LO QUE NUNCA TE HAN CONTADO DEL PURGATORIO






¿QUÉ ES EL PURGATORIO?


El Catecismo de la Iglesia Católica enseña:
"Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo"; porque “En el cielo no puede entrar nada manchado” (Ap. 21.27) 
A este lugar de purificación se le llama purgatorio.

Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura, por eso mandó Judas Macabeo hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado:
"Es, pues, un pensamiento santo y saludable el rezar por los difuntos, a fin de que sean libres de las penas de sus pecados". (2 M 12, 46).


Está claro que la mayoría de nosotros necesitaremos una purificación para entrar al cielo después de morir.

I Corintios 3:11-15 bien podría ser el texto más directo en todas las Sagradas Escrituras cuando se trata del Purgatorio:
" Y la calidad de la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego. Aquel, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa (el cielo). Mas aquel cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño (purgatorio). Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego".





Pero para que no haya dudas, Dios ha suscitado en muchas personas el don de tener contacto con las almas que están en el purgatorio, éste es el caso por ejemplo de María Simma, una sencilla mujer austriaca que tuvo la gracia de recibir revelaciones sobre las Benditas Almas del Purgatorio.
Esta mujer vivió y murió pobre, su testimonio es verídico, no ganaba nada con mentir, se hizo conocida porque los difuntos la enviaban a las casas de sus familiares a cumplir cosas que ellos habían dejado pendientes por hacer, y les daba a las familias tantos detalles de la vida del difunto, que ella no podría haber conocido jamás, que todo el mundo estaba asombrado, así se hizo conocida María Simma.


Ella nos da una hermosa definición del purgatorio:
“Diría que es una invención genial por parte de Dios. Supongan que un día se abre una puerta y aparece un ser de una belleza tal, nunca vista sobre la tierra, quedan fascinados tanto más que él demuestra estar locamente enamorado de ustedes (lo que nunca se hubiesen imaginado); se dan cuenta que también él tiene un gran deseo de atraerlos a sí, de abrazarlos; y el fuego del amor que quema ya en sus corazones los empuja seguramente a precipitarse entre sus brazos. Pero ustedes se dan cuenta, en ese preciso instante, de que hace meses que no se lavan, que huelen mal, que se sienten horriblemente feos; Entonces se dicen a sí mismos: "¡No es posible que yo me presente en este estado!, es preciso que antes me lave, y luego, rápidamente, regrese a verlo…". Pero he aquí que el amor nacido en sus corazones es tan intenso, que este atraso es absolutamente insoportable. Y el dolor mismo de la ausencia, aunque dure sólo pocos minutos, causa un ardor atroz.


Pues bien, el Purgatorio es exactamente esto. Es una espera impuesta por nuestra impureza, antes del abrazo de Dios, una Llama de amor que hace sufrir terriblemente; Es precisamente esta Llama, esta ardorosa nostalgia la que nos purifica de todo lo que aún es impuro en nosotros. Me atrevería a decir que el Purgatorio es un lugar de deseo, del deseo loco de Dios, que ya ha sido reconocido y visto, pero al cual el alma todavía no se ha unido".


María Simma coincide con santa Catalina de Génova en su definición del purgatorio, veamos lo que nos dice santa Catalina:
"El alma separada del cuerpo, cuando no se halla en aquella pureza en la que fue creada, viéndose con tal impedimento, que no puede quitarse sino por medio del purgatorio, al punto se arroja en él, y con toda voluntad.
Veo también que aquella divina esencia es de tal pureza y claridad, mucho más de lo que el hombre pueda imaginar, que el alma que en sí tuviera una imperfección que fuera como una mota de polvo, se arrojaría al punto en mil infiernos, antes de encontrarse ante la presencia divina con aquella mancha mínima. Y entendiendo que el purgatorio está precisamente dispuesto para quitar esa mancha, allí se arrojaría, como ya he dicho, pareciéndole hallar una gran misericordia, capaz de quitarle ese impedimento. Dios, al que las almas ven claramente encendido de un extremado y puro amor hacia ellos, porque los ve en aquella pureza en que los creó, les atrae tan fuertemente, que parece como si no tuviera otra cosa que hacer. Por eso el alma que esto ve, si hallase otro purgatorio mayor que el purgatorio, para poder quitarse más pronto aquel impedimento, allí se lanzaría dentro, por el ímpetu de aquel amor que hace conformes a Dios y alma".

Es curioso que tanto María Simma como Catalina de Génova, coincidan en un detalle que muy pocas veces se dice sobre el purgatorio: el hecho de que Dios está "enamorado" del alma,
el mismo Dios es “atraído” hacia esa alma purgante.
Esto también se confirma en una experiencia que tuvo santa Catalina de Siena: 
"Jesús le hizo ver esta alma que ella había salvado con sus oraciones. Todavía no estaba vestida de la gloria que el alma adquiere en el momento en que ve a Dios tal como es; aún estaba en el purgatorio. Sin embargo, había recobrado la belleza que tiene un alma al ser creada y en el bautismo.
Era una belleza tan maravillosa que resultaba imposible describirla.
Jesús le dijo: "Querida hija, ¿no te parece que esta alma es amable y maravillosamente encantadora? Te he dejado ver esta alma para que cada vez sientas más anhelos de salvar a todas".


En este relato de santa Catalina de Siena, se pone de manifiesto la atracción que siente Jesús hacia la belleza de las almas cuando han recobrado la pureza que tenían cuando las creó.


ALEGRÍA Y DOLOR EN EL PURGATORIO

Siempre se nos ha enseñado que el purgatorio es un lugar de sufrimiento, y en realidad es así, pero también de gozo. Más tarde abordaremos este tema de la alegría en el purgatorio, pero primero vamos a explicar en qué consiste el sufrimiento:

Santa Catalina de Génova dice: 
"Sufren estas almas unas penas tan extremas, que no hay lengua capaz de expresarlas, ni entendimiento alguno las puede comprender mínimamente, a no ser que Dios lo mostrase por una gracia especial, me parece ver que la pena de las almas del purgatorio consiste más en que ven en sí algo que desagrada a Dios, y que lo han hecho voluntariamente, contra tanta bondad de Dios, porque, estando ellas en gracia, ven la verdadera importancia del impedimento que no les deja acercarse a Él.
Cuando el alma, por visión interior, se ve así atraída por Dios con tanto fuego de amor, que redunda en su mente, se siente toda derretir en el calor de aquel amor fogoso de su dulce Dios. Y ve que Dios, solamente por puro amor, nunca deja de atraerla y llevarla a su total perfección. Cuando el alma ve esto, mostrándoselo Dios con su luz; cuando encuentra en sí misma aquel impedimento que no le deja seguir aquella atracción, aquella mirada unitiva que Dios le ha dirigido para atraerla, se genera en ella la pena que sufren los que están en el purgatorio." 

Santa Catalina de Siena también hace una terrible descripción:
Vi los tormentos del infierno y los del purgatorio; no existen palabras conque describirlos. Si los pobres mortales tuvieran la más ligera idea de ellos, sufrirían mil muertes antes que exponerse a experimentar uno de esos tormentos por espacio de un solo día.

Durante un éxtasis previo a su muerte, Santa Magdalena de Pazzi tuvo la gracia de ver y visitar el Purgatorio. 
En presencia del terrible espectáculo al que se hallaba confrontada comenzó a lamentarse en voz alta, “¡Misericordia, Dios mío, misericordia! Desciende, oh Preciosa Sangre y libera a estas almas de su prisión. ¡Pobres almas! Sufren tan cruelmente, y aún así están contentas y alegres. Los calabozos de los mártires en comparación con esto eran jardines de delicias.

Santo Tomás Aquino, el gran teólogo, dice que el fuego del Purgatorio es igual en intensidad al fuego del infierno.

San Cirilo de Alejandría no duda en decir que “sería preferible sufrir todos los posibles tormentos en la Tierra hasta el día final que pasar un solo día en el Purgatorio”.

En el libro: El purgatorio, una revelación particular, podemos leer:
"El fuego del Purgatorio es fuego de amor. Este fuego es terrible , el amor de Dios enciende en el alma un vivo deseo de Dios, una desgarradora y ardiente languidez de amor en el alma.
Este fuego es tan terrible, que el fuego de la tierra, en comparación, es un dulce bálsamo, pero en realidad hay una única pena: la privación de la visión de Dios.

Esto también lo confirma santa Faustina: Pregunté a estas almas cuál era su mayor tormento, y me contestaron unánimemente que su mayor tormento era la añoranza de Dios.

En vista de lo descrito anteriormente, sabemos que el purgatorio es un lugar de mucho sufrimiento, pero todos coinciden en que el mayor de los sufrimientos es la ausencia de Dios, la dolorosa espera hasta la unión definitiva con Él.


Y ahora cabe preguntarnos, si hay tantas penas en el purgatorio, ¿cómo entonces dice santa Magdalena de Pazzi que "aún así están contentas y alegres?." 
Muchos santos describen el purgatorio como un lugar también de alegría, ¿en qué consiste esa alegría?

