Ya que estaba determinado que la Virgen Madre de Dios nacería de Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia, sino que esperó a dar su fruto hasta que la gracia hubo dado el suyo. Convenía, en efecto, que naciese como primogénita aquella de la había de nacer el primogénito de toda la creación, en el cual todo se mantiene.
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ESPÍRITU SANTO, DAME TUS SIETE DONES
Amor infinito y Espíritu Santificador:
Contra la necedad, concédeme el Don de Sabiduría, que me libre del tedio y de la insensatez.
Contra la rudeza, dame el Don de Entendimiento, que ahuyente tibiezas, dudas, nieblas, desconfianzas.
Contra la precipitación, el Don de Consejo, que me libre de las indiscreciones e imprudencias.
Contra la ignorancia, el Don de Ciencia, que me libre de los engaños del mundo, demonio y carne, reduciendo las cosas a su verdadero valor.
Contra la pusilanimidad, el Don de Fortaleza, que me libre de la debilidad y cobardía en todo caso de conflicto.
Contra la dureza, el Don de Piedad, que me libre de la ira, rencor, injusticia, crueldad y venganza.
Contra la soberbia, el Don de Temor de Dios, que me libre del orgullo, vanidad, ambición y presunción.
NO BUSCARÉ OTRA COSA, SINO A DIOS
“Procuraré con todas veras seguir las huellas de mi Jesús.
Si me siento afligida, abandonada, desolada, le haré compañía en el Huerto.
Si me siento despreciada, injuriada, le haré compañía en el Pretorio.
Si estoy deprimida y angustiada en las agonías del padecer, con fidelidad le haré compañía en el Monte, y con generosidad, en la Cruz, atravesado con la lanza el corazón ...
Me despojaré de todo interés propio, para no mirar ni a pena ni a premio, sino sólo a la gloria de Dios y al puro agrado suyo, no buscando otra cosa sino permanecer entre estos dos extremos: agonizar aquí hasta que Dios quiera, o morir aquí de puro amor suyo.
No buscaré ni amaré otra cosa sino a Dios...
Alejaré de mí todo insensato temor ... Sólo a él temeré, huyendo siempre de cuanto pudiera procurarle disgusto ...
Si por mi debilidad cayera en cualquier error, me levantaré inmediatamente por el arrepentimiento, reconociendo mi miseria ... Fijaré siempre mi corazón en Dios, apartándolo, con todo el esfuerzo posible, de todo lo que no sea él.
Quiero que mi corazón sea morada de Jesús, haciendo del mismo un Calvario de penas ..., a fin de que él sea dueño absoluto, y habite allí a su gusto con todo lo que le agrada...”
(San Pablo de la Cruz, muerte mística, dedicada a una joven novicia, Sor Ángela M. Cencelli, por eso habla en femenino)
ACTO DE CARIDAD PARA CON DIOS
Porque Tú me has amado infinitamente,
Porque Tú me has amado desde la eternidad.
Porque Tú has muerto para salvarme
Porque Tú no has podido amar más.
Porque Tú me has hecho participante de tu divinidad y quieres
que lo sea de tu gloria.
Porque Tú te entregas del todo a mi en la Comunión.
Porque Tú me das en manjar tu Cuerpo y en bebida tu Sangre.
Porque Tú estás siempre por mi amor en la Santa Eucaristía.
Porque Tú me recibes siempre en audiencia sin hacerme
esperar.
Porque Tú eres mi mayor Amigo.
Porque Tú me llenas de tus dones.
Porque Tú me tratas siempre muy bien, a pesar de mis
pecados e ingratitudes.
Porque Tú me has enseñado que Dios es Padre que me ama
mucho.
Porque Tú me has dado por Madre a tu misma Madre.
¡Dulce Corazón de Jesús, haz que te ame cada día más y más!
Dulce Corazón de Jesús, sé mi amor.
Te amo por los que no te aman.
