extravíos, e inclinen 
tus oidos paternales en mi favor. Amen.
(Devocionario Católico)

ASOMBROSA EXPLICACIÓN DE JESÚS SOBRE EL DEMONIO

Palabras del Esposo (Jesús) a su esposa (Santa Brígida) recurriendo a una alegoría sobre un hechicero,
para ilustrar y explicar lo que es el demonio.

El Esposo, Jesús, habló a su esposa en alegorías, empleando el ejemplo de un sapo. 

Dijo: “Cierto hechicero tenía un oro finísimo y reluciente. Un hombre sencillo y de modestos modales vino a él y le quiso comprar el oro. 

El hechicero le dijo ‘No conseguirás este oro a menos que me des un oro mejor y en mayor cantidad’. 

El hombre contestó: ‘Deseo tanto tu oro que te daré lo que quieras antes que quedarme sin él’. Después de darle al hechicero un oro mejor y en mayor cantidad, se llevó el oro reluciente que éste tenía y lo guardó en una maleta, planeando hacerse un anillo para el dedo. 

Al poco tiempo, el hechicero fue a ver al hombre y le dijo: ‘El oro que compraste y guardaste en tu maleta no es oro, como crees, sino un sapo feo, que se ha alimentado a mis pechos y comido de mi alimento. Y, para testar la verdad de la cuestión, abre la maleta y verás cómo el sapo saltará a mi pecho, del que se alimentó’. 

Cuando el hombre trataba de abrir la maleta para averiguar, pudo ver a un sapo dentro de ésta, que ya tenía cuatro goznes a punto de romperse. Al abrir la cerradura de la maleta, el sapo vio al hechicero y saltó a su pecho. 

Los sirvientes y amigos del hombre vieron esto y le dijeron: ‘Maestro, su oro está dentro del sapo y, si lo desea, fácilmente puede conseguir el oro’. ‘¿Cómo?’ –`preguntó-- ¿Cómo podré? Ellos dijeron: ‘Si alguien tomara un bisturí afilado y calentado y lo insertara en el lomo del sapo, enseguida saldría el oro de esa parte del lomo en la que hay un agujero. Si no pudiera encontrar el agujero, entonces, tendrá que hacer todo lo posible para insertar el bisturí firmemente en esa parte y así es como conseguirá recuperar lo que compró’.

EL HECHICERO ES EL DEMONIO:

¿Quién es el hechicero sino el demonio, persuadiendo a las personas hacia los fatuos placeres y glorias? Él asegura que lo que es falso es verdad y hace que lo verdadero parezca falso. Él posee ese oro precioso, es decir el alma, que –mediante mi divino poder—hice más preciosa que todas las estrellas y planetas. 

EL ORO ES EL ALMA:

Yo la hice al alma inmortal y estable y más deliciosa para mí que todo el resto de la creación. Preparé para ella un eterno lugar de descanso y morada junto a mí. La arrebaté del poder del demonio con un oro mejor y más caro, al darle mi propia carne inmune a todo pecado, resistiendo una pasión tan amarga que ninguno de los miembros de mi cuerpo quedó ileso.

EL SAPO ES EL ALMA EN PECADO:

Puse al alma redimida en una maleta hasta el momento en el que le diera un lugar en la corte de mi divina presencia. Ahora, sin embargo, el alma humana redimida se ha convertido en un sapo torpe y feo, brincando en su soberbia y viviendo en el fango de su lujuria. 

El oro, es decir, mi propiedad por derecho, me ha sido arrebatado. Por ello el demonio aún me puede decir: ‘El oro que compraste no es oro sino un sapo, alimentado a los pechos de mis placeres. Separa el cuerpo del alma y verás como éste vuela derecho al pecho de mi deleite, donde se alimentó’.

LA MALETA ES EL CUERPO HUMANO:

Ahora hablaré de la maleta, es decir, del cuerpo de esa alma, por la muerte que le sobreviene. La maleta se sujeta por cuatro goznes que están a punto de romperse, en el sentido de que su cuerpo se mantiene por las cuatro cosas que son: fuerza, belleza, sabiduría y visión, las cuales están ahora empezando a fallarle. Cuando el alma se separe del cuerpo, volará derecha al demonio de cuya leche se alimentó, porque se ha olvidado de mi amor al haber cargado yo, por su bien, con el castigo que mereció. 

Sin embargo, aún podría esta alma obtener mi gracia, siempre y cuando consintiera, pues mientras el alma vive en el cuerpo, mi misericordia está abierta a todos. Por ello, esposa mía, dame lo que estás obligada a darme, es decir, mantén tu alma limpia para mí porque yo morí por ella para que tú pudieras mantenerte pura para mí”.


(Revelaciones de santa Brígida de Suecia)




HIJO MÍO QUE ESTÁS EN LA TIERRA (Dios reza el Padrenuestro)

Hijo mío que estás en la tierra, 
preocupado, solitario, tentado, 
yo conozco perfectamente tu nombre 
y lo pronuncio como santificándolo, 
porque te amo. 

No, no estás solo, sino habitado por Mí 
y juntos construimos este Reino 
del que tú vas a ser el heredero. 
Me gusta que hagas mi voluntad 
porque mi voluntad es que tú seas feliz 
ya que la gloria de Dios 
es el hombre viviente. 