Santa Catalina de Génova, en su tratado sobre el purgatorio lo explica:
"No creo que sea posible encontrar un contento comparable al de un alma del purgatorio, como no sea en el que tienen los santos en el Paraíso. Y este contentamiento crece cada día a medida que se van consumiendo los impedimentos. La herrumbre del pecado es impedimento, y el fuego lo va consumiendo, y cuanto más se consuma, tanto más puede recibir la iluminación del sol verdadero, que es Dios. Y por lo que se refiere a la voluntad de esta alma, jamás ella podrá decir que aquellas penas son penas; hasta tal punto está conforme con la ordenación de Dios, con la cual esa voluntad se une en pura caridad."
"A la vez, gran gozo y gran dolor ; el amor de Dios, que redunda en el alma, según entiendo, le da un gozo tan grande que no se puede expresar; pero esto no les quita su parte de pena. Y es aquel amor, que está como retardado, el que causa esa pena; una cosa no impide la otra. "

San Francisco de Sales decía:
“Yo reprendía a los predicadores católicos que, al hablar del purgatorio, solo lo presentaban al pueblo por el lado de los tormentos y de las penas que en él sufren las almas, sin hablar de su perfecto amor a Dios y por consiguiente, del firme contento de que están colmadas a causa de su completa unión con la voluntad de Dios.

María Simma es contundente:
"Ningún alma quisiera volver del Purgatorio a la tierra donde no hay aun certeza de nada, porque ellas ya tienen un conocimiento de Dios infinitamente superior al nuestro, y la certeza que se tiene de vivir con Dios es tan fuerte e indestructible que el gozo de esta certeza supera el dolor.
El alma, cuando está en el Purgatorio, se adhiere perfectamente a la voluntad de Dios."

En el libro: El purgatorio, una revelación particular, también leemos:
Las almas del purgatorio no tienen otra voluntad que la de Dios, el cumplimiento de la pura voluntad divina.

Todo coincide, el purgatorio es un lugar de sufrimiento porque se retrasa la visión de Dios debido a los pecados no expiados, pero también es un lugar de alegría, porque las almas están perfectamente adheridas a la voluntad de Dios. Ellas tienen su salvación asegurada.


PAPEL DE LA VIRGEN MARÍA EN EL PURGATORIO:

Es raro encontrar un texto sobre el purgatorio donde no aparezca la figura de María como Madre que acompaña y anima a sus hijos en este tiempo de purificación. 
Veamos un relato que hace santa Faustina: 
Vi a la Madre de Dios que visitaba a las almas en el Purgatorio. Las almas llaman a Maria “ La Estrella del Mar”. Ella les trae alivio.”


No se nos pasa por alto que “Estrella del mar” (Stella Marís) es el nombre que le dan los carmelitas a Santa María del Monte Carmelo (Virgen del Carmen) , y precisamente la Virgen del Carmen es la patrona y abogada de las almas del purgatorio.

En la entrevista que sor Emmanuel le hace a María Simma, le pregunta:
- María, ¿puedes decirme cuál es el papel de la Virgen con respecto a las almas del Purgatorio?
- Ella viene frecuentemente para consolarlas y decirles que han hecho bien tantas cosas, y les da ánimos.
- ¿Hay días especiales en los cuales ella las libera? 
- Si, sobre todo el día de Navidad, el día de Todos los Santos, el Viernes Santo; las libera también el día de su Asunción y en el de la Ascensión de Jesús.
San Pedro Damiano confirma la liberación de muchas almas el día de la Asunción de María, él cuenta que una noble señora estaba rezando en una basílica cuando vio delante de sí a una dama que ella conocía bien y que se había muerto hacía un año, le dijo que estaba todavía en el purgatorio por los pecados de vanidad de su juventud y que, al día siguiente, iba a ser liberada con muchos miles de almas en la fiesta de la Asunción.

En el libro: El purgatorio, una revelación particular, hay muchos ejemplos de la presencia de María en el purgatorio:
Después vi en el Cielo a miríadas de Ángeles que oraban por las Almas del Purgatorio y miles de santos rodeaban a la Virgen María; mi Alma se regocijó consolada. Vi también la Oración de la Iglesia de la tierra en favor de estas almas, como una lluvia abundante recogida por los Ángeles en copas de oro y presentada a la Santísima Virgen, que la ofrecía a la Trinidad Divina”
En otro párrafo se lee:
Uno muy próximo a ti está todavía en él Purgatorio; reza y pide que recen por su liberación; lo desea vivamente la Santísima Virgen. Si ella pudiera, vaciaría todo el Purgatorio de una sola vez”.

“ La Virgen María, muy a menudo, especialmente en los días de sus fiestas litúrgicas y todos los sábados, acude allí para consolar a estas benditas Almas trayéndoles la felicidad del Cielo, la esperanza, las olas de Amor Divino”
Estas benditas Almas del Purgatorio saborean también la dicha de ser amadas, comenzando por la Virgen María, Reina del Cielo y de la tierra. Yo he visto que una sola visita de la Inmaculada Virgen María ilumina todo el Purgatorio;Y la Santísima Virgen extiende sobre estas Almas, como tesoros de perlas, gotas cristalinas que emanan de sus dedos y también de su Corazón maternal, símbolos de los consuelos infinitos que el Señor concede a las benditas Almas del Purgatorio y de los cuales, la Madre Purísima es la tesorera y dispensadora.





¿CÓMO PODEMOS LIBRARNOS DEL PURGATORIO?

La razón por la que muchas almas pasan por el Purgatorio después de la muerte es porque han cometido pecados que no han sido expiados.

Mientras vivamos en la tierra, podemos evitar el purgatorio, pues incluso después de nuestro pecado, Dios, en su infinita bondad, pone a nuestra disposición muchos medios sencillos y eficaces mediante los cuales podemos ser perdonados, para eso está el Sacramento de la Penitencia.

Este sacramento no solo nos libra de nuestros pecados, sino que  nos da un enorme aumento en la gracia santificante.


Siempre hay que desear hacer la voluntad de Dios, Por encima de todo hay que evitar los pecados contra la caridad y la castidad en pensamiento, palabra y acción, porque estos pecados son la razón por los que muchas almas se encuentran detenidos en el Purgatorio por un largo tiempo según el testimonio de muchas almas purgantes.



Santa Teresita del Niño Jesús decía lo siguiente:
"Si amamos tanto como podamos en la tierra, sin rechazar ningún pequeño acto de caridad, podremos ir al Cielo rápidamente." 
Santa Teresita estaba convencida de que no era difícil evitar el purgatorio.
Iba incluso más allá, ya que pensaba sinceramente que la gente ofendía a Dios cuando le faltaba la confianza de poder lograr ir directamente al Paraíso después de la muerte. Cuando sus hermanas le declararon que esperaban ir al Purgatorio, ella les contestó: "¡Qué disgusto que me dais! Le hacéis una grave ofensa al Señor, si creéis que iréis al Purgatorio. ¡si amamos, no podemos ir allí!"
El Señor le donó a Santa Teresita del Niño Jesús la gracia de entender que el Purgatorio no había sido concebido como una norma, sino más bien como una excepción.
La doctrina nos dice que cada uno de nosotros recibe suficientes gracias para ir directamente ante Dios, después de haber pasado las pruebas de la Tierra. Pero el Purgatorio es una "entrada de seguridad" al Paraíso para quienes no han aprovechado las gracias que Dios les concedió.

Cuando le preguntaron a María Simma, cuáles eran los pecados que llevaban a las almas al purgatorio, ella respondió:
Son los pecados contra la caridad, contra el amor hacia el prójimo, repudio hacia las personas, la dureza del corazón, no perdonar, los rencores, la hostilidad, la calumnia; Sé que la maldición y la calumnia se cuentan entre las culpas más graves que necesitan una larga purificación.  Hay que tener mucha humildad: ésta es el arma más grande contra el Maligno. La humildad elimina el mal.”
En el libro: El purgatorio, una revelación particular, leemos:
Voy a decirte cuáles son los medios más eficaces para no ir al Purgatorio: No buscar más que una sola cosa en todo, la Gloria de Dios; estar perfectamente libre de afecto hacia todas las criaturas y querer hacer solamente la Voluntad de Dios disponerse a morir con Amor; ejercitarse en las virtudes de la obediencia, humildad, discreción; y llevar el escapulario de la Reina del Carmelo”.




¿CÓMO PODEMOS AYUDAR A LAS ALMAS DEL PURGATORIO?


Se nos ha dado el poder y privilegio de poder ayudar a las almas del purgatorio, Cristo se dirige a la Iglesia militante para esta hermosa misión.

En primer lugar hay que tener claro que para poder ayudar a las almas del purgatorio hay que estar en estado de gracia.

Según Sussan Tassone, una experta en las almas del purgatorio, el santo Sacrificio de la Misa es lo más efectivo para ayudar a estas almas, sobretodo las 30 Misas gregorianas.




