Habló María: “Considera, hija, la pasión de mi Hijo. Sentí como si los
miembros de su cuerpo y su corazón fueran los míos. Lo mismo que los otros niños
son normalmente gestados en el útero de su madre, igual ocurrió en mí.
Sin
embargo, Él fue concebido por la ferviente caridad del amor de Dios, mientras que
otros son concebidos por la concupiscencia de la carne. Así, su primo Juan dijo
rectamente: ‘El Verbo se hizo carne’. Él vino y estuvo en mí por el amor. El verbo y
el amor lo crearon en mí. Él fue para mí como mi propio corazón y, por ello, cuando
di a luz sentí que la mitad de mi corazón había nacido y salido de mí.
Cuando Él sufría, sentía cómo sufría mi propio corazón. Cuando algo está
mitad fuera y mitad dentro, si la parte de fuera es dañada, la parte de adentro siente
un dolor parecido. De la misma manera, cuando mi Hijo fue azotado y herido, era
como si mi propio corazón estuviera siendo azotado y herido.
Yo era la persona más
cercana a Él en su pasión, y nunca me separé de Él. Estuve al lado de su cruz y,
como quien está más cerca del dolor lo sufre más, así su dolor fue peor para mí que
para los demás. Cuando Él me miró desde la cruz y yo lo miré, mis lágrimas
brotaron de mis ojos como sangre de las venas.
Cuando Él me vio desbordada de dolor, se sintió tan angustiado por mi dolor
que todo el dolor de sus propias heridas se amainó al ver el dolor en mí.
Por ello
puedo decir que su dolor era mi dolor y que su corazón era mi corazón. Igual que
Adán y Eva vendieron el mundo por una sola manzana, puedes decir que mi Hijo y
Yo recuperamos el mundo con un solo corazón. Así, hija mía, piensa en cómo estaba
yo cuando murió mi Hijo y así no te resultará difícil prescindir del mundo”.
Respuesta del Señor a un ángel que estaba rezando, de que a la esposa se le darían
padecimientos en el cuerpo y en el alma, y sobre cómo a las almas más perfectas
se les dan mayores molestias
Las Profecías y Revelaciones de
Santa Brígida de Suecia

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