¿Quién buscó a quién? La conversión de Carlos de Foucauld fue sumamente sorprendente. Poco a poco fue descubriendo cómo Dios lo acompañaba mientras él se alejaba de Él. Si Carlos buscó a Dios, Dios lo buscó aún más.
Leamos su historia con sus propias palabras:
“Mi fe ha sido sacudida; por desgracia estuvo completamente muerta durante muchos año, nada me parecía bastante probado; la misma fe con que se siguen religiones tan distintas, me parecía la condena de todas; ninguna prueba me parecía bastante evidente...
Mientras estaba en París, editando mi viaje a Marruecos, me encontré con personas muy inteligentes, muy virtuosas y muy cristianas; me dije "que tal vez esta religión no era absurda"; al mismo tiempo, una gracia interior muy fuerte me empujaba: me puse a ir a la iglesia, sin creer, solo allí me encontraba bien, y pasaba largas horas repitiendo esta extraña oración:
"¡Dios mío, si existes, haz que te conozca!" (…)
Busqué un sacerdote instruido para que me diera informaciones sobre la religión católica...
"Pero, a pesar de todo esto, yo me alejaba, me alejaba cada vez más de ti Señor y mi vida comenzaba a ser una muerte, o, mejor dicho, era ya una muerte a tus ojos.
Me hacías sentir un vacío doloroso, una tristeza que no he experimentado más que entonces; Tú me dabas esa vaga inquietud de una mala conciencia que, por dormida que estuviera, no había muerto del todo. Nunca he sentido esa tristeza, ese malestar, esa inquietud como entonces, Dios mío; esto era, pues, un don tuyo. ¡Cuán lejos estaba yo de sospecharlo! ¡Qué bueno eres! ¡Oh Dios mío! Esta tristeza era un regalo tuyo. ¡Cómo me cubrías bajo tus alas cuando ni siquiera creía en tu existencia!
¿Por qué medios, ¿Dios de bondad, me has hecho conocerte? ¿De cuántos rodeos te has servido? Soledad inesperada, emociones, enfermedades de seres queridos...
Tú me habías atraído a la virtud por la belleza de un alma (Su prima Marie de Bondy tuvo un papel importante en su conversión, principalmente por su bondad, su cariño, y su ejemplo) en la que la virtud me había parecido tan bella que irrevocablemente había arrebatado mi corazón. Tú me atrajiste a la verdad, por la belleza de esta alma.
Me hiciste entonces cuatro gracias: la primera fue inspirarme este pensamiento: “puesto que esta alma es tan inteligente, la religión en la que tan firmemente cree no puede ser una locura como yo pienso”; la segunda fue inspirarme este otro pensamiento: “puesto que esta religión no es una locura, puede ser que la verdad que no está en la tierra en ninguna otra, ni en ningún otro sistema filosófico, se encuentra en ella”; la tercera fue decirme: “estudiemos pues esa religión: tomemos un profesor de religión católica, y veamos lo que es y si hace falta creer en lo que dice”; la cuarta fue la gracia incomparable de dirigirme para tomar estas lecciones al P. Huvelin (… ) me hizo entrar en su confesionario, uno de los últimos días de octubre, entre el 27 y el 30 (…) Yo pedía lecciones de religión, me hizo arrodillarme, confesarme y a continuación me mandó comulgar… "
(Retiro en Nazaret, 8 noviembre 1897)
Por fin Dios se muestra en su corazón.
"Este rostro de Dios, Padre lleno de ternura, Fuente de toda belleza y bondad, se vuelve para Carlos de Foucauld (...) aún más entrañable, ya que toma los rasgos de Jesús, (...) El Dios que le tocó tiene un nombre humano: Jesús, Dios encarnado".(Maurice Bouvier, El Cristo de Carlos de Foucauld, p. 53)
"Y después, Dios mío, ha sido una cadena de gracias crecientes… La comunión casi diaria, la dirección, la confesión frecuente y el deseo de una vida religiosa y su confirmación…, el tierno y creciente amor por Vos, mi Señor Jesús, el gusto por la oración, la fe en vuestra palabra, el sentimiento profundo del deber de la limosna, el deseo de imitaros, estas palabras del P. Huvelin en un sermón, que Vos habíais tomado de tal modo el último lugar que nadie os lo podría arrebatar jamás, tan indeleblemente grabada en mi alma, esta sed de ofreceros el mayor sacrificio posible, abandonando a mi familia, que era mi felicidad y marchando a vivir y morir lejos de ella. La búsqueda de una vida conforme a la vuestra, en la que pudiera compartir completamente vuestro abajamiento, vuestra pobreza, vuestro trabajo humilde, vuestra sepultura, vuestra oscuridad, búsqueda tan netamente definida en el retiro de Clamart…"
(Retiro en Nazaret, 8 noviembre 1897)
Carlos de Foucauld murió asesinado el 1 de diciembre de 1916 a las puertas de su ermita en Tamanrasset (en el desierto del Sáhara, Argelia). Fue víctima de una banda de asaltantes senusistas que saquearon el lugar y lo ejecutaron de un disparo.
Dios no se deja ganar en generosidad. Carlos de Faucauld, siendo ateo, abrió su corazón y su mente a la posibilidad de la existencia de Dios, y éste, no solo le concedió la conversión, sino también la santidad reconocida en los altares, además, su estilo de vida ha inspirado la creación de múltiples institutos años después de su muerte:
El 1 de marzo de 2003 se produjo el primer reconocimiento por parte de la archidiócesis de Milán de un milagro por intercesión de Carlos de Foucauld.[
La ratificación del mismo pasó por las etapas preceptivas hasta la firma del decreto vaticano que lo reconocía para la Iglesia universal. El 13 de noviembre de 2005 fue proclamado beato.]
El papa Francisco canonizó a Carlos de Foucauld el 15 de mayo de 2022
(Fuente: Familia Carlos de Faucauld)


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