Esto lo confirma María Simma, que decía que las almas que la visitaban le pedían celebrar celebrar Misas y que ella asistiera a esas Misas; también le pedían recitar Rosarios, hacer el Vía Crucis y dar limosnas.

En el libro: El purgatorio,una revelación particular, se dice que cada misa aporta también a estas Almas numerosos consuelos, especialmente aquellas celebradas por su intención y, particularmente, las del 2 de noviembre, también el ayuno y la penitencia son grandes recursos para las benditas Almas del Purgatorio.
En el mismo libro, el autor confiesa: “Mi Ángel de la guarda me ha dicho también que la Santísima Virgen invita a rezar por las benditas Almas del Purgatorio; ella quiere, que nosotros aquí abajo, recemos por estas benditas Almas en el ejercicio de la caridad fraterna”.

Muchos santos se han preocupado de aliviar a las almas del Purgatorio, por ejemplo santa Teresita del Niño Jesús, que rezaba cada tarde seis Padrenuestros y seis avemarías por ellas.
También Santa Gema Galgani rezaba cada día cien “réquiem” por las almas del purgatorio. Su ángel la estimulaba en este deseo de liberar a estas almas. Un día le dijo: “Cuánto tiempo hace que no has rogado por las almas del purgatorio? Desde la mañana no había rogado por ellas. Me dijo que le gustaría que, cualquier cosa que sufriera, la ofreciera por las almas del purgatorio. Todo pequeño sufrimiento las alivia, sí, hija, todo sacrificio por pequeño que sea, las alivia” (Diario, 6-8-1900).

A sor María Natalia Magdolna le fue revelado que cuando decimos el rosario, las gotas de la Sangre de Jesús caen sobre la persona por quien lo ofrecemos. Las almas del purgatorio están implorando continuamente la Sangre salvadora de Jesús.




Un día, Santa Gertrudis, orando por el eterno descanso de un alma querida, el Señor le hizo oír estas palabras: “Yo experimento un placer especial cuando se me dirigen oraciones por los difuntos, sobre todo cuando veo que la compasión natural va unida con la buena voluntad que la hace meritoria. ¡Oh, entonces ambas cosas juntas concurren admirablemente para dar a esta buena obra la plenitud y perfección de que es capaz! Las oraciones de los fieles descienden cada instante sobre las pobrecitas almas cual lluvia benéfica, cual bálsamo saludable que no solamente endulza y calma sus dolores, sino que con el tiempo las libera también de aquella cárcel más o menos rápidamente, según sea el fervor y devoción con que sean hechas”.

Si una persona reza por un pariente difunto,aunque el alma de ese pariente ya haya sido liberada, las oraciones nunca se pierden y se dirigen hacia otras almas necesitadas.

Concluimos que tenemos el deber de ayudar a nuestros hermanos que están en el purgatorio, nada le place más a Dios, está tan agradecido como si le ayudáramos a Él mismo.
Y ¿qué decir de las almas? llenas de un inmenso deseo de pagar los favores hechos por ellas, ruegan por sus benefactores con un fervor tan grande, tan intenso, tan constante, que Dios no les puede negar nada.
Santa Catalina de Bologna dice:
“He recibido muchos y grandes favores de los Santos, pero mucho más grandes de las Santas Almas del Purgatorio.
Cuando finalmente son liberadas de sus penas y disfrutan de la beatitud del Cielo, lejos de olvidar a sus amigos de la Tierra, su gratitud no conoce límites.
Postradas frente al Trono de Dios, no cesan de orar por aquellos que los ayudaron.

ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN
POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO:
Dulcísimo Jesús mío, que para redimir al mundo quisisteis nacer, ser circuncidado, desechado de los judíos, entregado con el beso de Judas, atado con cordeles, llevado al suplicio, como inocente cordero; presentado ante Anás, Caifás, Pilato y Herodes; escupido y acusado con falsos testigos; abofeteado, cargado de oprobios, desgarrado con azotes, coronado de espinas, golpeado con la caña, cubierto el rostro con una púrpura por burla; desnudado afrentosamente, clavado en la cruz y levantado en ella, puesto entre ladrones, como uno de ellos, dándoos a beber hiel y vinagres y herido el costado con la lanza. Librad, Señor, por tantos y tan acerbísimos dolores como habéis padecido por nosotros, a las almas del Purgatorio de las penas en que están; llevadlas a descansar a vuestra santísima Gloria, y salvadnos, por los méritos de vuestra sagrada Pasión y por vuestra muerte de cruz, de las penas del infierno para que seamos dignos de entrar en la posesión de aquel Reino, adonde llevasteis al buen ladrón, que fue crucificado con Vos, que vivís y reináis con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN PARA LIBERAR 1000 ALMAS DEL PURGATORIO:
"Padre eterno, yo te ofrezco la preciosísima Sangre de tu Divino Hijo Jesús, en unión con las Misas celebradas hoy en el mundo entero, por todas las benditas ánimas del purgatorio.
Amén."
Ésta es la oración originalmente dictada por Jesús a santa Gertrudis, la Iglesia más tarde le añadió: por la conversión de los pecadores, por los pecadores de la Iglesia Universal, y por lo de nuestra propia casa y nuestra familia.
CIEN RÉQUIEM
Para hacer este ejercicio existe un rosario específico con 100 cuentas, en lugar de las 50 del rosario común, sin embargo, cada uno puede servirse de un rosario común de cinco decenas, teniendo en cuenta que se debe recorrer dos veces para formar los 100 Réquiem.
Este Rosario se compone por tanto, de 10 decenas, en lugar de las 5 a las que estamos habituados, de ahí que debamos dar dos vueltas a nuestro rosario común.
En cada decena haremos:
Un Padre Nuestro en la cuenta grande.
Un Requiem en cada cuenta pequeña, avanzando hasta formar los 10 de la decena.
REQUIEM: Dadles, Señor, el eterno descanso y haced lucir sobre ellas vuestra eterna luz.
En la cuenta grande siguiente, se dirá la jaculatoria y la ofrenda siguientes para terminar la decena:
JACULATORIA:  Almas santas, almas purgantes, rogad a Dios por nosotros, que nosotros rogaremos por vosotros para que El os dé la gloria del paraíso.
OFRENDA : Padre eterno, os ofrecemos la sangre, pasión y muerte de Jesucristo, los dolores de la Santísima Virgen y los de San José, por la remisión de nuestros pecados, la libertad de las almas del Purgatorio y la conversión de los pecadores.
En esa misma cuenta, repetiremos el Padre Nuestro inicial de la siguiente decena.
Acabadas las diez decenas, o sea la centena de Réquiem, habiendo dado 2 vueltas completas a nuestro rosario común, se rezará la siguiente oración:
DE PROFUNDIS
Salmo CXXIX de David
Desde el profundo abismo de mis penas
a Ti clamo, Señor, de noche y día;
oye, mi Dios, los incesantes ruegos
de un corazón contrito que se humilla.
Estén gratos y atentos tus oídos
a mi voz lamentable y dolorida:
a Ti mis ayes y gemidos lleguen
pues a escucharlos tu piedad se inclina.
¿Si siempre airado tus divinos ojos
sobre las culpas de los hombres fijas,
quién estará confiado en tu presencia,
confundiéndonos sólo ante tu vista?
Más la eterna palabra de tu seno
que aplaque espero tus terribles iras;
porque son inefables tus promesas
y con tus gracias pecador invitas.
Así aunque mi alma acongojada gime
contemplando el rigor de tu justicia,
por tu palabra la indulgencia espera,
de que la hacen culpas tan indigna.
¡Oh pueblo electo! De mañana y noche,
en todos tus peligros y fatigas,
acógete al Señor con la confianza
que en su ley soberana nos intima.
Porque es inagotable su clemencia;
se muestra con los flacos compasiva;
de todas sus miserias los redime,
y siempre que le claman los auxilia.
Este Dios abrevie el tiempo
en que logre Israel su eterna dicha
cuando de tus pecados la liberte,
que con tanto rigor la tiranizan.
Para finalizar, encomendémonos a las almas del Purgatorio diciendo:
¡Almas benditas! nosotros hemos rogado por vosotros que sois tan amadas de Dios y estáis seguras de no poderlo más perder: rogadle por nosotros miserables que estamos en peligro de condenarnos para siempre.
¡Dulce Jesús, dad descanso eterno a las benditas almas del Purgatorio!

Fuentes:
Tratado del Purgatorio (Santa Catalina de Génova)
El Purgatorio, una revelación particular
Las almas del purgatorio (María Simma)
http://forosdelavirgen.org/35646/como-ayudar-a-las-benditas-almas-del-purgatorio-2011-10-29/








MARÍA, NUESTRA VIDA Y DULZURA





MARÍA, DISPENSADORA DE LA GRACIA 
Para comprender mejor por qué la santa Iglesia llama a María nuestra vida, basta saber que, como el alma da la vida al cuerpo, así también la divina gracia da la vida al alma; porque un alma sin la gracia tiene nombre de viva, pero en verdad está muerta,
como se dice en el Apocalipsis:
“Tienes nombre vivo, pero en realidad estás muerto” (Ap 3, 1).