Te amo por los que nunca piensan en Ti.
Te amo por los que no te visitan.
Te amo por los que te ofenden e injurian.
¡Que pena por esto!
Te amo y te digo con aquel tu siervo:
¡Oh Jesús, yo me entrego a Ti para unirme al amor eterno,
inmenso e infinito que tienes a tu Padre celestial! ¡Oh Padre
adorable! Te ofrezco el amor eterno, inmenso e infinito de tu
amado Hijo Jesús, como mío que es. Te amo cuando tu Hijo
te ama.
(San Juan Eudes)
24 FORMAS DE AYUDAR A LAS ALMAS DEL PURGATORIO
1. Rezar la Novena a las Santas Almas
2. Ofrecer la Comunión por las almas del purgatorio.
3. Ofrecer y encargar Misas por ellas.
4. Rezar el Vía Crucis por las almas del Purgatorio
5. Rezar el Santo Rosario por ellas.
6. Rezar los 100 Réquiem.
7. Obtener indulgencias a través de acciones piadosas, y aplicar sus méritos a las Almas del Purgatorio.
8. Visitar una iglesia u oratorio el Día de los Difuntos y allí recitar el Padre Nuestro y el Credo.
9. Dar limosna: La ayuda material a los pobres siempre se ha considerado una penitencia que se puede ofrecer por las Santas Almas. “Porque la limosna salva de la muerte y limpia todo pecado” (Tobías 12, 9).
10. Rezar la Coronilla a la Divina Misericordia.
11. Hacer la oración de Santa Gertrudis por las Almas del Purgatorio.
12. Rociar agua bendita en el suelo: San Juan Macías, un gran amigo de los que estaban en el purgatorio, solía rociar agua bendita en el suelo para el beneficio espiritual de las almas que sufrían.
13. Visitar un cementerio, y allí rezar la breve oración del Réquiem Aeternam: "Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellas la luz perpetua".
14: Adoración Eucarística: visitar el Santísimo Sacramento para realizar actos de reparación al Sagrado Corazón de Jesús en nombre de las Almas del purgatorio.
15. Sacrificios: practicar pequeños actos de abnegación a lo largo de tu día y ofrecer estas penitencias por las pobres almas.
16. Rezar el Oficio de los Muertos, está en la Liturgia de las Horas.
17: Pedir la intercesión de los santos que fueron conocidos por ser grandes amigos de las Santas Almas durante su vida: San Nicolás de Tolentino, Santa Gertrudis la Grande, Santa Catalina de Génova, San Padre Pío, San Felipe Neri, San Juan Macías, Santa Faustina Kowalska etc...
18: A lo largo de su día, ofrezca oraciones breves y espontáneas (jaculatorias) por las almas del Purgatorio.
19: Confesarte: confesar tus propios pecados hace que tus oraciones por las almas de los demás sean más efectivas.
20: Difundir devoción a las Santas Almas: Haz que los demás sean conscientes de la gran necesidad que tienen estas almas que sufren de nuestras oraciones.
21: Pedir la intercesión de la Virgen del Carmen, abogada de las Almas del Purgatorio para que las alivie.
22: Pedir a San José, Custodio del Purgatorio, que interceda por ellas.
23: Encender velas en casa o en la Iglesia por las Almas del Purgatorio.
24: Mirar un Crucifijo y decir: Jesús, por tus cinco LLagas, ayuda a las Almas del Purgatorio (En una aparición de Jesús a Sor Marta Chambón le enseñó esta oración)
𝐌𝐀́𝐑𝐓𝐈𝐑𝐄𝐒 𝐂𝐀𝐑𝐌𝐄𝐋𝐈𝐓𝐀𝐒 𝐃𝐄 𝐂𝐎𝐌𝐏𝐈𝐄𝐆𝐍𝐄
𝐌𝐀́𝐑𝐓𝐈𝐑𝐄𝐒 𝐂𝐀𝐑𝐌𝐄𝐋𝐈𝐓𝐀𝐒 𝐃𝐄 𝐂𝐎𝐌𝐏𝐈𝐄𝐆𝐍𝐄
Una hermana carmelita, sor Isabel Bautista, monja en el monasterio de Compiégne (Francia), tuvo una vez un sueño en el que, según dijo, se le habían aparecido todas las religiosas de su convento, en el cielo, cubiertas de resplandeciente manto blanco y sosteniendo en las manos una palma, símbolo de la gloria del martirio.
