LA OFRENDA MÁS AGRADABLE A DIOS ES LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS

 


Dice Santo Tomás de Aquino: Ofrecer espiritualmente a Dios un sacrificio es ofrecerle alguna cosa que le agrade.
Ahora bien: de todos los bienes que puede el hombre ofrecer al Señor, el más agradable para Él es sin dudar la salvación de las almas.
Pero lo primero que hay que ofrecer es la propia alma, siguiendo el consejo de la Sagrada Escritura: ¿Quieres agradar a Dios? Ten compasión de tu alma.
Una vez hecho esto, ya podemos ocuparnos de la salvación del prójimo.
La ofrenda del hombre será tanto más agradable a Dios, cuanto más estrechamente una su alma con Dios primero, y después las de los demás.
Pero esta unión íntima, generosa y humilde sólo se realiza por la oración. Entregarse a la oración y a la contemplación, y procurar que los otros hagan lo mismo, agrada más al Señor todas las obras que podamos realizar.
Así, pues, concluye Santo Tomás, cuando San Gregorio afirma que el sacrificio más agradable a Dios es la salvación de las almas, no pretende dar a la vida activa la preferencia sobre la contemplativa, sino expresar que la ofrenda de una sola alma a Dios le es infinitamente más preciosa a sus ojos, y para nosotros de mayor mérito, que ofrecerle las mayores riquezas del mundo

(D. Thom. 2a. 2ae. quaest 182, a. 2 ad 3.).
(JUAN BAUTISTA CHAUTARD, el alma de todo apostolado)

𝐒𝐄𝐍̃𝐎𝐑, 𝐃𝐀𝐃𝐍𝐎𝐒 𝐒𝐀𝐂𝐄𝐑𝐃𝐎𝐓𝐄𝐒 𝐒𝐀𝐍𝐓𝐎𝐒



Que todos traten de hacerse perfectos como el Padre celestial es perfecto: Señor, danos Sacerdotes santos.

Que la Santa Misa sea ofrecida continuamente por la vida y necesidades del mundo: Señor, danos Sacerdotes santos.

Que el Santísimo Sacramento sea amorosamente accesible y adorado: Señor, danos Sacerdotes santos.

Que el Evangelio sea proclamado fielmente y sin descanso:
Señor, danos Sacerdotes santos.

Que en la absolución sacramental encontremos nuestra paz y felicidad: Señor, danos Sacerdotes santos.

Que la unión en la oración traiga la unión entre todos los cristianos: Señor, danos Sacerdotes santos.

Que nuestras Iglesias locales y sus líderes sean siempre leales al Santo Padre: Señor, danos Sacerdotes santos.

Que toda vida humana sea protegida y defendida como sagrada: Señor, danos Sacerdotes santos.

Que la misericordia de Dios se extienda a los pecadores, moribundos y difuntos: Señor, danos Sacerdotes santos.

Que la juventud tenga ayuda para crecer libre de las drogas y toda adición: Señor, danos Sacerdotes santos.

Que los encarcelados, los ancianos y los sin techo encuentren fe y esperanza en Cristo: Señor, danos Sacerdotes santos.

Que el amor de Cristo sane a los desamparados, los que guardan cama y los enfermos: Señor, danos Sacerdotes santos.

Que Cristo sea la meta y el gozo de los jóvenes y los fuertes:
Señor, danos Sacerdotes santos.

Que los que han oído la llamada de Dios, sigan su llamado: Señor, danos Sacerdotes santos.

OREMOS. Dios de misericordia y santidad, escucha el grito angustiado de tu pueblo para tener sacerdotes santos que les guíen. Llena sus corazones con celo luminoso a fin de que puedan desempeñarse dignamente en tu presencia, sean siempre leales a tu Iglesia, y alcancen amarte con un amor eterno. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor. Amén.

ORACIÓN A JESÚS EN SU PASIÓN

 


Jesús pobre y abatido, ten piedad de mí Señor

Jesús no conocido y menospreciado, ten piedad de mí Señor.

Jesús aborrecido, calumniado y perseguido, ten piedad de mí Señor.

Jesús dejado de los hombres y del demonio tentado, ten piedad de mí Señor.

Jesús entregado y vendido por vil precio, ten piedad de mí Señor.

Jesús blasfemado, acusado y condenado injustamente, ten piedad de mí Señor.

Jesús vestido de un hábito de oprobios y afrentas, ten piedad de mí Señor.

Jesús abofeteado y burlado, ten piedad de mí Señor.

Jesús arrastrado con una soga al cuello, ten piedad de mí Señor.

Jesús tenido por loco y endemoniado, ten piedad de mí Señor.

Jesús azotado hasta derramar sangre, ten piedad de mí Señor.

Jesús pospuesto a Barrabás, ten piedad de mí Señor.

Jesús despojado de todas sus vestiduras con infamia, ten piedad de mí Señor.

Jesús coronado de espinas y saludado por burla, ten piedad de mí Señor.

Jesús cargado con la cruz de mis pecados, ten piedad de mí Señor.

Jesús triste hasta la muerte, ten piedad de mí Señor.

Jesús consumido de dolores, de injurias y de humillaciones, ten piedad de mí Señor.

Jesús afrentado, escupido, ultrajado y escarnecido, ten piedad de mí Señor.

Jesús pendiente de un madero infame entre dos ladrones, ten piedad de mí Señor.

Jesús aniquilado y sin honra para con los hombres, ten piedad de mí Señor.


Oración: Oh buen Jesús, que sufriste por mi amor una infinidad de oprobios y afrentas, que yo no puedo comprender; imprime poderosamente en mi corazón la estimación de tu paciencia y haz que desee imitarla. Amén.

(Tomado de la devota memoria de las siete caídas de nuestro Salvador)

Entrada destacada

LA OFRENDA MÁS AGRADABLE A DIOS ES LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS

  Dice Santo Tomás de Aquino: Ofrecer espiritualmente a Dios un sacrificio es ofrecerle alguna cosa que le agrade. Ahora bien: de todos los ...

ENTRADAS POPULARES