Por lo tanto, la Virgen nuestra Señora, obteniendo por su mediación a los pecadores la gracia perdida, los devuelve a la vida. La santa Iglesia, aplicándole las palabras de la Escritura: “Me hallarán los que madrugaren para buscarme” (Pr 8, 17), hace decir a la Virgen que la hallarán los que sean diligentes en acudir a ella de madrugada, es decir, lo antes posible.  
“Oíd –exclama san Buenaventura - oíd los que deseáis el reino de Dios: honrad a la Virgen María y encontraréis la vida y la eterna salvación.




MARÍA HALLÓ LA GRACIA PARA EL HOMBRE
Por lo cual, con razón nos exhorta san Bernardo con estas palabras: “Busquemos la gracia, pero busquémosla por medio de María”.
Si hemos tenido la desgracia de perder la amistad de Dios, esforcémonos por recobrarla, pero por medio de María,
porque si la hemos perdido, ella la ha encontrado;
que por ello la llama el santo “la que halló la gracia”.
Esto vino a decir el ángel, para nuestro consuelo, cuando dijo a la Virgen: “No temas, María, porque has hallado la gracia” (Lc 1, 30).

Pero si María nunca estuvo privada de la gracia, ¿cómo dice el ángel que la encontró? Se dice de una cosa que se ha encontrado cuando antes no se tenía. La Virgen estuvo siempre con Dios y llena de gracia, como el mismo ángel se lo manifestó al saludarla: “Alégrate, María, llena de gracia; el Señor está contigo”.
Si, pues, María no encontró la gracia para ella porque siempre la tuvo completa, ¿para quién la encontró? Y responde el cardenal Hugo: “La encontró para los pecadores que la habían perdido. Corran por tanto –dice el devoto escritor–, corran los pecadores que habían perdido la gracia,  junto a ella. Digan sin miedo: devuélvenos la gracia que has encontrado”.
Y porque ella ha sido y será siempre lo más querido de Dios, si acudimos a ella, ciertamente, la encontraremos. 


 De aquí que san Bernardo anima al pecador, diciéndole: “Vete a la madre de la misericordia y muéstrale las llagas de tus pecados y ella te mostrará a Jesús.  Y el Hijo de seguro escuchará a la Madre”. Así, en efecto, la santa Iglesia nos manda rezar al Señor que nos conceda la poderosa ayuda de la intercesión de María para levantarnos de nuestros pecados con la conocida oración: “Concédenos, Dios de misericordia, el auxilio a nuestra fragilidad para que quienes honramos la memoria de la Madre de Dios, con el auxilio de su intercesión, nos levantemos de nuestros pecados”.



MARÍA, ESPERANZA DEL PECADOR
 Acertadamente la llama san Bernardo escala de los pecadores, porque a los pobres caídos, los saca del precipicio del pecado
y los lleva a Dios.
Muy bien san Agustín la llama única esperanza de nosotros, pecadores, ya que por su medio esperamos la remisión de todos nuestros pecados.
Lo mismo dice san Juan Crisóstomo: que por la intercesión de María los pecadores recibimos el perdón.
Por lo que el santo, en nombre de todos los pecadores, la saluda así: “Dios te salve, Madre de Dios y nuestra, cielo en que Dios reside, trono en el que dispensa el Señor todas las gracias; ruega al Señor por nosotros para que por tus plegarias podamos obtener el perdón en el día de las cuentas y la gloria bienaventurada en la eternidad”.

Con toda propiedad, en fin, María es llamada aurora: “¿Quién es ésta que va subiendo como aurora naciente? (Ct 6, 9). Sí, porque observa el papa Inocencio: “Así como la aurora da fin a la noche y comienzo al día, así, en verdad, la aurora es figura de María que marcó el fin de los vicios y el comienzo de todas las virtudes”. Y el mismo efecto que tuvo para el mundo el nacimiento de María, se produce en el alma que se entrega a su devoción.
Ella clausura la noche de los pecados y hace caminar por la senda de la virtud. Por eso le dice san Germán: “Oh Madre de Dios, tu defensa es inmortal, tu intercesión es la vida”.
Y en el sermón del santo sobre su virginidad, dice que el nombre de María para quien lo pronuncia con afecto es señal de vida o de que pronto la tendrá. Cantó María: “Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones” (Lc 1, 48). “Sí, Señora mía –le dice san Bernardo–; por eso te llamarán bienaventurada todos los hombres, porque todos tus siervos, por tu medio, han conseguido la vida de la gracia y la gloria eterna.
En ti encontramos los pecadores el perdón, los justos la perseverancia y, después, la vida eterna”. “No desconfíes, pecador –habla san Bernardino de Bustos–, aunque hayas cometido toda clase de pecados; recurre con absoluta confianza a esta Señora, porque la encontrarás con las manos rebosantes de misericordia, que más desea María otorgarte las gracias
de lo que tú deseas recibirlas”.




 MARÍA RECONCILIA AL PECADOR CON DIOS
 San Andrés Cretense llama a María seguridad del divino perdón. Se entiende que cuando los pecadores recurren a María para ser reconciliados con Dios, Él les asegura su perdón y les da la prenda de esta seguridad.
Esta prenda es precisamente María, que Él nos la ha dado por abogada, por cuya intercesión, por los méritos de Jesucristo, Dios perdona a todos los pecadores que a ella se encomiendan.
Dijo un ángel a santa Brígida que los santos profetas se regocijaban al saber que Dios, por la humildad y pureza de María, había de aplacarse con los pecadores y recibir en su gracia a los que habían provocado su indignación.

Jamás debe un pecador temer ser rechazado por María si recurre a su piedad; no, porque ella es la madre de la misericordia y, como tal madre, desea salvar a todos, hasta los más miserables. “María es aquella arca dichosa donde el que se refugia –dice san Bernardo– no sufrirá el naufragio de la eterna condenación. Arca en que nos libramos del naufragio”. En el arca de Noé, cuando el diluvio, se salvaron hasta los animales. Bajo el manto de la protección de María se salvan también los pecadores.
Vio santa Gertrudis a María con el manto extendido, bajo el que se refugiaban muchas fieras: leones, osos, tigres..., y vio que María no sólo no los ahuyentaba, sino que con gran piedad los acogía y acariciaba. Con esto entendió la santa que los pecadores más perdidos, cuando recurren a María, no sólo no son desechados, sino que los acoge y los salva de la muerte eterna.
Entremos, pues, en esta arca; vayamos a refugiarnos bajo el manto de María, que ella, ciertamente, no nos despachará, sino que,
con toda seguridad, nos salvará.



Fuente:
"Las Glorias de María" (San Alfonso María de Ligorio)

 






ANÉCDOTAS DE SAN JUAN MARÍA VIANNEY (SANTO CURA DE ARS)






Una jovencita le preguntó una vez:
 - Padre, quisiera que me diga cuál es mi vocación.
- Tu vocación es ir al cielo, le respondió él.


***

Un hombre temeroso le confió un día:
- Tengo miedo de ir al infierno.
Él respondió:
- Los que tienen miedo de ir al infierno, tienen menos riesgos de ir que los otros.

***

Después de un sermón, alguien le preguntó:
Señor cura, ¿por qué, cuando usted reza casi no se le entiende y, cuando predica, usted habla tan fuerte?   
Porque, cuando predico, hablo a sordos, a gente que duerme, mientras que, cuando rezo, hablo con el buen Dios que no está sordo.


***

Una señora piadosa tenía un esposo que no practicaba la religión
y ella rogaba mucho por su conversión, pues era cardíaco y podía morir de repente. Esta señora tenía costumbre de adornar una imagen de la Virgen que tenía en su casa. Su esposo se complacía en cortarle las flores para que las pusiera a la Virgen.
Un día, murió de repente sin recobrar el conocimiento y sin los auxilios de la religión. La esposa estaba muy triste, pensando en su posible condenación. Hizo un viaje a Ars y el santo cura le dijo: ¿No recuerda usted los ramos de flores que él cortaba para la Virgen? De esta manera, le daba a entender que se había salvado.

***

En una oportunidad, en medio de la multitud, un hombre se permitió llamarle con palabras poco cultas.
El santo cura le preguntó:
 - ¿Quién es usted, amigo mío? - Soy protestante.
- ¡Oh, mi pobre amigo! Usted es pobre, muy pobre, los protestantes ni siquiera tienen un santo cuyo nombre puedan dar a sus hijos.
Se ven obligados a pedir nombres prestados a la iglesia católica.




***

Llegó a Ars una señora enlutada, pues acababa de perder a su esposo que se había suicidado, y temía por su salvación. Al pasar el santo cura delante de ella para ir de la iglesia a la casa parroquial, se detuvo y le dijo: Se ha salvado. Está en el purgatorio y hay que rezar por él. Entre el parapeto del puente y el agua pudo hacer un acto de arrepentimiento. Acuérdese que en el mes de mayo su esposo, aunque incrédulo, se unía a sus oraciones en honor de la Virgen María. Esto le mereció la gracia del arrepentimiento final.