Un siglo más tarde aquella visión iba a concretarse en realidad. Y posteriormente un decreto de la Iglesia de Roma declaraba mártires con todos los honores de veneración a dieciséis carmelitas del monasterio de Compiégne que habían dado la vida por su fe. El sueño de sor Isabel Bautista se había cumplido. Pero para que se cumpliese hubo necesidad de que el mundo pasara por una situación gravísima. Al siglo XVIII le faltaba una decena de años para terminarse. Francia comenzaba a padecer los primeros síntomas de la Revolución.
La Asamblea Nacional Constituyente había hecho público un decreto por el que se exigía que los religiosos fueran considerados como funcionarios del Estado. Deberían prestar juramento a la Constitución y sus bienes serían confiscados. Era el año 1790. Miembros del Directorio del distrito de Compiégne, cumpliendo órdenes, se presentaron el 4 de agosto de aquel año en el monasterio a hacer inventario de las posesiones de la comunidad. Las monjas tuvieron que dejar sus hábitos y abandonar su casa. Un día la madre priora, entendiendo el deseo que cada día se hacía más patente en el corazón de sus monjas, les propuso hacer "un acto de consagración por el cual la comunidad se ofreciera en holocausto para aplacar la cólera de Dios y por que la divina paz que su querido Hijo había venido a traer al mundo volviera a la Iglesia y al Estado".
La regularidad y el orden de su vida, que reproducía todo lo posible en tales circunstancias la vida y horario conventuales, fueron notados por los jacobinos de la ciudad y las denunciaron al Comité de Salud Pública, cosa que hicieron sin pérdida de tiempo. El régimen del terror estaba oficialmente establecido en Francia.
El Comité encontró diversos objetos que fueron considerados de gran interés y altamente comprometedores. A saber: cartas de sacerdotes en las que se trataba bien de novenas, de escapularios, bien de dirección espiritual. También se halló un retrato de Luis XVI e imágenes del Sagrado Corazón. Todo ello era suficiente para demostrar la culpabilidad de las monjas.
El 22 de junio de 1794 eran recluidas en el monasterio de la Visitación, que se había convertido en cárcel.
Transcurridos unos días, justamente el 12 de julio, el Comité de Salud Pública dio órdenes para que fueran trasladadas a París.
Las hicieron montar en dos carretas de paja y les ataron las manos a la espalda. Escoltadas por un grupo de soldados salieron para la capital. Su destino era la famosa prisión de la Conserjería, antesala de la guillotina.
Testigos dignos de crédito declararon que se las podía oír todos los días, a las dos de la mañana, recitar sus oficios. Su última fiesta fue la del 16 de julio, Nuestra Señora del Monte Carmelo. La celebraron con el mayor entusiasmo, sin que por un instante su comportamiento denotase la menor preocupación. Por la tarde recibieron un aviso para que compareciesen al día siguiente ante el Tribunal Revolucionario.
Fueron sometidas a un interrogatorio muy breve y, sin que se llamara a declarar a un solo testigo, el Tribunal condenó a muerte a las dieciséis carmelitas.
Una hora después subían en las carretas que las conducirían a la plaza del Trono.
Ellas iban tranquilas; todo lo que se movía a su alrededor les era indiferente. Cantaron el Miserere y luego el Salve, Regina. Al pie ya de la guillotina entonaron el Te Deum, canto de acción de gracias, y, terminado éste, el Veni Creator. Por último, hicieron renovación de sus promesas del bautismo y de sus votos de religión.
