Un principio que nunca falla en la espiritualidad es que quien no se mortifica en los pequeños deleites tampoco será capaz de dominarse cuando lleguen los más impactantes atractivos del placer. Aquí sí que se cumple lo que decía Jesús: "Quien no es capaz de ser fiel en lo poco, tampoco será capaz de ser fiel, en lo mucho" (Lc 19, 17). Aunque los pequeños placeres no sean culpas graves ni ofendan a Dios, notoriamente, sin embargo el no ser capaz de hacer el sacrificio de abstenerse de ellos, va debilitando la voluntad y la prepara negativamente para que cuando lleguen los grandes combates ya no sea capaz de resistir. Así por ejemplo ciertas demostraciones muy sensibles de cariño: miradas demasiado afectuosas, comer frecuentes golosinas durante el día, andar mirando con curiosidad a los alrededores, vivir oyendo con curiosidad noticias del mundo y habladurías de los demás, no ser capaz de callar ciertas vivezas que llegan a la mente, etc. Todo esto no será una ofensa grande a Dios, pero si contribuye mucho a debilitar la voluntad.
No olvidemos nunca el aviso de san Pablo: "Si vivimos dándoles gusto a las inclinaciones de la carne, terminaremos muy mal. Pero si con la ayuda del Espíritu Santo refrenamos los deseos del cuerpo, terminaremos teniendo vida plena" (Rm 8, 13).
(El combate espiritual, P. Lorenzo Scúpoli)

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