***

Una noche, para encender una vela, había usado una carta en la que había 500 francos. Y le decía riendo al cura de Fareins, padre Dubois: Ayer fabriqué unas cenizas de lujo. Y le refirió el hecho, añadiendo: “Peor hubiera sido haber cometido un pecado venial”



***

Una mañana, el maestro Juan Pertinand sorprendió a un niño, cuando estaba robando las limosnas de la misa.
Y dice: Fui con el alcalde a casa de sus padres, sin saberlo el Padre Vianney. Al día siguiente, la madre del niño fue a ver al santo cura, pensando que había sido él quien lo había denunciado, y se lo reprochó de malas maneras.
 Juan Pertinand, que oyó todos los improperios, dice que el santo oyó todo con calma y silencio. Al final, le respondió: Señora, tienen usted razón, ruegue para que me convierta

***

Dios le hizo conocer que uno de sus amigos difuntos estaba en el purgatorio. Cuando estaba en el momento de la consagración, tomó la hostia entre sus dedos y dijo: Padre santo y eterno, hagamos un cambio. Tú tienes el alma de mi amigo en el purgatorio y yo tengo el cuerpo de tu Hijo entre mis manos. Libera a mi amigo y yo te ofrezco vuestro Hijo con todos los méritos de su Pasión. Y, al momento de la elevación, vio el alma de su amigo rebosante de alegría subir al cielo. Por eso, solía decir: Cuando queramos obtener algo del buen Dios, ofrezcamos a su Hijo con todos sus méritos y no nos podrá rehusar nada.

***

Cuando oraba, decía palabras emotivas: Dios mío, yo te amo, aumenta mi amor en mi corazón cada vez más, desde este momento hasta mi muerte. Las decía con un acento tan vivo que todo el mundo se sentía empujado a amar más a Dios.



***

Cuando había procesión con el Santísimo, le gustaba que hicieran bellos altares y, a pesar de su edad y del gran peso de la custodia, no cedía a nadie la felicidad de llevarla.
Un día, le hice observar que estaría muy cansado y él me dijo: Aquel que yo llevaba, me llevaba a mí.

***

Fray Atanasio afirma: Cuando tenía dificultades, se abandonaba en las manos de Dios y me decía con sencillez que entonces se postraba ante el sagrario como un perrito a los pies de su amo.

***

Fray Atanasio declaró:
En los primeros tiempos que yo estaba en Ars, había un hombre (Luis Chaffangeon) que no pasaba nunca delante de la iglesia sin entrar. Por la mañana, cuando iba a trabajar, por la tarde, cuando venía del trabajo, él dejaba a la puerta sus aperos y estaba largo tiempo en adoración delante del Santísimo sacramento. Yo estaba encantado y un día le pregunté qué le decía a Nuestro Señor durante sus largas visitas. ¿Saben lo que me respondió?: “Señor cura, yo no le digo nada. Yo lo miro y él me mira”.





FUENTE:
P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.
 VIDA Y ANÉCDOTAS  DEL CURA DE ARS

 
































SAN CLAUDIO DE LA COLOMBIÉRE,MAESTRO DE LA CONFIANZA EN DIOS


por Pedro Hernández O´Hagan, SDJ

"Debo esperarlo todo de su bondad".Tal propósito se hacía el P. Claudio al finalizar su retiro de Lyon, presentándonos una nota que será característica constante en su oración: la esperanza total en la bondad infinita.


Ofrecemos en el siguiente segmento algunas lecciones de confianza que nos ha dejado tan eminente maestro, quien a su vez fue discípulo del mismo Sagrado Corazón.
De hecho, pocos días antes de salir de Francia, recibió de santa Margarita María de Alacoque una nota con un mensaje del Sagrado Corazón que le enviaba esta enseña: "La bondad de Dios será su sostén tanto cuanto en Él confíe".

En las notas de su retiro de Londres, el P. Claudio intenta profundizar en ese mensaje: "Me parece haber encontrado un gran tesoro si sé aprovecharme de él. Es una firme confianza en Dios, fundada en su infinita bondad y en la experiencia que tengo de que jamás nos falta en nuestras necesidades".
Como fruto de su retiro, resuelve "no poner límites a la confianza y extenderla a todo".
La nota del Sagrado Corazón será un punto de referencia para el resto de su vida.
Algunos años más tarde escribe a la Superiora de las Salesas de Paray sobre el alcance inconmensurable de la confianza.
Nos parece que san Claudio tenía siempre en mente  el binomio entre la bondad de Dios y la esperanza.
En una ocasión escribe a santa Margarita María: "No hay que juzgar la conducta de tan buen Padre por malos que seamos, Él siempre será bueno con nosotros, mientras esperemos en Él.


A una religiosa de la Visitación de Paray que se quejaba de que el Señor la había abandonado, le escribe con tono severo: "Aleje de sí al demonio que le sugiere un pensamiento tan ofensivo a la misericordia del Señor, y hágale la justicia de creer que es infinitamente bueno, después de todas las pruebas que ha recibido de su bondad infinita".
"Nuestro Señor es bueno, más allá de lo que se pueda decir o pensar". Expresiones como ésta aparecen con frecuencia en los escritos del P. Claudio , quien invoca repetidamente al "Dios de bondad", y no se cansa de repetir que "nuestro Señor es infinitamente bueno", y por lo tanto "quiere que pongamos en Él toda nuestra confianza". Así san Claudio pone siempre como motivo de la confianza, la suma bondad de Dios.


Para ayudarnos a confiar únicamente en Él, muchas veces el Señor nos quita todos los socorros que pudiéramos esperar por otra parte, así podemos experimentar su bondad providente, como asegura el P. de la Colombiére a una religiosa: "Puesto que Jesucristo tiene todo su corazón, quiere tener todas sus preocupaciones y cuidados. Piense en Él y deje todo lo demás a su bondad. Verá que Él arreglará todos sus asuntos cuando usted no se ocupe sino de los de Él".
Ciertamente san Claudio , como buen maestro, ponía en práctica todo lo que aconsejaba. Así, con ejemplar deseo de despojarse totalmente de sí mismo y aventurarse a cualquier empresa confiando solo en Dios, escribía en su retiro de Londres: "¡Oh mi amabilísimo Señor! ¿Qué haría yo, pobre de mí, si no fueseis vos mi fortaleza? pero siéndola, como me lo aseguráis, ¿qué no haré por vuestra gloria? ¡Únicamente en vos confío! Todo lo puedo, a todo me atrevo en aquel que me conforta"




Con este espíritu , carente de miedos y sospechas, el P. Claudio ejerció su ministerio sacerdotal en la corte inglesa, donde las amenazas contra los católicos daban muchas razones para temer, pero no a nuestro santo, con su confianza firmemente afianzada en la divina bondad.

EL TONO DE LA CONFIANZA EN DIOS

En diversas ocasiones, san Claudio usa imágenes bíblicas que podrían ayudarnos a percibir el tono exacto de la verdadera confianza.
En el retiro de Londres, propone servirse de nuestro Señor "como de un escudo que me rodea, y que opondré a todos los dardos de mis enemigos". La imagen de Dios como escudo se repite hasta veces en los salmos, aludiendo a la valentía que tendrá el orante en la batalla, sin importar la magnitud del enemigo, si confía su defensa al impenetrable escudo del Altísimo.


Otra imagen que san Claudio utiliza con frecuencia es la confianza de los niños con su padre, pues para orar es necesario dirigirse a Dios con sencillez infantil y amarlo en todo.
A una persona que llevaba "una de las cruces más pesadas que se pueden llevar en esta vida", aconsejaba arrojarse a menudo en los brazos de nuestro Señor "como un pobre niño, que se hubiera perdido mil veces si no fuera por su bondad que lo sostiene".

A tal exigencia de confianza total corresponde la respuesta omnipotente de Dios: "ponga toda su confianza en Dios y no en criatura alguna, ponga toda su esperanza en Él, espérelo todo de Él y no de criatura alguna, ni aun de sus directores, porque no pueden nada sin nuestro Señor y Él lo puede todo sin ellos". "Nada es imposible a Dios y su misericordia no tiene límites"



La convicción profunda de que todo está en manos de Dios y que nada escapa a la presencia de su mirada trae la paz y la tranquilidad al alma orante aun en medio de las distracciones del mundo.
Esto expresa magistralmente una carta del santo a María Mayneaud:
"La disipación exterior no impide la soledad del corazón , cuando el espíritu está tranquilo y lo deja todo en manos de Dios, cuando se hace con humildad y resignación  lo que se hace por el mundo; cuando se cree que nada sucede sin permiso de Dios; cuando se obedece a los hombres como al mismo Dios, persuadiéndose de que sus palabras, sus acciones, su carácter, sus faltas, que todo eso en general y en particular está ordenado por la voluntad de Dios , que sabe muy bien lo que nos ha de suceder y lo quiere para nuestro bien y para su gloria".