Una a una recibieron la bendición de la madre Teresa de San Agustín antes de recibir el golpe de gracia. Al final, después de haber visto caer a todas sus hijas, la madre priora entregó, con igual generosidad que ellas, su vida al Señor, poniendo su cabeza en las manos del verdugo. Era el día 17 de julio por la tarde.
Una placa de mármol con el nombre de las mártires y la fecha de su muerte figura sobre la fosa y en ella hay grabada una frase latina que dice: Beati qui in Domino moriuntur. Felices los que mueren en el Señor.
Se sucedieron los milagros, como una garantía de su santidad, y en 1905 San Pío X declaraba beatas a aquellas "que, después de su expulsión, continuaron viviendo como religiosas y honrando devotamente al Sagrado Corazón".
(Santidad carmelitana)
HIMNO A LA VIRGEN DEL CARMEN
celeste claridad, puro prodigio al ser,
a una, Madre de Dios y Virgen:
¡Virgen fecunda! Madre,
atesoras intacta la doncellez;
estrella, guía de los rumbos del mar, sénos propicia.
Vástago de Jesé, vara profética
que el Hijo del Altísimo das en cosecha;
Madre, consiente que vivamos contigo ahora y siempre.
Azucena que brotas inmaculada
y te yergues señera entre las zarzas;
devuelve, Virgen, nuestra frágil arcilla a su alto origen.
Ponnos, nueva Judit, para la lucha
tu santo Escapulario como armadura;
con tu vestido cantaremos victoria del enemigo.
Bajo noches oscuras navega el alma,
enciende tú los rayos de la esperanza,
y sé el lucero que lleve nuestra nave, segura al puerto.
Señora, desde siempre los carmelitas
nos tenemos por hijos de tu familia,
y confiamos que un día nos acojas en tu regazo.
María, puerta y llave del paraíso,
queremos desatarnos y estar con Cristo;
si tú nos abres, reinaremos allí con tu Hijo, ¡Madre! Amén.
LA SABIDURÍA MISTERIOSA REVELADA POR EL ESPÍRITU SANTO (San Buenaventura)
𝐒𝐈 𝐁𝐔𝐒𝐂𝐀𝐑𝐄 𝐀𝐆𝐑𝐀𝐃𝐀𝐑 𝐀 𝐋𝐎𝐒 𝐇𝐎𝐌𝐁𝐑𝐄𝐒, 𝐍𝐎 𝐒𝐄𝐑Ɩ́𝐀 𝐒𝐈𝐄𝐑𝐕𝐎 𝐃𝐄 𝐂𝐑𝐈𝐒𝐓𝐎
Si de algo podemos preciarnos es del testimonio de nuestra conciencia. Hay hombres que juzgan temerariamente, que son detractores, chismosos, murmuradores, que se empeñan en sospechar lo que no ven, que se empeñan incluso en pregonar lo que ni sospechan; contra esos tales, ¿qué recurso queda sino el testimonio de nuestra conciencia? Y ni aun en aquellos a los que buscamos agradar, hermanos, buscamos nuestra propia gloria, o al menos no debemos buscarla, sino más bien su salvación, de modo que, siguiendo nuestro ejemplo, si es que nos comportamos rectamente, no se desvíen. Que sean imitadores nuestros, si nosotros lo somos de Cristo; y, si nosotros no somos imitadores de Cristo que tomen al mismo Cristo por modelo. Él es, en efecto, quien apacienta su rebaño, él es el único pastor que lo apacienta por medio de los demás buenos pastores, que lo hacen por delegación suya.
POEMAS Y CANTOS A LA VIRGEN MARÍA
SI TE ACORDARÁS DE MÍ
cuando parta de esta tierra,
si te acordarás de mí.
