LAS LLAGAS DE CRISTO EN LA HOSTIA SANTA

 


¡Oh palabra de vida, de paz, de esperanza y de salud para mi pobre alma culpable y desgraciada! Pero ¿donde estáis, Jesús? ¿Acaso me esperáis en el Calvario de Jerusalén? ¿Acaso en el cielo deberé buscar vuestras Llagas para refugiarme en ellas? ¡Oh Jesús! ¡Nosotros estamos muy lejos del Calvario y mucho más lejos del cielo todavía! 

¿No podremos encontrar vuestras Llagas en el mismo lugar de nuestros sufrimientos, y a nuestro lado, cerca de nosotros? Y si solamente el Crucifijo bendito me ofrece el ejemplo, y la gracia, y el refugio de vuestras Llagas, oh Jesús, aun ese Crucifijo no es más que una imagen y un recuerdo; necesito más: vuestras Llagas con la Sangre, con el amor, vuestras Llagas con Vos mismo, Vos que habéis sufrido y que me habéis amado! Y el amor ha prevenido este deseo y satisfecho esta necesidad de mi Corazón! 

En la Hostia, bajo el velo Sacramental, el Salvador guarda en sus manos, en sus pies y en su costado las llagas de su Pasión; ellas permanecen abiertas y continúan destilando su bálsamo compuesto de la sangre, del sufrimiento y del amor de Jesús, y ellas nos lo aplican. Y estas Hostias están por todas partes; estas Hostias os siguen, os envuelven y os contienen, y son, en verdad, el Jesús que ha sufrido por vosotros, y es él mismo quien os presenta abiertos, hospitalarios y seguros esos refugios tan sagrados y dulces. 

Entrad en ellos por la comunión; penetraréis mucho más por la comunión en las llagas del Salvador que lo que penetraron los clavos y la lanza del centurión; entraréis en ellas más profundamente que Tomás. Besad en espíritu la entrada de estos saludables retiros; pegad vuestra boca a esas venas de una agua tan límpida y tan fresca; dejad esas fuentes puras correr sobre vosotros y cubriros; bañaos en esas aguas de vida; verted sobre vuestras llagas la esencia de esas rosas encarnadas; en fin, reposad y gustad en ellas cuán dulce es el Señor. 

Haced a menudo, haced todos los días esta consoladora experiencia; pero tened fe y confianza, y bendecid con los acentos de la verdadera gratitud a la Hostia de las Cinco Llagas, a la Hostia del sufrimiento, aceptada y deseada y llevada por amor, la Hostia en que el Salvador os da todas las gracias, todos los ejemplos, todas las virtudes de su sufrimiento; la Hostia que os rendirá la paciencia y la resignación, la fuerza y la esperanza, la Hostia que habrá sufrido vuestros propios dolores con vosotros, en vosotros y más que vosotros, uniendo a sus Llagas vuestras llagas, todas vuestras llagas, las de vuestros miembros y las de vuestra alma, para curarlas, santificarlas y hacerlas fecundas.

MANUAL DE LA ADORACIÓN DEL SANTISIMO SACRAMENTO POR EL R. P. A. TESNIERE de la Congregación del Santísimo Sacramento.

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