LA CONFIANZA CONTRA LA INQUIETUD Y LA DESESPERACIÓN

Para san Claudio, el mayor mal que puede acontecer a una criatura es desconfiar de la bondad de Dios:
"Si uno se libra de ese mal, no hay ningún mal que no se pueda convertir en bien y del cual no se puedan sacar grandes ventajas. Aun cuando haya uno cometido muchas faltas, puede sacar provecho  de ellas confiándolas al perdón de Dios".


En una ocasión le escribe severamente a la abadesa de un monasterio que le había confesado su desesperación, él le manda por obediencia no volver a desconfiar:
"No sé lo que quiere usted decir de su desesperación, se diría que nunca ha oído hablar de Dios ni de su misericordia infinita. No puedo perdonarle ya esos sentimientos; le ruego que les tenga horror, y que recuerde que todo el mal que ha hecho no es nada en comparación del que hace faltando a la desconfianza"



San Claudio, que es un maestro de confianza en Dios, sabe bien que la inquietud se vence sacrificando al olvido los propios juicios y enredados pensamientos, ofreciendo como víctima la propia voluntad, y esto sólo por amor al buen Dios.
De hecho, muchas veces el propio juicio es solamente expresión de la testaruda voluntad, que se obstina y se inquieta por salirse con la suya a toda costa.


La solución a tales inquietudes nacidas de la propia voluntad es, según la enseñanza de nuestro santo, desear que se cumpla siempre la dulce, buena y amable voluntad de Dios y no la propia. Tal es la víctima que el Señor quiere que se le inmole y , aunque sea difícil y contrario a la propia naturaleza, "nada es imposible a los que aman a Dios y son amados por Él".




ACTO DE CONFIANZA EN DIOS
 (San Claudio de la Colombiere)

Dios mío, estoy tan persuadido de que veláis sobre todos los que en Vos esperan y de que nada puede faltar a quien de Vos aguarda toda las cosas,
que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando sobre Vos todas mis inquietudes.
Mas yo dormiré en paz y descansaré; porque Tú ¡Oh Señor! Y sólo Tú, has asegurado mi esperanza.
Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de serviros; yo mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado; pero no perderé mi esperanza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y serán inútiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno para arrancármela.
Dormiré y descansaré en paz.

Que otros esperen su felicidad de su riqueza o de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza es mi confianza misma. Porque Tú, Señor, solo Tú, has asegurado mi esperanza.

A nadie engañó esta confianza. Ninguno de los que han esperado en el Señor ha quedado frustrado en su confianza.
Por tanto, estoy seguro de que seré eternamente feliz, porque firmemente espero serlo y porque de Vos ¡oh Dios mío! Es de Quien lo espero. En Ti esperé, Señor, y jamás seré confundido.

Bien conozco ¡ah! demasiado lo conozco, que soy frágil e inconstante; sé cuánto pueden las tentaciones contra la virtud más firme; he visto caer los astros del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de esto puede aterrarme.
Mientras mantenga firme mi esperanza, me conservaré a cubierto de todas las calamidades;
y estoy seguro de esperar siempre, porque espero igualmente esta invariable esperanza.

En fin, estoy seguro de que no puedo esperar con exceso de Vos y de que conseguiré todo lo que hubiere esperado de Vos. Así, espero que me sostendréis en las más rápidas y resbaladizas pendientes, que me fortaleceréis contra los más violentos asaltos y que haréis triunfar mi flaqueza sobre mis más formidables enemigos.
Espero que me amaréis siempre y que yo os amaré sin interrupción; y para llevar de una vez toda mi esperanza tan lejos como puedo llevarla, os espero a Vos mismo de Vos mismo ¡oh Creador mío! Para el tiempo y para la eternidad. Así sea.



PRUEBAS DE LA RESURRECCIÓN DE CRISTO



El mensaje que resplandeció a lo largo del mundo antiguo, que cambió vidas y que revolucionó al mundo no fue "Amarás a tu prójimo", pues toda persona moralmente sana ya sabía eso; eso no era ninguna noticia. Lo sorprendente era que un hombre que se declaró ser el Hijo de Dios y el Salvador del mundo había resucitado de entre los muertos.


Hay un desafío razonable para el escéptico: Si puede demostrarse que Jesús realmente resucitó de entre los muertos, ¿creerías en Él? Porque si realmente resucitó, esto da validez a su alegación de ser divino y no meramente humano, ya que resucitar de la muerte es algo que está más allá del poder humano; y su divinidad confirma la verdad del resto de todo lo que dijo, porque Dios no puede mentir. La resurrección distingue a Jesús de todos los demás fundadores religiosos. Los huesos de Abraham y Mahoma y Buda y Confucio y Lao-tzu y Zoroastro todavía están aquí en la tierra. La tumba de Jesús está vacía. Las consecuencias existenciales de la resurrección son incomparables.


Es la prueba concreta, veraz y empírica de que la vida tiene esperanza y significado; la vida triunfa al final; Dios ha derrotado a nuestro último enemigo: la muerte, Y estas consecuencias existenciales de la resurrección pueden ser vistas al comparar a los discípulos antes y después de la resurrección. Antes, huyeron, negaron a su Señor y se amontonaron detrás de puertas cerradas llenos de miedo y confusión. Después, fueron transformados en hombres seguros de sí mismos, misioneros que cambiaron el mundo, mártires valientes y viajeros embajadores de Cristo llenos de gozo. La mayor importancia de la resurrección no está en el pasado — "Cristo resucitó" — sino en el presente — "Cristo está resucitado". El ángel que estaba cerca de la tumba le preguntó a las mujeres, "¿Por qué buscais a los vivos entre los muertos?" (Lucas 24-5).




Qué clase de cuerpo será este cuerpo resucitado, no es una pregunta simple.

El cuerpo resucitado de Jesús evidentemente tenía algo muy extraño, porque sus discípulos y amigos cercanos no le reconocieron al principio, sin embargo más tarde sí.




Tampoco sabemos exactamente cómo fue que Jesús resucitó. Nadie vio el acto mismo, sólo sus consecuencias, a Jesús resucitado.
Nadie sabe qué tecnología espiritual fue la que Dios usó. En ese sentido no podemos definir la resurrección. Pero podemos distinguirla de varias alternativas con las que es confundida a veces.

El Cristo resucitado no es un fantasma. Eso fue lo que los apóstoles pensaron al principio (Lucas 24, 36-43) por eso Cristo les mostró sus manos y sus pies cicatrizados y comió pez asado delante de ellos . Un fantasma es un espíritu sin cuerpo; Jesús resucitado tiene un cuerpo real, por lo tanto, el Cristo resucitado no es un fantasma.


La resurrección tampoco es simplemente una resucitación, como la de Lázaro. El cuerpo con el que Lázaro salió de su tumba era el mismo cuerpo viejo que tenía anteriormente, tenía puesto su sudario (Juan 11, 44). El sudario de Jesús sin embargo fue cuidadosamente enrollado y puesto en otro lugar en su tumba (Juan 20, 6-7). Lázaro tenía que morir de nuevo pero Jesús no (Romanos 6-9).

La resurrección tampoco es una reencarnación.
La reencarnación, supuestamente, sólo le da a uno otro cuerpo mortal. El cuerpo resucitado de Cristo era inmortal. Los escritores del Nuevo Testamento hablan como si el logro de Cristo al resucitar de entre los muertos era el primer evento de su clase en toda la historia del universo. Él es "la primicia", el "pionero de vida". Él ha abierto una puerta que había estado cerrada desde la muerte del primer hombre.

La resurrección también es distinta de una visión, porque aunque ésta puede provenir de Dios, o ser causada por el propio inconsciente o por espíritus malignos, una visión permanece puramente espiritual y subjetiva: está en la mente. Pero el cuerpo resucitado de Jesús fue visto en público por muchos al mismo tiempo. Él fue tocado. Él comió.

La resurrección no es una leyenda, porque las leyendas sólo son ficción y tampoco es un mito, porque, a diferencia de los mitos, la resurrección ha ocurrido en un tiempo y lugar real, específico y concreto en la Historia, y certificada por testigos oculares. El Nuevo Testamento explícitamente distingue la resurrección de Cristo de mitos y leyendas: "Porque cuando les dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo no seguimos mitos ingeniosamente inventados sino que fuimos testigos oculares de su majestad"
(2 Pedro 1-16).