Cuando ya sean publicados
mis tiempos en mal gastados
y todos cuantos pecados
yo mezquino cometí,
si te acordarás de mí.
En el siglo duradero
del juicio postrimero,
do por mi remedio espero
los dulces ruegos de ti,
si te acordarás de mí.
Cuando yo esté en la afrenta
de la muy estrecha cuenta
de cuantos bienes y renta
de tu Hijo recibí,
si te acordarás de mi.
Cuando mi alma cuitada,
temiendo ser condenada
de hallarse muy culpada
tenga mil quejas de sí,
si te acordarás de mí.
Juan Alvarez Gato (1445-1510)
No tengo nada que ofrecerte,
nada que solicitarte…
Vengo solamente, oh María,
para contemplarte…,
contemplar tu rostro,
dejar al corazón que cante
en tu propio lenguaje…
Porque tú eres hermosa,
porque eres inmaculada,
la mujer de la Gracia
finalmente restaurada,
la criatura en su primigenio honor
y en su florecimiento definitivo,
tal como salió de Dios
en la mañana de su original esplendor.
Inefablemente intacta
porque tú eres la Madre de Jesucristo,
que es la verdad entre tus brazos,
y la única esperanza y el único fruto.
Porque tú eres la mujer, el Edén
de la antigua ternura olvidada…
¡Que toda la creación te cante agradecida,
Madre de Jesucristo,
simplemente porque existes.
Paul Claudel
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𝐋𝐀 𝐀𝐌𝐈𝐒𝐓𝐀𝐃 𝐕𝐄𝐑𝐃𝐀𝐃𝐄𝐑𝐀 𝐄𝐒 𝐏𝐄𝐑𝐅𝐄𝐂𝐓𝐀 𝐘 𝐂𝐎𝐍𝐒𝐓𝐀𝐍𝐓𝐄
Jonatán, aquel excelente joven, sin atender a su estirpe regia y a su futura sucesión en el trono, hizo un pacto con David y, equiparando el siervo al Señor, precisamente cuando huía de su padre, cuando estaba escondido en el desierto, cuando estaba condenado a muerte, destinado a la ejecución, lo antepuso a sí mismo, abajándose a sí mismo y ensalzándolo a él: Tú -le dice- serás el rey, y yo seré tu segundo.
EL DISCÍPULO DEL APÓSTOL PABLO
SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO
MILAGRO DE SAN JOSÉ EN ÁFRICA
En la Costa oriental de África florecía, en el siglo XIX, una misión en Mandera. El padre Hacquard refiere la fundación de la misión:
"Corría el año 1880 y necesitábamos una misión intermedia entre Bagamoyo y Mhomda. Acompañado del padre Machón, emprendí el viaje para buscar un sitio conveniente para establecer un pueblo cristiano, encomendándonos a san José.
El día 19 de marzo, fiesta de san José, emprendimos la marcha y nos dirigimos a Udoé, un lugar jamás visitado por ningún europeo. Los indígenas de aquella comarca eran antropófagos y por ninguna parte nos concedían la autorización de establecernos.
Yo me dirigí a san José, encomendándole el éxito de nuestro viaje. De Udoé pasamos a Uriguá, caminando sin guía ni norte, a la aventura, pero en ningún sitio nos permitían establecer la misión hasta que llegamos a la casa del cacique Kingarú, llamado cara de serpiente.
Al instante que nos vio, se detuvo admirado y, mirándonos fijamente, prorrumpió en expresiones:
- Sí, ellos son. ¡Los mismos! Escuchadme. Esta noche, no sé si despierto o dormido, he visto ante mí a un venerable anciano que, tocándome como para despertarme, me ha dicho: “Kingarú, sepas que vienen a tu casa con una pequeña caravana dos blancos, recíbelos bien y dales cuanto te pidan”. Y esos sois vosotros, los mismos que yo vi.