Cuenta siempre conmigo 
y tendrás el pan para hoy, no te preocupes, sólo te pido 
que sepas compartirlo con tus hermanos. 

Sabe que perdono todas tus ofensas 
antes incluso de que las cometas, 
por eso te pido que hagas lo mismo 
con los que a ti te ofenden. 
Para que nunca caigas en la tentación 
cógete fuerte de mi mano 
y yo te libraré del mal, 
pobre y querido hijo mío. 

(José Luis Martín Descalzo)

SUFRIMIENTOS DE JESÚS EN SU PASIÓN. MEDITACIÓN PARA LA HORA SANTA

Después vino la Pasión, precedida de la agonía terrible. Entonces tuvisteis una tristeza mortal, oh Corazón de mi Jesús, poseído de espanto, abrevado de amargura; entonces conocisteis las náuseas del disgusto y las debilidades de la agonía. Y la traición de Judas y la huida de los apóstoles y las negaciones de Pedro vinieron a descargar sus pérfidos golpes sobre este Corazón del más fiel de los amigos. Y este Corazón, que jamás ha sabido más que amar, oyó los gritos del odio arrojados contra él. 

Este Corazón del más tierno de los hijos, encontró a su Madre en el camino de la ignominia y tuvo que abandonarla a los cuidados de otro. 

Y cuando toda la tierra estaba contra él, sintió el abandono de su Padre; y bajo el peso de este supremo dolor dejó escapar su vida en un grito de angustia. 

Y a fin de que fuese declarando a todos los siglos que Él había muerto colmado de dolores y de insultos, un soldado, atravesándole con una lanza, dejó marcados por rasgos indelebles el último ultraje sobre ese Corazón atravesado ya por tantos golpes. 


(Manual de la Adoración al Santísimo Sacramento, E.P.A. Tesniére)

MADRE MÍA

Gracias, Madre,
por acompañarme y estar conmigo cada día.
Gracias, Madre,
por permanecer silenciosa, a mi lado y en espera,
velando tú por mi felicidad,
tu pretensión primera.
Cómo no amarte, Madre mía,
si en mí y en todos perseveras;
que yo sepa con mi vida
soportar cruces, como tú,
siempre fuerte y con fe plena,
Quisiera ser instrumento tuyo,Madre mía,
llevar al mundo esta buena nueva.
Despertar y alegrar otras almas,
almas santas que así lo desean.


(Silvia Relinque)

SAN JOSE, PADRE VIRGINAL DE JESUS

 Como sabemos, la concepción del Verbo divino en las entrañas virginales de María se hizo en virtud de una acción milagrosa del E.S., sin intervención alguna de S. JOSÉ. Lo dice expresamente el Evangelio y es uno de los dogmas fundamentales de nuestra fe católica: la virginidad perpetua de María.

Así es que hay que excluir en absoluto la paternidad física, pero se le ha dado a S. JOSÉ muchos diferentes títulos: padre nutricio, padre adoptivo, padre legal, etc...pero ninguna en si define la plenitud de la misión de S. JOSÉ en la vida de Jesús. La que mas se le asemeja es padre virginal.

De hecho, San JOSÉ ejerció sobre Jesús la función y los derechos que corresponden a un verdadero padre, del mismo modo que ejerció sobre MARÍA, virginalmente, las funciones y derechos de verdadero esposo. Ambas funciones constan en el Evangelio. Al encontrar al Niño en el Templo, la Virgen reclama a Jesús:"Hijo, porque has obrado así con nosotros? Mira que tu padre y yo, apenados, te buscábamos". MARÍA nombra a S. JOSÉ dándole el título de padre, prueba evidente de que S. JOSÉ era llamado así por el propio Jesús, pues miraba en JOSÉ a un reflejo y una representación auténtica de su Padre Celestial.

(Madre Adela Galindo, Fundadora sctjm)



MARÍA ES NUESTRA MEJOR ABOGADA

No hay criatura que pueda obtenernos tales misericordias a nosotros miserables pecadores, como las que puede lograrnos esta excelente abogada: MARÍA, la cual es honrada por Dios no sólo con ser la amada esclava del Señor, sino siendo su verdadera Madre. 


Esto le dice Guillermo de París: “Ninguna criatura puede impetrar de tu Hijo tantas y tales gracias para los miserables como tú les consigues; con lo cual se ve que quiere honrarte, no como a esclava, sino como a su verdadera Madre”.

Basta que hable María y todo lo realiza el Hijo. Hablando el Señor a la esposa de los Sagrados cantares, que representa a María, le dice: “Oh tú la que habitas en los huertos, los amigos te están escuchando; hazme, pues, oír tu voz” (Ct 8, 13). 

Los amigos son los santos, quienes cuando piden alguna gracia en favor de sus devotos esperan que su Reina la pida a Dios y la consiga, porque ninguna gracia otorga Dios sin la intercesión de María. 

¿Y cómo ruega María? Basta con hacerle oír a su Hijo su voz. Basta que hable para que al punto el Hijo, con amor, la escuche.


(Las Glorias de María, san Alfonso Mª de Ligorio)

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