Creemos que la resurrección de Cristo puede ser probada con al menos tanta certeza como cualquier otro evento universalmente creído y bien documentado de la historia antigua.
Si Jesús no resucitó, entonces los apóstoles, que enseñaron que sí resucitó, o estaban engañados o eran mentirosos, o fueron engañados por una alucinación, o los apóstoles crearon un mito, o los apóstoles conspiraron para esparcir por el mundo la mentira más famosa y exitosa en la historia, o Jesús sólo se desmayó y se recuperó, no resucitó.
Cada una de estas teorías es lógicamente posible, y por consiguiente deben investigarse apropiadamente.
Estas también son las únicas posibilidades, a menos que incluyamos ideas extremadas que historiadores responsables jamás han tomado en serio, como la que dice que nunca existió; que su historia entera no es más que la novela de fantasía más grande del mundo escrita por unos simples pescadores;
Si podemos refutar todas las teorías, habremos demostrado la verdad de la resurrección

La Refutación De La Teoría Del Desmayo.
Ocho argumentos:

1. Jesús no pudo haber sobrevivido a la crucifixión. Los procedimientos romanos eran muy cuidadosos a fin de eliminar esa posibilidad. La ley romana incluso le imponía la pena de muerte a cualquier soldado que dejara escapar a un prisionero condenado a muerte de alguna manera, incluyendo boicotear una crucifixión. Simplemente no se hacía.

2. El hecho de que el soldado romano no le quebró las piernas a Jesús, como lo hizo con los otros dos criminales crucificados (Juan 19,31-33), significa que el soldado estaba seguro de que Jesús estaba muerto. Al quebrar las piernas se aceleraba la muerte para que el cadáver pudiera ser bajado antes del sábado.

3. Juan, un testigo ocular, certificó que él vio sangre y agua salir del corazón perforado de Jesús (Juan 19, 34-35). Esto demuestra que los pulmones de Jesús habían experimentado un colapso y que había muerto de asfixia. Cualquier especialista médico puede atestiguar de esto.

4. El cuerpo estaba totalmente envuelto en vendas de sábanas y dentro de la tumba (Juan 19, 38-42).

5. Las apariciones después de la resurrección convencieron a los discípulos, incluso al dudoso de Tomás, que Jesús estaba gloriosamente vivo (Juan 20, 19-29). Es psicológicamente imposible que los discípulos hubieran sido tan transformados y que hubieran estado tan confiados en sí mismos si Jesús solamente se sacudió de un desmayo, desesperadamente necesitado de un doctor. Un hombre medio muerto y enfermo no es adorado valientemente como divino señor y conquistador de la muerte.

6. ¿Cómo pudieron los guardias romanos que cuidaban la tumba ser subyugados por un difunto en desmayo? ¿o por discípulos desarmados?

7. ¿Cómo pudo haber movido un hombre medio muerto y desmayándose la gran piedra en la puerta de la tumba? ¿Quién movió la piedra sino un ángel?. Nadie jamás ha contestado esta pregunta.
Ni los judíos ni los romanos lo hubieran hecho, porque a ambos les interesaba que esa tumba se mantuviera sellada. Los judíos fueron los que en primer lugar ordenaron que esa piedra se pusiera allí y los guardias romanos hubieran sido ejecutados si hubieran dejado que el cuerpo se "escapara". La historia que las autoridades judías divulgaron, que los guardias se durmieron y que los discípulos robaron el cuerpo (Mateo 28, 11-15), es sorprendente. Los guardias romanos no se hubieran dormido haciendo un trabajo como ese; si lo hacían, hubieran sido ejecutados. Y aún si se hubieran dormido, la muchedumbre y el esfuerzo y el ruido que hubieran sido necesarios para mover la enorme roca los hubieran despertado.

8. Si Jesús se despertó de un desmayo, ¿adónde se fue? Piense en esto detenidamente: ahora tenemos en nuestras manos a un cuerpo vivo, no un cadáver. ¿Por qué se desapareció? No existe información en absoluto, ni siquiera datos falsos, fantásticos o imaginados acerca de la vida de Jesús después de su crucifixión en ninguna fuente, amiga o enemiga, en ningún tiempo, ya sea inmediato o siglos más tarde. Un hombre como este, con un pasado como este, hubiera dejado rastro.

¿CÓMO UN HOMBRE MEDIO MUERTO PUDO MOVER LA PESADA PIEDRA DE LA TUMBA?


La Refutación De La Teoría De La Conspiración:
Cinco Argumentos:
¿Por qué los discípulos no hubieran podido inventar toda la historia ?

1. "Los apóstoles o estaban engañados o eran mentirosos. Mientras Jesús estaba con ellos, Él podía sostenerlos; pero posteriormente, si él no se les apareció, ¿quién los hizo actuar? La hipótesis de que los apóstoles eran embusteros es muy absurda. Imagínese a estos hombres reuniéndose después de la muerte de Jesús, y conspirando para decir que él había resucitado de entre los muertos. Esto significaba atacar a todos los poderes existentes. Si Sólo uno de los apóstoles flaqueaba en la mentira, todos hubieran estado perdidos, se enfrentaban al posible encarcelamiento, a las torturas y a la muerte.
El hecho histórico es que nadie jamás confesó — voluntariamente o bajo presión, soborno o incluso tortura — que la historia entera de la resurrección era falsa, que era un engaño deliberado. Aún cuando personas cedieron bajo tortura, negaron a Cristo y adoraron al César, pero nunca revelaron que la resurrección era parte de una conspiración, porque nunca había habido nada que revelar. Ningún cristiano creyó que la resurrección era parte de una conspiración; si lo hubieran creído, no se hubieran convertido en cristianos.

2. Si ellos inventaron el relato de la resurrección, fueron los fantasiosos más creativos, diestros e inteligentes de la historia sobrepasando en gran manera a Shakespeare, o Dante , no es lo que se esperaría de simples pescadores y hombres sencillos. Su caracteres argumenta fuertemente en contra de la conspiración . La honestidad de los apóstoles es demostrada en sus palabras y hechos. Predicaron a un Cristo resucitado y vivieron un Cristo resucitado. Voluntariamente murieron por su "conspiración". Nada demuestra la sinceridad como el martirio. El cambio de sus vidas — del miedo a la fe, de la desesperación a la confianza, de la confusión a la certeza, de la cobardía a la valentía firme bajo las amenazas y la persecución — no sólo demuestra su sinceridad, sino que también confirma una causa poderosa para ello. ¿Puede una mentira causar semejante transformación? El bien supremo de la historia — la santidad —¿ ha surgido de la suprema mentira? Use aquí su imaginación y su sentido de perspectiva. Imagínese a doce pobres campesinos, temerosos, estúpidos (¡lea los Evangelios!) cambiando al empedernido mundo romano con una mentira. Y no una mentira atractiva y fácil de digerir tampoco, como dice Santo Tomás de Aquino:
"En medio de la tiranía de los perseguidores, una multitud innumerable de personas, simples
y estudiados, corrieron a la fe cristiana. En esta fe hay verdades proclamadas que superan todo intelecto humano; los placeres de la carne son refrenados; se enseña que las cosas del mundo deben de ser tratadas con desprecio. Ahora, que las mentes de los hombres mortales asientan a estas cosas es el más grande de los milagros... esta maravillosa conversión del mundo a la fe cristiana es el testimonio más claro... porque sería verdaderamente más maravilloso que todas las señales, si el mundo hubiera sido guiado por hombres simples y humildes a creer verdades tan exaltadas, a lograr acciones tan difíciles y a tener esperanzas tan elevadas."
(Summa Contra Gentiles, I, 6)

3. No hubieran tenido motivo alguno para semejante mentira. Las mentiras siempre se dicen para obtener alguna ventaja egoísta. ¿Qué ventaja sacaron los "conspiradores" de su mentira? Fueron odiados, perseguidos, encarcelados, torturados, exiliados, crucificados, quemados, decapitados, destripados y echados a los leones,¡esto no es un catálogo de privilegios!

4. Si la resurrección era una mentira, los judíos podían haber presentado el cadáver y hubieran cortado esta temida superstición de raíz.
Todo lo que tenían que hacer era ir a la tumba y sacarlo. Los soldados romanos y sus líderes estaban de parte de ellos, no de parte de los cristianos.
Y si los judíos no podían obtener el cuerpo porque los discípulos se lo habían robado, ¿cómo lo hicieron?

5. El hecho de que los discípulos fueron capaces de proclamar la resurrección en Jerusalén en la cara de sus enemigos unas pocas semanas después de la crucifixión demuestra que no mintieron, porque hubieran sido desenmascarados por sus adversarios quienes tenían el interés y el poder de exponer cualquier fraude.

La experiencia común demuestra que tales intrigas son inevitablemente expuestas." William Lane Craig dice: En conclusión, si la resurrección fue una mentira conspirada y fabricada, esta viola todas las leyes históricas y psicológicas conocidas acerca de la mentira. Es, por lo tanto, tan acientífica, tan irrepetible, tan única y tan improbable como la resurrección misma.