Entonces, llamó a las gentes del pueblo y les dijo:
- Mirad a estos dos blancos, a quienes vi esta noche juntos con un anciano y de quienes os he hablado esta mañana. Ellos son.
Permanecimos allí ocho días y todos se esforzaron en atendernos bien. Una vez elegido el lugar de nuestra vivienda, dispusimos de nuevo la partida; para la cual, el mismo Kingarú quiso acompañarnos y servirnos de guía y de escolta.
Al cabo de quince días, vino a visitarnos a Bagamoyo y, llegado el momento de comenzar la obra proyectada, volvió de nuevo con gran tropa de hombres para conducir a los misioneros y llevar todo el equipaje y enseres necesarios.
Él es uno de los más asiduos y constantes asistentes a los ejercicios de la Misión. Esto y mucho más ha obrado san José por el pueblo de Mandera, por lo cual le debemos honor y gloria y reconocimiento eternos.
(Tomado de Las misiones católicas, tomo IV p. 54 de 1883)
CONSEJOS DEL PADRE PÍO
Tengámonos por lo que somos de verdad: nada, miseria, debilidad; una fuente de perversidad sin límites ni atenuantes, capaces de convertir el bien en mal, de abandonar el bien por el mal, de atribuirnos el bien que no tenemos o aquel bien que hemos recibido en préstamo, y de justificarnos en el mal y, por amor del mismo mal, despreciar al Sumo Bien.
Con este convencimiento grabado en la mente, tú:
1º: No te complacerás nunca en ti mismo por algún bien que puedas acoger en ti, porque todo te viene de Dios y a Él debes dar honor y gloria;
2º: No te lamentarás nunca de las ofensas, te vengan de donde te vinieren;
3º: Perdonarás todo con caridad cristiana, teniendo bien presente el ejemplo del Redentor, que llegó incluso a excusar ante su Padre a los que le crucificaron;
4º: Gemirás siempre como pobre delante de Dios;
5º: No te maravillarás de ningún modo de tus debilidades e imperfecciones; pero, reconociéndote por lo que eres, te avergonzarás de tu inconstancia y de tu infidelidad a Dios; y, ofreciéndole tus propósitos y confiando en Él, te abandonarás tranquilamente en los brazos del Padre del cielo, como un tierno niño en los de su madre.
(19 de agosto de 1918, carta del Padre Pío a fray Gerardo da Deliceto, Ep. IV, 25)
ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO PARA EVANGELIZAR EN REDES SOCIALES 🕊 (Para rezarla antes de evangelizar)
Espíritu Santo, me postro en tu presencia, te adoro y te agradezco esta oportunidad que me das de evangelizar en las redes sociales. Me ofrezco amorosamente a ti para ayudarte a salvar a la humanidad a través del uso de internet. Te doy gracias por tener estos medios modernos como herramienta para transmitir a mis hermanos tu amor infinito por todos los hombres.
Espíritu Santo, unido al Padre y al Hijo en santa y vital comunión, inspírame para compartir lo mejor de mí como don para los demás.
Espíritu Santo, Tú eres la fuente de la vida y de la creatividad, derrama tus dones sobre mí para llevar a muchos hermanos a la libertad de los hijos de Dios. Infúndeme tu Espíritu de santidad para que pueda ayudarte en esta tarea de evangelización.
Ven, Espíritu Santo, dulce huésped del alma, quiero ser sal de la tierra y luz del mundo, que cuantos lean mis publicaciones obtengan la gracia de la conversión si no te conocen, o se sientan renovados e impulsados en su fe.
Líbrame de la soberbia, de la envidia y de querer ser protagonista, dame la humildad y la alegría del servicio, la transparencia en la comunicación y la generosidad en el compartir.
Ven, Espíritu Santo, y hazme instrumento de comunión, paz y verdad con todas las personas que encuentre en este medio digital, que siempre camine por sendas de luz para poder compartir cosas acertadas, que siempre haga tu santa voluntad.