La Refutación de la Teoría de la Alucinación.
Nueve Argumentos:

¿Por qué no fue una alucinación?
1. Hubo demasiados testigos. Las alucinaciones son privadas, individuales y subjetivas. Cristo se le apareció a María Magdalena, a los discípulos sin Tomás presente, a los discípulos incluyendo a Tomás, a los dos discípulos en Emaús, a los pescadores en la playa, a Santiago , e incluso a quinientas personas de una sola vez (1 Corintios 15, 1-11), y Pablo dice en este pasaje que la mayoría de los quinientos están vivos, invitando a cualquier lector a que confirme la verdad de la historia por medio de la interrogación de los testigos oculares — Él nunca hubiera podido hacer esto y salirse con la suya, dado el poder, recursos y número de sus enemigos, si no fuese verdad.

2. Los testigos eran cualificados, sencillos, honestos, tenían conocimiento de primera mano de los hechos.

3. Los quinientos vieron a Cristo juntos, al mismo tiempo y en el mismo lugar. Esto es incluso más excepcional que quinientas "alucinaciones" privadas, en diferentes tiempos y lugares.

4. Las alucinaciones en general, duran unos cuantos segundos o minutos, raramente horas. Ésta permaneció durante cuarenta días (Hechos 1, 3 )

5. Las alucinaciones en general ocurren solamente una vez, excepto a los dementes. Esta alucinación ocurrió muchas veces, a gente normal.
(Juan 20, 19 y 21,14; Hechos 1,3).

6. No sólo los discípulos no esperaban esto, ni siquiera lo creyeron al principio — ni Pedro, ni las mujeres, ni Tomás, ni los once. Ellos pensaban que era un fantasma; él tuvo que comer algo para probar que no lo era (Lucas 24, 36-43), las alucinaciones no comen. El Cristo resucitado lo hizo, en al menos dos ocasiones (Lucas 24, 42-43; Juan 21, 1-14) y además los discípulos lo tocaron. (Mateo 28, 9; Lucas 24, 39; Juan 20, 27), también hablaron con él y él les respondió. esta "alucinación" conversó con al menos once personas a la vez, por cuarenta días
(Hechos 1, 3).

7. Los apóstoles no hubieran podido creer en la "alucinación" si el cadáver de Jesús hubiera estado todavía en la tumba. Este es un punto muy simple y muy revelador; porque si era una alucinación, ¿dónde estaba el cadáver? Ellos hubieran ido a mirar; si estaba allí, no hubieran podido creer.

8. Si los apóstoles hubieran alucinado y después hubieran propagado su alucinógeno relato, los judíos hubieran podido desmontar el relato con sólo presentar el cuerpo, a menos que los discípulos se lo hubieran robado, y en este caso regresamos a la teoría de la conspiración y todas sus dificultades.

9. Una alucinación sólo explicaría las apariciones después de la resurrección; no explicaría la tumba vacía, la piedra rodada, o la incapacidad de presentar el cadáver. Ninguna teoría puede explicar todos estos datos excepto a una real resurrección.



La Refutación de la Teoría del Mito
Seis Argumentos:

1. El estilo de los Evangelios es radical y claramente diferente del estilo de todos los mitos.
Cualquier experto literario que conoce y aprecia los mitos puede verificar esto. No son eventos extravagantes, espectaculares e infantilmente exagerados. Nada es arbitrario. Todo cabe en su lugar. Todo es significativo. En un mito, ocurren eventos tan espectaculares que sería una distracción agregar mucha profundidad de carácter.
Los mitos tienen mucha palabrería sin sentido, los Evangelios son escuetos. Hay también marcas evidentes de descripción de testigos oculares, como el pequeño detalle acerca de Jesús escribiendo en el suelo cuando se le preguntó si se debería de apedrear a la adúltera o no (Juan 8, 6).
Nadie sabe porqué esto está puesto allí; no se saca nada de ello. La única explicación es que el autor lo vio.

2. No hubo suficiente tiempo para que el mito se desarrollara pues varias generaciones tienen que pasar antes de que los elementos mitológicos agregados puedan ser erróneamente creídos como hechos. Los testigos oculares todavía estarían vivos antes de que eso ocurriera para desacreditar las nuevas versiones míticas. Nadie duda de que las cartas de Pablo fueron escritas dentro del tiempo de vida de los testigos oculares de Cristo, por lo que no hay ni siquiera una generación para que se pueda crear el mito.

3. Hay otros documentos que hablan de la resurrección de Jesús, como las cartas de Bernabé y Clemente que se refieren a los milagros y la resurrección de Jesús. Policarpo menciona la resurrección de Cristo, Ignacio de Antioquía habla acerca de la resurrección.
Puadratus escribe que varias personas que habían sido sanadas por Jesús todavía estaban vivas.
Justino el Mártir menciona los milagros de Cristo. Estos hechos muestran que la historia en los Evangelios era en esencia la misma historia que los cristianos tenían desde el comienzo.
“Esto significa que la resurrección de Jesús fue siempre una parte de la historia”.
(William Lane Craig, Apologetics, chapter 6).

4. Los primeros testigos de la resurrección fueron mujeres. En el judaísmo del primer siglo, las mujeres tenían un bajo estatus social y no tenían ningún derecho legal para servir de testigos. Si la tumba vacía hubiera sido una leyenda inventada, sus inventores ciertamente no hubieran puesto que fue descubierta por mujeres, cuyo testimonio era considerado sin valor. Pero como era cierto, tuvieron que decirlo aunque fuera un inconveniente en aquella época

5. El Nuevo Testamento explícitamente dice que la resurrección no es mito (2 Pedro 1,16)

6. El teólogo William Lane Craig, en su libro Knowing the Truth About the Resurrection, prueba dos cosas: primero, que los Evangelios fueron escritos por los discípulos, no por creadores de mitos tardíos, y segundo, que los Evangelios que tenemos en la actualidad son esencialmente los mismos que los originales.

A. Prueba de que los Evangelios fueron escritos por testigos oculares:
1. Los Evangelios muestran un conocimiento íntimo de Jerusalén anterior a su destrucción en el años 70 d.C y están llenos de nombres propios, fechas, detalles culturales, eventos históricos y costumbres y opiniones de esa época.

2. Las historias acerca de las debilidades humanas de Jesús y de las fallas de los discípulos también apoyan la veracidad de los Evangelios.

3. Hubiera sido imposible para los falsificadores inventar una narrativa tan consistente como la que encontramos en los Evangelios, pues estos no tratan de suprimir aparentes discrepancias, lo cual indica su originalidad (que fueron escritos por testigos oculares). No hay ningún intento de armonización entre los Evangelios, tal y como lo esperaríamos de falsificadores.

4. Los Evangelios no contienen anacronismos; los autores parecen haber sido judíos del primer siglo que fueron testigos de los eventos.

5. Había muchos testigos oculares que todavía estaban vivos cuando los libros fueron escritos que podían testificar si vinieron o no de sus supuestos autores.

6. El testimonio extra-bíblico, unánimemente atribuye los Evangelios a sus autores tradicionales,... como el testimonio de la Epístola de Barnabé, la Epístola de Clemente, El Pastor de Hermas, hasta llegar a Eusebio en 135 d.C.... Teófilo, Hipólito, Orígenes, Cuadrato, Ireneo, Mélito, Policarpo, Justino el Mártir, Dionisio, Tertuliano, Cipriano, Tatiano, Cayo, Atanasio, Cirilio... incluso los oponentes del cristianismo como Celso, Porfirio, el emperador Julián etc... reconocieron esto.
Podemos concluir que si dudamos de que los Evangelios vienen de los autores tradicionales, también podemos dudar de que las obras de Filo o Josefo son auténticas, excepto que los Evangelios contienen eventos sobrenaturales."

B. Prueba de que los Evangelios que tenemos en la actualidad son los mismos que fueron originalmente escritos:
1. Ninguna otra obra antigua está disponible en tantas copias y lenguajes, y sin embargo todas estas versiones concuerdan en contenido.

2. La abundancia de manuscritos distribuidos sobre una amplia área geográfica demuestra que el texto ha sido transmitido con sólo discrepancias insignificantes.

3. Los Evangelios no hubieran podido ser corrompidos sin una gran protesta de parte de todos los cristianos ortodoxos.

4. No ha habido tiempo para una falsificación, pues los libros del Nuevo Testamento son citados por los Padres de la iglesia en sucesión cercana y constante.

5. Quien dude o niegue la historicidad de los Evangelios debe, lógicamente, dudar o negar la historicidad de todo libro histórico, es decir, debe ser escéptico universal en materia de historia,
pues las cosas que nos dicen los Evangelios nos constan con mucho más rigor que muchísimas de las cosas que admite la Historia de la Antigüedad.

Ninguna alternativa a una resurrección real todavía ha explicado la existencia de los Evangelios, el origen de la fe cristiana, el fracaso de los enemigos de Cristo de exhibir su cuerpo, la tumba vacía, la piedra rodada o los relatos de las apariciones después de su resurrección. El desmayo, la conspiración, la alucinación y el mito son las únicas alternativas a una resurrección real y cada una ha sido refutada.



Fuente:
Extracto del capítulo 8 "The Resurrection" de Handbook of Christian Apologetics por Peter Kreeft/Fr. Ronald Tacelli, SJ (Intervarsity Press, 1994)















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