Amén
Salmo 6: Oración del afligido que acude a Dios
Salmo 6: Oración del afligido que acude a Dios
no me castigues con cólera.
Misericordia, Señor, que desfallezco;
cura, Señor, mis huesos dislocados.
Tengo el alma en delirio,
y tú, Señor, ¿hasta cuándo?
Vuélvete, Señor, liberta mi alma,
sálvame por tu misericordia.
Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,
y en el abismo, ¿quién te alabará?
Estoy agotado de gemir:
de noche lloro sobre el lecho,
riego mi cama con lágrimas.
Mis ojos se consumen irritados,
envejecen por tantas contradicciones.
Apartaos de mí, los malvados,
porque el Señor ha escuchado mis sollozos;
el Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi oración.
Que la vergüenza abrume a mis enemigos,
que avergonzados huyan al momento.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
proclamando todas tus maravillas;
me alegro y exulto contigo,
y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo.
Porque mis enemigos retrocedieron,
cayeron y perecieron ante tu rostro.
Defendiste mi causa y mi derecho,
sentado en tu trono como juez justo.
Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para siempre su apellido.
El enemigo acabó en ruina perpetua,
arrasaste sus ciudades y se perdió su nombre.
Dios está sentado por siempre
en el trono que ha colocado para juzgar.
Él juzgará el orbe con justicia
y regirá las naciones con rectitud.
Él será refugio del oprimido,
su refugio en los momentos de peligro.
Confiarán en ti los que conocen tu nombre,
porque no abandonas a los que te buscan.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
narrad sus hazañas a los pueblos;
él venga la sangre, él recuerda
y no olvida los gritos de los humildes.
Piedad, Señor; mira como me afligen mis enemigos;
levántame del umbral de la muerte,
para que pueda proclamar tus alabanzas
y gozar de tu salvación en las puertas de Sión.
Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron,
su pie quedó prendido en la red que escondieron.
El Señor apareció para hacer justicia,
y se enredó el malvado en sus propias acciones.
Vuelvan al abismo los malvados,
los pueblos que olvidan a Dios.
Él no olvida jamás al pobre,
ni la esperanza del humilde perecerá.
Levántate, Señor, que el hombre no triunfe:
sean juzgados los gentiles en tu presencia.
Señor, infúndeles terror,
y aprendan los pueblos que no son más que hombres.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO
El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo. No nos referimos, ciertamente, a unos mártires desconocidos. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. Estos mártires, en su predicación, daban testimonio de lo que habían visto y, con un desinterés absoluto, dieron a conocer la verdad hasta morir por ella.
MARÍA CONSERVABA TODAS ESTAS COSAS EN SU CORAZÓN
María iba reflexionando sobre todas las cosas que había conocido leyendo, escuchando, mirando, y de este modo su fe iba en aumento constante, sus méritos crecían, su sabiduría se hacía más clara y su caridad era cada vez más ardiente. Su conocimiento y penetración, siempre renovados, de los misterios celestiales la llenaban de alegría, la hacían gozar de la fecundidad del Espíritu, la atraían hacia Dios y la hacían perseverar en su propia humildad. Porque en esto consisten los progresos de la gracia divina, en elevar desde lo más humilde hasta lo más excelso y en ir transformando de resplandor en resplandor. Bienaventurada el alma de la Virgen que, guiada por el magisterio del Espíritu que habitaba en ella, se sometía siempre y en todo a las exigencias de la Palabra de Dios. Ella no se dejaba llevar por su propio instinto o juicio, sino que su actuación exterior correspondía siempre a las insinuaciones internas de la sabiduría que nace de la fe. Convenía, en efecto, que la sabiduría divina, que se iba edificando la casa de la Iglesia para habitar en ella, se valiera de María Santísima para lograr la observancia de la ley, la purificación de la mente, la justa medida de la humildad y el sacrificio espiritual.
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